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La Coctelera

ESPIRITUALIDAD MATERIAL (Teatro)

Tono | 25, may

 

 

 

 

 

ESPIRITUALIDAD MATERIAL

 

 

PERSONAJES (POR ORDEN ALFABÉTICO): ANCESTRO DE DICK, ANCESTRO DE LUCY, ANCESTRO DE LUPE, ANCESTRO DE TOM, DICK, ENTREVISTADOR-JEFE, LUCY, LUPE, PÚBLICO, TOM.

 

 

 

(Antes de iniciar la obra, el encargado de supervisar y cortar las entradas de los asistentes, les da a cada uno de éstos un papel en blanco, de 15 x 15, y un pequeño lápiz, a ser posible de los baratos y desechables. Una vez sentados y ubicados, la pieza comienza.)

 

PRIMER ACTO.- PREPARACIÓN

 

(Periferias de un lugar cualquiera en un país (perdón, Estado) confesionalmente católico (más perdón, aconfesional y laico), de nombre Euskatandagalipaña. A la luz de la luna, en un final de verano de la época actual, un par de parejas hablan y sueñan.)

 

Lupe.- ¡Que no, Tom! ¡Que no! Ya he ido varias veces y siempre es lo mismo.

Tom.- Pero hay que insistir. A mí me ha ocurrido también.

Lupe.- Te pongas como te pongas, la respuesta es la idéntica, y me tienen ¡harta!

Tom.- A ver si la adivino: “ya te llamaremos si encuadras en el perfil”.

Lupe.- ¡Exacto! Son todos iguales. ¡Parecen clones salidos de los cajones!

(Tom y Lupe forman una pareja de hace casi 8; el uno tiene los 25 y la otra ronda los 24. Al lado de ellos, sus íntimos amigos, también novios de hace tiempo, y de nombres, Dick el miembro masculino y Lucy el femenino, de edades asimismo similares a las de aquéllos: 25 y 24 respectivamente. Están los cuatro sentados sobre un verde-malárico césped que separa la propiedad privada de la familia de Tom de la pública, en donde se observa una vieja arboleda y, al fondo, a unos 25, un pequeño pero coqueto lago, antaño bien cuidado y hoy en día medio abandonado. Siguen conversando los cuatro.)

Lucy.- Lupe tiene toda la razón. Yo también he ido a varias ofertas, y en todas me ha parecido estar en el mismo lugar. Siempre me he marchado pensando que he fracasado.

Dick.- Y eso que vosotras tenéis una cierta ventaja.

Lupe.- ¿Ah, sí? ¿Cuál es?

Dick.- Que los entrevistadores suelen ser hombres, y tanto tú como Lucy sois chicas atractivas y jóvenes.

Tom.- ¡Eso, eso! Dick tiene razón. Nosotros lo tenemos peor.

Lupe.- ¡Vaya! Salió la vena masculina.

Lucy.- ¡Y machista! No podéis evitarlo: a la mínima ocasión sale de vuestro interior el macho-varón.

Tom.- Hay que ver cómo os ponéis cuando sale en la conversación el tema del género. ¡Es un asunto tabú!

Lupe.- Cariño, no es que no se pueda hablar de ello, lo que resulta es que siempre estáis pensando que nosotras conseguimos lo que queremos a base de encantos físicos, y ya ves que no es así (mostrándose ella misma como ejemplo).

Tom.- ¡Porque habrían competidoras con más artes seductoras!

Dick.- ¡Claro! A ver, Lupe, en las entrevistas que has tenido, ¿quién ha sido el elegido?

Lupe.- Elegidas, porque de las cinco que llevo desde junio, todas han sido del género femenino.

Dick.- ¡Lo ves! Y seguro que estarían como un “pastel”. ¿Me equivoco o estoy en lo cierto?

Lupe.- La realidad es que del trío que vi, la juventud y belleza eran acompañantes de todas ellas. Pero… quiero pensar que además sabrían trabajar.

Dick.- Lo supones, pero lo otro lo aseveras. Aquí, en este país, o eres joven y de buena presencia, o no eres nada en esencia, y esto se demuestra en todas las entrevistas de faena.

Lucy.- Bueno, ¿y qué quieres que hagamos? ¿Que nos crucemos de manos?

Dick.- Por supuesto que no, pero algo hay que pensar para poder trabajar, porque si no…

Lucy.- ¿Qué?

Dick.- Pues que no podremos emanciparnos ni nosotros, ni estos dos (dirigiéndose con la mirada a Tom y Lupe).

Tom.- Estás en lo cierto, amigo. Fijaros: Lupe ya lleva cinco desde junio hasta ahora, y un servidor, desde que acabé la carrera, sólo he conseguido un contrato de un par de meses en una faena que nada tiene que ver con aquella, y en mis dorsos llevo casi una docena de malditas entrevistas. Vosotros, ¿cómo lo lleváis?

Dick.- También fatal. Yo finalicé este febrero, y hasta la fecha he acudido a unas seis y todas han sido un revés.

Lucy.- Mi fracaso es menor porque he tenido menos tiempo que mi amor, pues he acabado en junio de este año; aún así, a un par he ido y por la puerta de atrás he salido. Además…

Dick.- ¿Qué cariño?

Lucy.- ¡Las dos me han parecido igual!

Tom.- ¡Ja, ja, ja! Eso es normal.

Dick.- Es cierto. Parecen todas las ofertas salidas de una misma cesta. Escuchad: “Comerciales se buscan para una empresa de…Buena remuneración: sueldo fijo más comisión”.

Tom.- O esta otra: “Se requieren vendedores con experiencia para introducir productos de… Fijo + comisión”.

Lupe.- Pero no son sólo las ofertas. Cuando acudes a alguna de ellas, te encuentras siempre la misma escena.

Dick.- A ver si doy en la diana: mucha gente arreglada y bien perchada en los alrededores, más tarde se abre la puerta y entran por porciones llenos de ilusiones, y luego uno a una van penetrando y se encuentran a…

Lucy.- ¡Un buen mozo de treinta y pocos!

Dick.- Sí. Bien vestido y de elevada educación. Ahora, ¿cómo continuaría la función, Tom?

Tom.- Muy sencillo, Dick. El entrevistador te saluda, dándote los buenos días. Más adelante te invita a sentarte, y una vez que él realiza la misma operación, entra en una somera y frívola conversación.

Lupe.- Por ejemplo, diciendo “hay que ver que día tan bueno ha salido”.

Lucy.- Sí, eso podría decir, aunque en las mías se refirió más al contexto creado por el escenario formado.

Dick.- ¿Ah, sí? ¿Y qué quería manifestar?

Lucy.- Pues “cuánta gente hay que evaluar”, o “si daría tiempo en la mañana de analizar a todas las personas que se habían personado”.

Lupe.- Sí, es también típico que el entrevistador-tipo diga “cosas” con esos estereotipos.

Dick.- Bueno, ya superada la fase inicial, se entra en la crucial. En ésta ya se advierte si más tarde quieren verte, o te despiden de manera más o menos inerte, ¿o no?

Tom.- Evidente. Lo primero que realiza el encuestador es coger tu historial profesional y hacer como si lo lee.

Lupe.- ¿Es que crees que no lo ve?

Tom.- ¡Qué infeliz eres! Lo único que persigue con esta acción es observar tu reacción.

Lucy.- ¡A mí me pasó!

Dick.- A mí también me ocurrió.

Tom.- ¿A ti no, Lupe?

Lupe.- En alguna sí que me aconteció. Pero… ¿qué persigue con esto el entrevistador?

Tom.- Te lo he dicho anteriormente: ¡Ver cómo responde tu mente!

Lupe.- ¡Ah! O sea, si estoy nerviosa o si soy una persona no ansiosa.

Tom.- ¡Claro! En definitiva, si posees personalidad suficiente para trabajar con “su” gente.

Lupe.- ¿Y cuál puede ser el motivo de todo este preparativo?

Tom.- ¡El método americano! Todas las encuestas laborales siguen los patrones sajones, sin tener en cuenta que nuestros patriotas poco tienen que ver con los habitantes del continente aquel.

Dick.- Tom tiene toda la razón. Al encuestador le interesan más los aspectos físicos y síquicos que los puramente intrínsecos, pero… ¡continúa, Tom, con la exposición!

Tom.- Pues nada; una vez que transcurre un cierto tiempo de todo esto, es decir, ambos sentados, él con sedación y tú con preocupación, te cuestiona algo de lo que ha hojeado.

Lupe.- ¿Como el qué?

Lucy.- Sí, danos un ejemplo de lo que podría preguntarnos.

Dick.- Si está muy claro. A ver si acierto: ¿Por qué desde que has finalizado tus estudios no has encontrado nada en el mundo laboral? ¿Es que no te apetece trabajar, aunque sea rebajando tu status profesional?

Tom.- ¡Ja, ja, ja! ¡Cuánta razón tienes, amigo! Además…

Lupe.- ¿Qué cariño?

Tom.- Pues que el “tío” pedante y petulante aún osa en decir frases como “hoy en día quien no trabaja es porque no le da la gana”.

Dick.- O esta otra: “Cuando yo empecé en “esto”, no había ni la mitad de oportunidades que en la actualidad”.

Lupe.- ¡Caray! Todo lo que estáis manifestando lo estoy recordando.

Lucy.- ¡Y yo! ¡Qué cruel realidad nos espera!

Lupe.- ¡Qué fatalidad! Toda la vida al lado de los papás.

Tom. ¡Alto ya! Pensaremos algo para contrarrestar.

Dick.- ¡Pues pongámonos ya!

Lupe.- De acuerdo. Razonemos durante unos instantes, a ver si a alguno le fluye una laboral idea por la sesera.

Lucy.- Está bien. Sedémonos y… (Los cuatro muchachos se acuestan sobre el hepático césped, esperando a que les surja algún pensamiento que quebrante esta negativa e inquietante fase. Transcurren diez saetas minuteras y alguien se altera.)

Tom. ¡Ya está! ¡Creo que funcionará!

Los demás, a la vez.- ¿El qué?

Tom.- ¡Qué va a ser! La idea y mi fe.

Dick.- Explícate.

Las chicas, a la vez.- ¡Eso, eso! A ver si entre los cuatro la complementamos.

Dick.- ¡Claro! Tom es la raíz, y nosotros tres el haz y el envés.

Tom. Está bien. Os la razonaré. (En este momento, y marcando el instrumento las 00.15 horas, el chico se alza y se dirige al resto.) Vosotros bien conocéis que mi familia fue, no hace mucho, una de las más acaudaladas de este entorno.

Lupe.- Sí, pero a partir de tu padre vino el desastre, ¿no, cariño?

Tom.- No exactamente; su progenitor es el verdadero causante del declive.

Lupe.- ¡Ah! A ese señor no le llegué a conocer. ¿Tú sí, Tom?

Tom.- ¡Por supuesto! Cuando él falleció, hará unos 15, un servidor ya poseía uso de la razón, y me di cuenta de la situación.

Dick.- ¿Del bajón?

Tom.- Sí, a partir de él se empezaron a malvender posesiones de grandes extensiones, por las deudas que iba amasando.

Lucy.- ¿Tanto tuvisteis?

Tom.- ¡Uf! Una noche entré en el despacho de mi padre, y en la mesa encontré un libro contable de los de antes.

Dick.- ¿Y qué indicaba?

Tom.- La gran magnitud de principios del siglo precedente, y la escasez del ahora existente.

Lupe.- Explícate mejor, amor, que no acabo de entender lo que has querido decir.

Tom.- Muy sencillo; hasta antes de la Gran Guerra teníamos una gran cartera, pero fue perecer el padre de mi abuelo y todo se fue al traste.

Lupe.- ¡Pues vaya desastre!

Dick.- ¡Y catástrofe!

Tom.- Así es. Pero ¿sabéis lo mejor?

Lupe.- ¿Qué?

Tom.- Pues que mi bisabuelo era como yo.

Lupe.- ¿Cómo como tú?

Tom.- Físicamente somos dos copias, no distinguiéndose cuál es el original y la fotocopia.

Lupe.- ¿Cómo lo sabes?

Tom.- Porque he visto cuadros y fotos de su aspecto, y los he comparado con mi cuerpo y rostro, y hasta yo encuentro dificultad para conocer quién es quién.

Lupe.- ¿Y cómo se llamaba?

Tom.- ¡Ja, ja, ja! Igual.

Lupe.- ¿A ti?

Tom.- A quien si no que a mí. Su nombre también era Tom.

Dick.- ¡Qué casualidad! Pero ¿qué tiene que ver todo esto con lo nuestro?

Tom.- Todo. Ahora os lo cuento. (Se dispone en plan orador, y les manifiesta su laboral estrategia.) Veréis: mi bisabuelo Tom se emparentó con una tal Lupe que, curiosamente, también fue la bisabuela de “mi” Lupe.

Lupe.- ¿Qué?

Tom.- Lo que has oído, cariño. Tu bis y mi bis se liaron y juntaron, y vivieron hasta morir unidos por un gran lazo. Pero es que hay más.

Lupe.- ¿Aún?

Tom.- Sí. En vida fueron íntimos, como nosotros, de los antepasados de estos (dirigiéndose con la mirada a Dick y Lucy).

Dick y Lucy a la vez.- ¿Qué has querido decir?

Tom.- Pues que vuestros bisabuelos también formaron pareja, y además tuvieron gran amistad con los nuestros.

Dick.- O sea, que todo está igual.

Tom.- Pero con casi cien años de pasado, ¡ja, ja, ja!

Dick.- ¿Y dónde vivieron?

Tom.- Esta es la cuestión: ¡en aquella mansión! (Haciendo señas con los dedos de su diestra de la situación de ésta.)

Dick.- ¿Allí residieron los cuatro?

Lupe.- Pero ¿no era propiedad exclusiva de tu ancestro, Tom?

Lucy.- Y si fue como indica Lupe, ¿todos moraron a “su” costa?

Tom.- ¡Carambolas! Esto parece una encuesta.

Dick.- ¡Es que nos tienes en ascuas!

Tom.- Está bien. Os responderé y de inmediato lo comprenderéis.

Lupe.- ¿El qué?

Tom.- ¡Qué va a ser! Lo que vamos a hacer.

Lupe.- ¡Ah! Pues explícate.

Tom.- Efectivamente, en esa gran mansión residieron los cuatro bisabuelos nuestros. Con esto contento a Dick. Respecto a la cuestión que me plantea mi pareja, es evidente que el único propietario que tuvo la citada casa señorial, según rúbrica notarial, fue mi antepasado; y en cuanto a si todos vivieron del “cuento” durante todo el tiempo, está claro que sí, esto es así.

Dick.- Pero al pasar cerca de ella, he observado que tiene un cartel indicando su venta. Entonces, ¿a qué viene tu feliz idea, Tom?

Tom.- En primer lugar, y debido a su alto coste de partida, aún no han aparecido compradores para “su” salida, y por otra parte, siendo por ahora nuestra, podremos entrar en ella sin nada ni nadie que nos detenga.

Lupe.- Pero ¿ha penetrado alguien desde que se cerró? Parece, a simple vista, que está muy abandonada.

Lucy.- Puede hasta que haya fantasmas.

Dick.- Sí, y además vestidos con blancas sábanas. ¡Ja, ja ja!

Lucy.- No te burles de ellos, que en cualquier momento aparecen sus espectros.

Lupe.- ¡Basta ya! ¡Me estáis dando miedo!

Tom.- De eso se trata. ¡Que él salga de la lata!

El resto a la vez.- ¿¡No lo dirás en serio!?

Tom.- ¡Y tanto! Si mi ancestro Tom fue un triunfador, y todos nosotros unos aprendices en evidente declive, ¿quién mejor que él para aleccionarnos en conseguir emanciparnos?

Lupe.- ¿Y cómo nos va a dar lecciones si está en uno de los cajones?

Tom.- Haciéndole aparecer como “otro” ser.

Dick.- ¿En espíritu?

Tom.- ¡Claro! Si logramos que surja su forma espiritual, ésta también nos servirá.

Lupe.- ¿Los fantasmas también hablan?

Tom.- Bueno, si nuestros físicos pasan al estado metafísico, todos estaríamos en igualdad de condiciones, y así aprenderíamos sus laborales lecciones.

Dick.- Interesante reflexión, amigo. Pero ¿quién conoce algo de espiritismo? Según tengo entendido, para que los espectros abandonen sus féretros hay que seguir un minucioso protocolo y, ¿en qué consiste el citado método?

Lupe.- ¡Eso! ¿Cómo podemos instruirnos?

Lucy.- Y además, ¿cómo evitar el repelús que dan los espíritus?

Tom.- ¡Alto ya! Aquí está la solución. (En este momento, Tom se dirige a un árbol que está cercano, destapa una manta y hace descubrir dos pares de libros, todos ellos iguales.) Esto nos ilustrará en el arte de invocar (mostrándoles los cuatro manuscritos). Tened uno cada uno, y estudiadlos con detenimiento. Mañana, después de cenar, nos volvemos a ver aquí, y comenzamos con la sesión. ¿Os parece bien?

El resto a la vez.- Sí, muy bien.

Tom.- Pues hasta mañana, amigos.

Dick y Lucy.- Hasta mañana, pues.

Lupe.- A mí dame un beso, que así la despedida del día es más divertida.

Tom.- ¡Y entretenida! (Están un buen rato mordisqueándose, y cuando los otros ya se han marchado, deciden pasar al siguiente estado…)

(Noche siguiente a la precedente. Mismo escenario y similar horario. Los cuatro muchachos, instruidos por los manuscritos, hablan y deciden actuar.)

Tom.- Mira, Lupe, por ahí veo a los dos. Veremos si han sido disciplinados y han aprendido lo escrito en los libros.

Lupe.- ¡Claro cariño! Por su bien lo habrán hecho. Acuérdate que ellos también están deseosos de escapar cada uno de su lar.

Tom.- Calla, que aquí están ya. (Le da un toque a la chica y ésta, advirtiendo la señal, decide no hablar.) ¡Hola chicos! Habéis sido puntuales. ¿Qué tal estáis?

Dick.- ¡Oh, bien! He ido a recoger a Lucy, y aquí estamos, decididos a iniciar la invocación.

Tom.- ¿Os habéis leído todo?

Lucy.- Sí, Tom; aunque el protocolo es un tanto raro, ¿no?

Lupe.- Es verdad; a mí me ha parecido inusual.

Dick.- ¿Por qué? Yo lo he encontrado normal.

Tom.- Me imagino que lo dicen por la foto.

Lucy.- Pues sí, es un tanto raro que en la época digital se deba emplear para que vengan del “más allá” imágenes tan arcaicas.

Dick.- Pero mujer, en los tiempos que ellos vivieron lo único que había para conocer su fisonomía eran las fotografías.

Tom.- Y sacadas sin cámaras. Según tengo entendido se las hacían con química y artesanía.

Dick.- ¡Y qué más da! Lo esencial es que tengamos una.

Lucy.- ¿Y la poseemos?

Lupe.- Sí, amiga. Tom ha podido encontrarla en uno de los cajones del sótano. ¡Muéstrasela, cariño! (El muchacho abre una bolsa que llevaba y saca la imagen de su bisabuelo, así como cuatro velas.)

Tom.- ¡Mirad! Este era mi ancestro. (Les enseña la fotografía y la pareja se queda perpleja.)

Dick.- ¡Pero si eres tú! A mí no me engañas. Te has hecho una y la has desecado para que parezca del pasado.

Tom.- ¡Ja, ja, ja! ¡Qué no! ¡Ese no soy yo! Ya os lo dije: mi “bis” y un servidor somos como un clon.

Lucy.- ¡Qué barbaridad! Sois iguales…

Lupe.- Veis. El primer objeto del protocolo ya lo tenemos. Ahora…

Tom.- Y lo demás está aquí. (Les muestra cuatro cirios, tantos como personas hay inmersas en la futura sesión.)

Dick.- ¡Los cirios! ¡Y cuatro! Justo el número de miembros para el acto. Según el libro, hay que colocar la imagen del fallecido en el centro, y cada cilindro ardiente en dirección recta al invocante, ¿no, Tom?

Tom.- Así es; parece ser que el fuego que prende se funde con la fuerza de la mente, y se forma una especie de ente que penetra en la persona muerta y la despierta.

Lupe.- ¿De dónde?

Tom.- ¡De la fuente!

Lucy.- ¿Una fuente? Yo no diviso ninguna.

Dick.- ¡Ja, ja, ja! Eres una inocente. No se trata de la que da agua sino de, en este caso, la que genera la imagen.

Lucy.- ¡Ah! ¿La fotografía?

Tom.- ¡Claro, amiga! Esa es la fuente.

Lupe.- ¡Qué interesante! Estoy ansiosa de que comience. ¿Vosotros no?

Dick.- ¡Y tanto! Pero ¿nos saldrá “algo”?

Lucy.- ¡Qué pánico! Yo estaré a tu lado, y no me despegaré de tu mano.

Tom.- De eso también se trata. Nos tenemos que poner en círculo, alrededor del interfecto, y agarrados todos como si fuésemos uno.

Dick.- Así la fuerza será mayor, y el espíritu saldrá más veloz.

Tom.- ¡Y con más pasión!

Lupe.- ¡Pues entremos ya!

Lucy.- Sí, encaminémonos cada cual junto a su amor.

Dick.- ¡Caray! Esta es una buena fórmula para intentar la cópula.

Tom.- ¡Ja, ja, ja! Desde luego, si las chicas tienen miedo ¡qué mejor que un buen “sobeo”!

Lupe.- ¡Dejaos los flirteos! Por cierto, ¿has cogido las llaves para entrar? (Dirigiéndose a Tom.)

Tom.- ¿Tú que crees? Observa: ¡aquí están!

Dick.- ¿Y si se enterara tu padre que vamos a estar dentro durante un tiempo?

Tom.- No es posible porque las originales están en su sitio; las que yo poseo son un duplicado, y así siempre las tengo “a mano”.

Lupe.- ¡Qué previsor es mi amor!

Lucy.- Sí, parece como si lo tuviera todo de antemano planeado.

Dick.- ¡Y bien pensado!

Tom.- Vale ya; ahora, dirijámonos para allá (haciendo gestos en dirección a la mansión).

El resto, a la vez.- ¡Eso, eso! (Y así, los cuatro, en un tris, llegan a la casona y se disponen a entrar. Son las 00.30 horas.)

Lupe.- ¡Qué barbaridad! ¡Parece un palacio real!

Dick.- Aunque un tanto descuidado, sí simula el sino del titular de un reino.

Tom.- No creas Dick. Por dentro está bien tratado.

Dick.- Ahora lo veremos.

Lucy.- ¡Y lo analizaremos!

Tom.- Ya estamos. ¡Observad! (Coge la llave de apertura y con un ligero toque abre el portón.) Aquí tenéis. Toda una mansión para morar toda una legión.

Lucy.- ¡Qué bonita es!

Lupe.- ¡Y espaciosa! Por lo menos tendrá…

Tom.- No prosigas. Posee más de quince habitaciones. (En efecto, nada más entrar un gran recibidor cargado de cuadros a su alrededor, y una inmensa lámpara central en la parte superior, con forma de arácnido y con potentes focos lumínicos. Al fondo, una larga escalera acaracolada que conduce a dos pisos: en el primero hay unas ocho habitaciones contiguas y separadas de dos en dos por un aseo, y en el segundo otras tantas, quizás de huéspedes, puesto que el número de servicios se reduce, y en lugar de cuatro hay tan sólo un par; tanto en el piso del primer nivel como en el del segundo, nos encontramos con sendas cocinas, espaciosas todas ellas, y conservando aún algún preparado. En la parte donde están situados los muchachos, el lado diestro da a una gran biblioteca, bien cuidada y con innumerables tratados, libros y manuscritos, y el lado siniestro, haciendo caso a una chiita estera de apreciadas dimensiones, llegamos a un gran portal que nos sitúa en un inmenso jardín, todo él floreado y bien arbolado. Esta es, en esencia, la morada donde habitaron sus antepasados: los cuatro bisabuelos. Tom, de repente, en su función de anfitrión, da el paso para el inicio de la sesión.)

Tom.- Bueno, una vez que ya habéis echado un vistazo al hogar de nuestros ancestros, es hora de que preparemos todo lo comentado anteriormente.

Dick.- ¿Por dónde empezamos?

Tom.- Mirad, en esta superficie es donde nos vamos a colocar. (Tom se sitúa justo debajo de la lámpara donde los haces luminosos son más intensos.)

Lupe.- ¿Y cómo lo hacemos?

Lucy.- ¡Eso, eso! Tendremos que ponernos de la manera más certera.

Lupe.- ¿Para qué?

Lucy.- Pues para que el espíritu fluya lo más rápido posible.

Tom.- ¡Exacto! Lucy tiene razón. Acordaros que en el protocolo se decía que hay que constituir una especie de círculo, en cuyo centro debe de estar la fotografía del que debe de “salir” su espectrografía.

Dick.- ¡Ah! Ya recuerdo. Y además… (Pausa.)

Tom.- Sí, prosigue.

Dick.- No, es que estaba haciendo memoria. Creo que continuaba indicando, que para que el ambiente estuviera más candente, era aconsejable que nos dispusiéramos chico y chica simultáneamente.

Tom.- ¡Buena memoria, amigo! Es lo que vamos a realizar. Lupe y yo nos ponemos aquí (se sitúan juntos), y vosotros dos en círculo con nosotros, de tal manera que estaremos así: Lupe, yo, Lucy y Dick, quien cerrará aquél junto con mi amor.

Lupe.- ¿Debemos de cogernos de las manos?

Tom.- Sí, claro. De ese modo la energía es mayor.

Dick.- ¡Pues hagámoslo!

Lucy.- Sí. Estoy deseando que “salga” el “bis” de Tom.

Lupe.- Tranquila, Lucy. Deja que él (por Tom) nos dirija.

Tom.- De acuerdo, aunque no hay nada que aclarar. Sentaos en la posición que os he dicho y ahora pongo la foto y las velas. (Los tres muchachos se sientan en el suelo, y Tom coloca el retrato de su antepasado en el centro con los dos pares de cirios encendidos en cada vértice de la fotografía, apuntando en dirección recta a cada uno de ellos. Todo está preparado.)

Tom.- (Con voz pausada y grave.) “Bisabuelo de Tom, bisabuelo de Tom… Yo te invoco. Aparece, aparece…”

Lupe.- (Según el protocolo, cuando el primero termina, corresponde a la que está a su lado continuar.) “Bisabuelo de Tom, bisabuelo de Tom… Yo te convoco. Surge, surge…” (Y así, de uno en una hasta finalizar con Lucy, quien es la que cierra el círculo.)

Lucy.- “Bisabuelo de Tom, bisabuelo de Tom… Tu espíritu fluye. Sal y háblanos. (Una vez ya concluida la primera fase, viene la siguiente, consistente en la invocación por parte de todo el grupo. Así pues, los cuatro, muy concentrados y cuasi extasiados, siguen.)

Todos a la vez.- “Bisabuelo de Tom, bisabuelo de Tom… Te convocamos para que nos aparezcas ya. (Así, unas tres veces hasta que al ancestro le da por salir.)

Antepasado de Tom.- ¡Uf! ¡Qué sensación! Parece que he descansado bien. Estoy pletórico. Pero, ¿quiénes sois? (Dirigiéndose a los chicos). Tú (señalando a Tom), en realidad eres yo, y a tu lado está “mi” Lupe, y vosotros dos sois mis íntimos, Dick y Lucy; pero… ¿Porqué estáis sentados en forma circular y yo en el centro de la esfera? ¿Es que estamos practicando algún ritual? A ver, explicadme la situación. (Hay una pausa, y Tom razona la causa.)

Tom.- Verás bisabuelo.

Antepasado.- ¿Qué? ¿Yo un anciano entrado en años? ¡Pero si me encuentro fenomenal! Dadme un espejo que me quiero mirar. Lupe, ¡venga!, ¿no me has oído? ¡Tráemelo ya!

Lupe.- (Un tanto acongojada, no sabe lo que hacer.) ¿Yo? Pero si a usted ni lo conozco ni lo he visto jamás. A su bisnieto sí, que es como usted, pero que no lo es. En fin, no sé lo que decirle. ¿Qué hago Tom? (Dirigiéndose a su amor en tono de medio pavor.)

Tom.- (Susurrando) Espera que hable con él sobre la situación y entrará en razón. Bisabuelo (ya con voz firme), esta chica que tengo a mi lado no es “tu” Lupe, aunque sí que se nombra así, y es cierto que su fenotipo es casi idéntico al de la “tuya”, pero es “mi” Lupe, y por ello no te entiende cuando la mandas y ordenas.

Bisabuelo de Tom.- ¡Pero es lo normal! El hombre ordena y la mujer obedece. ¿Es que ha cambiado todo esto?

Tom.- ¡Ja, ja, ja! No sólo ha variado, es que vamos al sentido inverso.

Bisabuelo de Tom.- ¡Cómo! ¿Tú obedeciendo y ella dirigiendo?

Tom.- Más o menos…

Dick.- (Entra en el diálogo.) ¡Que sí, que sí! La mujer hoy en día tiene casi más poder que el varón, y si utiliza sus “encantos” alcanza lo que le da la gana.

Lucy.- ¡Alto ahí! Ya empezamos con los matices sexistas.

Lupe.- ¡Y machistas! En pleno siglo XXI ya era hora que estuviéramos equiparados. Aunque… (Interrumpe el antepasado de Tom.)

Bisabuelo de Tom.- ¿Siglo XXI? Pero si yo viví en el XIX. ¿Me podéis indicar el año exacto en que estamos?

Tom.- En el final del verano del 2010.

Bisabuelo de Tom.- ¡Carambolas! ¡Hace más de 100 que yo moraba por aquí! ¿Y entonces qué hago yo aquí? ¿Me lo razonáis?

Tom.- Verás. (Se levanta, y teniendo enfrente al espectro de su ancestro le aclara la realidad.) Todo lo ocurrido ha sido idea mía; así pues, si te parece mal es a mí a quien te tienes que dirigir.

Bisabuelo de Tom.- ¿Para qué?

Tom.- ¡Para reprimirme!

Bisabuelo de Tom.- ¡Si aún no sé el qué! Continúa y ya veré.

Tom.- Está bien. Como te comentaba, me surgió la idea de poderte invocar no a ti, sino a tu virtualidad.

Bisabuelo.- ¡Ah! Resulta que lo que ves no es mi físico, sino que se trata de mi espíritu, ¿es así?

Tom.- Efectivamente. Tú eres un proyecto etéreo de tu ser, que has aparecido porque nos hemos reunido los cuatro, y siguiendo unas normas protocolarias, te hemos hecho que vuelvas a la realidad.

Bisabuelo de Tom.- ¿Y para qué habéis querido que mi alma regrese a mi morada?

Tom.- ¡Para iluminarnos!

Bisabuelo de Tom.- ¿Yo? (Pausa.) Mejor dicho: ¿mi otro yo?

Tom.- ¡Claro! Tú, en tu tiempo fuiste un triunfador, y conseguiste a base de esfuerzo y talento muchas posesiones, entre otras, la mansión en que estamos ahora.

Bisabuelo de Tom.- ¡Cierto! Conseguí ser un importante empresario en tiempo de precario. Pero ¿qué tiene que ver todo esto con vosotros?

Tom.- ¡Todo, bisabuelo! ¡Todo! Lupe y yo, así como nuestros dos amigos Lucy y Dick, estamos en una edad que nos apetecería marcharnos del lado de los papás, pero claro, para eso hay que tener ingresos, y hasta la fecha todos los intentos que hemos hecho han sido baldíos.

Lupe.- (Con ganas de participar.) Así es, señor. Su bisnieto y yo somos pareja de hace un tiempo, y con la edad que ya tenemos es hora de tener nuestro propio lar.

Bisabuelo de Tom.- ¿Habéis llegado a los 20?

Lupe.- ¡Uf! ¡Y sobrepasado! ¡Yo ya tengo 24!

Bisabuelo de Tom.- ¿Y tú Tom?

Tom.- Uno más. Y nuestros íntimos la idéntica: 25 y 24.

Bisabuelo de Tom.- ¡Caray! Yo con 21 ya vivía aquí con tu bisabuela y con los bisabuelos de tus amigos. ¡Tenéis razón! ¡Estáis en vuestro derecho de rebelión!

Dick.- (Interviene para dejar constancia de su presencia.) ¡Claro señor! Pero en todos los intentos de encontrar faena que hemos realizado, el fracaso ha sido el común denominador.

Lucy.- (Entra en acción la más tímida.) Por esa razón le hemos hecho aparecer: para que nos ilustre en el arte de conseguir trabajo.

Bisabuelo de Tom.- ¡Está bien! Lo he entendido todo. ¡Pero aún no me he visto! ¿Cómo estoy? ¿Con una edad joven? ¿Diríais que tengo una edad similar a la vuestra?

Tom.- ¡Por supuesto bisabuelo! De eso se trata. Hemos puesto una fotografía tuya cuando eras joven, y has surgido así, o sea.

Bisabuelo de Tom.- ¡Fenomenal! ¡Otra vez con 25! (Pausa.) Pero veo un problema en todo esto.

Tom.- ¿Cuál?

Bisabuelo de Tom.- ¡La falta del trío!

Tom.- ¿Qué trío?

Bisabuelo de Tom.- Pues “mi” Lupe, y nuestros dos íntimos: Dick y Lucy.

Tom.- ¡Ah! Los restantes bisabuelos.

Bisabuelo de Tom.- ¡Evidente! Si queréis tener trabajo vosotros cuatro debemos estar nosotros cuatro. ¿Lo entiendes?

Tom.- ¿Por qué?

Bisabuelo de Tom.- Para que cada uno de nosotros sea o represente a cada uno de vosotros.

Dick.- (Que parece comprender lo dicho por el ancestro.) ¡Claro Tom! Tu bisabuelo ha querido decir que para que todos nosotros tengamos faena, es necesario que nuestros bisabuelos aparezcan también, y así podernos aleccionar, ¿es así?

Bisabuelo de Tom.- No sólo adoctrinar. La clave va a estar en reemplazar.

Tom.- ¿Reemplazar?

Bisabuelo de Tom.- Sí, en eso va a consistir nuestra actuación: iremos nosotros cuatro como si fuéramos vosotros, pues idénticos somos, y una vez conseguido el trabajo, nuestra intervención cesará, y vosotros seréis los que con el contrato laboral ya firmado, trabajaréis. ¿Qué os parece?

Todos a la vez.- ¡Genial! ¡Colosal!

Bisabuelo de Tom.- Entonces ya sabéis: falta que aparezcan los otros tres y que nos digáis qué oferta de trabajo deseáis.

Tom.- ¡Está bien! Lo haremos tal como nos has indicado. (Mira su reloj y anuncia su adiós.) ¡Son las 2.00! Es hora de despedirnos, bisabuelo. Mañana, por hoy, tengo que llevar a mi padre a un sitio y tengo que descansar.

Bisabuelo de Tom.- (Interrumpe al muchacho en su charla.) ¿Mi nieto?

Tom.- Sí, claro; el que ha heredado todo el “desastre” dejado por tu hijo.

Bisabuelo de Tom.- ¡Yo ya lo intuía! Mi hijo Tom sería el que llevaría a la quiebra a la familia: ¡era un manirroto! Pero…

Tom.- ¿Qué, bisabuelo?

Bisabuelo de Tom.- ¡Levantaremos el vuelo! Con esta estrategia hoy diseñada, no me cabe ninguna duda en nuestra económica resurrección.

Tom.- ¡Ya lo veremos! Ahora nos despedimos y mañana, con todos los artilugios preparados, os sacaremos a los cuatro de vuestro mortal letargo.

Bisabuelo de Tom.- ¿A qué hora saldremos?

Tom.- A la idéntica de hoy: la 1.00 hora madrugadora. Supongo que quedaremos nosotros sobre las 23.30, charlaremos previamente un rato, prepararemos el escenario espiritual y con el protocolo ritual haremos que salgáis. ¿No os parece, chicos? (Dirigiéndose a sus tres colegas.)

Todos, menos Tom, a la vez.- ¡Sí! Es una hora buena para quedar: ¡después de cenar!

Tom.- Pues dicho todo, ¡hasta luego, bisabuelo!

Bisabuelo de Tom.- ¡Hasta mañana, muchachos!

El resto a la vez.- ¡Hasta la próxima madrugada, ancestro de Tom!

 

 

 

TELÓN

 

 

 

SEGUNDO ACTO.- PLENA INVOCACIÓN

 

(Mismo escenario de los principios precedentes. Hora parecida y temperatura algo más fría, aspecto este que se agradece estando casi en septiembre. Llegan los cuatro.)

 

Tom.- ¡Buenas noches, pareja! Esta noche parece más fresca.

Dick.- ¡Ya era hora! Ahora sí se puede respirar.

Lupe.- ¡Qué puntualidad! Todos hemos llegado a la hora indicada.

Lucy.- Sí, es verdad. ¿A algo se deberá?

Tom.- ¡Hombre! Supongo que a las ganas de invocar, ¿no?

Dick.- Sí, Tom. Tanto Lucy como yo lo hemos comentado con anterioridad: estamos locos por ver a nuestros bisabuelos.

Lucy.- ¡Y oír cariño! También sus voces, aún de ultratumba, son otra incógnita.

Lupe.- Es cierto. Yo estoy ansiosa por ver y oír al espectro de mi ancestro. Por ahora, el único que ha disfrutado con ambos sentidos ha sido mi querido.

Tom.- ¡Ja, ja, ja! No desesperéis, que falta poco para que os saciéis. Ahora, disfrutemos unos instantes de esta fantástica noche, y charlemos tumbados en el césped. (El muchacho agarra por la cintura a su novia, y con un movimiento de noria, se acuestan en el amarillento verde.)

Lupe.- Tom, cariño, qué a gusto estoy aquí.

Tom.- Pues anda que yo. Teniéndote junto a mí soy el más feliz.

Dick.- (Besa a Lucy y los dos, muy acaramelados, se deslizan muy sedados). ¡Y nosotros igual! ¿A que sí, amor?

Lucy.- ¡Esto es vida! ¡Viva Dios! Pero… ¿Qué hora es?

Tom.- ¿Cuál va a ser? Si acabamos de venir. Serán…

Lupe.- Las 23.45 horas. Podemos estar un rato aquí, y sobre las 00.15 irnos allí, ¿no, Tom?

Tom.- ¡Por supuesto! Yo ahora estoy muy tranquilo y a gusto. Por cierto, ¿habéis traído los objetos vuestros? (Haciendo la cuestión al resto.)

Lupe.- Yo sí que he cogido una foto de mi “bis”.

Tom.- ¡Tú ya lo sé! Me la enseñaste nada más verte. Mi pregunta iba para Dick y Lucy. ¿Me habéis oído, pareja?

Dick.- (Flirteando con Lucy, no escucha el son de Tom.) ¡Uf, Lucy! ¡Cuánto deseo que nos marchemos y vivamos juntos! ¿A ti no te ocurre?

Lucy.- ¡Yo quiero largarme ya! Te quiero tanto…

Lupe.- (Hablando en tono suave a Tom.) Me parece, cariño, que tu cuestión no ha tenido receptor. Reitérasela.

Tom.- ¡Ja, ja, ja! Es que están con lo que están. Tendré que elevar la voz: ¡Dick! ¡Dick! (Con un alto son.)

Dick.- ¡Caray, Tom! ¡Qué vozarrón! ¿Qué quieres, amigo?

Tom.- Pues si tanto tú como Lucy habéis traído las fotografías de vuestros ancestros.

Dick.- ¡Sí, por supuesto! Y con una edad parecida a la nuestra.

Tom.- ¡Fenomenal! Así, los cuatros nos aparecerán.

Dick.- ¿Y el recorte donde se anunciaba la faena? ¿Alguno lo ha traído?

Lucy.- ¡Anda, es verdad! Esta tarde he visto varias ofertas, pero no he seleccionado ninguna concreta.

Lupe.- ¡Yo tampoco! ¿Y ahora qué haremos sin saber qué trabajo conseguir? ¡Mira que somos despistes!

Tom.- Perdona, querida: sois despistes, puesto que yo sí que he seleccionado uno que me ha parecido el más apropiado.

Dick.- ¡Si no fuera por Tom!

Tom.- Continúa, amigo, continúa…

Dick.- Pues que no iríamos ni a la vuelta del rincón.

Lucy.- Desde luego es nuestro salvador.

Lupe.- ¡Claro! Le viene de la genética su alta previsión. Fijaros que el gran ganador de nuestros “bis” fue el suyo, y que gracias a él los nuestros vivieron lo suyo.

Tom.- Pero Lupe, eso hace más de un centenario, y lo de hoy en día es para mí igual que para vosotros: un calvario. Por cierto, enseñadme las fotos de vuestros bisabuelos, a ver qué parecido tienen con vosotros, y si el reemplazamiento de personalidad puede ser una realidad. (En este momento se levantan Dick y Lucy, y sacan de sus bolsillos sendas fotografías.)

Dick.- ¡Mirad el mío! Igual que yo, pero con ropa un tanto “off”.

Tom.- ¡Jope! ¡Es verdad! Tú y él sois tal para cual.

Lucy.- Amor mío, tu “bis” podía haber sido hoy mi querido.

Dick.- ¡Ja, ja, ja! Somos idénticos, como en el caso de Tom y de su bisabuelo. ¿Y el tuyo Lucy? Aún no he visualizado a tu antepasado. ¿Me la muestras?

Lucy.- (Saca de su bolsa la muestra.) ¡Mírala! También con gran similitud a mí, tanto en lo físico como en la virtud y el vicio.

Dick.- ¿Virtud? ¿Vicio?

Lucy.- Sí, parece que mentalmente éramos similares, según comentarios de mis padres y sus predecesores.

Tom.- ¡Todo perfecto! Si la técnica se basa en la sustitución, qué mejor que todos sean réplicas nuestras hechas con perfección. Así, de esta manera, no habrá problema para que ellos nos suplenten la personalidad y, con sus experiencias y sapiencias, logren el objetivo final: dos pares de trabajos de altos rangos.

Dick.- ¿Ah, sí? ¿Es que has seleccionado ofertas de elevado grado?

Lucy.- ¡Dínoslas, Tom! Estamos expectantes ante la anterior interrogante.

Lupe.- Venga amor. ¿De qué trabajo se trata?

Tom.- Pues de todas las que he visto en el periódico, he elegido una que me ha parecido ideal para optar los cuatro a ella. (Tom coge el recorte de prensa, se dispone en posición tersa, y decide contársela al grupo.) Escuchad: “Empresa multinacional del mueble selecciona 4 puestos de Ejecutivo: 2 para Gestión y 2 para Producción. Interesados dirigirse a MUEBLE ILUSIÓN, S.A., sito en la Avda. de los Cerezos, s/n. Horario de 9 a 10 h. Preguntad por el sr. Robles.”

Lupe.- ¡Puestos de mando! ¡Y faltos de experiencia en cualquier rango!

Dick.- ¡Te has pasado amigo! ¡Con sólo nuestra titulación a optar a puestos de Dirección!

Lucy.- ¡Si no sabemos hacer ni la “o”!

Tom.- ¡Ja, ja, ja! ¡Pero qué bobos sois! ¡Si los que van a conseguir los puestos son los nuestros! Nosotros, una vez alcanzados y firmados los contratos, sólo nos faltará continuarlos.

Dick.- Ya… pero una vez nos abandonen, tendremos que “luchar” con obreros y técnicos, y todo esto requiere una gran sapiencia y ciencia.

Tom.- ¡De eso se trata! Nuestros bisabuelos se encargarán, primero de firmar, y después de trabajar; una vez los trabajadores y los directores se den cuenta de sus pericias, es cuando nos aleccionarán para que, una vez rubricados, seamos nosotros quienes sigamos.

Dick.- ¿Y tú crees que podremos?

Tom.- ¡Por supuesto! Y si no nos vemos capacitados, siempre estamos a tiempo para volver a llamarlos.

Lupe.- Mirado de ese modo, no parece que esté mal pensado.

Lucy.- Sí, es cierto. Voy asimilando lo que Tom nos está contando.

Dick.- Bueno… El tiempo se encargará de enjuiciar el plan. En principio, es verdad que no está mal.

Tom.- ¡Al fin! Parece que os he convencido. Ahora se trata de que salgan de sus fosos, y que estén de acuerdo en seguir el guión trazado.

Dick.- El tuyo dio el sí. ¿Por qué el mío y los de las chicas se van a negar?

Tom.- Porque ten en cuenta que los vuestros se limitaron a ser comparsas.

Dick.- ¿De qué?

Tom.- ¡De una farsa!

Dick.- Bueno…Si tu bisabuelo estaba de acuerdo de que los tres “vivieran” de él, ¿qué malo hay?

Tom.- Nada; simplemente que no sé si serán capaces de conseguir el objetivo: los puestos de Directivos.

Lupe.- ¡Hombre, Tom! Habrá que darles la oportunidad para que demuestren su capacidad.

Lucy.- Además…

Tom.- ¿Qué?

Lucy.- Tu bisabuelo fue el que nos dijo que les invoquemos, para ser ellos los que nos sustituyeran.

Lupe.- ¡Es verdad! Tom, cariño, recuerda que él quería que “sus” tres aparecieran junto a él. Por esto tenemos todos los objetos: ¡para que surjan unidos todos!

Dick.- ¡Claro! Juntos de nuevo, después de más de un siglo.

Tom.- ¡Vale! ¡Vale! Tenéis razón. Es que la familia “tira”. Por cierto, ¿qué hora tenemos?

Lupe.- Son las 00.20.

Tom.- ¡Caray! Nos tenemos que ir para allí. (Refiriéndose a la mansión, espacio de la invocación.)

Dick.- Sí. Quedamos con tu ancestro que más o menos a la 1.00 saldrían. Así pues, alzad del césped y dirijámonos allá.

Lucy.- ¡Qué ganas tengo de ver a mi “bis”!

Lupe.- ¡Y yo! ¡Adelante, pues! (Los dos pares se levantan, y se encaminan a la morada.)

Tom.- (Saca de su bolsillo la llave y abre.) ¡Click! ¡Ya está! ¡Adentro, chicos!

Lupe.- ¡Uf! ¡Qué calor hace! Teníamos que haber dejado las ventanas abiertas.

Lucy.- ¡Es verdad! Se ha condensado la unión.

Dick.- ¿Qué unión, querida?

Lucy.- La de la temperatura y la energía.

Dick.- ¿Es eso posible, Tom?

Tom.- Sí, es factible. Tu chica tiene razón. Por ello hace tanto agobio. Esperad, y ahora abriré los ventanales. Una vez que corra el aire y neutralice este ambiente caliente, volveré a cerrarlos.

Lupe.- ¿Para qué?

Tom.- Pues para que una vez salgan, no se escapen. (Tom va hacia las ventanas y una a una las abre. De repente, hay una corriente que da más frescor en el gran salón.)

Lupe.- Sí que se nota. Ya estoy mucho mejor.

Lucy.- ¡Y yo! Creo que ya podemos empezar.

Dick.- Sí, una vez liberado este aire pesado, podemos iniciar la sesión.

Tom.- Pero ahora tengo que cerrarlas, no sea cosa que a nuestros “bis” les dé por huir. Un instante y comenzamos. (Vuelve a los ventanales y, en un tris, los baja para que no se puedan abrir.) ¡Venga! ¡Poneos en posición, y dejad los objetos acorde con vuestra situación!

Dick.- Aquí tengo la foto de mi “bis”, y la dejo aquí (justo debajo de la tarántula pieza).

Lucy.- La mía la deposito por encima, ¿no, Dick?

Dick.- Sí, así saldrán los dos al unísono son.

Lupe.- ¿La mía también encima de la tuya, Tom?

Tom.- ¡Claro! Ya has oído a Dick. Si la pones sobre la mía, los dos surgirán como un par de novios en el altar.

Lupe.- Pues aquí está (la deja sobre la de Tom).

Tom.- ¡Muy bien, muchachos! Ya tenemos las fotografías dispuestas. Ahora coloco las velas, nos ponemos en círculo alrededor de ellas, y a invocar. (Todo ya preparado, se da comienzo.)

Tom.- ¡Bisabuelos! ¡Bisabuelos! ¡Salid a la luz! (En tono de sermoneo.)

Lupe.- ¡Bisabuelos! ¡Alzad el vuelo! ¡Queremos veros! (Ya con más familiaridad en el hablar.)

Dick.- ¡Necesitamos contactar con vosotros! ¡Bisabuelos! Por favor, ¡yo os invoco! (La pronunciación denota una cierta desesperanza.)

Lucy.- ¡Bisabuelos! ¡Os mando salir! ¡Deseo ver y oír a mi “bis”! (En este caso la chica sí que da muestra de dialogar con su ancestro.)

Tom.- (Se dirige en voz tenue al resto.) Ahora, una vez que cada uno ha hecho fuerza por su “cuenta”, es el turno de llamarlos a todos juntos. ¿De acuerdo, chicos?

Los demás, a la vez.- ¡Sí!

Tom.- ¡Adelante, pues! (Asidos de las manos con intensidad, hacen el llamamiento a una sola voz.)

Todos a la vez.- ¡Bisabuelos! ¡Bisabuelos! Vuestros bisnietos os invocan para que surjáis. ¡Salid! ¡Salid! ¡Salid! (Y al finalizar esta última exclamación, surgen los espíritus de dos en dos.)

Ancestros de Lupe y Tom.- ¡Uf! ¡Qué calor! ¿Por qué estamos así los dos? (Se miran un tanto extrañados por el momento creado. La pareja aparece en el centro, muy bien vestidos y casi listos para dar un paseo.)

Ancestro de Tom.- ¡Hola Lupe! ¡Qué bonita te encuentro!

Ancestro de Lupe.- ¡Sí, es cierto! Parecemos arreglados. ¿Es que nos vamos a algún social acontecimiento?

Ancestro de Tom.- No creo, cariño. Es que hemos salido tal como ellos (señalando a los chicos) han querido.

Ancestro de Lupe.- ¡Anda! ¡Es verdad! ¡Si somos nosotros en posición circular!

Ancestro de Tom.- Parece, pero ésa no es la realidad.

Ancestro de Lupe.- ¿Ah, no? ¿Y cómo me explicas esta situación? (Súbitamente aparece el par que falta.)

Ancestros de Dick y Lucy.- ¡Ostras! ¡Qué pasión! ¡Unidos los dos!

Ancestro de Lupe.- ¿Pero qué veo? Nuestros amigos salidos “sin ton ni son”. ¡Esto es cosa de Dios!

Ancestro de Tom.- ¡Que no! ¡Que no! Todo se debe a estos (señalando de nuevo a los muchachos).

Ancestro de Lupe.- Pues que hablen ellos, y nos aclaren estas apariciones.

Ancestro de Dick.- (Dando un beso al ancestro de Lucy.) ¡Caray Lucy! ¡Qué dulce! Es como si te acabaras de comer un pastel, y me dieras lo mejor de él.

Ancestro de Lucy.- Te lo mereces. Te quiero tanto que todo lo mío es tuyo, incluyendo los cinco sentidos. (Una vez dicho esto último, se da cuenta la pareja de que alrededor de ellos están también “ellos”.) Pero Dick, ¿has visto lo que yo? ¡Si no estamos solos! Nos rodean nuestros íntimos y nosotros dos. ¿Es que estoy loca, o veo como un espejo?

Ancestro de Dick.- ¡Es verdad! Aquí estamos nosotros cuatro, y ahí (dirigiéndose a los muchachos) rodeándonos, nuestras réplicas. ¡Que alguien me lo explique!

Ancestro de Lucy.- ¡Y con rapidez! ¡El amor es para uno y no para dos!

Ancestro de Lupe.- Tienes razón, amiga. Esto debe de ser obra de Tom.

Ancestro de Tom.- ¿Pero qué Tom?

Ancestro de Lupe.- ¡Tú, quién si no!

Ancestro de Tom.- ¡Ja, ja, ja! No ha sido idea mía, sino de éste (señalando a su bisnieto).

Ancestro de Lupe.- ¿De él? ¡Si eres tú, aunque con distinto traje!

Ancestro de Tom.- ¡No soy yo! ¡Es mi bisnieto Tom!

Ancestro de Lupe.- ¿Bisnieto?

Ancestro de Tom.- ¡Por supuesto! Todos los que veis son descendientes nuestros. ¡De ahí la similitud!

Ancestro de Dick.- ¿Y qué hacemos los dos aquí? ¿Es esto posible?

Ancestro de Lucy.- ¡Eso, eso! ¿Quién es el original y quién la copia?

Ancestro de Tom.- ¡Callad ya! Ahora, él os lo razonará (indicando con la mano a su descendiente).

Tom.- (Con cara trémula, se pone de pie e intenta aclararles “el porqué”.) Mi antepasado tiene razón: hay una lógica explicación.

Ancestros a la vez.- Somos todo oídos para tus sonidos. ¡Adelante querido! (Se acomodan los ancestros: juntos los de Tom y Lupe, y adosados los de Dick y Lucy.)

Tom.- Lo primero que os tengo que comunicar es que los únicos que son realidad somos nosotros, siendo vosotros la virtualidad. Habéis aparecido porque hemos hecho una sesión espiritual, y como veis, con resultado acertado.

Ancestro de Lupe.- Entonces, ¿es verdad que tú eres el bisnieto de mi Tom?

Tom.- ¡Claro, bisabuela de Lupe! No estamos en el XIX, sino en los comienzos del XXI, y en la estación del estío.

Ancestro de Lupe.- Lo último es evidente por el sofoco reinante, pero ¿más de un siglo ha transcurrido desde que nos esfumamos?

Tom.- ¡Ja, ja, ja! ¡Claro! De ahí que seáis imágenes sin cuerpo presente.

Ancestro de Lupe.- ¿Y qué hacemos entonces? ¡Pasear y hablar sin camino andado ni sonido echado!

Tom.- ¡No exactamente! Vosotros, por la energía creada por nuestras mentes, tenéis capacidad de movimiento y parlamento, además de pensamiento.

Ancestro de Tom.- Querido bisnieto, ¿qué has querido decir con todo esto?

Tom.- Muy sencillo, ancestro; podéis ir a cualquier sitio, y nadie se daría cuenta de que sois virtuales y no reales.

Ancestro de Tom.- ¡Ah! ¡Ya entiendo! Por eso seremos vosotros en la búsqueda de puestos.

Ancestro de Lupe.- ¿Qué puestos, cariño?

Ancestro de Tom.- ¡De trabajo! Pero eso es la continuación de la explicación que nos está dando Tom, mi bisnieto. ¡Adelante muchacho! ¡Termina con tu razonamiento!

Tom.- Gracias, bisabuelo. Como os estaba diciendo, vosotros vais a ser los que intentéis conseguir la faena por nosotros.

Ancestro de Lupe.- Perdona que te interrumpa, muchacho. ¿Por qué queréis que seamos los que os sustituyamos? ¿Es que no estáis capacitados para obtener esos puestos?

Ancestro de Dick.- Buena pregunta, Lupe, es decir, antepasado de Lupe. Yo me cuestiono lo mismo.

Ancestro de Lucy.- ¡Y yo! ¿Es tan complicado hoy en día encontrar trabajo?

Lucy.- ¡Uf! ¡Ni te lo imaginas, mi antepasado! Yo, al igual que mis amigos, sólo he encontrado contrariedades en la búsqueda: ¡todo han sido negaciones!

Lupe.- Mi compañera tiene toda la razón. Por eso estáis aquí: para que nos auxiliéis en esa difícil tarea.

Dick.- ¡Exacto! Todo fue idea de Tom, pensando que su bisabuelo fue un ganador en su tiempo.

Ancestro de Lupe.- ¡Y no sólo eso! Todo el mundo le tenía un gran respeto.

Ancestro de Tom.- ¡Vale ya, Lupe! Deja al chico que siga con la explicación. ¡Vamos, Tom! Continúa…

Tom.- De acuerdo. Proseguiré, aunque todo está prácticamente aclarado. Vosotros estaréis mañana, de 9 a 10, en esta dirección (saca del bolsillo de su pantalón el anuncio recortado del diario, y lo muestra). Veis, este es el objetivo: conseguir los cuatro puestos de Ejecutivos de esta empresa.

Ancestro de Tom.- A ver, hijo, acércame ese trozo de papel. (Tom se acerca a su ancestro, y le deja el recorte.) ¡Umm…! Interesantes puestos. Fijaros: dos de mando en la Producción y otros tanto en la Gestión. Yo prefiero uno de Gestión. Me va más.

Ancestro de Lupe.- No, si ya… Tú eres el más capaz. Yo, en cambio, iré a por uno de Producción.

Ancestro de Dick.- Es decir, sólo resta uno de cada puesto para nosotros dos (dirigiéndose a su chica, la antepasado de Lucy). ¿Cuál del par que falta prefieres tú, cariño?

Ancestro de Lucy.- Si no te importa, prefiero el de Gestión, y así Tom me aconsejará qué hacer para llegar a él.

Ancestro de Dick.- Me parece bien. Yo, por consiguiente, iré a por el de Producción.

Tom.- ¡Fenomenal! Ya está todo dicho. Los dos pares ya están cubiertos. Por lo tanto, tenéis que estar mañana, por hoy, de 9 a 10 en la dirección que marca el anuncio. Por cierto, ¿cuál es?

Ancestro de Tom.- Aquí indica Avda. de los Cerezos, s/n. ¿Dónde está esto?

Tom.- Espera, que ahora te lo digo (mete su diestra en una bolsa y saca un mapa). Acercaros y mirad. Aquí es dónde tenéis que estar (les señala la dirección exacta donde se ubica la empresa).

Ancestro de Tom.- Sí, ya la veo, pero ¿dónde estamos ahora?

Ancestro de Dick.- Eso. Hay que saber de dónde vamos a partir para conocer la ruta a seguir.

Tom.- ¡Tranquilidad! ¿Es que habéis perdido la memoria por la virtualidad? (Pausa.) ¿Veis este punto?

Ancestros a la vez.- ¡Sí!

Tom.- Pues es en donde estamos ahora. Así pues, para llegar a la multinacional tenéis que hacer este camino (les indica la salida y la llegada).

Ancestro de Tom.- ¡Ya está claro! Parece distanciado, ¿no?

Tom.- Sí que lo está. Habrá más o menos un trío de kilómetros.

Ancestro de Dick.- Bueno… Pues partiremos una hora antes, y llegaremos al tramo indicado en el momento apropiado. ¿No os parece, amigos?

Resto de ancestros.- Por supuesto, compañero. ¡Saldremos sobre las 8.00!

Ancestro de Tom.- Por cierto, bisnieto, ¿cómo se denomina la empresa?

Resto de ancestros.- ¡Eso, eso! ¿Cuál es el nombre de la multinacional?

Tom.- Se nombra MUEBLE ILUSIÓN, SA, y es pionera en el diseño de la madera. Ahí es donde tenéis que conseguir firmar.

Ancestro de Tom.- ¿El qué?

Tom.- ¡Qué va a ser! ¡Los contratos laborales!

Ancestro de Tom.- ¡Ah! ¡Claro! ¡En qué estaría pensando!

Ancestro de Lupe.- Seguro que en mí, cariño.

Ancestro de Tom.- ¡Sí! Es que parece que ha pasado más de un centenario sin estar a tu físico lado. Dame un beso. (Los dos se besan, y están un buen rato.)

Tom.- (Dirigiéndose a sus tres compañeros.)Bueno, amigos. Ya son más de las 3.00, y hay que marcharse, pues.

Lupe.- Sí, ya es tarde. Vámonos.

Dick.- Pues marchémonos.

Lucy.- Sí, larguémonos. (Las dos parejas se despiden de sus “bis”, y se encaminan a sus respectivas moradas. Mañana, por hoy, Dios dirá lo que acontecerá.)

 

(Mutación de horario y de escenario. Son las 8.45 horas de la mañana y los espectros ya están en el lugar: una pequeña caseta alejada de la multinacional en unos 100, en donde está colocado en la parte superior de la entrada un gran rótulo, bien grafiado y mejor decorado, que pone: “ACCESO PARA LAS ENTREVISTAS. ESPEREN SU TURNO. GRACIAS”.)

Ancestro de Tom.- ¡Mirad! Ya hemos llegado. Observad lo que indica la puerta.

Ancestro de Dick.- Sí, está claro. Aquí es. Esperaremos en esta “cola”.

Ancestro de Lucy.- ¿Será la que llegue al entrevistador-jefe?

Ancestro de Tom.- Supongo que sí, aunque voy a confirmarlo. (Se aleja un tanto del grupo ancestral, y le pregunta a una chica que está delante de aquél.) Perdón, señorita: ¿hay que aguardar aquí para llegar allí? (La muchacha se queda perpleja de la educación del espectro, y le contesta afirmando con la testa.)

Veis como es aquí donde hay que esperar a que nos llegue nuestro tiempo. ¡Tampoco hay tantos con quien competir!

Ancestro de Dick.- Yo creo que en unos 30 empezaremos. Por cierto, ¿quién de nosotros será el primero?

Ancestro de Tom.- A mí me da igual. Si queréis, un servidor lo será.

Ancestro de Dick.- Por mí, ideal. ¿Y vosotras? ¿Opináis similar?

Ancestro de Lupe.- Sí, que sea Tom el que comience; después continúas tú, Dick, y para concluir nosotras dos. ¿O.K?

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VIRTUS VERSUS PECCATUM (Teatro)

Tono | 25, may

 

 

 

 

VIRTUS VERSUS PECCATUM

(O EL SOMERO PODER DEL CLERO)

 

 

PERSONAJES (POR ORDEN ALFABÉTICO):

 

BERNARDO, BERTA, HARPO, (LECTORES, EN SU CASO), MARGA “LA MAGA”, MARIO, MARTA, MELERO “EL HECHICERO”, EL PÚBLICO, SANDRO, SARA.

 

 

 

PRIMER ACTO.- PROLEGÓMENOS

 

(Final del mes vacacional. Periferias de Madrid, y una hora cercana a la cena. Edificio cansado, casi jubilado y con poco esmero en el remedio. Marta y Mario son los primeros en llegar y tocan al portal.)

 

Puerta.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng!

Harpo.- ¿Quién es? ¿Dígame?

Mario.- ¡Harpo! ¡Somos nosotros!

Harpo.- ¿Y quiénes sois vosotros?

Mario.- ¡Marta y Mario! ¿Nos abres este portón con el botón?

Harpo.- ¡Caray! ¡Ya voy! ¡Mira que sois impacientes!

Mario.- ¿No lo dirás por mi par?

Harpo.- Pues no lo sé porque poco de ella sé. Pero… ¿aún no se abre aquél?

Mario.- ¡Sí, sí! ¡Ya subimos!

Harpo.- O.K. Os espero aquí. (La entrada de los dos, una vez se abrió, no escapó a la dura censura: “que si suelo con baldosas seccionadas y de escaso color por el tiempo que pasó”, “que si paredes que descubren a sus moradores: sin recursos los mayores y con abusos los menores”,… Tienen que ascender al tercer nivel, y se lo piensan si hacerlo de pie o con la ayuda de lo que ven: un vetusto montacargas que no saben si les sube o si les baja. Al final se decantan por usar las zancas y la puerta alcanzan.)

Harpo.- ¡Qué alegría! ¡Mario, mi amigo! ¡Cuánto tiempo transcurrido!

Mario.- ¡A mis brazos querido! ¡Qué contento estoy! ¿Cuándo fue la vez última que nos vimos?

Harpo.- Pienso que hará unos 25, en la boda del último.

Mario.- ¿La de Sandro?

Harpo.- ¡El mismo!

Mario.- Sí, es cierto. Pero antes que nada, te la presento.

Harpo.- ¿A quién?

Mario.- A Marta, mi esposa de hace casi 30.

Harpo.- ¡Hombre! Éramos unos críos, pero aún recuerdo su cara y figura, y sigue con ambas en parecida situación. ¿Qué tal Marta? ¿Cómo estás?

Marta.- ¡Oh bien, Harpo! Sí que es verdad que muchos años han pasado ya, pero tú no estás tampoco mal.

Harpo.- ¡Gracias Marta! Será que la soltería me sienta bien, ¡ja, ja, ja! Pero vayamos adentro. ¡Venga! ¡Entrad, entrad! (Una vez en el interior de la vivienda, no queda otra que opinar de ésta.)

Mario.- Me agrada lo sencilla que es esta morada. Con dos pasos estás en el lugar al que vas. Observa querida; en un tris hemos pasado del recibidor al comedor, habiendo atravesado un dormitorio y un aseador, ¿no, Harpo?

Harpo.- Eres buen observador, Mario. Tiene un área pequeña, y por ello estamos enseguida donde gustamos.

Marta.- A mí lo que me ha seducido de tu piso es la situación. Tiene buena comunicación y tiendas por doquier. ¿Es que este barrio, aunque sencillo, posee gran economía de bolsillo?

Harpo.- Sí, Marta. Estoy un tiempo residiendo aquí y pocos comercios he visto quebrar, ni siquiera enfermar. Imagino que será por los bajos precios del material.

Marta.- La verdad es que me estoy planteando comprar acá.

Mario.- Pues a mí me agradaría obtener productos de este contorno, y no los que tenemos en nuestra zona.

Harpo.- ¿Por qué?

Mario.- ¡Por la sencillez! En nuestras calles sólo ves ropas de “Calvin Klein” y alimentos muy selectos, pero con demasiado esqueleto.

Harpo.- ¡Mejor!

Mario.- ¡No, Harpo, no! A Marta le irrita que sus íntimas estén en todo momento comentando sus compras de alto postín, cuando ella no todo lo puede adquirir, y a mí me molesta lo que más tarde ella me cuenta. Pero no te aburramos más con nuestras disputas, y acomodémonos en el salón, ¿no?

Harpo.- ¡Sí, claro! Esta es la habitación de estar y dialogar. Sentaos en las apoya-nalgas y ahora traeré un tentempié, esperando a Sandro y Bernardo. Por cierto, ¿qué hora es?

Marta.- Las 8.30 p.m. Aún es temprano para un final de verano.

Harpo.- ¡No tanto! Quedé con los tres sobre aquella, para tener en principio una charla de encuentro y bienvenida, y después, sobre las diez, cenar todos a la vez. Lo que ocurre es que vosotros os habéis adelantado un cuarto.

Mario.- Es que resulta que hemos agarrado el “metro”, al haberme enterado de que por tu barrio había una parada, y este transporte es el más eficaz al evitar el aparcamiento del auto. ¡A mí me encanta este medio!

Marta.- ¡Y por ello tenemos frecuentes enfrentamientos!

Harpo.- ¿Por qué?

Marta.- Porque a mí me agrada más ir en un vehículo de los que oteo a menudo.

Harpo.- ¿Y cómo son?

Marta.- ¡De un montón de euros! Y me tengo que conformar con esta manera de viajar, aunque esperaré a que Mario vire al fin de opinión. ¡Lo lograré!

Mario.- ¡Eso está por ver! Ahora, Harpo, me apetecería una birra bien fría y acompañada de comida salada. ¿Qué tienes para empezar a papear?

Marta.- ¡Ya está con sus indomables ganas de jalar! Espera un rato querido, que deben de estar al caer tus dos amigos. (Fue finalizar la frase, y el timbre anunciador hace su son. Ya están ambos con sus dos.)

Puerta.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng!

Harpo.- ¿Sois vosotros?

Bernardo y Sandro.- Harpo, ¿eres tú?

Harpo.- Quien si no va a ser sino mi ser. ¡Claro muchachos! ¿Ya está abierto el portal?

Bernardo.- ¡Qué va! Y me estoy poniendo como… ¡Ya, Harpo! ¡Se abrió el tal!

Harpo.- ¡Pues subid, que ya están aquí Mario y su par!

Bernardo y Sandro.- Ascendemos ya. ¿Es el tercero?

Harpo.- Sí, por ello podéis usar los pies.

Sandro.- ¿Por qué?

Harpo.- Porque el elevador no es muy de fiar y os puede abandonar.

Sandro.- ¡Ah! Entonces no hay más que hablar. ¡Hasta ahora!

Harpo.- ¡Hasta ya! (Transcurren unos instantes mal contados, y llegan los cuatro con el resto esperando.)

Harpo.- ¡Amigos! ¡Juntos de nuevo! ¡Qué subidón!

Bernardo y Sandro.- ¡Y alegrón! ¡A nuestros brazos, querido Harpo!

Harpo.- ¡Y a los míos, amigos míos! (Están un rato abrazados cuando Mario se une al trío.)

Mario.- ¡Que yo también quiero, compañeros! ¡Como en los mejores momentos! ¡Unidos de nuevo!

Las chicas a la vez.- ¿Y nosotras? ¿Es que estamos de mascotas?

Harpo.- Perdonad, pero han sido tantos años sin vernos, que al hacerlo nos hemos puesto tiernos. Pasado todo esto, ¡entremos!

Chicos a la vez.- ¡Eso, eso! ¡Pasemos y charlemos! (Entran todos al lar, una vez reencontrados los unos con las otras, y una vez alcanzan la de estar se acomodan en los sofás. Son las 8.45 p.m.)

Harpo.- ¡Sentaos dónde podáis!, y ahora saco un aperitivo para abrir la gana. ¿Qué os apetece como acompañante líquido?

Mario.- ¡Cerveza bien fresca!

Sandro.- ¿Tienes champagne!

Harpo.- ¿De entrante la bebida elegante?

Sandro.- Me agrada el catalán espumoso. ¡Me pone espitoso!

Sara.- ¿Más de lo que siempre estás?

Sandro.- ¡Qué bien me conoce mi par!

Sara.- ¡La cuarta parte de todo un siglo, querido!

Sandro.- Lo sé. Por ello nos complementamos bien.

Sara.- No sé, no sé…

Bernardo.- ¡Uf, Sandro! Esas dudas de tu mujer si a mí me las plantearan no sé cómo reaccionaría.

Berta.- Yo sí.

Bernardo.- ¿Cómo, amor?

Berta.- ¡Con mucho ardor!

Bernardo.- ¡Ja, ja, ja! Así soy yo.

Berta.- No, si ya…

Harpo.- Ahora os traigo lo hablado y lo pensado.

Mario.- ¿A qué te refieres con lo pensado?

Harpo.- Ya os conozco de hace años, y aunque ha habido un vacío, no se me ha olvidado algunos desvíos, sobre todo los de Sandro y Mario.

Sandro.- ¡Anda! ¡Salió mi ser!

Harpo.- ¿Y cómo?

Sandro.- ¡Como un marqués!

Harpo.- ¡Tú ves! A eso me refería. Tu elegancia es total, de mente y de cuerpo. Seguro que te agradaría de picotear, además de caviar, crustáceos de los “más”, ¿o no es así?

Sandro.- ¡Sí que te acuerdas de mí! El lujo y un servidor gemelos ambos son, y por ello te agradezco tu decisión.

Harpo.- ¿Qué decisión?

Sandro.- ¡La de traerme caviar con mejillón!

Harpo.- ¡Ja, ja, ja! No sé si poseo los dos.

Bernardo.- ¡Alto ya! Esta conversación parece derivar a discusión, y no lo consentiré: ¡válgame Dios! Harpo, tráenos lo que gustes y yo de mi alícuota parte repartiré.

Harpo.- ¿A quién?

Marta.- Pues a mi marido, que jamás tiene bastante con lo servido.

Sara.- ¡Conmigo debería estar!

Marta.- ¿Por qué querida?

Sara.- Porque todo lo que hay lo quiero mío, y si alguien me lo disputa entraríamos en constante lucha.

Marta.- Pero el tuyo tiene lo suyo, con esos aires de don Juan y siempre con ganas de amar.

Sara.- ¡Mujer! Sandro tiene sus aventuras, pero siempre se arrepiente no sólo de palabra sino además de hecho.

Marta.- ¿En qué se traduce tu dicho?

Sara.- Pues que ve a una chica joven y mona, y no puede superar la intentona, pero cuando me lo comunica enseguida me pone por encima, y ello a mí me auto-estimula.

Marta.- ¡Pues lo disimulas!

Sara.- ¡Y hay más! Acto seguido, además, efectúa algo caritativo.

Marta.- ¿Cómo el qué?

Sara.- Pues dona un aval a algún cardenal, o bien a través de su empresa regala aparatos electrónicos a las gentes de escasos económicos. En fin, son muchas las obras que ha hecho con gran provecho.

Bernardo.- ¡Ya podría tu marido! Siendo un mandamás de una multinacional, a nadie le importaría dar un tanto de lo presupuestado a los más necesitados. ¡A mí me encantaría!

Berta.- Pero tu solidaridad no se extiende a la ciudadanía. Recuerda que únicamente en nuestra tienda se dan por su trastienda productos que no han tenido venta a la gente más indigente.

Bernardo.- Y a ti te molesta por tus aires superiores. Nunca te ha gustado mezclarte con personas que no tienen ni para una sopa.

Berta.- Bueno, ya me conoces de hace tiempo: ¡poseo un alto ego!

Mario.- ¡Pues ello no es bueno!

Berta.- ¡Pero de este modo no enfermo!

Mario.- No sé lo que decirte. El simple hecho de no ser sencillo es ya un indicio de individuo enfermizo.

Bernardo.- Mario, que es mi mujer. ¡Más respeto a su ser!

Sandro.- ¡Tranquilizaos y sedaos! Por cierto, ¿dónde está Harpo?

Marta.- Ha ido a prepararnos el aperitivo. Podíamos ir a auxiliarle.

Mario.- ¡Sí, vayamos!, que con lo que le cuesta activarse igual no degustamos nada hasta mañana, ¡ja, ja, ja!

Sandro.- Lo que tú quieres es comer. Te lo veo en la tez.

Mario.- ¡Y tanto! Acompáñame, Bernardo. Tú y yo, junto con él, prepararemos el tentempié.

Bernardo.- De acuerdo, amigo. ¡Vamos! (Por tanto, Mario y Bernardo se dirigen a la cocina donde Harpo aún está en el inicio del principio.)

Mario.- ¡Harpo! Aquí estamos para auxiliarte en el culinario arte. ¡Uf! ¡Qué sensación más placentera!

Harpo.- ¡Caray, Mario! Si sólo hay un plato de simples patatas. ¡Ala! Llévatelo y deposítalo en el salón.

Mario.- Está bien. ¿Quieres que haga algo más?

Harpo.- No, ahora Bernardo me ayudará con lo demás.

Mario.- ¿Hay mucho más?

Harpo.- Bueno, teniendo en cuenta la hora que es, sólo sacaré dos platos más, y así habrá tres.

Mario.- ¿En qué consistirán?

Harpo.- ¡Vete ya, y ya lo verás!

Mario.- O.K. Voy para allá. (Una vez abandona la cocina, es Bernardo el que ayuda a Harpo con lo que resta de la comida.)

Harpo.- Bernardo, coge de ahí arriba esa bolsa que grafía “frutos secos”. ¿La divisas?

Bernardo.- ¡Claro! Ya la agarro.

Harpo.- Ahora, ábrela con cuidado y vacíala en este recipiente apropiado para el sólido citado. (Bernardo en un primer momento no puede romper la bolsa y, cabreado, la secciona con tal furia que hace una ducha con los susodichos secos frutos.)

Bernardo.- ¡Ya está! ¡Qué carajo! Aún creerían que iban a poder con mi alta ira.

Harpo.- Pero Bernardo, ¡que todos los cacaos, almendras y demás están al ras! Sólo ha quedado una mínima alícuota en su original envuelta. ¡Mira que te lo dije! Hay que tener cuidado.

Bernardo.- ¡Déjalo, Harpo! Ya sabes que cuando me enfurezco no hay Dios que me ponga freno; pero bueno, aún queda un resto.

Harpo.- ¡Ya, ya! Pon lo que queda en el bol, y recoge del suelo los restos. Yo me encargaré de aperturar esta lata de olivas, y con ello completamos lo sólido. Más adelante sacaremos el líquido. ¡Venga Bernardo! Limpia lo ajado y ahora vengo.

Bernardo.- ¡Está bien! Pero no me repitas más lo de asear, no sea cosa que mi enojo vaya a más.

Harpo.- ¡Vale amigo! No seré reiterativo. Voy a llevarles estos aperitivos a nuestros amigos. ¡Hasta ahora!

Bernardo.- ¡Hasta luego! (Harpo, con su conocida lentitud, alcanza la de estar y deposita el par.)

Marta.- ¡Harpo, ya era hora! Y te lo dice una servidora, toda ella conocida como un ser de Job sucesora.

Mario.- ¡Cierto!, que uno ya la conoce de un tiempo. Por cierto, deja esos dos cerca de un servidor, que Carpanta es un simple aprendiz si se compara a mí.

Berta.- ¡Tranquilo Mario! ¡Hay para todos! Debes de mantener la calma. El comer en exceso eleva el peso, y trae malas consecuencias. ¡Hay que moderar las ganas!

Sandro.- ¡Déjalo, Berta! En ti es fácil eso decir, pero a mí me pasa algo similar, aunque no con alimentos, sino con monumentos.

Mario.- ¡Ja, ja, ja! ¡Y no de los de construcción!

Sandro.- ¡Pues no! Más bien los de carne de cañón. (En este momento entra en el salón Bernardo, una vez que ha quitado lo echado.)

Harpo.- ¡Hombre Bernardo, parece que ya has acabado!

Bernardo.- ¡Si, ya he finalizado!

Harpo.- ¿Y ha quedado aseado?

Bernardo.- ¡Harpo! ¡Ya está bien! Ahora lo que quiero es sentarme y degustar.

Berta.- ¿Pero qué ha pasado, querido?

Bernardo.- No, nada. Simplemente que una bolsa resistente ha sido mi oponente.

Berta.- ¡Pobre bolsa!

Bernardo.- Sí, desde luego. El problema es que salieron todos disparados, y tuve que reclutarlos.

Berta.- Bueno, piensa que has hecho una obra más.

Sara.- ¿De qué Berta?

Berta.- ¡De solidaridad! Mi esposo es conocido en nuestro contorno como el más generoso.

Sara.- ¡Ah! De ahí que durante tanto tiempo aún estéis ahí.

Berta.- Sí.

Sara.- Porque la tienda os va bien, ¿no?

Berta.- Clientela tenemos, aunque los tiempos actuales son complicados para los comerciales; pero a pesar de todo, no nos quejamos. ¿A que no, Bernardo?

Bernardo.- Yo no, pero tú sí que a veces me comentas tus deseos de mudarnos a barrios más excelsos.

Berta.- Bueno, ya sabes que soy mujer de fuerte personalidad, y ello implica morar al lado de gentes muy influyentes.

Bernardo.- ¡Ya, ya!

Mario.- ¡Oid! Estoy deglutiendo y deglutiendo, pero ¿dónde está el líquido elemento?

Marta.- ¡Calla ya, querido! Ahora Harpo lo sacará.

Harpo.- Sí, ahora me levantaré y lo traeré. Sandro y Mario, ¿podéis ayudarme a traer los recipientes junto con los ocupantes acompañantes?

Mario y Sandro.- ¡Por supuesto! ¿Y qué llevamos? ¿Cerveza para todos?

Marta y Berta.- ¡Sí!

Sara.- Yo preferiría una refrescante sin poder alcoholizante. ¿Qué tienes de éstas, Harpo?

Harpo.- Las típicas, Sara: de limón, de naranja y la norteamericana.

Sara.- Me agradaría la valenciana.

Harpo.- ¡Muy bien! Así pues, tenemos que traer seis birras bien frías y para la mujer de Sandro la del fruto levantino. ¡Venga chicos! ¡A por ellas! (Se disponen los tres a coger el beber, y en un tris ya están otra vez degustando el entrante. Son las 9.15 p.m.)

Sandro.- Harpo, esa foto que contiene una chica tan joven, ¿quién es, si se puede saber?

Sara.- ¡Ja, ja, ja! Ya salió mi par con sus deseos de amar.

Sandro.- ¡Caray! ¿Pero qué he dicho? Ha sido simple curiosidad.

Sara.- No disimules amor, que soy la que te conoce mejor.

Bernardo.- ¡Alto! Dejad ese diálogo que puede acabar en un díscolo monólogo. La verdad es que Sandro ha hecho una cuestión que también a mí me gustaría conocer su resolución. ¿Quién es, Harpo?

Harpo.- ¡Vale, vale! Veo que estáis interesados en saber la identidad de ese ser.

Sandro.- Es que sorprende otear en tu lar una mujer de tan buen ver.

Mario.- Sí, es verdad. Mucho tiempo te hemos conocido y con muy pocas te hemos visto.

Bernardo.- ¿No serás un pervertido, Harpo querido?

Harpo.- ¡Ja, ja, ja! Ya sabéis que además de perezoso también soy muy ortodoxo, y fuera del matrimonio no concibo el binomio.

Sandro.- Pero con la cantidad de niñas monas que hay, ¿cómo puedes contener tus ganas de cama? ¡Yo no podría! ¡Y más siendo libre! ¡Antes morirme!

Marta.- Sandro, no todos son como tú. Igual Harpo espera paciente a encontrar a su contrayente. ¡Ya llegará!

Sandro.- ¡Ya! ¡Caída del más allá! Para ello hay que actuar, y este verbo no es de elección en nuestro anfitrión. ¡Si lo conoceré yo!

Harpo.- Es verdad que cuando diviso a una mujer que me atrae se me paran los pies. ¡Me quedo quedo!

Sandro.- Pero aún no has respondido, amigo. ¿Quién es la joven?

Bernardo.- ¡Eso, eso! Yo también quiero saberlo.

Mario.- Ya puestos, me apunto a lo expuesto.

Las chicas a la vez.- ¡Y nosotras también!

Harpo.- ¡Está bien! ¡Os lo diré! Se trata de una amiga de internet.

Sandro.- ¿Y qué nombre posee?

Harpo.- Creo que Mari Fe, aunque no lo recuerdo bien.

Sandro.- ¿Es que hace tiempo que tuvisteis el encuentro?

Harpo.- Sí, aproximadamente unos cuatro.

Bernardo.- Pero ¿de treinta o de una docena de ésta?

Harpo.- ¡De tres por diez, pardiez! Si fuera anual no sabría si fue real o virtual. Pasó pasadas las fiestas religiosas de esta Semana Santa.

Mario.- ¿A mitad de abril?

Harpo.- Sí.

Mario.- Y a partir de ahí, ¿ha habido más contactos?, o ¿fue una bienvenida y asimismo despedida?

Harpo.- Simplemente quedamos ese día, nos hicimos la foto, y a partir de aquél continuamos conversando por internet.

Sandro.- ¡Qué aburrido, amigo! ¡Sólo unas horas de encuentro físico, y lo demás todo espiritual! ¡No te entiendo, Harpo!

Bernardo.- ¡Ni yo!

Mario.- Hace años eras raro, pero me doy cuenta que esa rareza ha aumentado con la edad. ¡Cruda realidad!

Berta.- ¡Vale ya, chicos! Harpo espera encontrar a su complemento. ¡Aún le queda tiempo!

Marta.- ¡Por supuesto! Tendrá vivido lo de mi querido.

Sara.- ¡Y lo del mío!

Berta.- ¡Claro! Son desde la infancia amigos.

Sara.- Harpo, ¿son 50 los que soporta tu osamenta?

Harpo.- Si a esa le sumas dos, tienes con certeza mi cifra expresa.

Marta.- ¡52! La mía y la de Mario. ¿Y la de los demás? Deberá ser pareja a esa y a la de sus parejas. ¿no?

Sandro.- Yo tengo 51, y mi par la misma menos un par.

Bernardo.- ¡Qué manía en querer conocer la edad! ¡Qué más da!

Harpo.- ¡Venga Bernardo! Estamos revelándonos datos, y este no es más que uno más. Tú tendrás…

Bernardo.- ¡Alto ya! Yo poseo los 51, lo idéntico que mi amigo Sandro.

Harpo.- ¿Y tu mujer? ¿Qué tiempo posee?

Bernardo.- ¡Yo no lo diré!

Berta.- ¡Está bien! ¡Os lo anunciaré! Tengo justo los diez lustros.

Harpo.- Bueno, ya nos estamos descubriendo. Había pensado cenar a las diez, aunque si gustáis puedo sacar más bebida y dilatar la hora de aquélla. ¿Qué queréis?

Mario.- ¡Pero si en mi lado no hay ni para un bocado! ¡Saca más almendrado!

Harpo.- Observad que tan sólo en la zona de Mario se ha quedado un vacío.

Marta.- ¡Ja, ja, ja! ¿Es que no lo conocéis? Y en la cena pasará la misma situación. ¡Es un acaparador!

Berta.- ¡Modérale sus ansias! Cuando quiera más le insinuas que lo que resta es para mañana, y así se concienciará. Es un proceso de asimilación en la percepción. Lo he oteado en algunos libros científicos.

Marta.- ¡Caray, Berta! Por eso eres tan experta.

Berta.- ¿En qué?

Marta.- En la sobriedad.

Berta.- ¡Ya! Cada persona tenemos dones y faltas, y lo que hay que realizar es potenciar los primeros y aligerar las segundas. ¡No hay más!

Bernardo.- ¡Alto ya! Harpo había cuestionado si queríamos más bebida y esperar un rato para cenar. Opino que sí.

Sandro.- ¡Yo lo mismo!

Mario.- Similar es mi contestación, adicionando a esto que la acompañe con más alimento.

Las chicas a la vez.- ¡Nosotras también estamos bien! ¡Que se alargue el aperitivo!

Harpo.- ¡Muy bien! Por mi instrumento horario son las 9.50 p.m. Sacaré más cervezas y refrescos, y sobre las 10.30 prepararé el jale nocturno.

Berta.- ¿No lo tienes confeccionado?

Harpo.- ¡Oh sí, Berta! Encargué unas pastas y unos dulces, y sólo falta sacarlo y comerlo. ¡Todo está listo!

Sara.- Así me agrada. Bien planeado y previsto. Un aplauso para Harpo.

Todos, menos él, a la vez.- ¡Plass! ¡Plass! (El gesto dura un instante instantáneo.)

Harpo.- ¡Vale chicos! ¡Que me voy a emocionar! Ahora os la voy a sacar, y con más líquido embriagador estaremos mejor.

Sandro.- A mí sólo me falta…

Bernardo.- ¡Calla amigo! Ya sabemos lo que añoras. Disfruta de lo que hay, y no pienses en lo que no posees.

Sandro.- Si yo lo que deseo es dar lo que no tengo.

Bernardo.- ¿Que tú no tienes? Si eres un directivo en la empresa más pionera de este país. Ha salido en todos los diarios como la primera de su esfera.

Sara.- ¡Y no sólo en los diarios! ¡También en los telediarios!

Sandro.- ¡Vale, vale! Es cierto que la empresa va bien, pero veo a mi alrededor mucha gente que no tiene ni para sostenerse, y ello me entristece.

Bernardo.- ¡Toma! ¡Y a mí! Pero yo no puedo ayudar. Mi tienda de pequeños retales no da para más. Lo único que realizo es dar a los más necesitados algunas prendas que del stock han sobrado.

Berta.- Conténtate con ello, esposo. Das lo que puedes. Otros no hacen ni eso.

Bernardo.- Lo sé, Berta. Pero me conoces, y me agradaría ofrecer a los indigentes mucho más: comida, bebida, vivienda, faena, y…

Sandro.- ¡Basta ya! A mí me sucede igual. Lo que ocurre es que yo poseo más, y sí que puedo realizar algo de aquello. ¡Pero no basta!

Mario.- ¡Tranquilizaos, muchachos! ¡No os martiricéis! Cada uno es lo que tiene y lo que es. Si tú, Bernardo, no acumulas más, aún das de más, y tú, Sandro, aunque con más posibilidades, también has posibilitado con tus actos a que algunos desgraciados dejen de serlo, y pasen a una situación mucho mejor.

Sara.- ¡Claro! Mario tiene razón.

Berta.- ¡Por supuesto! Tanto Sandro como Bernardo dan lo que pueden, y por eso tienen que estar muy satisfechos por sus hechos.

Harpo.- Yo también estoy de acuerdo, amigos. No os debéis de castigar con eso de “si pudiera daría más”. Ofrecéis lo que podéis. Un ¡viva! por los dos.

Todos, salvo el par, a la vez.- ¡Viva! ¡Arriba!

Mario.- ¡Y que venga la priva!

Harpo.- ¡Ahora mismo está servida! ¡Ja, ja, ja! Sandro, ¡auxíliame a sacar los líquidos!

Sandro.- ¡Vayamos, amigo mío! (El dúo se dispone a traer el beber, y en un santiamén, ayudados por la bandeja, lo depositan en el mantel.)

Sandro.- ¡Aquí tenéis la bebida! Para mí, una birra.

Sara.- Y yo quiero dos: una cerveza y un refresco.

Harpo.- ¿Por qué?

Sara.- Porque así hago una mezcla que me refresca.

Marta.- ¡Buena idea! Me apunto a lo mismo. Así sedaré mis recelos.

Mario.- Esta es mi esposa: ¡una celosa! Yo preferiría tener a mi vera las cervezas, Harpo. Ya me conoces e igual necesito un par para saciar mi sed descomunal.

Harpo.- ¡Está bien! ¡Vale ya! Veo que habéis entrado en una fase interesante. Sentaos y tranquilizaos que dentro de nada sacaré la cena. Ahora degustaremos lo que hay, nos refrescaremos y charlaremos.

Bernardo.- ¡Olé! Bien dicho, Harpo. ¡Ya está bien de caprichos! Estoy de acuerdo contigo. Por cierto, ya que estamos todos sentados y calmados, podríamos hablar de nuestra vida laboral. Han pasado muchos años y sólo sé dónde trabajáis. Por ejemplo, Harpo, me acuerdo que aprobaste una oposición; pero ¿de qué y en qué sitio exacto efectúas tu trabajo?

Harpo.- ¡Siempre soy el primero! ¿Es que no había otro?

Bernardo.- Por alguien había que iniciar, y quién mejor que el anfitrión.

Harpo.- Está bien. Seré preciso y conciso. Estoy unos 25 en el Ayuntamiento de Colmenar Viejo. Por aquel tiempo ofertaron unas plazas de auxiliar, y fui uno de los que pasaron ante el Tribunal.

Marta.- ¡Qué suerte! Un mes de vacaciones, días por asuntos particulares, bajas médicas laborales dadas sin demasiado aclarar y, sobre todo, faena para toda una vida. ¡Qué felicidad!

Harpo.- ¡Ya! ¡Pero había que aprobar!

Berta.- ¡Es verdad! Además, ¡es un auxiliar!

Harpo.- Mujer, no es un trabajo de postín, pero suficiente para mí.

Berta.- A mí me hubiera seducido ser concejal.

Sara.- ¿Por qué, Berta?

Berta.- Porque así conocería a los altos mandos, y ello me hubiera saciado.

Bernardo.- Querida, ¡te estás pasando! Cada uno tiene lo que se ha buscado y ganado, y nosotros, con nuestra tienda, vamos tirando.

Berta.- ¡Ya! Pero me va hastiando.

Mario.- ¡Dejadlo ya! Harpo ya ha dicho su oficio; ahora que sea Sandro el que continúe.

Sandro.- ¡Bien! Continuaré. Yo tuve fortuna al acabar la licenciatura. Al cabo de 3 meses fui llamado por una gran empresa como asesor; transcurrieron 3 años y pasé a ser subdirector. Como tal estuve casi unos 10, y al final me nombraron directivo del consejo ejecutivo. Y de ahí hasta aquí. ¡No me puedo quejar! (En este instante Harpo decide sacar el jale.)

Harpo.- ¡Chicos! ¡Son las 10.40 p.m.! ¡Hora de cenar! Ayudadme a sacar todos los platos.

Los chicos a la vez.- ¡O.K.! ¡Vamos para allá! (Los cuatro, raudos, van a la cocina, cogen las pastas, los dulces, más bebida, y todo lo depositan en la mesa. La sesión continúa con todos muy introducidos: se van desatando los sentimientos de los unos y de las otras, ya sin “cuentagotas”.)

Sara.- ¡Carambolas! ¡Comida italiana! Acercádmela que estoy hambrienta.

Berta.- Tranquilízate Sara, que no estás sola. Somos en total siete y, por tanto, hay que colocar los platos equidistantes a todos los aquí presentes. Harpo, como es el anfitrión, que los ponga según él disponga.

Harpo.- ¡Caray! ¡Cuánta faena! Que se encargue de esa misión nuestro aparejador. ¡Adelante Mario!

Marta.- ¡Sin faltar!, que Mario es más. Posee el doctorado en la Arquitectura superior.

Mario.- ¡No es para tanto, querida!

Harpo.- ¡Está bien! Pues colocadlos según os dé, y prosigamos con las confesiones laborales. Yo he declarado, Bernardo y su par han hecho lo similar, y Sandro fue el último en hablar. Así pues, precisamente a Mario es al que le toca continuar.

Mario.- ¡Si lo habéis audiado! ¡Mi mujer se ha encargado!

Harpo.- Pero desde el principio queremos saber tus inicios.

Mario.- Bueno, os lo diré. Como conocéis, estudié la licenciatura de la modalidad de Arquitectura. Fueron 6 años intensos que los compaginé con comer y beber, pues vicioso soy de ambos dos. Conocí a la que hoy es mi esposa, y cuando finalicé la carrera, opté por ser doctor en la materia. Al terminar la tesis, me ofrecieron trabajo a destajo, y elegí entre todas las ofertas la que hoy es mi empresa: “EDIFICA, SA”. De esto hace casi treinta, y aquí estoy con mis colegas del alma y de la infancia.

Marta.- ¡Todo un historial! ¡Qué barbaridad! ¡Ya me gustaría tener siquiera la mitad! ¡Y aún le he faltado decir más!

Sara.- ¿El qué?

Marta.- Que la licenciatura la llenó de matrículas, y el doctorado de lo más en ese grado: el “cum laude” más elevado.

Harpo.- Es que Mario siempre ha sido reservado cuando se trata de su ego. ¡Es un sencillo caballero!

Bernardo.- ¡Desde luego!

Sandro.- ¡Ya lo creo! Tiene un currículum laboral de lo más espectacular.

Mario.- ¡Vale ya, chicos! ¡Dejadlo! Ahora, mientras degustamos estos manjares italianos, ¡que hablen las mujeres!, y ¡que se confiesen en sus enseres!

Los chicos, menos Mario, a la vez.- ¡Eso, eso! ¡Que declaren!

Marta.- ¡Vale, vale! Empezaré yo. Al conocer a Mario tuve la fortuna de que, como antes él ha dicho, encontró pronto su profesional ubicación. Le pedí al poco tiempo que hablara con sus jefes, para que me dieran alguna faena en la empresa. Fue dicho y hecho: me llamaron y en dos meses ya estaba trabajando. Así hasta ahora.

Berta.- Pero ¿de qué te colocaron?

Marta.- De auxiliar administrativa.

Berta.- ¡Ah! Había pensado que de directiva.

Marta.- ¡Es lo que quería!, pero me tuve que conformar con ello, aunque aún espero.

Berta.- ¿A qué?

Marta.- ¡A que me asciendan en el escalafón! ¡Es mi ilusión!

Harpo.- Bueno, Marta ya ha declarado. Que continúe la siguiente. ¿Quién de las dos presentes?

Berta.- Yo mismo, aunque al hablar Bernardo de su oficio ha quedado plasmado también el mío. Tenemos una pequeña tienda de ropa en un barrio de las afueras, y desde que conocí a mi marido ahí estamos metidos. Siempre he querido que nos moviéramos de allí, pero cuando se lo decía a Bernardo éste se ponía como un leopardo. En fin, de comerciantes nos metimos y creo que de eso terminaremos.

Harpo.- ¡Berta, mujer!, ya quisieran muchos tener lo de vosotros. Y encima con más de 25 de existencia. ¡Sois los amos de los autónomos!

Berta.- ¡Ja, ja, ja! Es cierto. Nos han propuesto en varias ocasiones la presidencia de la confederación de comerciantes de menguados locales.

Sara.- ¿Y por qué no habéis querido?

Berta.- ¡Por culpa de mi marido!

Sara.- Bernardo, ¿cuál ha sido la razón de tu sinrazón?

Bernardo.- ¡No me agradan los puestos a dedo! Prefiero dar a mis necesitados prendas que de la estación han sobrado. ¡Me satisface más!

Berta.- ¡Y a mí me pasa lo desigual! En fin, ¡dejémoslo ya!

Harpo.- ¡Por supuesto! ¡Fuera luchas y disputas! Finalmente queda por parlar la esposa del más. ¡Adelante Sara!

Sara.- Es sencilla mi exposición. Desde que salí con Sandro y luego me casé, mi vida laboral se resume en una palabra: nada. Él gana lo suficiente para vivir en un barrio muy influyente, y poseer todo lo que nos dé la gana, que es lo que a mí más me llama.

Sandro.- Es cierto que a mi mujer le gusta tener muchas pertenencias, pero como a mí también me agrada dar a los demás, cuando ella se hastía de algunas de aquellas, éstas las dono a centros benéficos o así, y me quedo satisfecho de tales hechos. Además, no es verdad que no realice nada; nuestro lar, con sus tres pisos y un jardín inmenso y arbolado, lo tiene todo inmaculado. ¡Es muy ordenada en su faena casera!

Sara.- Me satisface que todo esté agradable. En mi morada soy muy cuidada.

Sandro.- ¡No sólo! También en lo demás eres muy disciplinada.

Sara.- ¡Vale marido! ¡Ya está todo dicho! (Mientras la charla iba discurriendo, el papeo transcurría disminuyendo, hasta que Mario, ¡quién si no!, es el encargado de reclamar para las digestiones las infusiones. Son las 11.15 p.m.)

Mario.- Harpo, para tener una óptima transición alimenticia sería conveniente la cafeínica sustancia, ¿no te parece?

Harpo.- ¡Y también me apetece! ¿A vosotros no? (Dirigiéndose al resto.)

Todos, menos Mario y Harpo, a la vez.- ¡Sí! ¡Un café estaría muy bien!

Harpo.- Pues que me acompañe alguien para prepararlos y servirlos. ¿Quién se ofrece?

Sara.- Yo misma, Harpo.

Harpo.- ¡Fenomenal! ¡Ala!, vámonos para allá. (El dúo se encamina hacia la cocina y, en un tris, por el buen hacer de la chica, las tazas de cafeína se hinchan.)

Sara.- Aquí tenéis el líquido estimulante. Coged cada cual la vuestra.

Marta.- A mí me gusta esa que tiene plateada la asa.

Mario.- ¡Caray Marta!, siempre anhelando algo. Es la única que posee la argéntica pieza.

Marta.- Tú me conoces, y si hay una cosa que destaca la quiero en mi saca.

Mario.- No, si ya… (Una vez todos han agarrado la taza, es Sara quien se muestra un tanto avara.)

Sara.- ¡La que he cogido es la de menos líquido! ¡Encima que las he servido! No dice el refrán que el que reparte… Además, una servidora ha sido la que realmente y efectivamente ha hecha la estimulante.

Sandro.- ¡Tranquila, querida! Ten la mía, que parece la más plena por estar muy llena.

Sara.- ¡Gracias amor! Poseyendo la más completa me encuentro más contenta.

Berta.- ¡Ja, ja, ja! ¡Qué paciencia! Desde luego, Sandro, con tu contrayente eres paciente.

Mario.- ¡Esa cualidad es de mi par! Como Marta no hay otra igual. Por cierto Harpo, a mí me placería adicionar al estimulante unas gotas de licor acompañante. ¿Podría efectuarse?

Harpo.- ¡Claro! ¿Qué deseas: ron, anís, whisky o licor español?

Mario.- ¡Brandy, por favor!, y ¡olé!

Harpo.- ¡Está bien! Ves tú y póntelo. Está en el armario de la diestra en su parte superior. ¡No tengo ganas de ir yo!

Mario.- ¡O.K.! Allá voy. (Mario abandona su sitio y raudo se pone el acompañante embriagador, o sea, el de alta graduación.)

Mario.- ¡Ah! ¡Qué bueno está! Parece mentira que sea sólo yo el que adicione al café alcohol. ¡Qué puros y aburridos sois!

Sandro.- No lo creas. Es que luego habrá más, y hay que dosificar.

Harpo.- Desde luego, Sandro. Hay que ser moderados.

Bernardo.- ¡Y mesurados! Por cierto, son cerca de las 00.00 h.

Harpo.- ¡Anda! ¡Es verdad! Pues prestad atención, porque os tengo que ofrecer una pequeña exposición. (La expectación es total en el personal.)

Mario.- ¿De qué se trata amigo?

Sandro.- Eso, ¿de qué va lo que vas a dar?

Las chicas a la vez.- ¡Venga Harpo, dínoslo ya!

Bernardo.- ¡A ver si me voy a enfadar! ¡Empieza ya!

Harpo.- Sedaos y sed todo oídos a mis sonidos. ¿Estáis cómodos y preparados para ser receptivos?

Todos a la vez.- ¡Sí!

Harpo.- Pues iniciaré mi oratoria. Como bien conocéis, sobre todo vosotros, los muchachos, siempre he sido una persona interesada en los temas científicos.

Mario.- ¿Y por qué opositaste y no estudiaste?

Harpo.- Por la comodidad; una vez superada la oposición deja de existir tensión, al menos profesional, y para mí es lo ideal.

Sandro y Bernardo.- ¡Lo suponíamos!

Mario.- Me apunto a lo dicho por mis dos amigos.

Harpo.- ¡Lo sé! ¡Lo sé! Pero dejadme continuar ¡pardiez! Os estaba relatando mi afán por la sapiencia en la noble ciencia. Pues bien, hará poco más de 1 año tuve el honor de presenciar una charla cuasiclandestina de una gran maga, de nombre Marga.

Todos a la vez.- ¿Y por qué no tuvimos ninguno de nosotros noticias de ello?

Harpo.- Pienso que porque este barrio está muy alejado, y de este modo pasó desapercibido para la mayoría del público. Además, a Marga sólo le interesaba contactar con muy pocos, y de éstos, científicos sobre todo.

Sara.- ¿Y cómo los sabios de la ciencia se enteraron de su presencia?

Harpo.- Buena cuestión, amiga. Por una sencilla razón: la economía. Piensa que los que vivimos en las lejanías somos los que menos recursos tenemos, y esta es una razón de peso para requerir los servicios médicos-científicos con más abundancia que aquellos que tienen alta prestancia. De ahí que en esa reunión hubo mucho sabio de relumbrón. Reanudaré, pues. La susodicha “maga” nos habló durante la sesión de la existencia de unas curiosas sustancias, que todos poseemos y que se denominan “hastioriñas”. Tienen naturaleza proteica, y en principio son de estado benigno. Lo que ocurre, y de ahí que estéis aquí, es que cuando dos personas se unen y forman una pareja, estas proteínas sufren unas transformaciones que, al cabo del tiempo, son verdaderas mutaciones.

Bernardo. ¿Y en qué se traducen?

Harpo.- En que pasan del estado benigno y no dañino a un estado maligno y doliente, tanto en lo físico como en la mente. Según Marga “la maga”, el espacio temporal en que las “hastioriñas” mutan varía entre los 30 y 35, y como todos vosotros estáis emparejados en cifras cercanas a las citadas, os he reunido aquí con la excusa de veros de nuevo, aunque también por ello me alegro.

Mario.- ¡Yo soy el que está más próximo al 30! ¡Creo que me falta poco más de 3 semanas para llegar! ¡Por Dios! ¡Qué horror!

Marta.- ¡Y yo! ¡Qué podemos hacer!

Sandro y Sara.- A nosotros aún nos resta unos 5, pero habrá que actuar para no llegar.

Bernardo y Berta.- Son casi 27 de pareja, y los 30 están muy cerca.

Harpo.- ¡Vale ya! ¡Tranquilizaos! Hay solución y por eso os he citado a vosotros y a los dos.

Todos a la vez.- ¿Qué dos?

Harpo.- Marga “la maga” y su compañero Melero “el hechicero”. Sobre las 00.30 horas vendrán y os analizarán. Pero proseguiré con la exposición. Parece ser que al convertirse las “hastioriñas” en malignas, se movilizan por el organismo hasta encontrar a su órgano diana, y éste parece ser que es el cerebro, más concretamente, la zona más saliente de su hemisferio norte.

Todos a la vez.- ¡Explícate mejor!

Bernardo.- ¡Sí! ¿Qué síntomas hay en aquella zona?

Harpo.- ¡Perversos! Cuando las sustancias alcanzan a su diana, contactan y ya no escapan, puesto que hay mucha afinidad material y espacial entre ambas. Una vez están posicionadas, emiten unos neurotransmisores que son del todo malhechores, puesto que hacen que la persona se vuelva muy violenta, sobre todo hacia su pareja, lo que se puede traducir en homicidio y, una vez consumado, en suicidio. ¡Toda una catástrofe!

Bernardo.- ¡Pero eso es tremendo! ¿Por qué no se conoce en este mundo moderno?

Sandro.- ¡Eso, eso! ¿Cómo es posible que no se sepa?

Mario.- ¿Es que han querido ocultarlo los gobernantes por ser ellos los causantes?

Las chicas a la vez.- ¡Respóndenos Harpo, por favor!

Harpo.- Ante todo, sedaos, porque va a haber solución. La explicación a todas vuestras cuestiones hay que buscarla en la tradición. Todos los Estados de Occidente pregonan la monogamia, y la mayoría del personal acude al altar. Por esta razón se ha ocultado la existencia de estas proteínas biológicas: las “hastioriñas”.

Marta.- ¿Y cómo supo de ellas la “maga”?

Harpo.- Porque obtuvo unos Tratados científicos en donde aparecían, y que procedían de gobiernos ateos. Concretamente el que exhibió en la conferencia era de Corea del Norte que, como sabéis, es un régimen nada creyente.

Sandro.- Pero ¿sólo ese Estado las ha investigado?

Harpo.- ¡Qué va! Lo curioso es que han colaborado alemanes, ingleses, franceses y ¡hasta norteamericanos!

Sandro.- ¿Occidentales en colaboración con orientales?

Harpo.- ¡Justo! Pero en clandestinidad, ¡claro está!

Mario.- Suponemos. Y la financiación, ¿a quién correspondió?

Harpo.- A partes iguales, pero sin que lo supiera nadie. Sólo el Estado que no tuvo pudor en publicar tal revelación puso su marca de país y nación: la comunista y ateísta península coreana. Como observáis, el poder eclesiástico es aún en estos tiempos básico. Por culpa del Clero no ha salido a la luz en nuestras tierras todo esto, y de ahí que de un tiempo a esta parte han aumentado los homicidios entre parejas ya hechas, con más de tres decenios en sus dorsos. (Todos apesadumbrados, por la crudeza de la exposición, sólo esperan la llegada del par.)

Bernardo.- ¡Qué barbaridad! ¡Sólo falta en mi ser tener “hastioriñas” malignas para incrementar mi ira!

Berta.- ¡Sí, es verdad! ¡Que vengan los brujos y nos suelten el embrujo!

Mario.- Yo y mi pareja somos los que estamos más cerca. ¡Qué pena!

Marta.- ¡Amor mío! Dentro de poco, si no nos dan un remedio, falleceremos en el medio, el uno por activa y la otra por pasiva.

Mario.- ¡O al revés!

Marta.- ¡También puede ser!

Sara.- Por mi reloj son las 00.45 h. ¿A qué hora tenían prevista su llegada el “hechicero” y la “maga”?

Sandro.- ¡Eso, Harpo! ¿No tenían que estar acá ya? (Fue terminar la cuestión, y el son del timbre anunciador se audia por todo el salón. ¿Serán los dos?)

 

 

 

 

 

TELÓN

 

II ACTO.- REACCIONES Y CONFESIONES

 

 

Puerta.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng! (Harpo coge el fono y pregunta con buen tono.)

Harpo.- ¿Quién es? ¿Dígame, pues?

Marga “la maga”.- ¡Harpo, soy Marga!, y a mi lado tengo a mi compañero Melero “el hechicero”. ¿Nos abres este portal de aspecto ancestral?

Harpo.- ¡Hola Marga! ¿Ya está?

Marga “la maga”.- ¡Sí! Pero ¡qué pesado es el condenado! Por cierto, ¿en qué piso está tu morada?

Harpo.- En el tercero, y os aconsejo que subáis a pie.

Marga “la maga”.- ¿Por qué?

Harpo.- Porque el ascensor a mitad de trayecto puede quedar interfecto.

Marga “la maga”.- Está todo dicho. ¡Ala Melero! Ascenderemos usando las piernas y los traseros.

Harpo.- ¡Aquí os espero! (Tardaron un tanto, puesto que “la maga” y “el hechicero” no están muy ligeros, pero al final llegaron.)

Marga.- ¡Caray! ¡Qué exhausta estoy!

Melero.- ¡Pues mira que yo!

Harpo.- ¡Muy buenas, colegas! Habéis llegado con un cierto retraso.

Marga.- Es que en el trayecto hemos hecho un receso, pero no ha sido tan espacioso. Por mi aparato horario son las 00.50, y habíamos quedado veinte por delante. Además, lo importante es que ya estamos aquí presentes, tanto una servidora como mi mano diestra.

Harpo.- ¡Pasad, pasad!, y haremos las presentaciones. ¡Están por aquí! (Penetran Marga y “el hechicero”, y todos los demás se quedan perplejos: las vestimentas de Melero y “la maga” son del todo pintorescas.)

Harpo.- ¡Venga! ¡Entrad y saludad! (Harpo los conduce al salón, y dicen ¡oh! al unísono “son” todos sus amigos reunidos.)

Todos a la vez.- ¡Oh! ¡Que ven nuestros dos! ¡Brujos salidos del siglo Dos!

Harpo.- ¡Ja, ja, ja! ¡Qué exagerados sois! Son el par de quienes os he hablado. Esta señora con atuendos feudales y cabellos medievales se nombra Marga, con el sobrenombre de “la maga”, y el caballero de su lado se denomina Melero, siendo “el hechicero” su apodo, con aspecto de rey visigodo. Empezando por el lado diestro os presento: el primero se llama… (Y así quedaron presentados los allí estacionados.)

Harpo.- ¡Sentaos todos!, y ahora sacaré algo para beber. ¿Qué es lo que queréis?

Marga.- Tengo mucha sed, y a estas horas no estaría mal una cerveza fresca.

Melero.- A mí también me apetece una, pues refresca.

Mario.- ¡Y yo quiero dos! ¡Ja, ja, ja!

Sara.- ¡Acercadme por mi sitio todo el maldito líquido!

Bernardo.- ¡Alto ya! Igual ya no hay, pues. ¿Quedan más, Harpo?

Harpo.- ¿El qué?

Bernardo.- ¡Qué va a ser! ¡Birras, rediez!

Harpo.- Sí, claro que aún restan. Adquirí todo un cajón previniendo la situación. Así pues, no os preocupéis. A ver, somos en conjunto nueve, y si todos deseáis lo similar, ocho más una hay que sacar, ¿no?

Todos a la vez.- ¡Sí!

Harpo.- Pues que dos se alcen de sus apoya-nalgas, y entre los tres sacaremos el líquido para beber. ¡Venga, que luego decís que un servidor es un gandul! ¿Quiénes me auxilian en la citada faena?

Bernardo.- ¡Yo voy, y así soy el dos!

Sandro.- Y si adicionamos mi ser, soy el tercer. ¡Adelante, pues! (Por consiguiente, el trío formado por Harpo, Bernardo y Sandro se encaminan a la sala de la cocina, agarran las cervezas, las dejan sobre una bandeja y raudos llegan a la de estar, depositando aquella.)

Harpo.- ¡Aquí tenéis las birras! ¡Bien frescas! ¡Coged cada cual la suya! ¡Y que se inicie la tertulia!

Todos, menos Harpo y los magos, a la vez.- ¡Eso, eso! ¡Que nos quiten el embrujo! (Efectivamente, y debido a la sed existente por el calor presente, cada uno y una agarran su botella, y expectantes esperan. Son las 01.15, y el par empieza a hablar relatando lo que va a pasar.)

Marga.- ¡Está bien! Tanto mi compañero como una servidora os vamos a explicar y razonar cuál a continuación va a ser la situación. Supongo que antes de llegar nosotros Harpo se ha encargado de daros por adelantado un anticipado. ¿Es así?

Harpo.- Así es, amiga.

Marga.- Bueno. Como ya sabéis de la existencia de las “hastioriñas”, queda por aclarar el protocolo que vamos a seguir para determinar una correcta diagnosis. Creo que ninguno de vosotros tenéis conocimientos galénicos, ¿estoy en lo cierto o miento?

Todos a la vez.- ¡Está en la verdad, señora maga! Somos legos en los diagnósticos, tratamientos y chequeos.

Marga.- Lo suponía y conocía por vuestro amigo Harpo.

Mario.- ¿Es que Harpo os ha hablado mucho de nosotros?

Marga.- Lo suficiente para que os consideréis pacientes.

Marta.- ¡Yo tengo esa cualidad!

Mario.- ¡Es cierto!, pues llevo con ella un tiempo.

Melero.- ¡Ja, ja, ja! No se trata de una cualidad, sino del que posee una enfermedad. Todos estáis emparejados más de 25, y esto implica que, o hay malignas, o están naciendo por el proceso perverso, y es lo que hay que valorar para, si llega el caso, tratar.

Marga.- ¡Exacto! Esta es la base de lo que vamos a realizar. En primer lugar os extraeremos unas gotas de líquido sanguíneo y las depositaremos en unos tubos, que en medicina se denominan de ensayo. Sois seis a estudiar, por lo tanto, idéntico número hay que rotular con el nombre de cada cual.

Sara.- Perdona, Marga, ¿quieres decir que a cada uno de nosotros nos haréis una extracción y luego ésta se introducirá en un tubo de ensayo previamente rotulado con la denominación del nombre de cada cual? Y después, ¿qué pasará?

Bernardo.- Además, ¿dónde está ese material?

Marga.- ¡Tranquilidad, muchachos! Vayamos despacio. Lo manifestado por Sara es acertado. Una vez que los de ensayo estén marcados y con un volumen de sangre apropiado, es cuando interviene la ciencia química.

Berta.- ¡Yo no me quiero drogar! ¡Quiero ser tal como soy!: ¡una marquesa en espera!

Bernardo.- ¡Tranquila cariño! Si osan en medicarte iré a salvarte, y ¡pobres de los magos si los alcanzo con ambas manos! ¡No saben cómo soy!

Sandro.- ¡Ni yo!

Sara.- ¡Lo mismo digo!

Mario.- Soy goloso, pero ¡también me enojo!

Marta.- Y yo paciencia poseo, pero cuando al límite llego no tengo freno, y puedo acabar ¡hasta con un regimiento!

Marga.- ¡Harpo! ¡Qué amigos tienes! ¡Si aún no hemos explicado todo!

Melero.- ¡Claro! Por nombrar que hay ciencia química en nuestro estudio se han puesto turbios, y así no se puede trabajar.

Marga.- Estoy de acuerdo con “el hechicero”. O entráis en una fase de razonamiento o no habrá tratamiento, y ello implicará un resultado fatal para vosotros y para vuestro par. ¿Ha quedado diáfano?

Harpo.- Tranquila, Marga. Ahora continuaréis con la tesis. No hay ningún problema. ¿A que no, chicos?

Todos a la vez.- ¡No!

Sara.- Lo que ocurre, Harpo, es que al decir nuestra maga “ciencia química” he pensado que nos iban a inyectar o administrar sustancias de más, y he creído lo peor para mi sino. Así pues, ¡explícate mejor, Marga!

Todos, menos Sara y Harpo, a la vez.- ¡Eso, eso! ¡Se quedó en la química reacción!

Marga.- ¡Correcto! Seguiré con lo anteriormente expuesto. Cuando nombré a la química me estaba refiriendo a que nosotros, tanto Melero como yo, tenemos unos reactivos que adicionados a vuestros líquidos reaccionarán y sedimentarán si las “hastioriñas” han mutado a malignas.

Sara.- ¿Por qué?

Melero.- Muy sencillo. Nuestros productos poseen componentes “anti”, y si encuentran a su complemento, se fusionarán y formarán un precipitado fácilmente visible en el tubo de ensayo. Dependiendo del peso y volumen del citado conglomerado, nos encontraremos si la pareja está altamente expuesta, o si aún hay margen de convivencia.

Sandro.- O sea, que las “hastioriñas” de nuestra anatomía junto con las “anti” traídas por vosotros reaccionarán si son malignas; al encuentro habrá anexión y el resultado será una especie de grano, que si lo medimos y pesamos tendremos el resultado. ¿Es así?

Marga.- Así es, Sandro. Es sencillo y muy rápido. Si no poseéis “hastioriñas” malignas no habrá reacción y tampoco sedimentación, es decir, no se visualizará nada en el tubo, ni por arriba ni por abajo.

Sandro.- Pienso que está todo aclarado. Por mi parte estoy listo para que me saquen el líquido.

Sara.- También una servidora está más tranquila y dispuesta para lo mismo.

Mario.- ¡Aquí está mi brazo para recibir un pinchazo!

Marta.- ¡El mío no podía ser menos! ¡Y, además, prefiero el izquierdo!

Bernardo.- Ya que están mis amigos dispuestos, que se haga en mi diestro ¡un líquido secuestro!

Berta.- ¡Ja, ja, ja! Esposo, eso ha estado gracioso. Soy la sexta en opinar, y a pesar de ser “la más”, no haré una excepción con la extracción. ¡Vamos pues, magos!

Melero.- Bueno, parece que al final habéis entrado en razón. La operación, por consiguiente, va a iniciar su acción. Aquí están los tubos rotulados con vuestros nombres. (En este momento, “el hechicero” les enseña aquellos con el grafismo de cada individuo.) Ahora procederé a sacaros con estas jeringas desechables un volumen constante de vuestra sangre, y se inoculará cada cual en su correspondiente recipiente.

Sara.- Señor Melero, ¿de qué cantidad de líquido estamos hablando?

Melero.- Sólo os extraeré un centímetro cúbico, que es el equivalente a la milésima parte de un litro.

Sara.- Y con eso no hay peligro, ¿es así?

Melero.- Así es. Una vez que estén todos completados con sus respectivos sangrados, Marga se encargará de adicionar unas gotas de los reactivos “anti” a aquellos, luego los depositaremos en un espacio donde reine oscuridad, y cuando hayan transcurrido dos saetas horarias, los cogeremos y observaremos. A partir de aquí, analizaremos. Será así como actuaremos, ¿no, Marga?

Marga.- Efectivamente, Melero. Has sido conciso y certero en tu explicación. Ahora hay que trabajar, pues.

Melero.- De acuerdo. Por cierto, ¿tenemos el sitio donde colocar los tubos a estudiar?

Harpo.- Sí, Melero. Al lado de esta hay una pequeña sala donde sitúo lo que poco uso, y ya he preparado con la ayuda de Marga el lugar donde depositar los seis. Además, posee oscuridad para darle más veracidad.

Melero.- ¡Perfecto! Por consiguiente, empecemos. ¡Despejaros el brazo que deseéis, y acercaros a mi lado! Os iré nombrando según el rótulo que me indique el de ensayo. A ver, ¡que pase Mario!

Mario.- ¡Aquí estoy, y ahí voy!... (Y así uno a una, hasta completar los seis, fueron un centímetro cúbico menos líquido. Ahora le tocaba el turno a “la maga”.)

Melero.- ¡Muy bien, muchachos! Con el de Berta ha quedado completa toda la vuelta. La adición del reactivo le corresponde a mi compañera. Aquí tienes todos los tubos, Marga. Sitúalos en su lugar de recepción y actúa, o sea. (“El hechicero” le dona los seis de ensayo a “la maga”, y ésta, una vez los agarra, los coloca en el espacio preparado.)

Marga.- ¡Dámelos, Melero!, y ahora les añadiré las gotas, que nos revelarán si habrán fuertes disputas o simplemente menguadas afrentas.

Melero.- ¡Ten los seis, y adiciona, pues! (Marga recoge las muestras sanguíneas, las ubica en el espacio escogido para el cometido, y pone un trío de gotas a cada tubo de ensayo grafiado. Una vez lo anteriormente realizado, los agita durante un breve rato, luego los deposita nuevamente, y a esperar a que se cumpla el calculado espacio temporal: dos horas de un reloj de precisión. Marga retorna a la de estar.)

Marga.- ¡Ya está! Ahora toca la segunda parte del protocolo: la del diálogo. (Todos los allí presentes, a excepción de Melero y del anfitrión, se quedan sorprendidos por lo dicho.)

Berta.- ¿Es que hay más además de la ciencia química?

Bernardo.- ¡Eso opino yo! ¡Que lo aclare “la maga”!

Sandro.- ¡Y que lo ratifique su compinche!

Sara.- ¡Por supuesto! ¡Que hable Melero!

Mario.- ¿Ciento veinte minutos no bastan para el diagnóstico?

Marta.- ¡Sé esperar!, pero ¿de qué va lo del diálogo?

Marga.- ¡Sedaos, amigos!, y ahora razonaré la parte de la metafísica.

Sara.- ¿Es que también va a haber, además de química, reacción metafísica?

Melero.- Sara, te observo un tanto rara. Os explica

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JUSTIDESCRACIA (Teatro)

Tono | 25, may

JUSTIDESCRACIA

PERSONAJES:

JUEZA SENTENCHA, SECRETARIA PROVIDENZA, FISCAL ACUSIAS, EL ALGUACIL MANOLO, EL OFICIAL GUTIÉRREZ, EL GUARDIA JUDICIAL, LA FUNCIONARIA DEL DECANATO, EL PERITO JUDICIAL, EL PERITO CALÍGRAFO, EL BARÓN DE REPSOL, EL MARQUÉS DE VODAFONE, EL DUQUE DE ENDESA, EL PRÍNCIPE DE ARGENTARIA, EL LETRADO DEL BARÓN Y LA LETRADA DEL MARQUÉS.

 

 

PRIMER ACTO.- DEMANDA Y CONTESTACIÓN

 

(Una mañana primaveral en un martes laboral, al lado de la Catedral, continúa la rutina del día a día en el Palacio de Justicia; el pueblo: El Pedroso, y la hora: las 10 horas. La titular del Juzgado número Uno acaba de llegar con retraso, una vez más, de una hora de más.)

Jueza Sentencha.- ¡Buenos días, guardia! ¡Qué día más agradecido nos ha amanecido!

El guardia judicial.- ¡Buenos días, señoría! Respecto al día, sí que es cierto que está resplandeciente, aunque a mí, al ser un simple sirviente, me da lo mismo que haga calor o frío.

Jueza Sentencha.- Pero a elegir, es preferible que tenga buena cara a que esté con ella malhumorada.

El guardia judicial.- Realmente, me es indiferente.

Jueza Sentencha.- Pues vale. Me voy a mi Juzgado, a ver que me tienen preparado. ¡Hasta luego!

El guardia judicial.- ¡Adiós, señoría! (Una vez se penetra en el Palacio de Justicia de El Pedroso, y se traspasa la vigilancia del guardia, al lado diestro se ubica la oficina de reparto, o sea, el Decanato, y siguiendo dirección recta, en escasos diez, el primer Juzgado. Para alcanzar el segundo, es decir, el superior, hay que usar el ascensor, que unas veces funciona y la mayoría te abandona. La Jueza alcanza su zona, y ya se siente una “reinona“ .)

Jueza Sentencha.- ¡Buenos días, chicos! ¿Alguna novedad, o todo sigue igual?

Todos a la vez.- ¡Buenos días, señoría! Todo está sin movimiento, por lo tanto, ¡qué aburrimiento!

Secretaria Providenza.- ¡No os quejéis tanto, que ya vendrá el llanto! ¡Hala, trabajad!, que la Jueza quiere que le ofrezcáis buenas tramitaciones, para que ella devuelva mejores resoluciones.

Jueza Sentencha.- ¡Eso, eso!, que estoy falta de felicitaciones por mis superiores, y ya quiero alzar mi ego. Marcho a mi despacho, a ver si hago algo. Si alguno tiene alguna cuestión, que espere el momento a que acabe con mi tiempo. ¿Ha quedado claro, funcionarios?

Todos a la vez.- ¡Sí, doña Sentecha! ¡Esperaremos!

Jueza Sentencha.- Muy bien. Providenza, encárgate de resolverles todos los inconvenientes que les vayan surgiendo.

Secretaria Providenza.- Desde luego, Sentencha. No te preocupes ni ocupes. Tú despacha, y nosotros trabajaremos y tramitaremos. (La Jueza entra en su habitáculo, cierra el mismo, y hace lo que nadie desconoce: telefonear, navegar, hojear y otras cosas de poco pensar. Pero…, son las 11.30, y se recibe una llamada de gran cilindrada en el Juzgado: proviene de al lado.)

Fono del Juzgado.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng!

El alguacil Manolo.- ¡Juzgado Uno de El Pedroso! ¿Quién es?

La funcionaria del Decanato.- Soy del Decanato, Manolo. Ha venido una furgoneta, toda repleta, con un Abogado al mando. Se trata de una demanda, que por reparto, ha correspondido al vuestro. ¿Puedes venir a recogerla?

El alguacil Manolo.- ¡Qué remedio! ¡Al lado voy a por ella! (Poco acelerado, y un tanto apesadumbrado, el ordenanza judicial se dirige a la oficina, a la vez vecina y enemiga, a recoger lo que la funcionaria le ha dejado entrever: todo un revés, o sea, una demanda con mucho papel. Al fin, llega y entra.)

La funcionaria del Decanato.- ¡Hola Manolo! Ya creía que no vendrías. Ahí, en ese rincón, está sito el montón. Cógelo y llévatelo, que sólo de otearlo se me alza la desesperanza.

El alguacil Manolo.- No me extraña, amiga del alma. Acá estamos acostumbrados a peticiones de seres simplones, y cuando nos encontramos con “esto“, nos acobardamos. ¡Así somos los de El Pedroso!

La funcionaria del Decanato.- ¡Sorpresa has dado a esta! No pensaba que fueras nacido en El Pedroso; más bien, te hacía natural de la principal villa, es decir, Sevilla.

El alguacil Manolo.- Lejos de mí está esa apetencia, pues la capital nos trata muy mal. ¿A ti no te parece igual?

La funcionaria del Decanato.- Es cierto que la gran ciudad de Andalucía nos trata a los de las lejanías como si fuéramos forasteros, pero entre nuestras costumbres están esos desaires. Ahora, Manolo, dejemos de parlamentar, y llévate ya a ese par.

El alguacil Manolo.- Estos paquetes son demasiado pesados y abultados, para de una sóla vez llevarlos al Juzgado. Primero portaré el primero, y más adelante, el siguiente. Así pues, hasta dentro de un rato, empleada del Decanato.

La funcionaria del Decanato.- ¡Hasta luego, Manolo! (El ujier coge el primer segmento, y lo traslada a su aposento. Entra, y lo deposita en el despacho de la alta funcionaria: la fedataria.)

Secretaria Providenza.- ¿Qué llevas con esos dos miembros, que lo dejas en mis adentros?

El alguacil Manolo.- Es una primera parte de una demanda, que nos ha tocado por el turno de reparto.

Secretaria Providenza.- ¡Eso es una sección de una petición!

El alguacil Manolo.- Así es, doña Providenza. Ahora me voy a por la segunda. ¡Hasta ahora, señora!

Secretaria Providenza.- ¡Hasta pronto, Manolo! (Se dispone el Agente, como buen sirviente, a transportar, con sus brazos y nada más, la segunda parte. Con calma, y además más pausa, alcanza el Decanato, agarra el montón, y todo él socarrón, le insinúa a la empleada: “por hoy ni una demanda más“.)

El alguacil Manolo.- ¡Hola otra vez! ¡Ya estoy aquí de nuevo! Vengo a por lo que me falta, que es toda una lata. Creo que por esta mañana, mi Juzgado está saturado. Lo que venga en adelante, para el siguiente. ¿No te parece?

La funcionaria del Decanato.- No sé si me parece o me deja de parecer, pero lo que traigan será, o bien para vosotros o para los otros, pero aquí no se quedará de adorno. ¡Yo los odio!

El alguacil Manolo.- ¿A nosotros?

La funcionaria del Decanato.- ¡No hombre, no! Si vosotros y yo somos iguales, esto es, unos “correveydiles“. Mi enfado se despierta cuando oteo a los Letrados, con esos aires superiores, dirigirse a esta oficina como si fuera una cantina, para que una servidora les vaya sellando, hoja por hoja, todo lo portado por ellos.

El alguacil Manolo.- Pero ésa es tu función: ser una intermediaria entre los Abogados y los Juzgados.

La funcionaria del Decanato.- ¡Ya lo sé, Manolo! ¡No estoy en el otro Polo! Pero es que me revienta que yo, teniendo la licenciatura de Derecho, sea un mero deshecho para estos sujetos. Y aún me enojo más, cuando observo el firmado de todo el entramado: que si unos banqueros, que si otros consejeros, que si los del más allá tesoreros, y que si los del más acá financieros, es decir, todos ellos embusteros. ¡Ah!, y se me había olvidado los peores personajes: ¡los del alto linaje!

El alguacil Manolo.- Hombre, estos últimos al menos tienen clase. ¡Lo llevan en la sangre!

La funcionaria del Decanato.- ¡Ya, ya! Dentro de poco lo comprobarás, ya que esta demanda corresponde a uno de esta panda.

El alguacil Manolo.- ¿Qué me dices? Aquí, en El Pedroso, un juicio lustroso. Pues cuando nuestra Jueza se entere de quienes van a pleitear, la que nos aguarda a los demás. Ella sólo piensa en figurar, y si hay gentes de primera sometidas en su madriguera, ¡lo que les espera!

La funcionaria del Decanato.- ¿Sólo a ellos?

El alguacil Manolo.- ¡Qué va! ¡Ni hablar! A los pudientes y a sus sirvientes. Y ya verás como la tramitación de todo el montón le cae, ¡qué casualidad!, al oficial, o sea, el señor Gutiérrez.

La funcionaria del Decanato.- ¿Gutiérrez, el sexagenario?

El alguacil Manolo.- El mismo en cuerpo y alma. Es un experto en las demandas, y si esta es de gran densidad, seguro que la Secretaria, por órdenes de doña Sentencha, le mandará que la tenga hecha en un santiamén, es decir, en poco más de un mes. (De repente, suena el fono de la oficina, lo descuelga la empleada, y no es otra que la fedataria. Y… )

Secretaria Providenza.- Decanato, soy la Secretaria del Uno. ¿Está por ahí nuestro alguacil?

La funcionaria del Decanato.- Sí, doña Providenza. Está transportando lo que falta de la demanda. Ya ha partido. En breves le depositará el segundo tocho en su despacho.

Secretaria Providenza.- Sí, ya lo diviso. Así pues, ¡hasta después!

La funcionaria del Decanato.- ¡Adiós, señoría!

Secretaria Providenza.- ¡Manolo! ¿Dónde te habías ubicado, que he tenido que efectuar un llamado?

El alguacil Manolo.- ¡Pues dónde pensaba que estaba! Ahí al lado, donde se efectúa el reparto.

Secretaria Providenza.- Si eso está a escasos diez, ¡pardiez!

El alguacil Manolo.- ¡Ya, ya! Pero a pesar de la escasa longitud, llevaba un resto de gran amplitud, y ello conlleva, por el cansancio, retraso. Aquí tiene la segunda parte de la demandante. ¿Dónde se la deposito?

Secretaria Providenza.- ¡Caray, alguacil! ¡Allí!, donde está la primera de la actora, que junto con esta, se completa. Ahora me tocará revisarla, por si hay algo de ella que rectificar o aclarar, y si no hay que efectuarlo, le daré cuenta de su presencia a nuestra excelencia, es decir, doña Sentencha. Por lo tanto, vete con tus compañeros, y déjame en paz, auxiliar.

El alguacil Manolo.- Está bien, doña Providenza. ¡Hasta más ver! (El ordenanza judicial abandona el despacho, y vuelve al lado de sus compañeros, los funcionarios. Mientras tanto, doña Providenza, después de una vuelta de saeta horaria, completa el visado de todo lo peticionado, dándole cuenta de la gente con quien se enfrenta a la Jueza doña Sentencha. Son las 13.30.)

Providenza.- ¡Sentencha! ¡Sentencha! ¿Puedo pasar o me espero un rato más?

Sentencha.- ¡Sí, pasa Providenza! ¡Adelante! Todo lo que tenía pendiente sigue estando equivalente, por consiguiente, un rato de espera no incrementará la demora. (La Secretaria apertura la puerta y penetra.)

Providenza.- ¡Buenos días, Sentencha!

Sentencha.- Viendo la hora serán tardes, pero bueno … ¿Y eso que traes ? ¿Es que es el resumen de todo lo realizado en el año por el Juzgado?

Providenza.- ¡Ja, ja, ja! ¡No te asustes, ni te excites! Es una sola demanda de gente afamada.

Sentencha.- ¿Todo es una? ¡Pero si mis dos ven dos!

Providenza.- No, esta es la primera sección, y la otra es la posterior. Ahora te las pongo adosadas, ésta junto con aquella. (La Secretaria coloca las dos porciones de la petición en un rincón. La Jueza se alza, ase la primera, y observa a los personajes de primavera que dentro de poco pasarán por su vera.)

Sentencha.- ¡Caray! ¡No puede ser! ¡Si hay un Barón! ¡Y también un Marqués!

Providenza.- ¡Sí, sí! Visualiza más, y te entusiasmarás. Además de estos, he divisado a todo un titular de un Ducado.

Sentencha.- ¿Un Duque, además?

Providenza.- Así es. Y nada más y menos que el de Endesa, todo un caballero con fama de mujeriego, además de niñero.

Sentencha.- Y junto con eso, ¡un Grande de España!, según tengo entendido por lo que he leído.

Providenza.- Estás en lo cierto, Sentencha. Hace poco más de veinte fue envestido un Grande, el Duque de Endesa.

Sentencha.- ¡Qué bien! Por el momento, tenemos al Barón de Repsol, quien es el actor, después al Marqués de Vodafone, quien es al que ha demandado aquel afamado, y como integrante de la parte demandante, a todo un Grande. Sólo nos resta esperar la contestación del Marqués, y veremos quien respaldará su versión. Ahora, Providenza, nos queda definir quien se encargará de su tramitación, pues hay mucho montón, y asimismo gente de relumbrón. Había pensado en Gutiérrez, que es nuestro oficial. ¿No te parece el ideal?

Providenza.- ¡Desde luego, Sentencha! Es el de más experiencia, y las de gran magnitud las gestiona con prontitud, aunque si somos estrictos con la Ley, tenemos por delante unas veinte, por consiguiente, ¿qué vamos a realizar: lo legal o lo contrario a tal?

Sentencha.- ¡Ay, Providenza, Providenza! Hace unos lustros ya nos pasó, y salimos de la situación. No hay que ser ni legales ni lo opuesto. ¡Seremos alegales!

Providenza.- ¿Y cómo se puede ser alegal en una cuestión tan diáfana? Las primeras en entrar son las ganadoras en llegar. ¡Es el abc del tramitar en un órgano judicial!

Sentencha.- Muy sencillo, Providenza. Si bien la data de entrada en el Decanato no se puede alterar ni por un rato, al tratarse de gente de tan alto rango, y ser el objeto del litigio un cuadro grafiado hace siglos, podemos adjuntar una diligencia donde en su cuerpo indique que fue necesario el auxilio de un perito, para conocer el preciso sitio donde fue pintado; como ello lleva mucho tiempo de espera, ya tenemos el pretexto para que esta demanda sea la primera en salir primera. ¿Lo has entendido, Providenza?

Providenza.- Creo que sí, Sentencha. Quieres decir que como la Ley preceptúa que cuando el objeto del litigio es un cuadro de prestigio, la competencia del juicio corresponde al lugar donde el autor efectúa su pintar, esto es, en este caso, El Pedroso, y todo ello conlleva mucho tiempo de análisis pericial, por lo tanto, ya tenemos la solución a nuestra infracción.

Sentencha.- ¡Exacto! Sólo precisamos el dictamen del perito judicial, poniéndole como fecha del mismo, la inmediatamente anterior a la primera petición de las que tenemos en gestión. Por consiguiente, habrá que llamar a don Evalúo Justo Valor, y aclararle la situación. Mientras, seguiremos con la tramitación. ¿Ha quedado claro, Providenza?

Providenza.- ¡Clarísimo, Sentencha! Ahora mismo foneo a don Evalúo, y en un tris tenemos el informe conforme para que esta petición sea la líder en abandonar el cajón, y que se indique que el cuadro fue grafiado en esta pedanía de Andalucía.

Sentencha.- Pues efectúa la llamada, y da órdenes a Gutiérrez para que entre en mi despacho. Aquí, a solas, le aclararé lo expuesto y le mandaré que tramite esta demanda con prontitud, pulcritud y exactitud.

Providenza.- ¡O.K.! Ahora le aviso, y todo listo. ¡Adiós, Sentencha!

Sentencha.- ¡Hasta luego, Providenza! (Siguiendo las órdenes de su superior, la inferior primero fonea al perito, para después mandar a su oficial, el señor Gutiérrez, que entre con la Juez, y mantenga una conversación nada entretenida con su señoría.)

Fono del perito judicial.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng!

El perito judicial.- ¡Dígame! ¿Quién es esta vez?

Secretaria Providenza.- ¿Evalúo?

El perito judicial.- Sí, así me nombran, y como posterior, Justo y Valor. Pero ¿con quién hablo?

Secretaria Providenza.- Soy la Secretaria del Juzgado Uno de El Pedroso, Evalúo.

El perito judicial.- ¡Ah! ¡Doña Providenza! ¿Cómo está?

Secretaria Providenza.- ¡Bien, bien, gracias! Te foneo porque doña Sentencha me ha ordenado que te pida un pequeño favor para una demanda que está en su iniciación.

El perito judicial.- ¿Y de qué se trata? Algo importante debe de ser, para que por medio de usted, me lo requiera la señora Juez.

Secretaria Providenza.- ¡Jueza, Evalúo! ¡Jueza! Por fin hemos feminizado ese sustantivo tan masculinizado.

El perito judicial.- ¡Ah, bueno! ¿Y qué quiere que haga su alteza la Jueza?

Secretaria Providenza.- Muy sencillo, Evalúo. Simplemente, tienes que realizar un informe pericial, donde se indique que un cuadro grafiado hace muchos años, y que lleva por título “INFANTES EN PALACIO, DESNUDOS POR ARRIBA Y POR ABAJIO“, fue hecho en nuestro pueblo, esto es, El Pedroso.

El perito judicial.- ¡Pero si eso es un hecho! Mi ciencia en el arte y en la historia, no sólo me dice que fue pintado en esa pedanía de Andalucía, sino que además lo hizo don Ulrico Pedofílico Pederástico, florentino afamado de hace unos cinco siglos, y que fue traído con un documento de exilio a cambio de un gran talonario.

Secretaria Providenza.- ¿Y dónde se instaló el famoso pintor?

El perito judicial.- ¡Pues en la corte mayor! Su hábitat natural fue El Escorial, al lado de Felipe II, el más fecundo de aquel mundo.

Secretaria Providenza.- Y si estuvo allí, ¿por qué lo pintó aquí?

El perito judicial.- Fue en un estío, debido a su hastío, que se encerró en una mansión de esa región, y con total tranquilidad, grafió el cuadro en cuestión.

Secretaria Providenza.- ¿Por mandato de su mandamás?

El perito judicial.- De él y de alguno más.

Secretaria Providenza.- Pues todo lo que me estás contando, es lo que debes de poner en el papel.

El perito judicial.- ¡Ya lo sé! Muchos informes tengo ya hechos, y ello me ha dado buen provecho. ¿Sólo es eso?

Secretaria Providenza.- ¡No! Falta lo más esencial de tu dictamen pericial.

El perito judicial.- ¿El qué?

Secretaria Providenza.- ¡Pues la data de emisión!

El perito judicial.- ¿Y para qué?

Secretaria Providenza.- Para que esta demanda salga la primera de todas las que están en la nevera. Si tú le pones la fecha que yo te anote, y adjuntamos tu informe pericial junto con una diligencia judicial, el problema planteado queda solucionado.

El perito judicial.- ¡Ah! ¡Ya entiendo! Hago el informe, y pongo el día, mes y año que vos me impone. ¿Estoy en lo cierto, o hay algo que no advierto?

Secretaria Providenza.- Es justo lo que acabas de decir. La fecha que hay que añadir es…

El perito judicial.- De acuerdo, doña Providenza. Ya la he anotado en mi agenda. Ahora mismo inicio el dictamen, y al final de semana tendrá lo que ansía con tanta gana.

Secretaria Providenza.- ¡Magnífico, Evalúo! Así pues, ¡hasta el viernes con el papel!

El perito judicial.- ¡Sí, sí! Ese día lo tendrá, señoría. ¡Hasta más ver, gran mujer!

Secretaria Providenza.- ¡Adiós, señor Justo Valor! (La fedataria, una vez aclarado lo del dictamen pericial, se dirige a la mesa del oficial. Y…)

Secretaria Providenza.- ¿Gutiérrez? Deje por un momento de tramitar, y escúcheme por ese par.

El oficial Gutiérrez.- ¡Hola, doña Providenza! Soy ya todo oídos para sus sonidos. ¿Qué es lo que desea, señora?

Secretaria Providenza.- Muy sencillo, querido. Doña Sentencha quiere que entre en su despacho, y ahí le explicará de qué se tratará.

El oficial Gutiérrez.- Pues me alzo, y sin relajo, me dirijo a su cobijo.

Secretaria Providenza.- ¡Eso, eso! , que nos aproximamos al momento del alimento. (Efectivamente, son las 14 horas, y en un tris, el oficial alcanza el habitáculo de la Jueza. Toca y entra.)

El oficial Gutiérrez.- ¡Doña Sentencha! ¡Soy Gutiérrez! ¿Puedo pasar?

Jueza Sentencha.- ¡Sí, sí! ¡Entra ya, oficial!

El oficial Gutiérrez.- ¡Buenas tardes, señoría! ¿Qué es lo que quería?

Jueza Sentencha.- ¡Buenas tardes, Gutiérrez! ¡Siéntese, y se lo aclararé!

El oficial Gutiérrez.- ¡Caray! ¡Qué cómodos son! ¡Parecen de “don Dormilón“!

Jueza Sentencha.- ¡Es que lo son! Pero dejémonos de superficialidades, y vayamos a las banalidades. ¿Le ha explicado algo su superiora en el cargo?

El oficial Gutiérrez.- ¡No sé nada!, aunque intuyo que trascendencia debe de tener, para que haya llamado a mi ser.

Jueza Sentencha.- ¡Lo es! ¡Lo es! Nada más y menos, que Barones, Marqueses y Duques, enfrentados entre sí, es decir, ¡todo un frenesí! En esencia, un Barón, el de Repsol, que demanda a un Marqués, el de Vodafone, por la propiedad de un cuadro cuyo escenario es un Palacio, con cuatro zagales sin ni siquiera pañales.

El oficial Gutiérrez.- ¿Desnudos?

Jueza Sentencha.- ¡Como Dios los trajo al mundo!

El oficial Gutiérrez.- ¡Ah! ¡Ya entiendo! Para calmar sus deseos, miran el cuadro con recreo, y de este modo frenan sus desvíos de acostarse con chiquillos. ¿No es así, señoría?

Jueza Sentencha.- Básicamente, sí. Por ello, al ser tú nuestro oficial, y además, el de más edad, quiero que te encargues de la gestión de esta petición. Por supuesto, debes de empezar ya con su tramitación.

El oficial Gutiérrez.- Pero tengo por delante unas cuantas, y algunas de gentes cercanas.

Jueza Sentencha.- ¡No importa! Ese problema planteado ha quedado solucionado.

El oficial Gutiérrez.- ¿Y cómo lo ha eliminado?

Jueza Sentencha.- Este viernes recibiremos un dictamen del señor Justo Valor, perito instructor, donde se indicará que el cuadro fue grafiado todo él en El Pedroso, en un verano del XVI centenario, y la data que pondrá en su pericial, será anterior a la primera demanda que tienes por tramitar; este informe lo adjuntaremos a una diligencia judicial, y ya habremos legalizado lo alegalizado. ¿Has comprendido todo lo dicho?

El oficial Gutiérrez.- ¡Y adsorbido! Yo comienzo con el inicio, y cuando venga el papel legalizante, lo uno al expediente, y continúo. Pero ¿cuándo quiere usía que termine esta travesía?

Jueza Sentencha.- Estamos en pleno abril, es decir, el próximo es el floreado. Pues en éste, o sea mayo, quisiera que se celebrara el juicio oral, para que en el siguiente, se formularan las conclusiones y si hubiera, además, alguna diligencia final, para terminar por aquí, o a lo sumo, un mes de ahí. ¿Podrás hacerlo, Gutiérrez?

El oficial Gutiérrez.- Creo que sí. Poseo experiencia y ciencia, y si usted desea que antes del verano esté finiquitado, haré lo posible para que sea factible.

Jueza Sentencha.- ¡Cuánto te lo agradezco! Lo tendré en cuenta para una recompensa. Ahora, llévate la demanda en cuestión, que está en ese rincón.

El oficial Gutiérrez.- Sí, ya la diviso, con sus dos pisos. Le diré a Manolo que me los deje en mi mesa. ¡Adiós, doña Sentencha!

Jueza Sentencha.- ¡Hasta luego, Gutiérrez! (El oficial abandona el despacho, y le ordena al Agente que le haga de sirviente y, por consiguiente, que los dos bloques de la petición se los deje en su sección. Y lo hace. Son las 14.30 horas, y el día laboral ha llegado a su final. ) ( Pasan unos cuantos días, con sus correspondientes noches, y la tramitación de la demanda en cuestión, siguiendo el patrón de la Jefa mayor, marcha con buena racha. Gutiérrez ha preparado las citaciones y los emplazamientos, dentro de unos documentos que tienen por títulos exhortos. Estamos a los pies del floreado mes, y en el Juzgado número Uno…)

El oficial Gutiérrez.- ¡Manolo! ¡Manolo! ¿Puedes venir por aquí?

El alguacil Manolo.- ¿Qué quieres, Gutiérrez? Estaba cerrando unas cartas, para más tarde mandarlas.

El oficial Gutiérrez.- ¡Deja los sobres, y hazme un par de favores!

El alguacil Manolo.- Pero es que… (El oficial no le deja terminar su final.)

El oficial Gutiérrez.- Es que lo que te voy a pedir es muy importante para mí.

El alguacil Manolo.- ¡Ah, sí! Pues dímelo ya, y las cartas “a fer la mà“.

El oficial Gutiérrez.- Hazme de este montón un par de copias; un bloque irán para el Barón, y el de después para el Marqués.

El alguacil Manolo.- Pero si donde tienes que unir cada uno, pone el nombre de una población muy mona: Carmona. ¿A qué es debido este desvío?

El oficial Gutiérrez.- ¡Ja, ja, ja! ¡No es ningún desvío! ¡Ni tampoco un olvido! Es que ambos dos, tanto el Marqués como el Barón, son residentes de allí, y para que haya constancia, el uno de la admisión y el otro para que formule la contestación, es preciso mandar sendos oficios al Juzgado Decano de aquel poblado. ¿Lo entiendes agente, o es demasiado para tu mente?

El alguacil Manolo.- Quieres decir que como el Barón, hoy actor, y el Marqués, esto es, al que demanda aquel, son habitantes de Carmona, es aquí donde hay que enviar todo el material que se deriva de la petición inicial. ¿Es así, Gutiérrez?

El oficial Gutiérrez.- Así es, alguacil. Ahora dejemos de parlar, y hazme las copias ya. Una vez las tengas, me las das por separado, ya que al Marqués, el demandado, le tengo que adicionar todo esto de más. (El oficial le señala al alguacil el bloque fotocopiado de lo peticionado. Entretanto, doña Sentencha decide llamar a su íntima la Fiscal. Y lo hace en su despacho cerrado “a cal y canto“.)

Fono de la Fiscal Acusias.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng!

Acusias.- ¿Sí? ¿Dígame? ¿Quién es?

Sentencha.- ¡Acus, soy Sentencha! ¿No lo has adivinado mirando el número marcado?

Acusias.- ¡Senten! ¡Qué alegría audiarte en este día! ¿Cómo te encuentras?

Sentencha.- ¡Muy bien, Acus! Te foneo porque tengo un caso de los que nos gustan en cualquier caso. ¡Se trata de gente afamada!

Acusias.- ¿Y también engalanada?

Sentencha.- ¡Así es! ¡Un Barón! ¡Un Marqués! ¿Y sabes por qué?

Acusias.- ¿Por qué?

Sentencha.- Por la titularidad de un lienzo muy representativo.

Acusias.- ¿De qué?

Sentencha.- De lo que más agrada a la aristrocacia: ¡la pederastia!

Acusias.- ¿Qué me dices, Senten? En El Pedroso, ¡un juicio lustroso y morboso! Lo más de lo más. ¡Mañana voy para allá!

Sentencha.- Aquí te espero, Acus, ya que tú, como Fiscal, también vas a participar, y el expediente te debes de preparar. Así pues, ¡hasta después!

Acusias.- Sí, sobre las 10 acudiré. ¡Espérame!

Sentencha.- Aquí estaré. ¡Adiós, Acus!

Acusias.- ¡Hasta pronto, Senten! (El día de después llegó, y la señora Fiscal acudió. Son las 10 más un rato de un cuarto, y doña Acusias entra en el Palacio.)

Fiscal Acusias.- ¡Hola, guardia judicial! ¿Qué tal está?

El guardia judicial.- Bien, majestad, aunque esta cuestión que usted plantea parece la repetición de gente de su ralea.

Fiscal Acusias.- ¿Por qué dice eso? Si como yo, aquí sólo hay dos.

El guardia judicial.- ¡Por esa razón! Con usted, ya son tres las que lo dicen vez tras vez, y uno acaba hastiado de lo cuestionado.

Fiscal Acusias.- Mirado de ese modo, debe de estar hasta el moño.

El guardia judicial.- ¡Y hasta …! (Antes de finalizar, se despide la Fiscal.)

Fiscal Acusias.- Voy a ver a doña Sentencha. ¡Adiós, guardia judicial!

El guardia judicial.- ¡Adiós, señoría! (Y la Fiscal abandona al guardián, y penetra en la guarida de la mandamás.)

Fiscal Acusias.- ¡Buenos días, muchachos!

Todos a la vez.- ¡Buenos días, doña Acusias! ¿Qué tal está, señora Fiscal?

Fiscal Acusias.- ¡Muy bien! ¿Está vuestra Jueza?

El alguacil Manolo.- Sí, acaba de llegar. Está en su despacho. ¿Quiere que le comunique que usted ha llegado?

Fiscal Acusias.- No hace falta que hagas ese recado. Ya conoce que a estas iba a llegar; así pues, voy a su lar. ¡Hasta luego, chicos!

Todos a la vez.- ¡Adiós, doña Acusias! (Cuando se dirige al despacho, la Fiscal tiene unas palabras con el oficial, puesto que en ese itinerario se encuentra el funcionario.)

Fiscal Acusias.- ¡Hola, Gutiérrez! Ya me han informado que eres el encargado del lustroso entramado.

El oficial Gutiérrez.- Así es, doña Acusias. Me lo ha mandado nuestra Secretaria, por órdenes de su superiora, y aquí estoy con ello.

Fiscal Acusias.- ¿Pero cómo vas? ¿Por delante o por detrás?

El oficial Gutiérrez.- Ahora y en adelante, por delante; ya he confeccionado y enviado los oficios, para que el Decano de Carmona nos dé el servicio. Como ya sabrá, tanto el Barón como el Marqués están censados en aquel poblado. Calculo que a finales de esta, o a lo más, la que le sigue a tal, poseeré los acuses de recibo de los oficios, y en pocos días más, según precepto legal, el Marqués responderá.

Fiscal Acusias.- ¿Y cuánto es el plazo del emplazo?

El oficial Gutiérrez.- En este procedimiento son veinte, pero contados sin sábados, ni domingos, y excluyendo asimismo los festivos.

Fiscal Acusias.- ¡Caray, Gutiérrez! ¡Me estás proporcionando toda una lección!

El oficial Gutiérrez .- ¿De Derecho?

Fiscal Acusias.- ¡Y del proceso! Ahora voy a ver a tu Jueza, a ver que me cuenta. ¡Adiós, Gutiérrez!

El oficial Gutiérrez.- ¡Hasta luego, alteza! (La Fiscal alcanza el receptáculo de su señoría, y sin avisar, penetra tal cual. Se encuentra con la titular y, a su vez, con su Diestra judicial. Y…)

Acusias.- ¡Caramba, amigas! ¡Qué sorpresa más divina! Las dos observando con pasión ¡qué sé yo!

Sentencha.- ¡Hola, Acus! Estamos divisando, Providenza y una servidora, todo un espectáculo para la visión.

Providenza.- ¿Qué tal, Acusias? ¿Quieres unirte a esta gratificación que nos da el Señor?

Acusias.- ¿Pero de qué va lo que la pantalla da?

Sentencha.- Pues hemos entrado en la navegación, y nos hemos quedado con machos de impresión.

Providenza.- ¡Ay, qué calentón!

Acusias.- Dejarme un sitio, que quiero ponerme ¡como un cirio candente!

Sentencha.- ¡ Coge ese apoya-nalgas, y ubícate entre las dos! ¡Caray, como están estos dos! (Doña Acusias agarra el mobiliario, y se coloca entre la Jueza y la Secretario.)

Acusias.- ¡Uff! ¡Qué cómoda estoy! ¡Es cierto! ¡Qué bueno está!

Providenza.- ¿Quién del par?

Acusias.- ¡El moreno me va más!, aunque el rubio no es para despreciar.

Sentencha.- A mí me van los dos. Estos son hombres, y no los que se otean por estos alrededores. Pero ya que has venido desde la capital de esta Comunidad, cerremos el ordenador y vayamos al centro de la cuestión.

Providenza.- ¡Eso, eso! ¡Ya volveremos con esto! Ahora hablemos de la gran demanda, y dentro de nada, de su contestación.

Acusias.- De eso precisamente acabo de parlamentar con vuestro oficial. Y me ha comunicado el tal, que dentro de un breve plazo, tendremos la réplica al emplazo.

Sentencha.- Si, así es. Gutiérrez es todo un experto, y los exhortos ya han salido camino del lugar de estancia del trío de la aristocracia. En poco espacio temporal el Marqués responderá, y el complemento de la petición llegará acá. ¡Es cuestión de esperar!

Acusias.- ¿Me habéis sacado una copia de todo lo actuado?

Providenza.- ¡Por supuesto, Acusias! Manolo fue el encargado de efectuar el fotocopiado.

Acusias.- ¿Manolo? ¿Y quién de todo tu personal, es este con nombre tan vulgar?

Providenza.- ¡El ordenanza judicial!

Acusias.- ¡Ah, ya! El muchacho que está en el derecho, nada más entrar en el órgano judicial.

Providenza.- El mismo. No es de lúcida mente, pero es un buen sirviente.

Acusias.- Pues es lo que se requiere en una plantilla: unos mandan y otros sirven. Cuando abandone este local, le saludaré y agradeceré su lealtad. Son muchas hojas por copiar, y las ha enumerado, incluso, el tal. ¡Un diez por su efectividad! Ahora me voy a marchar con toda la demanda para estudiar. Cuando recibáis la contestación, avisarme y entregarme otro fotocopiado de lo que el Marqués ha replicado. ¿De acuerdo, Senten?

Sentencha.- ¡Claro, Acus! Lo recibirás nada más la tengamos acá.

Providenza.- ¡Y Manolo se encargará!

Acusias.- Pues aclarado todo, me vuelvo para Sevilla. ¡Hasta pronto, compañeras!

Sentencha.- ¡Hasta la vista, Acus!

Providenza.- ¡Eso! ¡Hasta luego! (Una vez se han despedido, la Fiscal abandona el local y, por supuesto, sin hacer ni caso al agente judicial, es decir, al alguacil.)

(A unos 50 de aquí, y separados por una distancia no mayor de 5, se reciben en sendas mansiones, primero en la del Barón, y después en la del Marqués, los oficios con todo su contenido: en la una, admitiendo su demanda, y en la otra ordenándole que formule la contestación a lo peticionado por el Barón. Sus reacciones son, obviamente, de sentido diferente.) (El de Repsol, al divisar en su portal, dispuesto para tal, el papel, lo agarra y lo lee. Su reacción es de alegría, en el mediodía de este día: a finales del mes.)

Barón de Repsol.- ¿Qué será este celulósico que oteo en el receptáculo del correo? Voy a cogerlo, y luego a leerlo. (Lo efectúa, y al hojearlo, instantes después, hace una llamada al director de su demanda.)

Fono del letrado del Barón.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng!

El letrado del Barón.- ¡Hola, señor Barón! ¿Sucede algo que no me haya enterado?

Barón de Repsol.- ¡Buenos días, mi abogado! Pasa que en mi casa, he recibido una nota grafiando que nuestra petición ha experimentado su admisión.

El letrado del Barón.- Pues, ¡qué alegría, Barón! Ya sólo nos resta que el Marqués responda a lo que le reclamamos.

Barón de Repsol.- ¿Y cuándo sucederá?

El letrado del Barón.- En cuatro semanas, más menos que más.

Barón de Repsol.- ¡Qué alivio me das! Le tengo unas ganas a ese truhán.

El letrado del Barón.- No desespere, señor, que está próxima la solución. Ahora habrá que estar pendientes de lo que nos conteste el Marqués.

Barón de Repsol.- ¡Pues eso! ¡Hasta ese momento! ¡Adiós, letrado!

El letrado del Barón.- ¡Adiós, señor Barón! (En otra parte, dirección norte, el de Vodafone recibe todo el montón: la demanda con todas las alegaciones que le hace su contrincante sin solución, el Barón de Repsol. Nada más recogerla y hojearla, llama a su amada, que asimismo es su letrada. Estamos en el mismo día, aunque un rato por encima del mediodía.)

Marqués de Vodafone.- ¡Carambolas! ¡Todo un conjunto de hojas! ¿De qué se tratará? ¿Será un regalo, o todo lo contrario? ¡Voy a comprobarlo! (Efectivamente, agarra un trozo del tocho, y se enfrenta con la afrenta.)

Marqués de Vodafone.- ¡Pero qué es esto! ¡Una demanda a mi persona! ¡Y de ese mamón del Barón! ¿Pero qué desea el de Repsol? (Sigue hojeando el papel, hasta que el Marqués alcanza el verdadero interés: su cuadro amuleto, que le frena las ganas y algo más.)

Marqués de Vodafone.- ¡Anda, pues! ¡Si me reclama mi lienzo preferido! ¡De eso nada! Voy a teclear a mi letrada, también amada, ¡y le daremos una estocada!

Fono de la letrada del Marqués.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng!

La letrada del Marqués.- ¡Dime, querido! ¿Qué ha sucedido?

Marqués de Vodafone.- Pues que mi enemigo, el Barón de Repsol, me ha demandado por un cuadro.

La letrada del Barón.- ¿Por un lienzo, amado?

Marqués de Vodafone.- Sí, pero no uno cualquiera. Se trata de la mayor obra de toda la Historia. ¡Es nuestro talismán!

La letrada del Marqués.- ¿Y cómo se le conoce al tal?

Marqués de Vodafone.- “INFANTES EN PALACIO, DESNUDOS POR ARRIBA Y POR ABAJIO“. Fue culminado en los principios del XVI, y toda su grafía se debe al más famoso pintor de la aristocracia: don Ulrico Pedofílico Pederástico, todo un símbolo e ídolo para nosotros, los lustrosos.

La letrada del Marqués.- ¿Y está en tu poder?

Marqués de Vodafone.- ¡Así es! Desde hace unas cuantas generaciones, está dentro de nuestras posesiones, y ahora este Barón, el muy impostor, me lo demanda con una demanda. Y además…

La letrada del Marqués.- ¿Qué, Marqués?

Marqués de Vodafone.- Que le auxiliará en su petición todo un personaje de gran linaje.

La letrada del Marqués.- ¿De tan alta condición?

Marqués de Vodafone.- Sí. Es el Duque de Endesa, otro adversario grotesco de todo mi parentesco.

La letrada del Marqués.- ¡Nos encargaremos de neutralizarlos! Ahora mismo voy a tu lado, y preparamos la contestación y, a su vez, la reconvención.

Marqués de Vodafone.- ¿Y qué significado tiene este último vocablo?

La letrada del Marqués.- Se trata de un término jurídico , mediante el cual podemos los demandados efectuar reclamaciones a los demandantes. De este modo, ambos dos, tanto el Barón como vos, seréis actores a la vez. ¿Lo entiendes, Marqués?

Marqués de Vodafone.- Creo que sí. Haremos una contestación, que en su interior tendrá a su vez una petición. ¿Es así?

La letrada del Marqués.- Así es. Por lo tanto, voy a tu lar, y recojo lo que te han mandado; luego lo estudio, y más tarde, preparamos todo lo dicho. Por consiguiente, ¡hasta dentro de un instante, amante mío!

Marqués de Vodafone.- ¡Hasta ahora, mi señora! ¡Y también directora! (Pasan unos instantes minuteros, y la letrada alcanza la morada de su mandante y, asimismo, amante. Toca al portal y le abre el tal.)

Portal.- ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum1

Marqués de Vodafone.- ¡Ya voy! ¡Que voy ya! (Alcanza la entrada y abre a su letrada.)

Marqués de Vodafone.- ¡Hola amada! ¡Pronto has venido!

La letrada del Marqués.- ¡Hola querido! He acudido tan rauda como he podido. ¿Dónde tienes depositada la demanda?

Marqués de Vodafone.- En uno de mis habitáculos personales. Sígueme y te la mostraré. (Se dirige el par al lugar, y aquí la letrada se dispone a estudiar la reclamación del Barón al Marqués. Cinco saetas horarias después, y ya con conocimiento de lo que hay que hacer, abandona el sitio, y entabla una charla coloquial y laboral con el titular.)

La letrada del Marqués.- ¡Marqués! ¡Marqués!

Marqués de Vodafone.- Estoy aquí, a unos 30 de ahí. Ven a este salón, espacioso y coquetón, y prepararemos la reacción. Mis sirvientes me han dispuesto un gran cenar para los dos, o sea, tú y yo.

La letrada del Marqués.- ¡Pues para allá voy! (Una vez lo alcanza, divisa lo puesto, todo ello muy coqueto, y exclama con total gana.)

La letrada del Marqués.- ¡Caray! ¡Qué veo! ¡Vaya papeo!

Marqués de Vodafone.- ¿Te agrada?

La letrada del Marqués.- De vista y de olor ¡ sí !, aunque del sabor, muy influenciado por aquellos dos, lo veremos cuando lo degustemos.

Marqués de Vodafone.- Pues siéntate, y ¡saboreémoslo! (La pareja se sienta, uno enfrente de la otra. El manjar da para hablar y para algo más. Finalizan de jalar, y…)

La letrada del Marqués.- ¡Qué bien estoy! Después de una cena tan plena, las ideas de mi sesera salen claras y rectas, y a ese Barón le vamos a dar toda una lección.

Marqués de Vodafone.- ¡Eso deseo, mi amada! Pero ¿cómo piensas actuar contra ese rufián?

La letrada del Marqués.- Bien. Te lo voy a contar. Nuestra contestación va a tener dos partes: en la primera nos dedicaremos a responder, y en la segunda a reprender.

Marqués de Vodafone.- ¿Qué has querido decir con tu dicho?

La letrada del Marqués.- Que primero nos defenderemos y después atacaremos.

Marqués de Vodafone.- ¿Y qué le pediremos?

La letrada del Marqués.- Piensa en algún lienzo que tenga algún complemento con tu cuadro, y que además sea propiedad del titular de la Baronía.

Marqués de Vodafone.- ¡Ah! ¡Ya lo tengo! Hay uno que grafió el señor Pedofílico y que también está presente el infante Andrés.

La letrada del Marqués.- ¿Cómo que también? ¿Qué quieres decir?

Marqués de Vodafone.- Pues que en el que me reclama hay cuatro infantes, y uno de ellos es don Andrés; por ello pienso que puede ser un lienzo apropiado para incluirlo en lo demandado.

La letrada del Marqués.- ¡Por supuesto amado! ¿Y qué título lleva el susodicho cuadro?

Marqués de Vodafone.- Uno muy indicado: “SU ALTEZA ANDRÉS, CON SÓLO TRES, SIN NADA A SU TRAVÉS“. Es uno de los más apreciados por su alto contenido pedófilo, y creo que actualmente está en posesión del de Repsol.

La letrada del Marqués.- ¡Pues se lo pediremos en la reconvención de nuestra contestación!

Marqués de Vodafone.- ¡Eso, eso! Así tendré no uno, sino dos. Seré la envidia de toda la aristocracia. Pero ¿cómo lo vas a reclamar?

La letrada del Marqués.- Con pruebas que tú me proporcionarás. ¡Empecemos ya! Primero la confesional, después la documental, para finalizar con la testifical.

Marqués de Vodafone.- Explícame cada cual: ¿confesional?

La letrada del Marqués.- Esta prueba se basa en obligar al Barón a la declaración. Para ello prepararé un interrogatorio al que el Barón deberá contestar bajo juramento o promesa de decir verdad.

Marqués de Vodafone.- Después la documental.

La letrada del Marqués.- Esta es la más amplia de todas. Para ella, me debes de aportar todos los celulósicos relacionados con los cuadros, para que yo más tarde los seleccione y los adjunte.

Marqués de Vodafone.- ¡Por supuesto querida! Y ya, para terminar, nos resta la testifical. Ésta, ¿de qué va?

La letrada del Marqués.- Tu amada te lo va a explicar. Se trata de presentar ante el Tribunal a una persona de tu confianza, y que a cuestiones de la representación que lo propone, responda a favor de nuestro lado. Para ello es conveniente que me des un nombre que tenga conocimiento del “cuerpo“ y de la “sangre“, o sea, que sepa lo de los cuadros y lo de tus adversarios. ¿Conoces a alguien de este perfil, o de algo así?

Marqués de Vodafone.- Pues ahora que lo pienso, hay uno en Madrid, muy amigo de mí, y que vendría muy gustoso a este pleito tan lustroso.

La letrada del Marqués.- ¿Y quién es este personaje que a tu favor declararía?

Marqués de Vodafone.- ¡El Príncipe de Argentaria! Hijo de reyes, nieto de virreyes y descendiente de los más influyentes. ¡Toda una Autoridad al que le dan paso con una alfombra del Irán!

La letrada del Marqués.- ¿Y crees que vendrá?

Marqués de Vodafone.- ¡Acudirá y hablará! Anótalo como prueba testifical, y cuenta con él ya.

La letrada del Marqués.- ¡Excelente Marqués! Así pues, ya poseemos todo lo que esta abogada pretendía poner en su contrademanda. Por lo tanto, me marcho con todo el papel a mi despacho a preparar la contestación con la reconvención. Todo lo que encuentres relacionado con los cuadros, me lo mandas por mensajero que así es más breve y ligero. ¿De acuerdo Marqués?

Marqués de Vodafone.- ¡Así se hará, mi amada!

La letrada del Marqués.- Pues ya te avisaré cuando esté completa nuestra treta.

Marqués de Vodafone.- ¡Eso, eso! Tengo ganas de estar ante el Tribunal, y enfrente a ese par. ¡Ya me informarás! ¡Adiós amante mía!

La letrada del Marqués.- ¡Adiós mi mandante! (Siendo ya de madrugada, sale de la morada la abogada. Alcanza su posada, y descansa ella, ya muy cansada. Pasan unos cuantos días, y la contestación llega a su finalización. En el entretiempo, el Marqués le proporcionó todo lo que encontró en formato de documento. Y también avisó a su íntimo genealógico, por lo analógico, que su nombre iba a salir como participante en contra del demandante, enemigo visceral del descendiente real. Ante esto, el Príncipe dio su consentimiento, y dejó la vía libre al enfrentamiento. Por lo tanto, llegó el momento de efectuar la llamada a su complemento por parte de la letrada y, además, amada.)

Fono del Marqués de Vodafone.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng!

Marqués de Vodafone.- ¡Hola querida! ¡Me has pillado con la bebida! ¿Qué querías?

La letrada del Marqués.- ¡Hola amado! Te llamo porque he terminado.

Marqués de Vodafone.- ¿El día?

La letrada del Marqués.- Además. Pero lo que he culminado ha sido la contestación a la petición del Barón.

Marqués de Vodafone.- ¡Qué alegría querida! ¿Y cómo ha quedado? ¿Floreado o espinado?

La letrada del Marqués.- ¡Aseado! Faltaban cuatro para el plazo, y como mañana iré con el papel, nos quedaremos a tres.

Marqués de Vodafone.- ¿Y yo tengo que ir a tu través?

La letrada del Marqués.- No hace falta Marqués. Tu autógrafo está puesto en el último, y con ello basta. Así pues, después de hoy partiré, dejaré los tochos, me los sellarán y a esperar el juicio oral.

Marqués de Vodafone.- ¡Muy bien, amor! ¡Has cumplido con tu función!

La letrada del Marqués.- ¿Cuál de las dos?

Marqués de Vodafone.- ¡La laboral! De la otra, al estar con ésta tan dispuesta, no nos hemos enterado ni tú ni yo. Pero cuando acabes mañana con la faena, te vienes aquí, y en la cama recuperaremos la otra faceta, que ya tengo ganas.

La letrada del Marqués.- ¡Y yo!, pues el sexo es un buen complemento, aparte de entretenimiento. ¡Hasta mañana, pues!

Marqués de Vodafone.- ¡Así es! (Se despidieron, y el día nuevo apareció con la letrada, bien perchada, dirigirse con la contestación en su furgón al centro de la cuestión: el Decanato de El Pedroso. Aquí depositó la réplica, con el sello judicial, para dejar constancia que había cumplido con el emplazo, en forma y plazo.)

 

 

 

 

TELÓN

 

 

 

 

 

SEGUNDO ACTO.- JUICIO ORAL

 

(La mañana, como corresponde al mes, alumbró mojada, templada y floreada. La funcionaria hace la correspondiente llamada para que le quiten lo que la letrada ha llevado por orden de su amado : la contestación a lo reclamado.)

 

Fono del Juzgado Uno.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng!

El alguacil Manolo.- ¡Juzgado Uno de El Pedroso! ¿Quién es, si se puede saber?

La funcionaria del Decanato.- ¡Manolo! ¡Soy yo, del Decanato! Tengo aquí la réplica a la súplica. ¿Puedes acudir y quitarme de aquí este celulósico sin fin?

El alguacil Manolo.- ¡Claro! ¡Voy para allí! (En un tris, el ujier llega al lugar donde se ubica el papel. Tiene un diminuto bis a bis con la empleada, y sale todo él cargado hacia su Juzgado.)

El alguacil Manolo.- ¡Buenos días, amiga! ¿Qué tal llevas el día?

La funcionaria del Decanato.- ¡Pero si aún no estamos ni en el mediodía! ¡Son tan sólo las 9 más unas cuantas saetas minuteras!

El alguacil Manolo.- Estás en la verdad. ¡A mi Jueza aún le restará por llegar casi una hora de las de acá!

La funcionaria del Decanato.- Pero ésas ¿en qué se diferencian de las de allá?

El alguacil Manolo.- ¿El qué?

La funcionaria del Decanato.- El tiempo ¡rediez!

El alguacil Manolo.- ¡Ah! Pues que aquí las horas son como apisonadoras, átonas y monótonas, mientras que en las lejanías son como locomotoras, rápidas y entretenidas.

La funcionaria del Decanato.- Buena explicación para mi cuestión, pero ahora ¡dejemos ya de hablar, y llévate este “pastel”!

El alguacil Manolo.- ¡Está bien! ¿Es todo lo que hay en el recodo?

La funcionaria del Decanato.- Sí. ¿Podrás tú solo?

El alguacil Manolo.- ¿Y quién si no va a cargar con el montón? ¡Pues yo! Y además, esta vez lo haré de una sola vez.

La funcionaria del Decanato.- ¿A alguien quieres impresionar?

El alguacil Manolo.- A mí y a nadie más. Así pues, ¡hasta después! (Efectivamente, el Agente agarra la contestación y se dirige a su situación. Una vez la alcanza, la coloca donde se ubica su superiora: doña Providenza. Y…)

Secretaria Providenza.- ¡Manolo! ¿Qué depositas en mi aposento con tanto secreto?

El alguacil Manolo.- ¡Buenos días, doña Providenza! Había oteado que estaba abierto, y como porto el resto del texto, se lo estaba colocando para que lo vaya visando.

Secretaria Providenza.- ¿Y de qué trata lo que falta?

El alguacil Manolo.- Pues de lo que el Marqués le contesta al Barón.

Secretaria Providenza.- ¡Aleluya! ¡Ya la tenemos aquí! ¡Qué frenesí!

El alguacil Manolo.- Sí. Ahora me marcho de su despacho que hoy ha entrado mucho.

Secretaria Providenza.- ¿Ah, sí? ¿Y de quién?

El alguacil Manolo.- ¡Pues de los de siempre! ¡De los usureros de los banqueros!

Secretaria Providenza.- Cabía suponerlo. De todas las maneras, ésta es la primera por su solera, y hasta que no termine con ella dejaré a las demás para más tardar. Por lo tanto, abandona este lugar y vete a auxiliar a nuestro oficial.

El alguacil Manolo.- Está bien, doña Providenza. ¡Hasta luego!

Secretaria Providenza.- ¡Adiós Manolo! (Una vez sale, el Agente va a decirle a Gutiérrez que ya está lo que falta del procedimiento con la “sargento“. Ésta, o sea, doña Providenza, se queda revisando la réplica, y al cabo de poco más de una hora da por acabado su visado. Son más de las 10, y es el momento en que en el órgano judicial entra su Autoridad.)

Jueza Sentencha.- ¡Buenos días, muchachos! ¡Me voy para mi despacho!

Todos a la vez.- ¡Buenos días, doña Sentencha!

El alguacil Manolo.- Creo que la Secretaria quiere verle, señora Jueza.

Jueza Sentencha.- ¡Gracias Manolo! Me encamino rauda hacia ella. ¡Hasta luego chicos!

Todos a la vez.- ¡Adiós, señoría! (Doña Sentencha llega al habitáculo de doña Providenza, y en vez de tocar, entra tal cual.)

Sentencha.- ¡Buenas, Providenza! ¿Querías verme?

Providenza.- ¡Hola Sentencha! Sí, porque ya la tenemos aquí.

Sentencha.- ¿De verdad que ya está acá?

Providenza.- ¡Mírala! También posee mucho papel, como cabía prever.

Sentencha.- Pero además del Marqués ¿hay alguien de igual interés?

Providenza.- ¡Mayor, Sentencha! ¡Mayor!

Sentencha.- ¡Pues dime quién es tal personaje que tiene tan alto linaje!

Providenza.- ¡El Príncipe de Argentaria! ¡Casi nada!

Sentencha.- ¿A un hijo de un Rey voy a conocer?

Providenza.- Así es. El primogénito del Rey de Banesto, un país muy alejado de aquí.

Sentencha.- ¿Y dónde se sitúa ese Estado?

Providenza.- En el Centro de las Américas, una zona muy dada al dominio de los más autócratas.

Sentencha.- ¿Y Banesto es un territorio de éstos?

Providenza.- ¡Y más! He visualizado por el navegado, que desde hace más de 500 siempre han gobernado ese reinado auténticos degenerados.

Sentencha.- ¿Y éste lo es?

Providenza.- Puede ser, aunque es cierto que dejó su país hace ya un tiempo.

Sentencha.- ¿Cuánto?

Providenza.- Unos 30. Él tenía por aquel entonces 20, y ahora ya se acerca a la cincuentena, de ahí su amistad por la afinidad en la edad y algo más con el Marqués. Según pone en la navegación, reside en la capital del país, esto es, Madrid.

Sentencha.- ¿Hay más que me quieras decir?

Providenza.- Sí. El Marqués, además de responder, ha introducido en su contestación una demanda de nombre reconvención.

Sentencha.- ¿Y qué reclama el de Vodafone?

Providenza.- Otro lienzo, éste en poder del Barón.

Sentencha.- ¿También pedófilo?

Providenza.- ¡También! Tiene por título: “SU ALTEZA ANDRÉS, CON SÓLO TRES, SIN NADA A SU TRAVÉS“.

Sentencha.- ¡Vaya! Un procedimiento con dos cuadros de “petitum“, y dos pares de personajes del más elevado linaje. ¡Perfecto! Avisa a Gutiérrez que se lleve a su sección esta nueva petición, y que cite ya al dúo de par para el juicio oral.

Providenza.- ¿Y qué día señalamos de los que nos quedan del año?

Sentencha.- ¡Pues uno que sea indicado para un pleito engalanado!

Providenza.- ¿En este mes de mayo?

Sentencha.- Sería lo apropiado. ¡Déjame el calendario!

Providenza.- Ten este almanaque y fija tú el día del ataque y contraataque. (Doña Providenza le da el calendario con todos los días marcados con santos. Doña Sentencha está unos ratos minuteros mirando, y al fin da con el día señalado.)

Sentencha.- ¡Ya lo tengo! Será el 25 de mayo, viernes, del presente año.

Providenza.- ¿Y por qué lo has elegido?

Sentencha.- Por dos razones: la primera, que al ser a finales de mes, da tiempo a que las citaciones lleguen bien, y la segunda es que su Patrón es todo un Papa que mandó a principios del primer milenio, y que se caracterizó porque obligó al celibato a todos los de su alta pía condición.

Providenza.- ¿Y con qué nombre se le conoce a ese señor?

Sentencha.- Con el de Gregorio VII, enemigo visceral, por todo aquello, de los de sangre real. Por consiguiente, ya tenemos el día para el juicio oral. Sólo falta comunicárselo a nuestro oficial para que prepare las citaciones ya, y también avisaremos a Acusias, quien como Fiscal debe de participar. A ésta le proporcionaremos una copia de todo lo contestado por el titular del Marquesado. ¿Ha quedado claro, Providenza?

Providenza.- ¡ Como el agua, Sentencha ! Ahora se lo digo a Gutiérrez, y tú te encargas de comunicárselo a Acusias, ¿no?

Sentencha.- De acuerdo. Yo telefonearé a la Fiscal. ¡Hasta luego, Providenza!

Providenza.- ¡ Adiós, Sentencha! (Doña Providenza sale de su receptáculo y se dirige a la demarcación del de Gestión. Tiene una diminuta charla con Gutiérrez, y le anota al oficial el día que debe de señalar para que tenga lugar el juicio oral.)

Secretaria Providenza.- ¡Hola Gutiérrez! ¿Molesto, o estás presto?

El oficial Gutiérrez.- ¡Buenas, doña Providenza! Usted nunca incordia, aunque si importunara en algún momento tampoco se lo diría.

Secretaria Providenza.- ¿Por qué?

El oficial Gutiérrez.- ¡Porque me sancionaría! Pero dicho todo esto, ¿qué es lo que quería?

Secretaria Providenza.- Pues que la Jueza y una servidora hemos sacado en conclusión, que el 25 de este mes será cuando celebremos la vista. Como aún restan más de dos semanas, dará tiempo a que las citas lleguen con margen suficiente, para que “los influyentes“ preparen sus intervenciones llenas de intenciones.

El oficial Gutiérrez.- ¿Es que ya tenemos las alegaciones del Marqués?

Secretaria Providenza.- ¡Esto es! Y las adiciona con otra reivindicación.

El oficial Gutiérrez.- ¿Material o espiritual?

Secretaria Providenza.- A mitad de cada cual.

El oficial Gutiérrez.- Explíquese mejor, que aún no capto la cuestión.

Secretaria Providenza.- Pues reclama el de Vodafone un cuadro, por tanto material, pero de contenido muy sensual, por consiguiente, espiritual. ¿Lo has entendido ya?

El oficial Gutiérrez.- ¡Ah! Que el Barón posee un lienzo que sube la líbido a estos pervertidos, y el Marqués cree que es de él. ¿Es así?

Secretaria Providenza.- Así es. Y además…

El oficial Gutiérrez.- ¿Hay más?

Secretaria Providenza.- Pues que aporta como prueba testifical a todo un Príncipe de ultramar.

El oficial Gutiérrez.- ¿Y cómo se le conoce al hijo de Su Majestad?

Secretaria Providenza.- Como el Príncipe de Argentaria. Pero ahora, coge lo contestado y también reclamado por el Marqués, y efectúa las citaciones para estos cuatro de buenas y fáciles situaciones.

El oficial Gutiérrez.- Sí, le encargaré a Manolo que me lo traiga; pero también habrá que fotocopiar todo el papel, ¿no?

Secretaria Providenza.- ¿Para quién?

El oficial Gutiérrez.- Para doña Acusias, la Fiscal de este part

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ESPECTROS DE MAESTROS (Teatro)

Tono | 25, may

 

 

 

ESPECTROS DE MAESTROS

 

 

PERSONAJES:

-       TIBERIO, TOBÍAS, PETRA (LA COMPAÑÍA PETITO)

-       ORDENANZA

-       PRIMER JURADO, SEGUNDO JURADO

-       ESPOSO 1, ESPOSO 2, AMANTE 1, AMANTE 2, ESPOSA, AMADA, SECRETARIA DE “LAS  D. C. G“

-       CALDERÓN DE LA BARCA, LOPE DE VEGA, W. SHAKESPEARE

 

 

 

PRIMER ACTO.- INICIACIÓN

 

(Llegan puntuales a su destino, Tiberio, Tobías y Petra, integrantes de la Compañía  “PETITO“. A lo alto del local se observa iluminado: “CASTING PARA GRUPOS TEATRALES“. Llama a la puerta Tiberio.)

Puerta.- ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!

Ordenanza.-  ¿Quién es? ¿Quién es?

Tiberio.-Me llamo Tiberio, y junto con otros dos, venimos a participar en las pruebas de dramas, fijadas para el día de hoy y a las horas de ahora. ¿Nos puede abrir, señor?

Ordenanza.- Sí, claro. Ya mismo lo realizo. (Abre la entrada, y deja pasar al trío participante.)

La Compañía.- ¡Hola señor! ¡Buenos días!

Ordenanza.- ¡Buenos días! Supongo que tendrían cita para el día de hoy. ¿Podrían enseñarme sus credenciales?

Petra.- Tenga usted nuestro carnet de grupo teatral aficionado. Observe que en letras mayúsculas grafía “PETITO“. Es así como se nos conoce en nuestras tierras, y así nos damos a conocer. Nuestra participación está fijada dentro de media vuelta de saeta horaria, creo recordar. ¿No es así, chicos?

Tiberio y Tobías.- Sí, sí. (Petra continúa con la explicación.)

Petra.- Cuando llamé aquí, hará unos cuantos días, me dijo la señorita que se puso que nuestra actuación empezaría el día de hoy a las 10.30, y son las 10.00. Por lo tanto está próxima.

Ordenanza.- Muy bien. Pasen y alójense en este Salón de recepción. Enfrente tienen un pequeño cafeto donde pueden tomar alguna infusión. Cuando les llegue el momento les avisaré.

La Compañía.- ¡De acuerdo, caballero! Esperaremos aquí hasta la llamada. ¡Adiós!

Ordenanza.- ¡Hasta luego, trío! (El ordenanza sale del Salón, y se dirige ¡Dios sabe a qué misión! Mientras tanto, los muchachos, un tanto ansiosos, se dirigen al bar a dialogar.)

Petra.- Chavales, aún restan unos ratos minuteros para participar. ¿Por qué no nos tomamos algo en el bar, y preparamos nuestro actuar?

Tiberio.- Bien, bien. Dirijámonos ya.

Tobías.- Eso, eso, que estoy un tanto inquieto, y hablar con un café me sedará.  (Avanzan unos metros, y llegan al bareto. Piden tres infusiones, y charlan sin parar hasta que el ordenanza, con la hora alcanzada, les hace la llamada.)

Ordenanza.- ¡Compañía PETITO! ¡PETITO! ¡Entren en el local para el ensayo inicial!

Petra.- ¡Es el momento, compañeros! ¡Adelante, y suerte para todos!

Tiberio.- ¡Valor, y a la res! (El trío se despide del camarero, y raudos llegan al Recinto donde tienen que actuar. El local posee unas dimensiones de aprecio. Nada más penetrar, en el fondo una mesa rectanguloide de unos 6 de largura, donde se ubican los Jurados. Al lado diestro, la tarima de representación, y al siniestro dos compartimentos adosados: uno para evacuar y el otro para cambiarse y descansar.)

Primer Jurado.- ¡Pasen, pasen! ¡Pónganse en la tarima, y les informaremos de las bases de la prueba! ¡Venga! ¡Dense prisa  que hay muchos más esperando! (Los muchachos, ante tales exclamaciones, sufren algunas excitaciones, y se posan en la tarima, enfrentando miradas con los examinadores.)

Petra.- Ya estamos ubicados. Mis compañeros y yo misma esperamos sus explicaciones.

Segundo Jurado.- Ante todo, ¡buenos días! Como ya sabrán, durante esta semana laboral va a haber en este lugar representaciones teatrales de grupos amateurs. La duración de cada uno de ellos no podrá exceder de treinta saetas minuteras por cada día. Al final evaluaremos sus trabajos, y el que resulte ganador, pasará de ser un grupo aficionado y no remunerado, a estar financiado y ser profesional del arte teatral. ¿Lo comprendieron?

Tiberio.- Sí. Parece claro.

Segundo Jurado.- Pues si no tienen ninguna cuestión que realizarnos, pasaremos a la acción. El grupo al que pertenecen se nombra “PETITO“, y la obra que van a interpretar, según los papeles que enviaron acá, se titula “ESPOSOS Y AMANTES PARA UNA MISMA DAMA“. ¿No es así?

Petra.- Sí, es como se denomina nuestra obra. Es de nuestra producción, y ha sido la que hemos elegido. Haremos lo posible para que su duración por sesión no exceda de aquella condición.

Primer Jurado.- Eso es imperativo. Tanto yo como mi compañero poseemos relojes de gran precisión, y cuando llegue el momento de la finalización, se terminará su actuación. Así pues, que ésta inicie. Retóquense si lo desean, y ¡acción!

Los chicos.- Nosotros no necesitamos retocarnos. Es la chica de nuestra Compañía la que precisa unos leves retoques, pues durante la obra pasa de amada a esposada y viceversa, y ello requiere variaciones. (La chica Petra se dirige al receptáculo para los cambios, y en un tris se pone como dispone el guión.)

Petra.- ¡Ya está, señores! Nuestro actuar está listo para iniciar.

Segundo Jurado.- Pues, ¡apaguen las luces exteriores, y quédese iluminado sólo el espacio interpretativo! (El ordenanza obedece, y cumple las instrucciones. Una vez lo realiza, abandona el local para recepcionar a otros más.)

(La obra da inicio. Petra aparece como esposa, y es Tiberio el que interpreta el papel de esposo 1. Se acaban de desperezar, y ya comienza el discrepar.)

Esposo 1.- ¡Caray, querida! Hoy es día festivo, y ha sonado el aparato del despertar.  ¿Es que te olvidaste de apagarlo, aunque sólo fuera por un día?

Esposa.- Son ya las 10.00, y en mi pensar está el disfrutar. Si nos encamamos más, las horas pasarán, y nos aproximaremos sin gozar al mañana del trabajar. Por tanto, yo me alzo ya.

Esposo 1.- ¡Ven aquí, cari! Podemos pasarlo bien sin tener que levantarnos de acá.  (Hace un amago de retención a la esposa. Ésta rehúye la intención, y va directa al aseo. Ahí, vocifera al divisar que lo que busca no lo encuentra en su lugar.)

Esposa.- ¡Oye! ¡Es que no te he dicho que las cremas y demás que son de mi propiedad, no se dejan en otro lugar que en el compartimento de mua! ¡Por ello tenemos dos! ¡Uno para mí y el otro para ti!

Esposo 1.- Sí, es verdad. Te cogí la de suavizar las manos. Ayer tuve un día ruin, y sufrí en ambas las consecuencias de ello. ¿Pero no la dejé en su sitio? (El esposo 1 cuestiona de una manera un tanto pamplinera, sabiendo a la perfección que se olvidó de la lección.)

Esposa.- Pues…, ciertamente no. He ido a buscar la de dientes, y todo estaba muy alterado. Ahora tendré que ordenarlo nuevamente. (Una pausa.)

Esposo 1.- Bueno, ya que he perdido el sueño, voy a levantarme. ¿Quieres que te prepare café y unas tostadas de acompañamiento? (La esposa está encerrada en el baño oyendo sones musicales, y no audia en su oreja lo que le pregunta su pareja. El esposo 1 se alza, se pone el batín, y en la puerta del aseo da un golpeo.)

Puerta del baño.- ¡Pum! ¡Pum!

Esposa.- ¿Qué deseas, caramba? ¿Es que una no puede estar tranquila un solo instante?

Esposo 1.- Te decía si querías un café, más unas tostadas con él.

Esposa.- ¡Eso, eso! Tostadas con manteca para ponernos que dé pena. ¡Hala, hala!  ¡Háztelas para ti, y déjame en paz a mí! (El esposo 1, acostumbrado al increpar de su par, se aleja del lugar, y llega a la cocina. Ahí, prepara su desayunar. Pasan quince saetas minuteras y se deja ver la mujer.)

Esposa.- ¿Por dónde está mi café? ¿Es que no me lo preparaste?

Esposo 1.- Sí, está encima de la mesa. Sólo falta que lo deposites en el vidrio y lo dulcifiques. (De repente, suena el fono de la esposa. Visualiza el número en cuestión, y no es de otro que el de uno de sus dos. Se dirige rauda a su habitación, y da a la puerta un empujón. Ya con intimidad, habla con su interlocutor de amor.)

Esposa.- ¡Hola! Ya estaba inquieta por no recibir tu llamada. ¿Dónde estás ahora?  (Entra en escena Tobías, que interpreta al amante 1. Petra, ya cambiada y  retocada, se transforma en amada.)

Amante 1.- ¿Qué tal, amor? ¿Ya te has levantado y desayunado?

Amada.-  ¡Oh, sí, sí! Puse el despertador, y ya tuve una fricción con el idiota de mi marido. ¡No lo aguanto más! ¡Es pesado, aburrido y no me alza la líbido! Pero no hablemos de él, que por aquí está. Te cuestioné anteriormente por dónde te ubicas en este momento.  Son las 11.00, y si deseas voy a tu hogar ya mismo. ¿Qué te parece?

Amante 1.- Pues no me parece nada mal. Ahora mismo estoy descansando en un banco del parque que está por mi casa. He hecho unas carreras y estoy reposando.

Amada.- ¿Pero has terminado de corretear?

Amante 1.- Sí, ya me dirijo a mi lar. Una vez llegue, me aseo, y en una hora ya estoy preparado.

Amada.- Pues entonces, a las 12.30 estoy allí. ¿No?

Amante 1.- ¡Claro, claro! Ven  aquí, y prepararé una buena bienvenida para ti.

Amada.- De acuerdo. Ya voy allí. (La charla dura más-menos un cuarto de vuelta de saeta horaria, y regresa al baño muy resuelta la muy coqueta. El esposo 1 está inquieto, y da voces por la casa. Se teme lo peor: va a estar sólo el resto del día el muy perdedor.)

Esposo 1.- ¡Mujer! ¡Mujer! ¿Adónde te has metido esta vez? ¿Es que estás en el aseo nuevamente? (La esposa oye las voces, abre la puerta y grita.)

Esposa.- ¡Sí, aquí estoy embelleciéndome!  ¿Es que no sabes otra cosa  que vociferar?

Esposo 1.- ¡Oh, querida! ¡Qué gusto! Poniéndote atractiva para darnos una vuelta por los jardines de alrededor. ¡Es lo que deseaba!

Esposa.- ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ¡Pero qué bobo eres! No es a ti a quien quiero embelesar, sino es al mundo en general.

Esposo 1.-  ¡Ah, buenooo…! (Hay resignación en su pronunciación. La esposa regresa a la habitación y cierra la puerta de un empujón. El esposo 1 vuelve donde su esposa se está poniendo  hermosa. Toca a la puerta muy sedosamente, y la dama sale toda perfumada y engalanada.)

Puerta.- ¡Toc! ¡Toc! ¡Toc!

Esposa.- ¡Ya salgo!

Esposo 1.- ¡Ostras, querida! ¡Qué guapa te has puesto! ¿Es que vas a alguna recepción de gala? (La esposa no quiere decir la verdad, y continúa la ligazón de su marido cándido y tontorrón.)

Esposa.- ¡Claro! ¡Ya te lo dije esta semana! Hoy hay una reunión de todas “las Damas de la Cruz Gamada”.  Creo que durará hasta bien entrada la noche. Por consiguiente, no me esperes para el papeo diurno ni para el nocturno. Sobre las tantas llegaré.

Esposo 1.- Pues no creo recordar que me lo dijiste, pero si lo afirmas, verdad será.  (Toda arreglada, algo escotada y muy bien perchada, la esposa se dispone a abandonar el hogar, e irse al sitio del gozar. El esposo 1 está confundido y aturdido, pero no le queda otra que esperar hasta la hora del soñar.)

Esposa.- Bueno, querido, hasta más ver. Son las 12.00 y me tengo que marchar ¡ya!

Esposo 1.- Un beso sí me darás, aunque sea en la mejilla y nada más.

Esposa.- Si es ese tu deseo, ahora está cumplido. (La mujer le da una acaricia por el cogote, y deja posar sus labios en la faz del varón, con una leve fricción.)

Esposo 1.- ¡Adiós cariño! ¡Que tengas buena reunión con tus amigas de salón!

Esposa.- Eso espero. ¡Hasta luego! (Se despiden los dos: él con preocupación, y ella con excitación.)  (Los relojes de los Jurados, calibrados y preparados, suenan al unísono. La función ha concluido.)

Jurados.- ¡Tiempo! ¡Ya es la hora! ¡Finalización de la representación!

Petra.- ¡Muy bien! El primer pasaje ha cumplido su viaje. Hay que ver lo rápido que se me ha pasado. ¿A vosotros también, compañeros?

Tiberio y Tobías.- Sí, sí, claro. El actuar es similar al soñar.

Primer Jurado.- Desvístase, señorita, y dejen pasar a los siguientes. Mañana, a la misma hora, continuaremos. Así pues, ¡hasta luego!

La Compañía.- ¡Hasta mañana, señores! (Tiberio, Tobías y Petra abandonan el local, y se disponen a papear en el lugar del descansar, o sea, el Hostal.)

Tiberio.- ¡Uff, qué hambre poseo! Sería capaz de tragarme lo que me dieran. ¿A vosotros no os sucede lo similar?

Tobías.- A mí, desde luego. Los nervios me dan por aumentar el umbral de mi saciedad. Yo voy a pedir ¡un toro!

Tiberio.- Pues yo, ¡una vaca!, y así nos complementamos.

Petra.- ¡Dejad de decid estupideces!, y pedid lo que el menú nos indique. Sabéis que de bolsillos andamos regular. Yo de lo que diviso, de primero quiero una sopa de mero, y de segundo “bolletus menudos“, y así descubriré de qué se trata.

Tiberio y Tobías.- Nosotros lo mismo, Petra, y de esta manera el camarero no sufrirá mareos. (El servidor del bar les toma la anotación, y al poco rato les sirve lo pedido. En el acto de la alimentación, los tres dialogan de la interpretación.)

Petra.- He notado que tanto en los diálogos, como en los movimientos, hemos estado algo timoratos, y los Jurados, creo, lo han notado y anotado. Tengo esa sensación.

Tiberio.- Es que sin público, y en un local tan grande, se hace dificultosa la actuación.

Petra.- Pero así va a ser en lo sucesivo. Tenemos que esmerarnos más en ambas facetas: la conversación y la animación. ¡Ay, si W. Shakespeare levantara la testa! ¡Cuánto nos ilustraría!

Tiberio.- No te olvides de mi maestro: don Pedro, el autor de ensueño de “La vida es sueño“. Él también nos adoctrinaría. (Entra en la charla Tobías, con ganas de nombrar a su ídolo del interpretar.)

Tobías.- Y el mío no lo apartéis, que hasta el mismísimo don Miguel lo tenía como el  “rey“ de los dramas, comedias y así: el llamado “Fénix de los ingenios“, o sea, Lope de Vega, don Félix.

Petra.- Ya que nos hemos descubierto en nuestros gustos, espero que mejoremos en los días venideros. De otra manera, no veo posibilidad de alcanzar la profesionalidad.  (Súbitamente, Tiberio plantea una solución, en plena digestión.)

Tiberio.- Acaba de sedimentar en mi cabeza una idea. Si la base de la interpretación es la conversación, con la adición de la animación, y tenemos que mejorar en las dos, podíamos invocar a los tres esta noche, y que nos den la primera lección para la próxima sesión. ¿Qué os parece?

Petra.- Pero cuando dices tres, ¿te estás refiriendo a nuestros mitos?

Tiberio.- Por supuesto, amiga. Ellos saben de nuestros defectos, y serían capaces de perfeccionarlos, hasta el extremo de eliminarlos. Comenzaríamos en la noche de hoy, y aún restarían otras dos, para ser unos actores y actriz de postín.

Petra.- ¿Pero cómo conseguimos que aparezcan? Están finados hace tiempo, y sus almas estarán ya con mucha calma.

Tiberio.- He leído muchos volúmenes sobre apariciones y desapariciones, y todo se basa en la confianza; si creemos que nos van a aparecer, surgirán y nos auxiliarán. Además,  ¿qué podemos perder? Lo intentamos cuando nos acostemos, y antes de caer en la ensoñación, los invocamos con toda nuestra pasión. Una vez estemos dormidos, los espíritus de nuestros ídolos aparecerán, y junto con los nuestros, darán las lecciones teatrales. Por la mañana nuestra actuación subirá un escalón. ¡Ya lo veréis!

Petra.- Es interesante lo que planteas, Tiberio. Es cierto que no perdemos nada si no surge nada. ¡Lo haremos, amigo! (Al fin, entra en la conversación Tobías, y no hace más que ratificar lo dicho por el par.)

Tobías.- Me parece una idea genial, Tiberio. Ya mismo quiero que llegue la hora del dormir, y que me aparezca el sr. Lope de Vega. ¡Qué emoción! (El reloj del bareto, sito en lo alto del mostrador, muestra que es la hora de la finalización de la digestión: 16.00. El trío se despide, y cada cual se dirige a realizar actividades dispares en lo que resta del día: Tiberio a su habitación, para practicar la lectura y escritura, Tobías a reposar, y más tarde corretear, para bajar de una vez, su maldito stress, y Petra a pasear y reflexionar, hasta alcanzar la hora del cenar. Eso sí, quedan a una hora fija para dormir, y que todas las almas fluyan como una sola llama.)

Petra.- Ya está dicho todo. Yo voy a caminar por esta ciudad, y ello me ayudará en mi pensar. Luego cenaré en cualquier lugar.

Tiberio.- Sí, sí. Cada uno que haga lo que le dé la gana hasta la hora del descansar. Ahí tenemos que fijar la hora para que los tres nos acostemos a la vez, y tanto los espectros de nuestros maestros, como los nuestros, se encuentren, y entre los seis interpreten, y así mejorar en nuestro actuar.

Tobías.- ¡Perfecto! ¿Y qué hora señalamos, Tiberio?

Tiberio.- Las 00.00 es una hora lógica y mágica. Creo que es la que debe ser.

Petra.- ¡Muy bien, Tiberio! Yo había pensado la misma. Veo que estamos compenetrados. Así pues, a las 00.00 ¡todos a soñar, muchachos!

Tobías.- ¡Eso, eso! A las 00.00.

Tiberio.- ¡No te olvides, Tobías!

Tobías.- No me olvidaré, Tiberio.

Petra.- Eso espero, amigo. Dicho ya todo, ¡hasta mañana, pues!

Tiberio.- No, Petra. ¡Hasta las 00.30 más-menos! A esa nuestras almas se hablarán, y por tanto, nuestros cuerpos se encontrarán.

Petra.- Es cierto, Tiberio. Hay que creer firmemente en ello, para que sea verdadero.  ¡Se me había olvidado! Espero que no se repita. ¿Y tú Tobías? ¿Te acuerdas de lo dicho?

Tobías.- ¡Oh sí, Petra! ¡Hay que creer firmemente en que aparecerán, y ello resultará!  ¡No se me había ido de la sesera!

Petra.- Pues eso, ¡hasta luego, compañeros!

Muchachos.- ¡Hasta pronto, Petra! (Definitivamente, cada uno va por su camino hasta el momento del evento: las 00.00 nocturna. Y ésta se aproximó. Son las 23.30, y Petra fonea a Tiberio. Este hará lo propio con Tobías para recordarle la hora del encuentro con los maestros.)

Fono de Tiberio.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng! (Y así hasta casi llegar al rato minutero del descolgar.)

Tiberio.- ¡Ya voy! ¡Ya voy! ¿Quién es a estas horas taciturnas?

Petra.- Tiberio, ¡es que no te fijas cuando descuelgas el instrumento! Soy yo, Petra.

Tiberio.- ¡Dime! ¡Dime! ¿Qué deseas en este momento? Me has pillado tumbado en el descansacuerpos. Estaba un poco aventurando y madurando nuestro ensayo de mañana.

Petra.- Te foneo para advertirte que son las veintitrés horas ya pasadas, y nos aproximamos a la hora invocadora.

Tiberio. – Sí, ya lo tengo en cuenta. También tengo pensado fonear ya mismo a nuestro amigo Tobías, y recordárselo asimismo. ¿Sabes cómo actuar en esto del invocar, Petra?

Petra.- Pues era otra cuestión que quería plantearte. Según tengo entendido, por lo poco que he leído, lo primero que hay que efectuar es creerlo de verdad. Más tarde, concentrarte fuertemente en la persona saliente, para que finalmente, el ánima de aquella salga del letargo y venga a ilustrarnos. ¿Es así, Tiberio?

Tiberio.- ¡Exacto! ¡Has aprendido bien la lección! ¡Tu sajón saldrá del cajón! ¡Ya lo verás!

Petra.- Eso espero y deseo. Pero, ¿y Tobías? ¿Sabrá hacerlo correctamente? Son varias fases, y ya conoces sus pocas luces. ¡Llámale ahora mismo, e instrúyele adecuadamente, Tiberio!

Tiberio.- Es lo que voy a efectuar nada más colgar. ¡Hasta dentro de poco, Petra!

Petra.- ¡Hasta las 00.30, Tiberio! (Tiberio, una vez cuelga con Petra, raudo se dispone a fonear a Tobías, y lo hace, o sea.)

Fono de Tobías.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng! (Tobías descuelga su fono, y observa que el interlocutor es su amigo del cor: Tiberio.)

Tobías.- ¡Hola, Tiberio! ¿Qué deseas a estas horas?

Tiberio.- Pues recordarte que estamos próximos a la cita mágica, y no sé qué practicas.

Tobías.- Estaba desvistiéndome para encamarme, aunque primero debo sanearme.

Tiberio.- Muy bien, Tobías, porque son las 23.50, y dentro de diez saetas minuteras, habrá que forzar con el pensamiento el alzamiento de tu maestro. ¿Estás en disposición de ello?

Tobías.- Sí, sí. He visualizado algo de apariciones, y he aprendido algunas lecciones. Según los doctores en estos saberes, lo primero es tener mucha fe en lo que se va a hacer; lo segundo, es pensar en  el espíritu que se va a despertar y, ya lo tercero, saludarlo, y nada más.

Tiberio.- ¡Perfecto! ¡Maravilloso! Creo que estamos bien adoctrinados los tres para que esto resulte. No te entretengo más, Tobías. ¡Hasta dentro de muy poco, compañero!

Tobías.- Sí, eso. ¡Hasta luego, Tiberio! (Los tres se acostaron puntuales, y más-menos a las 00.30 empezaron las apariciones. Los primeros en salir fueron los nacidos en Madrid, esto es, don Pedro y el “Fenix de los ingenios“, y a continuación hizo su aparición el anglosajón.)

Calderón de la Barca.- ¡Caray! ¡Qué observo! ¡Una habitación con todo en condición!  ¿Y esto qué es? (Don Pedro divisa un diario en un apoyanalgas, lo hojea y lo deja, sin saber si se trata de una obra literaria ó de una maniobra malvada del inquisidor Torquemada.) ¿Y aquello? ¿Pero dónde estoy? ¿Es que me he vuelto un tanto revuelto? (A continuación aparece Lope, y dialogan los dos, ya con más calma ambas almas.)

Lope de Vega.- ¡Por Dios! ¡Qué ven estos dos! ¡Si es Pedro! ¡Y también Calderón!

Calderón de la Barca.- ¡Félix! ¡Tú por ahí! ¡Y yo por aquí! ¿Pero qué hacemos ambos? ¿No habíamos finado hace más de tres centenarios?

Lope de Vega.- ¡Claro y evidente, dramaturgo creyente! Pero no somos nosotros en realidad, sino nuestros espectros en la virtualidad.

Calderón de la Barca.- ¿Y cómo lo has reconocido, Félix?

Lope de Vega.- ¡Ay, Calderón, Calderón! ¡Sigues siendo un tanto tontorrón! Simplemente me he tocado de arriba abajo, y no he sentido nada, ni en lo alto ni en lo bajo. Somos ánimas, almas y así, pero sin nada sólido, pues nuestro cuerpo se extinguió cuando el corazón se paró. Pero, ¿y qué hacen nuestros espectros en este cuarto, y en secreto? (Al concluir la cuestión, entra en escena el sajón.)

W. Shakespeare.- ¡Oh, God! ¡My friends Peter and Félix! ¿How are you?

Calderón de la Barca.- ¡No puede ser! ¡Si es Guillermo en persona!

Lope de Vega.- Perdona, Pedro. Es Guillermo en alma. ¡No te olvides de ello!

Calderón de la Barca.- Cierto. Es su espíritu, que no su cuerpo. ¡Pero qué casualidad! Los más grandes en el arte dramático, aquí reunidos. ¡Dios sabe en qué año!

Lope de Vega.- Pues ahora te lo digo. (Agarra el diario, observa la data y lo anuncia.) Estamos en el año 2009. ¡Hemos pasado el milenio! ¡Esto es milagroso!

Calderón de la Barca.- ¡Y piadoso!

W. Shakespeare.- Para ser esa fecha, me siento bien, y con ganas de ilustrar en el arte de actuar.

Lope de Vega.- A mí me sucede igual.

Calderón de la Barca.- Y a mí. (En este momento, surgen las almas de los tres aprendices en dramas. Comienza la primera lección de la interpretación.)

Petra.- ¡Uy, qué bien me siento! ¡Ya estoy en flotación! ¿Y mis colegas de sesión?  (Súbitamente, los espectros de los compañeros aparecen en el salón, cual dos ánimas ávidas de actuación.)

Tiberio.- ¡Ya estoy aquí, dispuesto a escuchar a tres maestros de verdad!

Tobías.- ¡Y yo aparezco ahora, simulando una aurora!

Petra.- ¡Hola, muchachos! Ha sido una realidad lo ideado por Tiberio. No sólo estamos los tres, sino nuestros ídolos teatrales han surgido espectrales.

Tobías.- ¿Pero dónde están, que no los ubico? (Al oír la cuestión, aparece en el centro su maestro: el mayor productor de versos de todo el Universo.)

Lope de Vega.- ¿Tobías?

Tobías.- Sí, así me nombro.

Lope de Vega.- Soy Félix, ó lo que es similar, el Sr. Lope de Vega.

Tobías.- ¿Es usted en persona, señor?

Lope de Vega.- Yo mismo soy, aunque no en físico sino en metafísico.

Tobías.- Pues encantado de conocerle en metafísico, señor.

Lope de Vega.- El encanto es mío, porque de otro modo he nacido. Creo que hemos venido a ilustraros, como si fuéramos magos. ¿No es así?

El resto a la vez.- ¡Sí, eso es! Hoy empieza la función del adoctrinamiento en el arte del interpretar. (Acto seguido, cada cual se saluda, en primer lugar con su maestro, y a continuación con el resto.)

Petra.- Bueno, ya que nos hemos reconocido y conocido, empecemos la sesión. Mister Shakespeare, en nuestra primera función tuvimos fallos de toda condición. ¿Por dónde empezaría vos?

W. Shakespeare.- Creo, según tengo entendido, que son tres las sesiones a ofrecer. Esta, que es la primera, la podemos dedicar al difícil campo de las exclamaciones y sus reacciones. En el drama y en la comedia son muy frecuentes, y por ello hay que dominar esa faceta del dialogar. ¿Qué os parece a vosotros, Pedro y Félix?

Calderón de la Barca.- Es cierto, Guillermo. En todas mis comedias, y también en las tragedias, las he utilizado con abundancia, por el ritmo que ofrecen, y es lo que hoy podemos ilustrar.

Lope de Vega.- Pienso lo idéntico. La exclamación en el teatro es como el pan en la comida: sin ellos no hay vida. ¡Empecemos a exclamar y a rectificar!

Tiberio.- Maestro Pedro, comienzo yo. Si digo ¡amor mío!, ¿cómo debe se el tono y la expresión en esta exclamación?

Calderón de la Barca.- Buena expresión, alumno Tiberio. El amor es un tema muy dado en el arte dramático, tanto en lo cómico como en lo trágico. Hay que tener en cuenta el receptor al que se dirige tal exclamación. Si el emisor es una dama, la entonación debe ser mayor al ser un varón el receptor, ya que el sentimiento es mayor en aquella. En cuanto a la expresión, por tradiciones y costumbres, el macho es más inexpresivo en estos temas que las hembras. Por ello, si el emisor es el varón, lo entonará con menos pasión y, asimismo, con menos dulzura y ternura. La dama, en cambio, al recibir tal exclamación, lo que debe de realizar es expresar, y nada más.

Tiberio.- ¿Qué ha querido decir con la última frase, don Pedro?

Calderón de la Barca.- Muy sencillo, Tiberio. La dama recibe lo que espera, pero con exclamación, es decir, con alta pasión, y ello impide la conversación y deja paso al corazón. ¿Lo has comprendido ya?

Tiberio.- Sí, creo que sí. Si el varón recibe la exclamación, no se queda en sedación, sino que continúa con el habla en el drama; pero si es la dama la amada, se queda pasmada y entusiasmada. ¿No?

Calderón de la Barca.- ¡Perfecto! ¡Es lo que quería ilustrar! ¿Lo habéis entendido los demás?

Petra.- Sí, maestro. El tema del amor exclamado, tan bien explicado, ya ha sido por mí, aprendido y absorbido.

Tobías.- ¡Y por mí! ¡Ha sido una buena primera lección, en esto de la exclamación! Ahora, vayamos a la segunda. Don Félix, denos el segundo aprendizaje en este primer día de pasaje.

Lope de Vega.- Muy bien, Tobías. Tú me has invocado, y yo obedezco como un amado. Voy a aleccionaros en las exclamaciones de las bienvenidas y las despedidas. Ambas dos, son muy corrientes en las obras, y hay que dominarlas para bien interpretarlas. Las bienvenidas con exclamación denotan satisfacción, y ello es lo que hay que expresar al actuar. Pueden ser varias, pero las más usadas son ¡hola!, ¡qué tal!, ¡buenos días, ó tardes, ó noches!, y así. Si el que exclama una bienvenida la realiza a alguien de mucha confianza,  se debe de utilizar el ¡hola! Entre estas gentes, estarían nuestros seres queridos: amada, amado, progenitores, hermanos y amigos. (En este momento, Tobías interrumpe a su maestro, y le cuestiona.)

Tobías.- Pero don Félix, entre estos, no ha incluido a los esposos. ¿Es que no son de confianza?

Lope de Vega.- Cierto, Tobías. Estás atento, y ello me pone contento. Fíjate que un matrimonio es como un manicomio. Al principio va bien, para después entrar en el hábito del enfrentamiento, por pasar tanto tiempo con tu complemento. Ello lleva al hastío y al enfriamiento, y también al alejamiento; por tanto deja de haber confianza, y se pasa al siguiente escalón, al cual pertenecen la gente del montón.

Tobías.- Entonces, a estos se les aplicaría la siguiente exclamación. ¿No es así?

Lope de Vega.- ¡Maravilloso, muchacho! Es lo que iba a decir a continuación. Para la gente ya sin mucha confianza, se utilizaría la expresión ¡buenos días, tardes ó noches!, pero nunca ¡hola! Esta es la cuestión. Por último, queda la tercera exclamación, es decir, ¡qué tal! Esta es aplicable tanto a unos como a otros. Si hay confianza en el receptor, se puede exclamar ¡qué tal!, igual que si no la hay. Ambas no estarían mal. ¿Lo habéis entendido todos?

Resto del plantel.- ¡Sí, maestro!

Lope de Vega.- Pues vayamos a las despedidas, que son más sencillas. Pueden ser varias, del tipo ¡adiós!, ¡hasta pronto!, ¡hasta luego!, y así. La única que denota frialdad, y la que hay que usar para despedirse de forma definitiva, o bien de físico ó bien de psíquico, es ¡adiós! Esta se utiliza para indicar a la persona receptora, que no será bien recibida si hay una nueva venida. Si la receptora es sensata, todo ello lo capta, y dejará de ser ¡por fin! ingrata. Las demás exclamaciones son de perfil similar, y se pueden usar en las despedidas de modo formal ó informal, da igual. ¿Ha estado clara la lección, muchachos?

Resto del plantel.- ¡Sí, maestro! (Entra en acción Petra, ya que su ídolo teatral es el que queda por dar la última lección en esto de la exclamación.)

Petra.- Ahora le toca al mío, el gran anglosajón, sir William Shakespeare. ¡Adelante,  master!

W. Shakespeare.- Gracias, Petra. No lo merezco. Tanto Pedro como Félix son grandes dramaturgos, y no alcanzo a estar por encima de ellos. Pero vayamos a la lección de la exclamación. Yo voy a intentar adoctrinaros en las exclamaciones de la afirmación, la negación y la neutralización. En el teatro, tanto de risa como de llanto, se usan mucho, y hay que dominarlas para más tarde bien interpretarlas. Me estoy refiriendo al ¡sí!,  ¡siempre!, ¡no!, ¡nunca!, ¡jamás!, ¡bueno!, ¡regular!, ¡así, asá!, ¡está bien!,  ¡está mal!, y demás.

Petra.- Podía empezar, maestro, por las negaciones en las exclamaciones.

W. Shakespeare.- Si vos gustáis en ello, no seré yo quien diga ¡no! Os habéis fijado, ya la he nombrado. Si, como en este caso, va dirigida a un ser querido, ó, por lo menos, no malnacido, el tono no debe ser de alto son, y la expresión tampoco debe de ir acompañada de una testa malhumorada; si, por contra, la negación va a una persona que le tenemos gana, la pronunciación debe  ser alta y directa, para que aquella se dé cuenta, y la cara debe  acompañar con gestos de una mala faz. ¿Lo vais entendiendo, zagales?

Muchachos.- Desde luego, maestro. ¿Y las demás? ¿Son similar?

W. Shakespeare.- ¡Of course! El ¡no!, es la negación del primer escalafón, pero el resto es igual en lo esencial; así, pues, los ¡nunca!, ¡jamás!, y demás son de perfil idéntico en esto de lo dramático. Una particularidad nos la da aquellas dos; deben de ir en solitario, puesto que si las adicionamos en una sola exclamación, pasamos a la segunda clase: la afirmación. ¿Entendéis esto último?

Petra.- Yo lo intuyo, pero preferiría que os extendierais en la explicación de la última expresión. ¿Vosotros lo habéis comprendido, amigos?

Tiberio.- Yo sí, porque en mis estudios de chaval, la ciencia numeral era una de mis preferencias, y recuerdo que una negación sumándole otra negación, son convertidas en una afirmación.

W. Shakespeare.- ¡Magnífico, Tiberio! ¡Es justo lo que quería mostrar! (De repente Tobías, cuestiona al sajón, al perderse en la ligazón.)

Tobías.- Mister, ¿podría repetirlo una vez más, aunque sólo fuera para mua?

W. Shakespeare.- ¡Claro, Tobías! No faltaría más. Si yo pronuncio ¡nunca!, es evidente que es una negación de toda condición. Asimismo, si yo grito ¡jamás!, está claro que el hecho o la acción ya no se verán más, pero si yo digo ¡nunca jamás!, convierto a las dos en una afirmación. Es esta la lección. ¿Lo habéis aprendido ya?

Petra.- Yo sí, y es ¡estupendo! ¡Me parece genial, esto de mezclar unas palabras con las demás! ¡El significado varía! ¡Y es una alegría!

Tiberio.- ¡Y a mí me parece igual!

Tobías.- Pues hasta yo, de poca comprensión, he entendido la lección.

Petra.- ¿Pero va a continuar con el arte de afirmar, sir William?

W. Shakespeare.- ¡Yes, Petra! Aquello me ha dado el inicio para las exclamaciones de las afirmaciones. La más usada, por lo sintética que resulta, es la ¡sí¡, que sería igual que el  ¡no!, pero de sentido inverso. Por tanto, todo lo dicho en aquella negativa, sirve para esta afirmativa, eso sí, invirtiendo todo el camino. Después estarían las similares, como ¡siempre!, ¡muy bien!, ¡excelente!, y así. En estas, la explicación valdría lo dicho en la negación, también en dirección invertida, pero con la notoria diferencia de la suma de dos de ellas en una sola exclamación. En este caso, si adicionamos, p. ej., ¡siempre!, y  ¡excelente!, en una sola, nos quedaría ¡siempre excelente!, la cual sigue siendo una expresión afirmativa, y, además, superlativa. ¿Veis la diferencia, muchachos?

Petra.- ¡Muy bien, maestro! ¡Es todo un genio, no sólo del interpretar, sino además en el adoctrinar! ¡Gracias, señor!

W. Shakespeare.- Bueno, bueno. Acá estamos para ello, y en ello nos estamos centrando. ¿Los demás lo habéis captado? (La cuestión es para los chicos, aunque el británico se dirige en la mirada a Tobías, que está más en sus cercanías.)

Tobías.- Sí, maestro. Se explica muy bien, y el arte de la exclamación con síes, ha sido por mí digerido.

Tiberio.- ¡Y por mí, sir William! Pero, ¿queda algo más que explicar?

Petra.- Creo recordar que las expresiones de lo neutro, ¿no, maestro?

W. Shakespeare.- Cierto, amiga. Veo y detecto que estáis muy atentos, y ello es muy bueno para el aprovechamiento de estas lecciones de maestros. Efectivamente, como comentaba Petra, restan las exclamaciones de las neutralizaciones. Estas no tienen secretos, porque se dicen y expresan indistintamente, caigan bien ó caigan mal, tanto las personas del hablar, como las gentes del escuchar. Entre estas tendríamos ¡bueno!, ¡está bien!, ¡regular!, ¡me da igual!, y demás. De todas, nos centraremos en las dos primeras. Si yo pronuncio ¡bueno!, alguien podría pensar que se trata de una afirmativa, pero si le doy una entonación con cierta resignación, o sea, ¡buenooo…!, es claramente una exclamación indiferente, al igual que ¡está bien!, que para que sea del tipo de las neutras, habrá que expresar ¡está bieennn…!, en son, asimismo, depresivo. Son las únicas que entrañan alguna dificultad. El resto, como decía, se pueden pronunciar tanto en el sentido del sí como del no; habría que fijarse en lo demás del texto teatral.

Con todo esto, amigos, ha concluido la sesión de la lección. ¿Qué os ha parecido? ¿Lo habéis comprendido?

Petra.- Por ello, es usted mi maestro. ¡Ha estado genial y celestial! ¿No os lo ha parecido, compañeros?

Chicos.- ¡Desde luego, Petra! ¡Ha sido toda una lección de un gran anglosajón!

Calderón de la Barca.- Bueno, pues el primer día de adoctrinamiento ha llegado a su finalización. ¿Mañana la alzada será a la misma hora?

Petra.- Sí, don Pedro. A las 00.30 apareceremos los seis espectros, y la segunda dará comienzo. ¡Hasta mañana pues, maestros!

Maestros.- ¡Hasta mañana a las 00.30, zagales! (Siendo la hora ya madrugadora, los espíritus desaparecen, y el día nuevo da comienzo.)

 

 

 

 

TELÓN

 

 

 

 

 

SEGUNDO ACTO.- CONTINUACIÓN

 

(Se alzan de sus descansacuerpos respectivos, y quedan en el bar del Hostal a preparar el segundo día del interpretar. Son las 9.00 o,clock.)

Petra.- ¡Buenos días, Tiberio! ¿Has descansado plácido?

Tiberio.- ¡Buenas, Petra! No sólo he dormido plácido, sino también por ello mi ánimo ha escalado, y siento que hoy va a ser la inflexión de nuestra actuación. Incluso ahora, que no hay función, noto por todo mi interior a un gran actor. (En este instante entra Tobías, con ganas de empezar ya.)

Tobías.- ¡Hola muchachos! ¡Qué bien me encuentro! ¡Estoy con seguridad que vamos rectos a la profesionalidad! ¡Y aún nos quedan dos!

Petra.- ¡Alto, Tobías! ¡No te precipites, ni te excites! Sólo ha sido un primer contacto, y dentro de poco veremos si nuestra lección ha surtido efecto en nuestro proyecto.  ¡Frialdad ante todo, amigo!

Tiberio.- Eso, eso. Frialdad para que haya genialidad. Tened en cuenta que debe de haber simultaneidad entre lo dicho y lo hecho, esto es, entre la conversación y la animación. ¡Esa es la cuestión!

Petra.- Estoy de acuerdo.

Tobías.- Y yo.

Petra.- Bueno, pues ya que hemos desayunado y hablado, y puesto que mi marca-horas indica que son las 9.45, vámonos al lugar del actuar, o sea, el “CASTING TEST LOCAL“. ¿O.K?

Masculinos de la Compañía.- ¡Adelante! ¡Valor y al toro!

Petra.- ¡Y a la vaca! (Raudos, salen del Hostal y llegan al local. Apenas 30 de separación, eso sí, con alguna elevación. Al alcanzarlo, Tobías toca el botón que actúa de anunciador.)

Botón.- ¡Ding! ¡Dong! ¡Ding! ¡Dong!

Ordenanza.- ¡Ya voy! ¡Esperen un instante, que estaba con otros actuantes! ¡Ya voy!

(Al fin, el ordenanza apertura la entrada.)

Petra.- ¡Hola, señor! ¿Se acuerda de nosotros? (El ordenanza, en un primer momento, se hace el muerto, para después reaccionar y saludar.)

Ordenanza.- Sí, sí. Ya lo recuerdo. Son ustedes “Pe…..” “Peto…” (Pausa de pensar y…) ¡Ya está! ¡Claro! Son “PETITO“ . ¿Cómo están, muchachos? Hoy es el segundo, y aquí empieza lo duro. Espero y deseo que estén mejor, porque de otra forma, veo a un trío perdedor, y a mí me han caído óptimo.

Tiberio.- ¿Es que ha notado algo en los Jurados que le de esa impresión?

Ordenanza.- No sólo lo he notado, es que además he visualizado lo anotado, y en la hoja donde se ubican ustedes hay muchos signos negativos, y esto no puede ser bueno.

Petra.- ¡Desde luego que no! ¡Ya os lo dije el primer día! Mi sensación en aquel fue de muy bajo nivel, pero hoy subiremos y anularemos los menos, y empezaremos a acumular sumandos, que nos den el mando. ¿Es así, compañeros?

Compañeros de la Compañía.- ¡Así va a ser, amiga! ¡Vamos directo al triunfo! ¡No lo dudamos!

Ordenanza.- ¡Vale, vale! No se precipiten, ni exciten. Por mi reloj son las 10.10, y tienen prevista su participación a las 10.30. Aún queda un resto; por consiguiente, tómense algo, y esperen. ¡Ya les llamaré!

Petra.- Muy bien, señor. Ahora mismo lo realizamos, y esperaremos con calma su llamada.

Tobías.- Eso, que quiero algo tomar y también hablar, para mi mente sedar.

Tiberio.- ¡Pues vámonos ya! (El trío entra en el bareto, se toman tres cafetos, y antes de abonar, reciben el aviso de su inicio.)

Ordenanza.- ¡PETITO! ¡Compañía PETITO! ¡Hora de su comienzo!

Compañía.- ¡Ya vamos! ¡Ya estamos! (El ordenanza les abre, y se disponen en la tarima. Después de los saludos, los Jurados les advierten que tienen que perfeccionar su actuar, pues, de otra manera, no habrá tercera.)

Petra.- ¡Buenos días, caballeros!

Jurados.- ¡Buenos días, muchacha!

Muchachos de la Compañía.- ¡Buenos días, señores!

Jurados.- ¡Buenos días, muchachos!

Primer Jurado.- Bueno, ya que están ubicados en posición, voy a aclararles alguna cuestión. Su primera sesión por el día de ayer, tuvo muchas lagunas, y según las bases de la prueba, si en la segunda función hay también resbalón, no habrá ya tercera: es la conclusión. ¿Lo han entendido correctamente?

Petra.- Sí, señor. Yo muy correctamente.

Tiberio.- Y yo también idénticamente correcto.

Tobías.- Yo no tanto, caballeros, ya que en nuestra primera, actuamos, finalizamos y después abandonamos, pero en ningún momento nos dijeron nuestro mal actuar en el ensayo inicial. ¿Hoy sí se hará?

Primer Jurado.- Correcto, zagal. Hoy, día segundo, sí  que al final se os dirá si hay continuación ó terminación. Con la primera habrá posibilidades, pero con la segunda sólo habrá penalidades. ¿Ha entrado en la sesera ya?

Tobías.- Sí, señor Jurado. Ya estoy avisado.

Jurados.- Pues prepárense para interpretar. En el día de ayer, se quedaron en la escena de la esposa con el amante 1, en casa de éste. ¿Es así?

Petra.- Así es.

Jurados.- Pues ya que están listos y preparados, ¡apaguen las luces exteriores!, y  ¡función!

(La segunda escena da comienzo. Petra, ¡no cabe otra!, sigue haciendo de amada, y Tobías de amante 1. La amada llega al lar del amante 1, y toca al portal .)

Portal.- ¡Toonng! ¡Toonng!

Amante 1.- ¡Ya abro, amor! ¡Ya voy! (Abre la puerta, y entra Petra muy dispuesta.)

Amada.- ¡Hola, mi don! ¡Qué ganas tenía de visualizarte!

Amante 1.- ¡Sólo de eso! ¡Qué desilusión, mi bombón!

Amada.- Es una forma de hablar, nada más. Sabes que dentro de mí hay un volcán con ganas de explosionar. ¡Ya lo verás!

Amante 1.- Eso deseo, porque a mí me sucede lo similar. Pero pasa, y acomódate en esta Sala del “lote“. Acá tienes un cómodo descansacuerpos, donde caben no uno sino dos.

Amada.- ¡Ostras! ¡Qué cómodo es! ¡Es ideal para luchar con el stress! Seguro que aquí se ha posado alguna muchacha en alguna buena racha y se ha puesto ardiente, convirtiéndose en la bella durmiente. ¿No es así, amante?

Amante 1.- Mira que las señoras sois suspicaces e inseguras. Lo adquirí sólo para ti, criatura.

Amada.- Bueno, bueno. Eso se lo dirás a todas, incluida una servidora.

Amante 1.- ¡Que no es así, mi señora!

Amada.- ¡Vale, vale! Dejémonos esta pequeña discusión en este cómodo salón. ¡Vamos a la cuestión! Me apetece algo de líquido, mi señor.

Amante 1.- ¿Líquido que suba la líbido, ó que lo deje mantenido?

Amada.- Esta la tengo aumentada, porque soy tu amada, pero un poco más, no estaría mal. ¡Sí, venga! Algo fuerte y embriagador, que me aumente el calor, y que me encamine a efectuar bien el amor.

Amante 1.- ¿Te parece bien un vidrio de cava  de una buena saga?

Amada.- ¿Catalana?

Amante 1.- ¿El qué?

Amada. – La saga, querido. Un cava de cuna catalana es como una paella de matriz valenciana. Son lo primero de lo mejor en el Reino del Creador.

Amante 1.- Pues está dicho, y ahora hecho. ¡Ten amada! Riega tu bella garganta con este elixir de santa, y luego me dices.

Amada.- ¡Gracias amor! ¡Allá voy!

Amante 1.- Y yo. (Ambos están cómodos y adosados, el uno con la otra, y ésta con aquel; hacen un brindis con las copas, se introducen los líquidos espumosos y, ya muy marchosos, juntan los labios, sacando lo musculado. El calentamiento ha iniciado. Están así unas diez saetas minuteras, besando y tocando, cuando él decide tomar el mando.)

Amante 1.- ¡Caray querida! ¡Estoy saliente y muy ardiente!

Amada.- A mí me sucede lo equivalente.

Amante 1.- Son las 13.30, y antes de la alimentación, podríamos tener la primera encamación. ¿Qué te parece, amor?

Amada.- Me parece lo mejor. La comida que da vida puede esperar, pero la que da placer, es todo un revés, si se deja para más ver. Así pues, ¡vayámonos a la fornicación!

Amante 1.- ¡Dirijámonos, pues! (El amante 1 agarra a la amada, y se encaminan raudos a la habitación. Permanecen más-menos una vuelta de saeta horaria, y la abandonan para introducirse una comilona. Son las 14.30.)

Amada.- ¡Uff querido, qué placer he tenido! Ahora es el momento de recobrar complemento. ¿Tienes ya preparado el cocinado?

Amante 1.- ¡Oh sí, amor! Simplemente es calentarlo y ya está. Ahora voy a preparar la mesa como si fueras toda una marquesa. ¡Qué feliz soy estando a tu lado!

Amada.- Pues no te digo yo, sin tener que ver u oír al imbécil de mi Gil.

Amante 1.- ¿Gil?

Amada.- Sí, así es como se denomina el muy gil… (Mientras el amante 1 acomoda el tabloide del papeo, y ambos dos se disponen a ello, o sea, en el otro lar, el esposo 1 indaga e indaga, hasta encontrar el fono de las de la Cruz Gamada. Una vez lo halla, fonea, y lo que audia no le agrada nada. Es Tiberio el que actúa de esposo 1.)

Fono de “Las Damas de la Cruz Gamada“.- ¡Riinng! ¡Riinng!

Secretaria de “Las D. C. G” .- ¿Diga? ¿Dígame? ¿Quién es?

Esposo 1.- ¿Es el club de “Las Damas de la Cruz Gamada”?

Secretaria.- Sí, aquí es. Pero ¿quién es usted?

Esposo 1.- Verá. Soy el marido de la señora doña…, y según ella, hoy había una reunión de ustedes para no sé qué menesteres. ¿Es así, Dama de Cruz Gamada?

Secretaria.- Pues perdone que le desilusione, pero hoy, día festivo, sólo estamos  dos: la Presidenta y yo, pero para ordenar papeles, y para nada más. ¿Seguro que le ha dicho doña … que hoy era la reunión?

Esposo 1.- ¡Pues claro, señora! ¡No estoy aún ido, aunque sí un tanto perdido! ¡Me ha engañado mi doña! ¡Soy un desgraciado!

Secretaria.-Parece acertado, caballero, pero si no tiene nada más que decirme, ¡adiós y buena suerte con su consorte!

Esposo 1.- Sí, sí. ¡Adiós, y gracias por todo! Su información ha sido toda una revelación.

Secretaria.- ¡Y una revolución!

Esposo 1.- Desde luego. ¡Será una revolución! ¡Adiós! (El esposo 1 cuelga el fono, y todo pesaroso y ansioso, coge un líquido espiritoso, y llena un gran copón para aligerar la depresión; pero ésta, lejos de menguar, lo que hace es aumentar, y sólo y desesperado, acaba con su vida, y pasa a ser un finado. El método que usa es el típico en estas situaciones: colgarse en una de las habitaciones.) (En el otro hogar todo es inverso. Hay conversación, fornicación y sedación, y también, sedación, fornicación y conversación, aunque va llegando la hora de la finalización. Son las 2.00 horas ya madrugadoras.)

Amada.- Querido, tengo que partir ya. Son las dos ya pasadas, y seguro que mi esposo está esperando tembloroso.

Amante 1.- Hay que ver lo rápido que pasa el tiempo, si todo es agradable y no hay contratiempo. Sí, es cierto que es tarde. Vete ya, que mañana Dios dirá.

Amada.- ¿Cómo que Dios dirá?

Amante 1.- Quería decir que mañana, otra vez más. ¡Mira que sois susceptibles!

Amada.- ¡Y sensibles!

Amante 1.- Sí, eso. Susceptibles y sensibles. Por lo tanto, ten este beso de hasta pronto, querida.

Amada.- ¡Dámelo, que estaría todo el día, con tu lengua en mí metida! (Están besándose un buen rato, y cuando finalizan el acto, se despiden y se va: ella a su hogar, quedándose él en su lar.)

Jurados.- ¡Tiempo! ¡Terminación de la actuación! ¡Muy bien por hoy!

Petra.- ¡Qué ha audiado mi pabellón! ¿Han dicho como son: ¡muy bien por hoy!?

Jurados.- Sí, eso hemos pronunciado. Han pasado este día con mucha mejora en la obra.

Petra.- Por consiguiente, y Dios mediante, mañana a la misma hora.

Primer Jurado.- No, el día de mañana ustedes actuarán a las 11.30, o sea, una vuelta más de saeta horaria. Sólo estarán cinco Compañías, y tendremos tiempo suficiente, para que aquel número sea complaciente con funciones decentes.

Tiberio.- Pero señor, ¿y para la última sesión? ¿Serán también cinco los que quedemos para audiar cual ha sido el triunfador en este certamen de selección?

Primer Jurado.- No. El régimen selectivo será, asimismo, restrictivo, y para la cuarta función, sólo quedarán dos. Uno de ambos será el ganador. ¡Y no nos distraigan más por hoy! ¡Hay otras que quieren y deben participar! ¡Hasta mañana, pues!

Petra.- Una última cuestión, caballeros. En la selección final, ¿quién o quiénes dictaminarán?

Primer Jurado.- ¡Ay, zagala, zagala! ¡Es usted una avispada chavala! ¡Y por ello se lo voy a declarar! En la última sesión, donde sólo serán dos, para el veredicto final del paso a lo profesional, sentenciarán los que usted ve en el momento actual. Éstos, o sea, nos, pondremos a prueba a las dos Compañías “probetas“, y quien más guste, alcanzará el accésit profesional en el arte de interpretar. Pero ya se os informará con más detalles si pasan sin penalidades. Lo dicho: ¡Hasta mañana, “PETITO“!

Compañía “PETITO“.- ¡Hasta mañana, Jurados! ¡Que tengan un resto de día con alegría!

Jurados.- ¡Eso esperamos, muchachos! ¡Hala, márchense ya, que ya audiamos a la siguiente, con el son del ordenanza obediente! (Así pues, salen del local, y marcando el instrumento el tiempo del segundo alimento, se disponen a ello, pues. Allí parlarán y parlarán de lo último hablado por los Jurados. El lugar, el cafeto del Hostal. La hora, las 11.30.)

Tobías.- Hay que ver lo sagaz y astuta que ha estado Petra. Le ha sonsacado casi todo a los Jurados.

Tiberio.- Por ello es nuestra particular maestra, Tobías.

Tobías.- Sí, desde luego, tiene un buen cerebelo.

Petra.- Dejaos de halagos matineros, y pedid al camarero. Está esperando un cierto rato minutero.

Tiberio.- Perdone, pues, caballero. Yo un bocata de tortilla española, olé, y de privar algo de buen tragar, p.ej., una caña cervecera.

Tobías.- Lo idéntico para mí en el jalar, pero en lo líquido, simplemente un vaso de agua corriente.

Petra.- Pide,  si quieres, agua embotellada, que parece más saneada.

Tobías.- No, Petra. Al estar tan depurada, no sabe a nada. Prefiero la que circula por las cañerías, que no sufre ni adición ni sustracción en su composición.

Petra.- Pues vale. A mí, señor, me trae un bocata de salchichón, regado con un vino tinto algo cabezón, es decir, de alta graduación. (El camarero les toma la anotación, y en un tris, les trae lo pedido por el trío. Éstos, mientras, conversan en lo que han hecho y lo que les falta por hacer.)

Tiberio.- Has estado ocurrente e inteligente, Petra, en las cuestiones a los dos Mandamases.

Petra.- ¡Claro, Tiberio! Había que extraerles lo que se nos puede avecinar, en el par de días que nos falta por pasar. ¡Hoy puede ser un gran día!

Tiberio.-  Querrás decir ¡hoy será una buena madrugada!

Petra.- Eso es. A las 00.30 empezará la segunda lección, que creo recordar, corresponde al preguntar y al contestar. ¿No?

Tobías.- Sí, creo evocar que los maestros quedaron en dar esta noche, por mañana, la doctrina de las cuestiones y sus respuestas, por una banda, y por la otra, el difícil campo de las acotaciones en las interpretaciones.

Tiberio.- ¡Caray, Tobías! Veo que estás muy concentrado en todo lo dado, y ello me reconforta.

Petra.- ¡Y a mí! Has actuado muy bien en la sesión, Tobías.

Tobías.- ¡Gracias, amigos! Sin vosotros no sería nada, ya lo sabéis. Por ustedes sería capaz ¡hasta de matar!

Petra.- Tobías, ¡deja ya de interpretar! La función terminó. Mañana será la continuación. ¡Guarda fuerzas teatrales para los días venideros, compañero!

Tobías.- Está bien, Petra. Tienes razón. Hasta la hora de la ensoñación, y posterior levitación, me voy a dedicar a pasear y reflexionar. Vosotros, ¿qué vais a realizar?

Tiberio.- Pues yo, papearé en algún lugar distante del Hostal, más tarde bajaré la digestión, para luego irme a distraerme en algún local de ocio, hasta alcanzar la hora de la verdad: las 00.30.

Petra.- Yo, como casi siempre, me dedicaré a caminar y caminar, por las periferias de este lugar, y así poder razonar y planificar, nuestra mejora en el actuar. Por consiguiente, y anotando mi marca-horas las 12.30, nos despedimos aquí, y nos foneamos allí, es decir, en las respectivas del Hostal, para recordar nuestro soñar en la hora mágica para lo trágico-cómico. ¡Hasta luego, pues!

Chicos.- ¡Hasta más tarde, compañera! (Y así, se encamina  cada cual a sus respectivos destinos, hasta que se alcance la hora invocadora. El instrumento marca las 23.45, y los fonos de los dos empiezan a sonar, uno y dos.)

Fono de Tobías.- ¡Riinng! ¡Riinng!

Tobías.- ¿Quién es? ¿Quién es? ¡Ah, ya lo sé! ¡Veo el número en cuestión! ¡Hola, Petra!  ¿Qué tal has pasado el día  por aquellas lejanías?

Petra.- ¡Bien, bien! Pero te foneo para advertirte que resta poco para empezar la invocación de nuestros maestros. ¿Estás preparado, supongo?

Tobías.- Supones bien, amiga. Estoy en pijama, y dispuesto a que salga el ánima de mi maestro del alma: Lope de Vega.

Petra.- ¡Perfecto, Tobías! Ahora, fonea a Tiberio, y recuérdaselo asimismo. Yo ya estoy preparada para que mi sajón llegue a mi corazón.

Tobías.- Sí, Petra. Lo telefoneo ya mismo. ¡Hasta luego, alma mía! ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!

Fono de Tiberio.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng! (Así estuvo zumbando algunos instantes segunderos, hasta que Tiberio descuelga el instrumento.)

Tiberio.- ¡Hola, Tobías! ¡Qué tal estás! Sí, sí, ya supongo la intención de la llamada: que invoque a mi alma y al espectro de mi maestro. ¿No es así?

Tobías.- Así es, Tiberio. Me ha foneado Petra, y me ha recordado y ordenado que te avise sobre la prontitud de la hora anunciadora. Ya lo tenías en cuenta, ¿no Tiberio?

Tiberio.- Por supuesto. Ya estoy preparado, aquí medio sobado y relajado en el descansacuerpos. ¡Hasta dentro de poco, compañero!

Tobías.- ¡Hasta luego! (Y se despiden, para que dentro de treinta saetas minuteras salgan a la luz los tres espíritus de alta magnitud. Será la segunda lección en el mejoramiento y adoctrinamiento del trío novel. Aquella versará sobre las preguntas, sus respuestas, así como el modo y la manera en que se deben de ofrecer las interpretaciones de ambas, y también se dará, por el anglosajón, la lección del difícil campo de la acotación, tanto en la descripción como en la reacción que nos ofrece. Y la  mágica se convirtió en la cómica-trágica.)

Lope de Vega.- ¡Uff! ¿Qué ha ocurrido? Esto ha variado respecto al día de pasado. Lo diviso todo muy cambiado. Me parece más ordenado y cuidado. ¿Dónde estoy a estas horas y ahora?

Calderón de la Barca.- Félix, ¿ya estás cuestionando para ir practicando?

Lope de Vega.- ¡Hola Pedro! No te había visualizado. ¿Es que no te has dado cuenta? Estamos en una habitación con distinta ubicación.  ¿Cuál es la razón?

W. Shakespeare.- La respuesta la debes de encontrar en el ser que no te para de invocar. ¡Hola amigos! Ya estamos aquí los tres otra vez.

Lope de Vega.- ¡Hola Guillermo! Cuando has encontrado la solución a mi cuestión, ¿te has referido a que este lugar es del descansar de mi discípulo Tobías?

W. Shakespeare.- Evidente compañero. Por ello tú has aparecido el primero. Recuerda que en la primera fue Pedro el que ganó en la aparición, ya que se trataba de la habitación de su ser alumbrador: Tiberio.

Lope de Vega.- ¿Quieres decirme que estamos donde reposa Tobías?

W. Shakespeare.- Así es Félix.

Lope de Vega.- ¿Y cómo lo has sabido?

W. Shakespeare.- Por dos razones principales: la primera que has sido tú, y no otro, el que abrió la sesión, y la segunda, que hay por todas las zonas muestras que demuestran que acá son cercanías de Tobías.

Lope de Vega.- ¿A qué muestras te refieres, Guillermo?

W. Shakespeare.- Pues ahí, en esa mesa de tamaño menudo, hay una especie de cuadro menguado con todo su rostro lustroso, y por las periferias observo retales y objetos que los portaba en nuestra primera función tu alumno perfecto.

Lope de Vega.- Pues ahora que lo nombras, es cierto. ¡Eres un genio Guillermo!

Calderón de la Barca.- ¡Y tanto! En la noche pasada actuamos en la habitación de Tiberio, y ahora posamos

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RISAS Y SONRISAS (Narrativa breve)

Tono | 25, may

Iª PARTE.- ¡AGUAS CON TESORO!

(RISAS Y SONRISAS)

- ¡Cuidado con el oleaje! ¡Estas aguas son valientes y de temperamento, y en un momento pueden quebrar los hilos que agarran el baúl! Ya falta menos para que finalice su trayecto; según el aparato, ha ascendido de 350 a 5, y esta ya es una cifra menor. ¡Podemos conseguirlo!

- Pero Amo, le respondía un marinero de poca monta al Titular de la embarcación; estos últimos esfuerzos siempre son los más dificultosos, debido a que anteriormente los hilos han aguantado mucha balanza, y deben de estar ya enfermizos. ¡Mi experiencia en estos rescates me lo indica!

- ¿Y es que yo no lo conozco?, le respondía y preguntaba al unísono el Mecenas acuático, con tonos altivos y presuntuosos.

De mi abundante tropa naviera, continuaba, sólo dos naos no han flotado por las aguas revueltas del norte ibérico, y no porque no pudieran, sino por mi gran estima hacia ellas; son encuentros de mi persona, y las uso para eso, o sea: una la denomino "SÓLO PARA INFANTAS", y a la otra la nombro "Y AQUÍ PARA ZAGALAS"; son de buen confort y de mejor estar, con todas las facilidades que las hembras quieren poseer, y ello me facilita, primero el sobeo, más tarde el toqueo, para finalizar con el forniqueo. Ya no las utilizo tanto, debido al paso de mi tiempo, y al final me quedaré con la de "SÓLO PARA INFANTAS", que es un poco menor y de mejor acogimiento; a la otra le quitaré el precinto , y ¡a buscar y rescatar tesoros, que de eso bien vivo!, terminó la explicación Macías Alonso Ruipérez, Patrón y Dueño de la mayor naviera de toda la península .

Tenía su centro burocrático en Santiago de la Compostela, y de allí dirigía y organizaba todas las expediciones busca-riquezas. Esta empezó hará unas cuantas semanas, quizás cinco, y era época difícil para los rescates. Estábamos en pleno tiempo invernal, ya pasadas las fiestas religiosas, acercándonos al segundo mes anual.

Súbitamente, un mozo alzado en una escalinata adosada a la nao, grita con cierto trémulo en su entonación:

- ¡Don Macías, Don Macías! Diviso fuertes mareas con estos instrumentos "agranda-objetos", y me dan cierto temor; podrán estar a escasos 200 de acá, y en unas pocas saetas minuteras arribarán, y según presumo, nos joderán, terminó de exclamar el chicuelo.

- Como se nota Luisito que aún estás aprendiendo. Esas grandes ondas que oteas no son más que el resultado de la época en que estamos, y mis naves son ya expertas en ellas. Lo que tenemos que hacer es cubrirnos con fuertes retales en nuestras anatomías, y dejarlas, primero golpear, y después pasar. ¡Siempre es lo mismo! ¡Ya lo comprobarás!

Efectivamente, llegaron las mareas que adivinaba el mocito, y ocurrió lo que el Dueño vaticinó: primero remojón, y después sedación.

- Tú ves; ahora hasta que no pase un cierto espacio temporal no volverá a ocurrir. ¡Hala! ¡Seguid subiendo, que ya lo estoy oliendo!

El mecenas Macías, cerca ya de los 70, tenía muchas esperanzas en que este baúl de aguas galaicas, contuviera artilugios diferentes a los que hasta ahora había encontrado. Previamente a la expedición, como era su costumbre, se había informado que en el contorno donde estaban situados, una gran nave de alta cuna, de origen toscano, y que tenía por nombre "LA TEMERATA", cayó en desgracia, hará unos 400, y todas sus unidades, incluidas las Autoridades, desaparecieron en los fondos; pertenecía su Titularidad a uno de los nobles más aristocráticos que se han conocido jamás, incluidos los tiempos de los Feudos: era el Conde de Piamonte y de Roscálidas, afamado y acaudalado de la época, de orígenes romano y lituano; se dice que tenía tantas extensiones , terrestres y marítimas, que los Estados Italiano y Lituano para realizar cualquier obra, tenían que pedirle permiso con papel de estado oficial, y que la rúbrica debía de llevar el sello de los Mandamases políticos y religiosos, y con ello el Conde daba la aprobación.

"LA TEMERATA" era una nao de 300 por 50, y que cuando salió de las aguas frescas del Báltico, según la información del momento, portaba unos panfletos escritos en hablas antiguas, y con contenidos que sólo la alta nobleza lo podía comprender y descifrar; el material donde estaba impreso era de lino fino, material de alto postín.

Los panfletos, según la información que recibió D. Macías, una vez descifrado su contenido, podrían tener soluciones y remedios para adversidades físicas y síquicas, propias del alto linaje, como la gota, causada por empachos alimenticios, copiosos y frecuentosos, la enfermedad lúdica, consistente en que el individuo sólo piensa en la distracción, las alteraciones articulares y musculares originadas por las largas estancias en las apoya-nalgas, el mal del taladro, llamado así por la alta frecuencia en el fornicio, y sobre todo, parecía tener el remedio para el término de la existencia vital, tan buscado desde siempre y jamás hallado.

Por ello D. Macías quería, en especial, sacar este potosí: si fuera realidad, lo subastaría al mejor postor de la aristocracia, y con ello, se convertiría en el más adinerado y acaudalado de todas las regiones, incluidas las de ultramar.

Mientras, en la superficie naviera del “CALABOBOS“, que era como se nombraba la nave captora, se divisaba, primero entre, y después sobreaguas, el cofre. Pasaron unos instantes cuando los ordenanzas marinos lo depositaron sobre una placa de metal sólido, de dimensiones apreciadas, para que no sufriera fracturas ó lesiones el vehículo marítimo.

- ¡Caray! ¡Esto debe ser la bomba!, exclamaron los más jóvenes jornaleros marinos, a lo que los más avezados les respondían:

- Esperemos que no lo sea, ja, ja, ja, aunque bien es cierto que nos, los más antiguos, ya tenemos experiencias en extraer cilindros explosivos; recuerdo, seguía comentando Ramón Cuiña Besteiro, llamado “El Pilotes“, por su extrema valentía, que la mayoría confundía con imprudencia, y que el Sr. Cuiña siempre diferenciaba: valentía, solía decir, es un sentimiento positivo, que consiste en realizar algo con riesgo y con resultado aditivo, mientras que imprudencia sería lo mismo, pero con la diferencia del resultado, que en este caso sería sustractivo: en conclusiones, el primer caso sale bien, y el otro sale peor, ¡esa es la cuestión!, terminaba de aclararles el experto marino.

Como os estaba relatando, seguía D. Ramón, el Mecenas y un servidor, que yo recuerde, ya han sido unas cinco las que hemos sacado de distintas aguas explosivos, y nunca ha ocurrido nada malo; es más, las extracciones nos han reportado buenas sumas, ya que se trataban de artefactos históricos para los Estados, y ello se paga, y por tanto, luego se ingresa.

En este caso, jovencitos, es un baúl de buenos volúmenes, y ello debe implicar que contiene muchos y buenos contenidos, aunque lo que buscamos, no sé si lo encontraremos. ¡Ya veremos!, terminó el marinero.

El cofre, de aspecto ajado pero aún bien conservado, debería de tener unas mediciones de 50 por 20, y una balanza de, con contenido, de unos 300, según presumía de conocer el Amo. Lo primero que se realizaba, en estos casos, era hacer la pesada “con“, y luego “sin“, y acertar en el contenido y en el continente.

- ¡Don Macías!, ya está depositado el rescate sobre esta plancha metálica. ¿Qué hacer ahora, señor?, preguntaba otro alevín en las extracciones.

- Bueno, chicuelo, esa es una cuestión que mi alto rango acá me impide contestarte; es una duda que te debe de aclarar los marinos de primer grado y, que yo sepa, deben de haber por lo menos cinco de ellos en este barco. ¡Que te den luz ellos!, terminó el Sr. Alonso su explicación.

- ¡ Señores marineros de grado primario, antaño Oficiales ! ¿Qué vamos hacer con este gran baúl? Estoy con ansias de descubrir qué dentro hay, y ello me pone tembloroso, terminó uno de los mozos , al que se añadieron otros tantos, no más de tres.

- Pues, decía Pepiño Fraga Coelho, uno de los de primer grado; lo que hay que realizar en primer lugar es conocer la balanza precisa que posee este cofre, sin tocar, y una vez vaciado de contenido, lo que ha perdido; de esta forma sabremos el peso del baúl, sin nada en sus adentros, y también conoceremos la balanza de lo que contiene; ello es importante porque, primero, un baúl con alto pesaje nos anota muchas circunstancias: se tendría que tratar de una nave de alto voltaje, o sea, calibrada para las largas expediciones, y de ellas no hay tantas por las aguas circulando: lo que implica que no hay tantos Estados que soporten tales dispendios, por lo que nos acercaría, casi con total seguridad, de qué país se trataría, con lo que ello derivaría: la época de la construcción, el gobierno en cuestión, los legajos, objetos y demás que podía portar, y así.

En el otro lado, el contenido, si es de alto pesaje, y si se trata de objetos e instrumentos, nos indica que deben de ser de naturaleza noble, y ello implica que son de alta valía; y si se trata de papeles, panfletos, legajos y demás, nos puede indicar que al contener muchas unidades de ellos, es claro que algo de importancia llevan, puesto que al haber tanta cantidad, algo de calidad debe de quedar, y es en ello en donde nos debemos de fijar. ¡Esta es la cuestión, principiantes!, terminó su explicación oratoria el experto.

Y así fue como se dispusieron al tonelaje del rescate. Sacaron del interior un instrumento fabricado para ello, calibrado antes de la partida. Tenía unas dimensiones de aprecio, pero ello era necesario: se trataba de dar con la balanza del baúl y de sus adentros sin muchos equívocos, por lo que fue obligado que hasta cinco de los tripulantes se dedicaran, primero, a sacarlo de su aposento, y más tarde, a llevarlo a donde estaba situada la placa, más-menos en el punto medio de la nao.

Una vez alcanzó la meta, los tripulatas lo depositaron con cierta fineza al lado diestro del tesoro, y fueron no pocos los chismorreos que se audiaban en la periferia:

- ¡Jope! ¡Mira que este aparato da que hablar! ¡Estoy exha!, decían algunos, a lo que otros continuaban:

- No es que dé que hablar, ¡da que follar!, y para el jornal que sumamos, ¡hay que regañar!, eran las voces del resto de los esforzados.

De repente, el son llega con cierta tibieza a “El Pilotes“, miembro superior diestro del Patrón, y ello se dejó notar:

- ¿He audiado algo de fornicar, o de quejar?, preguntábales el Sr. Cuiña. Si ello fuera así, continuaba, lúcido lo tenéis: os depositáis en sentido marino, y os dejáis ir: “sólo“ hay unos cientos de millas hasta territorio terrestre. ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!, terminaba su alocución, un tanto jocosamente, el fanfarrón.

- Don Ramón, no es que nos quejemos de los esfuerzos, que por ello bien sumamos; la cuestión es que llevamos varios días y noches varias sin descansar ni ociar, y ello agota; un rato de distracción bueno sería para la continuación, terminaron su aclaración los sufridores ordenanzas del mar.

- ¿Y qué puede hacer mua por vos?, cuestionábales el Segundón a la tripulación. Yo, continuaba, también tengo momentos de hastío, pero nuestro oficio nos lo exige: son muchas lunas navegando sin ratos de relajo; cuando el sol se apague, le comentaré al Patrón si luego puede haber distracción; pienso que afirmará , y en el bodegón hay tonificantes que nos reanimarán. ¡Esperaremos!, acabando su sermón trankimazín 0.5 el Sr. Besteiro.

Entretanto, el Mecenas se iba acercando al aposento del tesoro. Sus pasos, firmes y espaciados, fueron audiados por los marineros, y éstos se calmaron y callaron. Al alcanzar el fin, el Sr. Alonso se dirigió a “El Pilotes“, y con matices castrenses le dijo:

- Ramón, el objeto ya está dispuesto para el destripe; según los protocolos míos, primero procederemos al tonelaje completo, más tarde destriparemos los adentros, y haremos balanza del continente; la resta nos dará el pesaje del botín; al final, analizaré con vos y el Oficial Jefe los resultados y actuaremos, pues. ¡Da las órdenes oportunas y esperaré!

El Sr. Cuiña, conocedor de los escasos titubeos del Patrón, se dispuso enfrente de toda la tropa y procedió:

- El Amo me ha comunicado que, una vez el cofre ya esté en disposición, y los ordenanzas marinos hayan depositado el calibrador para una correcta balanza, actuemos; así pues, colocad el tesoro acoplado al medidor, y veamos lo que indica; según ello, el Mecenas y mua, junto con Pepiño Fraga, analizaremos, y con posterioridad, procederemos.

Los tripulatas subalternos colocaron el baúl acoplado al pesador, y dándole a un saliente que actuaba de pulsador, dió con gran precisión la balanza en cuestión: 333’333…

- ¡Carambolas! ¡Era un pesaje que el Dueño ya se aproximó! Recuerdo que entonces dijo 300, y con exactitud es un poco más: ¡Por ello es el Jefe! ¡Viva Don Macías!, decía un mozo recién estrenado en los rescates.

- Es cierto, el Sr. Alonso no se desvió sobremanera; tened en cuenta que son ya muchas experiencias en sus dorsos, y ello se nota, decía el Diestro del Patrón, a lo que continuaba: ahora voy a tomar apunte del número, y con este dato ya tenemos el continente y el contenido; procede, pues, destripar los adentros y hallar la balanza del continente a solas; la resta nos indicará el calibraje de los artilugios, panfletos, legajos y demás; ya con todo ello, lo estudiaremos y fin del proceso. Por tanto, seccionen el cofre y vacíenlo; más adelante, pésenlo y veremos.

Fue dicho y finalizado. Extendieron una gran estera para colocar el interior y así poder realizar un correcto calibrado. Aquella tenía unas dimensiones de 30 por 5, y ya era experta. Con este, según contaba el Segundón, eran diez los tesoros que había cobijado y abrigado, y ello ya era de considerar. La había adquirido el Sr. Alonso en uno se sus paseos marítimos por territorios amarillos, hará unos 20, y la tenía una gran estima. Cuentan lenguas mal habladas, que en la toma y posesión del objeto, don Macías la canjeó con un presente de alto valor material y espiritual, que su doña le había obsequiado en un aniversario marital, y que al regreso y no encontrárselo , pidió vía papel de oficio la Separación; la cuestión le supuso al Patrón más de un Millón.

Entretanto, y siguiendo los mandos del Diestro del Mandamás, Giossepe Marco, marino de 2ª graduación y experto en las aperturas, se disponía con la “master-key“ a descubrir los adentros del botín.

- ¡Venga Giossepe, que tú puedes! ¡Lo lograrás!, eran ánimos que recibía el muchacho de sus compis, a lo que G.M. respondía:

- Yo no seré el que pueda o lo logre, sino este instrumento que porto en el miembro superior siniestro, y que en mis viajes con las naos de D. Macías, nunca ha errado: de ahí su denominación de “master-key“, término anglófilo debido a su origen ; fue poseída en territorios australes , allá por las antípodas, y el Amo la bautizó así, o sea.

Así pues, “el napolitano”, como le sobrenombraban a Giossepe, se dispuso con el objeto “abrelatas” a aperturar el baúl; lo introdujo por la abertura, de manera lateral, y con un clikeo, corto pero intenso, hacia la zona íntima, logró el objetivo.

- ¡Ostruelas! ¡Qué barbarie! ¡Cuántos artilugios, monedas, papeles, panfletos, legajos y demás! ¡Esto debe de valer todo un Estado!, eran exclamaciones que se audiaban cuando el “napolitano“ destapó y destripó el valioso rescate.

- ¡Tranquilizaos y sedaos! Esto no es más que el empiece; ahora hay que sacar todo lo material y depositarlo en la estera preparada para el momento; después haremos el calibrado del continente a solas, y tendremos todos los números. Por consiguiente, proceded y no hablar: luego ya habrá momentos para disfrutar, eran las frases que se le ocurrió pronunciar al Sr. Cuiña, manteniendo un tanto la posición, después de una gran excitación por la gran cantidad de materias que el interior descubrió.

Hasta el Dueño, con tantas experiencias de todas formas en sus adentros, no se pudo contener en un primer momento, y gritó: ¡Esto es único! ¡Esto es lo más! ¡Esto es la hostia!, fueron las exclamaciones que vociferó, nada más otear el suculento manjar.

Tardaron los subalternos del mar, encargados de la misión, unas cinco saetas horarias, y al fin, cuando el reloj del vehículo marino marcaba las 22.30 p.m., sacaron lo último: se trataba de un pequeño arete, con incrustaciones en sus periferias, que simulaban un antiguo cuento marino, y que estaba fabricado de metal argéntico de la época, de valor más importante que el actual, debido, sin duda, a la progresiva depreciación de la plata cruda y bruta.

D. Macías, conocedor de las vicisitudes sufridas por los metales de la nobleza, al observar y sobar el aro, exclamó: ¡Esto sí que es argenta, pura y sin contaminación, y no la que comercian por ahí! Con esta podemos elaborar cientos de los de hoy y efectuar ¡buenos negocios! ¡Y sólo es un objeto! ¡Viva mua y mis naos!, terminó el Amo con tonos activos, seguros y ya pasados.

Pero…., continuaba, lo que más me excita, y lo que es el fin de este rescate, es que hallemos el llamado “PAPIRO DE LA ALTA NOBLEZA“, o sea, el P.A.N., y que descifrado por los del alto linaje, encontrarán las soluciones a sus males; por tanto, separad por un lado los objetos, instrumentos, y así, y por el otro, los papeles, legajos y demás materia celulósica. El P.A.N. estará en estos últimos; cuando lo realicéis, procederemos al pesaje del cofre a solas, y analizaremos. ¡Hala! ¡Trabajad en este sentido y se os recompensará!, finalizó ya don Macías con sus alegatos.

Y de lo dicho, a lo hecho. Las palabras del Mandamás eran órdenes para sus súbditos, y en un tris , realizaron la fracturación: por una parte las alhajas y por la otra las hojas. Estas, de muy diferentes posturas: las habían enrolladas, liadas y también solitarias.

Los muchachos, siguiendo los mandatos, procedieron a clasificar, según las formas, todos los contenidos , dejando totalmente libre el baúl; ahora, calibrando éste, sacarían las cifras.

Lo colocaron en posición pesaje, y en momento, dieron el dato: 168.

- ¡Jope! ¡Más de 150 en canal! Esto es un cofre ¡y no los de la actualidad!, eran las proclamas que se audiaban en la ya avanzada hora del día.

- Ahora, ya con los números, el Patrón y mua, junto con el Sr. Fraga, desmembraremos las interioridades que estos datos nos ofrecen: ¡Pueden ser muy apasionantes! , finalizó “El Pilotes“ sus raciocinios.

Y así fue. El reloj marcaba ya las 23.50, acercándonos al posterior, y la gente ya se notaba fatigada. Los más esforzados y peor remunerados, no lo podían simular; a pesar de no haber papeado, se dispusieron a descansar, quedando a solas los Jefastros de la tripu, esto es, el Sr. Fraga Coelho, como jefe de primera, el Sr. Cuiña, como Diestro del Amo y, éste, o sea.

El trío descendió por una escalinata sita a escasos 20 del trasero del vehículo, para estacionarse en el habitáculo de las reuniones; este, de dimensiones apreciables y apreciadas, tenía en su centro una gran mesa de materia noble, al parecer de haya, traída por don Macías en uno de sus paseos por aguas árticas. En la parte nuclear de aquella había un pequeño bareto ubicado en un orificio; tenía tónicos de alto valor y de mejor sabor, como anisados, brandys, y, sobre todo, tintos, lo cual facilitaba las reflexiones y discusiones en las reuniones.

El trío agarró, cada cual, su apoyanalgas, y se colocaron según la tradición marina: el Patrón en un extremo, a su diestra el Segundón, y a la siniestra el de Primera.

- ¿Qué tonificante gustáis?, preguntó D. Macías.

- Yo Patrón, ya lo sabéis: un brandy de la época imperial, adicionándole un pedazo de agua sólida; me hace estar y razonar mejor, y es lo que este momento requiere, respondió raudamente el Diestro, a lo que se sumó el Siniestro.

- Pues mua lo mismo. ¡Parece sugerente!

Tomaron cada uno su líquido tonificante, y después de un largo trago para humedecer su glotis, abrió el Segundón:

- Amo, voy a sacar el Tratado Marino del depósito de libros, y oteando las naves del siglo XVII, saldrá “La Temerata“; si ello fuera así, sus informes serán validados, y estaremos en el camino. Voy a proceded.

Así D. Ramón se alza de su apoyanalgas y se dirige a la biblio, ubicada y adosada a una pared del habitáculo, y ocupando, asimismo, la mitad de la contigua; estaba ordenada por temarios, tamaños y abecedarios, y tenía alta reputación entre los demás patrones del Estado; algunos colegas habían intentado comerciar con ellos, pero la negativa del Sr. Alonso siempre fue constante.

- Ramón, el Tratado que buscas está en el segundo piso de la otra ala; se titula “Tratado de grandes naos exploradoras: años 1600-1699“, y es ahí donde debe ubicarse la que buscamos. ¿Lo oteas?, terminó con una cuestión el Patrón.

- Sí, sí, ya lo diviso. Acá está. Parece pesado y abultado. Ya lo poseo, y aquí lo deposito, finalizó el Sr. Cuiña.

Efectivamente, lo dispuso en el centro de los tres, y el Amo lo agarró y hojeó.

- Ahora, decía don Macías, lo que hay que hacer es buscar la nave del Conde, y nos aclarará los datos de su partida: si equivalen a los que poseemos, no hay duda : ¡Se trata del tesoro que buscamos!

Estuvo cinco saetas minuteras explorando el abecedario del Tratado, cuando halló la gran nao.

- ¡Acá está!, exclamó con cierta excitación el Patrón.

Pone “LA TEMERALLA“, que era la denominación de origen que el Gran Paolo-Augusto de Brindisi y de Branzaukas la bautizó; es del romano antiguo, que con el paso de los tiempos la doble “l“ pasó a grafiarse como “t“; por ello lo de “LA TEMERATA“ actual. ¡Fijaos lo que indica!, les dice con pasión al dúo el Patrón.

En un momento, se dispone el trío alrededor del Tratado, y otean lo ocupado por la gran nave: “… y fue allá por el 1620, en época estival, cuando el Conde de Piamonte y de Roscálidas, al mando de “LA TEMERALLA“, partió del puerto de Kaunas, en el Báltico, camino del norte de la Hispania Imperial, al encuentro de su colega y gran Mandamás galaico, el Marqués de Queimada y de Butafumeiro. El fin no era otro que el descifre del P.A.N., escrito en antiguo arameo aristocrático (A.A.A.), y que sólo los del muy alto linaje lo podían realizar. El Marqués padecía de varios males de alta cuna, y su compi, el Gran Paolo-Augusto, quería sanarle; ambos dos eran conocedores del A.A.A., y con esos saberes podrían lograrlo. Pero a escasos 500 de la costa, una furia marina peleó con la gran nao, y ésta, incapaz de vencer, perdió y se hundió. El Conde y toda su tripu saltó, pero ello no fue suficiente. Al cabo de un tiempo, quizás todo un otoño, fue hallado en zona terrestre el cuerpo, ya magro y casi pudriento, del Gran Paolo. Se piensa que los restos de “LA TEMERALLA“ siguen estacionados en aguas gallegas, en el contorno marisquero, denominado de esta manera por su abundancia en los crustáceos, y que ocuparía aguas de las tres citys marinas de la C. Autónoma. Su área rondaría los 100, y puede ser objeto en tiempos futuros de apetitosos y gustosos rescates. Por otro lado…”.

- ¡Habéis visto y leído lo que mua!, dijo el Primero, a lo que siguió: estamos en el camino. Lo hemos logrado. El Papiro está acá. Hay que descubrirlo, limpiarlo y luego, más adelante, subastarlo. ¡Seremos los más de todo el Globo!, terminó con excitación el Patrón.

- Ya no me caben dudas, Señor, decía el Sr. Cuiña. Tenía toda la razón. El rescate se corresponde con la gran nave del Conde, y debe de estar el panfleto de los remedios. ¡Seremos ricos!, exclamó con poca sedación el Segundón, a lo que se sumó, asimismo, el de la primera graduación:

- Sin duda, no hay mejor Patrón ni mejor Segundón que ustedes dos. Es un honor para el que habla ser el Tercero; en otro caso, mua sería el mejor, pero como dice el dicho, “más vale ser cabeza de ratón ganador, que cola de león perdedor”. ¡Vivan vos!, terminó con agradecimientos el Sr. Fraga Coelho.

Ya no tenían vacilaciones ninguno de los tres. En la estera, con todo lo sólido, estaría el P.A.N.

La hora marcaba la 1.30 a.m., y el despertar marino estaba cercano. Por tanto, se dispusieron a descansar, no sin antes degustar el último tónico: “THE REAL IMPERIAL SPIRIT“, traído de la vieja Britania, y con dedicatoria de la añosa Isabel, matrona de los sajones: “For my boyfriend Macías of your girlfriend Isa. Kisses“, era lo que se adivinaba ver en la base del tonificante, esculpido con material aúreo.

Se comentaba que en todo el Real Palace, sólo se encontraban tres ejemplares del citado licor: uno, el ya comentado y casi privado, el otro para el uso particular de la Doña, y el tercero, cuando la Excelentísima, deseosa de placeres, lo utilizaba encamándose con machos para aquellos, o sea.

- Aquí lo tenéis; el éxito de la operación lo merece. Es un presente de la Mismísima y, a estas altas horas, lo vamos a catar, y quien sabe si a finalizar. Ten, Ramón, un copón de éstos lleno del líquido espiritoso y, para ti, Pepiño, lo idéntico, también lo mereces.

Yo, siguiendo la tradición de los mares, me lo tomaré del recipiente, y lo agotaré. Así, descansaré prontamente, y mañana, por hoy mismo, estaré recién estrenado.

Cada cual cogió su tonificante, se dispuso en posición brindis, y lo hicieron, o sea. Estuvieron casi treinta saetas minuteras parlando y privando, cuando, siendo ya las 2.15, el Patrón dio por finalizada la sesión.

- Señores, amigos, hay que soñar. Hoy mismo, dentro de pocas saetas horarias hay que alzarse y buscar entre lo celulósico. Buen descansar y hasta dentro de poco, fueron las últimas frases del Primero, a las que se sumaron las de los otros:

- ¡Buen relax, D. Macías!, dijeron.

Así pues, cada uno se encaminó a su habitáculo descansacuerpos, haciendo la guardia marina los dos ordenanzas de la ocasión: Manuel y Rafael.

El primero tenía 18 recién, y el otro poco más, no llegando a los 20. La noche era fría pero estable, con mucha luz lunar, y ello daba para las conversaciones bis a bis.

-Pues yo, Manu, le decía Rafael al otro, es la primera expedición que realizo con D. Macías, y creo que de aprendiz voy a pasar al siguiente escalón. ¡Cómo sabe el Patrón!, exclamaba el mozo con total naturalidad, debido a su virginidad.

- Es cierto Rafael, el Amo es todo un experto. Yo ya he paseado un par de veces en sus naves, y son toda una aventura, pero esta, que es ya la tercera, va a ser la primera; si entre todos los papelorios que hemos seccionado, hallamos el panfleto ese para los de nacimientos fáciles, cómodos y pijos, saldremos en todos los noticieros, y nos también tendremos espacio, aunque reducido, en sus grafías y altavocías.

- Esperemos que así sea, Manu; sería una propulsión para nuestra incipiente profesión, y otros patrones nos contratarían con buenas ofertas. Sería nuestra ocasión, compi.

- Afirmo, ya que si don Macías nos dice que no, con la reputación recogida en esta expedición, no tendremos obstáculo para que otros nos realicen alguna contratación, y de ahí en adelante, ya sin parar, terminaba de soñar el chaval.

- Pero, ¿a quién o quiénes les van a corresponder el trabajo de buscar y encontrar, entre tanto papel, el valioso papiro?

He oteado toda la celulosa que había en la estera, y es para enloquecer. Eran montañas y montañas de legajos, y algunos, la mayor parte, de hablas difíciles de entender para gentes como nos, que hemos alcanzado el accésit preescolar por influencias patriarcales, matriarcales y de otras que más vale no recordar. ¿No te parece Manuel?, le preguntaba el otro zagal, en tonos un tanto inquietos.

- Ya lo sé, Rafael, pero quien lo encuentre saltará a la fama, y de ser un simple ordenanza podrá subir varios escalones simultáneos, y colocarse cerca del de primer grado, y todo sin llegar a la veintena. Es nuestra oportunidad. Hay que buscar y buscar, y si no hallamos nada de interés, seguir buscando. Al final encontraremos nuestra recompensa. Ya lo verás.

- ¿Pero qué hacer con los papeles difíciles de leer, Manu?, le preguntaba Rafael, a lo que el otro respondía:

- En esos casos, hay que usar los sesos, que para eso están arriba ubicados.

Si están en hablas de las nuestras, no hay impedimento: si ponen algo de males físicos o de la psique, y de grandes Condes, ó mejores Barones, estaríamos en el objetivo; si ponen de otros menesteres, los desechamos y seguimos. El obstáculo viene cuando sean de escrituras que nuestros saberes desconocen; en estos, que serán los más cuantiosos, habrá que fijarse en los principios y en los finales: si hay una “p” en letras grandes, y encontramos formas armónicas y con elegancia, y en su interior hay grafismos que simulen adversidades físicas ó mentales y, más adelante, los mismos ya parecen con más salud, podemos estar con el tesoro, y habrá que gritar ¡Patrón, aquí está!, con el riesgo que ello conlleva: que se trate de simples pinturas de artistas antiguos de la época, tan dados a los temas de enfermar y sanar.

En fin, el momento requerirá como obrar. Ahora ya toca descansar, pues mi reloj ya marca las 6.00, y el turno se tiene que cambiar, finalizando su oratoria el chaval.

En efecto, se aproximaban a sus inmediaciones otros dos jornaleros, para efectuar el último turno guardián. A las 8.30 se tocaba con el son de la marina exploradora, para que toda la tripu, incluidos los Jefastros, se desperecen y despierten. El día nuevo comenzará.

- ¿Qué tal chavales? ¿Cómo ha estado el turno?, cuestionaba uno de los vigilantes recién; tenemos por delante un par de saetas horarias hasta el “toque marino“, y nuestra inexperiencia nos pone un tanto trémulos. ¿Qué podemos efectuar para que nuestras testas estén ocupadas y sedadas, Manuel?, finalizando con una cuestión el subalterno preguntón.

- Yo de vos, respondía el de 18, me daría entretenimiento dándole a la imaginación, p.ej., de cómo conseguir el papiro en cuestión, y ello ya os llevará al tiempo del despertar: resta poco espacio temporal, terminó su explicación el mocetón.

- Vale, pues, hasta dentro de poco, y buen soñar, que queda poco para despertar, despidiéndose de los dos.

Y así fue como se consumió en un tris todo su tiempo guardián. El reloj adosado a una torreta de la nao, marcaba las 8.28, y era momento de preparar el despertar.

- ¿Ya tienes en la memoria retenido el son marino?, le preguntaba uno de los dos al otro, a lo que éste le respondía:

- Yo poseo un papelorio con la letra del toque marino, y el resto musical ya es cosa nuestra. ¡Verás que bien sale!

- Eso espero, amigo, porque si erramos en la música o en la letra, el Patrón nos exigirá la dimisión, y nuestra reputación dará un gran bajón, y será nuestra perdición, finalizando el muchacho, con mucha vacilación.

- Tú tranqui, compi; deja que yo lleve la dirección, y verás como con esta faena, nos dan los Jefes la enhorabuena.

El anuncio de las 8.30 lo marcó el son relojero: ¡BANG!, que era como se audiaba las medias saetas horarias, y los ordenanzas se dispusieron a efectuar el despertar marinero; el del papelorio lo agarró, lo centró y empezó:

“DESPERTAD, DESPERTAD, MARINEROS A LA MAR; ALZAD, ALZAD, HAY QUE NAVEGAR“, a lo que se unió el otro, ya con más relajo:

“LA MAR, LA MAR, NOS ESPERA YA; NAVEGAR, PESCAR Y RESCATAR, PERO NUNCA NAUFRAGAR; DESPERTAD, DESPERTAD, MARINEROS A LA MAR; ALZAD, ALZAD, HAY QUE NAVEGAR“, terminando, por fin, el son marinero del despertar.

- Tú ves como no ha sido complicado; es empezar, continuar y no parar. Ahora notarás los parabienes de los Jefastros. ¡Ya verás!, finalizando su aclaración el más templado de los dos.

Efectivamente, así resultó. Primero se acercó D. Ramón, y les dio la felicitación a la pareja de dos:

- Ha sido un buen desperezamiento. Me ha gustado y agradado; estoy por aconsejarle al Patrón que ustedes dos sean los cantaores del son, de acá en adelante. Se nota que han ensayado y ello demuestra tesón, lo cual es necesario para el escalafón, acabando su sermón el Segundón.

- Muchas gracias, Sr. Cuiña; previo a la serenata, estábamos un tanto inquietos, pero ahora, con sus verbos, estamos mucho más calmados y esperanzados. Sería un gran honor ser los despertadores de la tripu, y si ello nos alza en el escalafón, pues mucho mejor: ¡Viva vos!

De repente, D. Macías, con aires resueltos y activos, toma del interior un instrumento que realza los sonidos y las palabras, se ubica enfrente de toda la compañía, y proclama:

- Amigos, esta noche, parlando con Ramón y con el Sr. Fraga, hemos sacado el dictamen que entre todo lo celulósico, está el P.A.N.

Sé que va a costar un cierto espacio temporal, debido a la cantidad de material, pero quien lo encuentre, tendrá el honor de venir con mua, con el Sr. Cuiña y con Pepiño Fraga a la city de los aristócratas, y que tiene por nombre Milán, al norte de la península itálica. Allí, en el barrio de “fashionatto, acaudalatto i bon perchatto“, está el centro del alto linaje, y encontraremos la Casa fabricadora y emisora del B.O.A., el llamado Boletín Oficial de la Aristocracia, que es adonde portaremos el papiro, para que lo certifiquen y publiquen, señalándose la citación para la gran reunión: todos los de la alta cuna, sobrados y muy acaudalados, querrán ver sus males remediados y sanados, y habrá una gran puja por el panfleto: el que más de, será el que se lo lleve, y las sumas pujadas por él, serán ingresadas para mua; luego os llamaré y repartiré. Os doy garantía de ¡qué bien viviréis!

Así que, fin del discurso y ¡a buscar!, finalizó con una exclamación el Patrón.

Todos se dispusieron a lo largo de la estera, incluidos los de Primera; sólo el Sr. Cuiña y el Primero evitaron la busca. Entre éstos, hubo alguna que otra conversación, con cierta discusión:

- Ramón, me da que uno de los recién va a ser el descubridor y, por tanto, el ganador; a ti, ¿qué te dice la intuición?, finalizando con una cuestión el Patrón.

- Yo, Sr. Alonso, intuyo que será uno de Segunda el que lo descubra, pero vos tiene más camino que mua, y tendrá la razón, terminando con un dictamen su examen.

- Pero amigo, no me des la verdad así como asá; yo razono que será uno de los neos por mis cuantiosos paseos, y, que yo recuerde, siempre fue similar: el buscar y encontrar es cuestión de tesón, y los noveles en estas materias son mejores, debido, sin duda, a la motivación que les supone el alzarse en el escalafón, acabando su razonamiento D. Macías.

Estuvieron cerca de una saeta horaria hablando y conversando, cuando, súbitamente, se audia un son fuerte, conciso y preciso a lo largo del vehículo marino:

- ¡D. Ramón! ¡D. Macías! ¡Lo veo, lo tengo, lo poseo! ¡He sido el primero que ha divisado el papiro!, terminando sus exclamaciones el zagal con mucha excitación debido a la situación.

- ¡Enséñamelo! ¡Muéstramelo!, le ordena D. Ramón al chaval.

El mozo, un tanto excitado y acobardado, con el panfleto agarrado y adosado a su miembro superior, se dispone a donárselo al Segundón, y lo cumple , pues.

- Sr. Cuiña, tenga el tesoro, dijo con mucha simpleza y sutileza el chicuelo.

D. Ramón, todo él, lo agarra con dinamia y lo hojea, cuando a los escasos instantes, suelta:

- ¡Ja, ja, ja! Esto es, como dirían los castizos macizos, demasié. Pero chaval, ¿tú has divisado bien lo que grafía el papelorio?, le preguntaba al mozo con tonos altivos y despóticos.

El chaval, muy tremuloso y tembloroso, le replica:

- Pues yo, D. Ramón, he visualizado con grafismos agrandados, P.A.N., y he sesado que estaba con el objetivo. ¿No era lo que estábamos buscando?, termina con una cuestión el mocetón.

- Pero hijo, le sermonea el Segundón, ya con tonos más acompasados a los tiempos; esto es un P.A.N., pero no el que queremos. Se trata de un Panfleto Apto para Necios; hay que seguir visualizando, y no quedarse con el principio. Observa que después del P.A.N., y con grafismos minúsculos, se divisa: “Panfletum Aptum Neciums“, y no son más que unas reglas para comenzar a saber leer, sumar, sustraer, y así, y no para niños y chiquillos, sino para gentes ya con experiencias, pues en los prólogos , se observa: “25-55 annus“. Esto puede ser útil como reliquia, pero no más. Hala ¡seguid buscando que, al final, saldrá!, terminando con una aclamación D. Ramón.

Pasaba el espacio temporal y, en la lejanía, se divisaba un pequeño vendaval.

- ¡Ondas de unos 6 en apenas 300!, gritaba el que se encargaba de ello, o sea.

- ¡No os preocupéis, ni ocupéis! Ya hemos pasado unos cinco de estos en este paseo, y no ha ocurrido gran cosa. Como dice el Patrón, primero remojón, y luego sedación. Por consiguiente, cubrid la materia celulósica para que no se remoje, y dejaremos pasar la futura marejada, les decía el Sr. Fraga a la tripu, a lo que éstos, reaccionaron con ligereza:

- Ya nos apresuramos, Don Pepiño, a cobijar todo el papelorio. Es cuestión de instantes.

Y, efectivamente, así resultó. En escasas dos saetas minuteras, todo el papel quedó tapado y abrigado, y las ondas, momentos después, se dejaron sentir. Golpearon con furia marina el esqueleto del “CALABOBOS“ y, éste, experto en peleas acuáticas, salió vencedor, una vez más, del duelo.

Llegó la calma, y los jornaleros se dispusieron a destapar la estera, y poner al descubierto, todo lo celulósico.

- Ya hay sedación, chavales. Seguid explorando, que estoy con seguridad que al papiro le queda un tris para salir, les hablaba y animaba el jefe de Primera.

El objeto marca-horarios del vehículo señalaba ya las 13.10 a.m., cuando al papelorio diana le dio por alumbrar.

- ¡Acá está! ¡Yo he sido el descubridor! ¡Vivan mua y mi ascendencia!, fueron las exclamaciones del mozo parturiento.

¡He dado a luz al papiro!, finalizando con nula sedación el ordenanza en cuestión.

- ¡A ver, a ver! ¡Traémelo y lo analizaré junto con D. Macías!, le mandaba el Sr. Cuiña al muchacho.

- Tenga, señor; mírelo, analícelo y verá que un servidor tiene toda la razón, le decía Miguelito, que era como se marcaba el subalterno descubridor.

Y así fue. D. Ramón agarró el panfleto, y estuvo cerca de una saeta horaria visualizando y revisualizando todo lo grafiado, cuando, súbitamente, explota:

- ¡Lo conseguimos! ¡Ya lo poseemos! ¡Es todo nuestro! ¡Es el verdadero P.A.N.!, exclamaba tras exclamaba el Segundón con total pasión, dándole el papiro al Patrón; éste, gran conocedor de engaños y embustes en los tesoros, cogió el objetivo, y se encaminó a su salón para estudiarlo con precisión.

Una vez el Sr. Alonso alcanzó aquel, asió con dinamia su apoyanalgas de preferencia, alumbró en el centro al panfleto, y se dispuso al análisis, en la compañía de unos libretos que le pudieran auxiliar en el dictamen final.

Eran ya las 16.15, cuando, ya sin dudas, salió del habitáculo, y con el refuerza-verbos agarrado a su diestra, mandó a toda la tripulación disponerse alrededor de Él:

- Muchachos, amigos , poneros todos alrededor de servidor, que tengo que deciros algo de gran importancia:

Hoy, día segundo del segundo, y marcando la torreta las 16.30, tengo que afirmaros que hemos alcanzado el fin. El verdadero Papiro de la Alta Nobleza está acá. No hay dudas. Durante cerca de un par de saetas horarias, y con la ayuda de material auxiliar, he sacado la Sentencia: es el P.A.N.

Mua, que es de palabra y de honor, todo lo que he dicho va a ser un hecho. El alumbrador, esto es, Miguelito, será el agraciado, que junto con el Sr. Fraga, D. Ramón y yo mismo, nos encaminaremos a la city del alto linaje, y allá, certificar y publicar el papiro, para más tarde, citar a todos los de la alta cuna, y proceder a la subasta que nos llevará, a ustedes y a nos, a ser muy acaudalados y afortunados; asimismo, a los de menos rango, les hará alzarse varios escalones en los escalafones, y todo gracias al esfuerzo, tesón y motivación del personal. ¡Gracias a todos!, finalizó D. Macías, no sin humedeces en sus periferias palpebrales.

Al acabar la oratoria, toda la compañía dedicó una fuerte dedicatoria al Patrón, en forma de son:

¡Plash! ¡Plash! ¡Plash!, así hasta completar las cinco saetas minuteras.

Eran las 17.00, cuando D. Ramón y el Patrón guardaron y cobijaron el P.A.N. en un lugar sólo conocido por el dúo, y que, salvo naufragio, era imposible extraviarlo. Al finalizar la operación, todos se dispusieron a papear y festejar el éxito del rescate.

Comieron y privaron sin descanso ni relajo hasta cerca de las 22.00 p.m., y ya, cuando la tráquea no dejaba pasar sólidos ni líquidos, se encaminaron cada cual a sus habitáculos descansacuerpos, para reposar y soñar. El día posterior era el marcado para el regreso a tierra, y de ahí, cada uno a sus destinos. Más adelante vendrá la puja, el ingreso y el reparto.

Fin del viaje marino.

IIª PARTE.- ¡A MILÁN, LA CIUDAD GALÁN!

(RISAS Y SONRISAS)

El regreso amaneció con frío, aires y nubes oscuras y preñadas. El son marino del desperece, a su hora. Los encargados del mismo, ya atribuidos por el Sr. Cuiña, lograron aquel, o sea. Todo, pues, en su sitio, momento y circunstancia. La torreta marcaba el papeo del empiece, y la tripu se dispuso a ello; en la parte central de la nao, los subalternos colocaron dos mesas de material consistente y resistente, comercializadas por el patrón en tierras bálticas; la una, con unas mediciones de aprecio, y la otra de deprecio; aquella de 35 por 3, y ésta de 5 por 1 y la mitad.

Como era habitual en los protocolos marinos, en la mayor se colocaron los de la Primera, salvo Pepiño, los de la Segunda y todos los demás, ocupando y ubicando unas cincuenta posiciones, y en la menuda se pusieron, siguiendo la tradición marina, los Mandamases: el primero de la Primera, el Sr. Cuiña y D. Macías: éste en un extremo, a su diestra el Segundón y en la siniestra el de Primera.

De repente, el Patrón, con voces activas y seguras grita:

- ¡Miguelito! ¡Miguelito! Avanza para acá, que te lo has vencido. Mereces estar con nos. ¿Por dónde andas?, acabando preguntando el Primero.

El chico, un tanto acobardado y acongojado, y con un tono tremuloso, responde a la cuestión:

- Yo Patrón, acá estoy, a los lados de dos como yo. ¿Quiere en verdad que el alimento lo inicie y culmine con ustedes tres?, termina el zagal.

- Pues evidente, mochuelo, te lo has alcanzado. Acércate y te situarás entre el Sr. Cuiña y un servidor y, por unos instantes, serás el tercero del rango, le dice con altos sones el Jefe.

El chico, un tanto timorato, se despide de sus compis más cercanos, y se encamina hacia la mesa preferencial, ubicándose, siguiendo mandatos, entre los expertos, relegando y apartando, una pizca y más, al Sr. Fraga Coelho.

Los culinarios tuvieron en cuenta el momento, y fabricaron un jale despertino de lo más “in“ y ”on“; de sólido tenía todo lo que la imaginación de cualquier quisqui podía producir; carnes de todo tipo y condición: de aves, de terrestres y de marinos, hechas, rehechas e, incluso, malhechas; de líquido, lo idéntico: habían “sin“ y “con“, y dentro de cada clase, las subclases; en las de “sin“, con burbujas ó sin ellas, agrias ó dulzonas, y así; y en las de “con“, tónicos de alto calibre, como brandys, anisados y malteados, y otros con menor poder embriagador, como tintos, blancos y birras traídas, como presentes, de la Doña de Britania, vieja girlfriend del Patrón D. Macías.

Todo, por tanto, equilibrado y simultaneado.

La sesión alza-calorías duró unas dos saetas horarias, incluidos postres e infusiones, y el marca-horas de la torreta adivinaba otear que ya eran las 11.00, cuando el Patrón, conocedor de la presencia en la compañía de danzadores populares, ordenó a estos que se marcaran unos pases de la folkla galaica, que tanto gustaba y animaba a D. Ramón y a Pepiño, cuyas cunas estaban ubicadas en aquella Autónoma.

Mandó que salieran al núcleo de la nao a 4 muchachos nacidos, criados y madurados en A Coruña, city de la Comunidad, y que alegraran el post-papeo con unos bailoteos folks.

Se acercaron los cuatro y, uno de ellos, el sobrenombrado galleguito respondón, también denominado Antoñito Balboa, osó verbar:

- Yo, Don Macías, junto con los otros tres, salimos y danzamos, pero para compensar nuestro bailar, a nosotros nos agradaría que vos, como buen Patrón, y con papel oficial, nos suba en el escalafón, y de simples ordenanzas, pasemos a la clase auxiliar, y así poder ganar más pernal. Pienso y digo que es lo equilibrado, ¿no?, terminando con una escueta cuestión el mocetón.

Acto seguido, y durando unos pequeños instantes segunderos, se audiaba por toda la periferia del vehículo murmullos y chismorreos de toda clase y condición:

- Este zagal es un lanzado y avanzado. Llegará…, eran unos comentarios con positividad que se alcanzaban a escuchar, pero, asimismo, también los habían en el otro sentido:

- Ahora los Jefastros se encargarán de anular al chaval, por ser tan descarado con el Mando y, además, audiando toda la tripulación, incluidos los de la peor condición.

D. Ramón, nada más oír lo que el respondón les verbó, se alzó de su apoyanalgas y, cuando iba a iniciar la réplica, el Patrón le agarró su diestro, y le dispuso nuevamente en posición. Se acercó a él, y le susurró:

- Ramón, como este chaval yo quiero más en mis naos; tiene valor, sinceridad y solidaridad. Fíjate que ha nombrado a los otros tres, no sólo a él, y ello se debe compensar. Me parece equilibrado lo que nos ha verbado, y lo voy a realizar, o sea.

En un momento, el Sr. Alonso se levanta, y sin decir nada, se dirige al habitáculo donde tiene ubicados todos los papeles de la burocracia. Coge el que le interesa, y se encamina nuevamente a la mesa de preferencia. Ase un “refuerza-sones“, y se enfoca a Antoñito:

- Muchacho, te lo has logrado y alcanzado. Por tu valentía y compañerismo, aquí está, en papel de Estado con oficialidad, vuestro ascenso escalafonal: pasais de ordenanzas marinos a auxiliares sinónimos, y ello os reportará más estabilidad, pese a vuestra escasa edad. Acercaros y tomarlos. Son vuestros, terminando ya su alocución el gran Patrón.

El respondón y los otros se alzaron y se dirigieron raudos a las cercanías de D. Macías. Una vez alcanzaron la meta, el Jefe les donó los cuatro papeles oficiales, bien grafiados y autografiados por Él, y con los ascensos en la mano, se los introdujeron en sus bolsillos respectivos, y se dispusieron a bailotear en el centro del vehículo marino.

El reloj anotaba las 12.00, cuando los cuatro empezaron a danzar nada más audiar lo que la altavocía musical les ofrecía: añosas canciones galaicas, que los guerreros celtas habían dejado, cuando asaltaron y dominaron aquellas zonas.

La sesión duró, con aproximación, unas sesenta saetas minuteras , y todos los que habían cunado en la Comunidad, especialmente el Sr. Cuiña y Pepiño, disfrutaron hasta alcanzar el clímax y más, cuando, el subalterno estacionado en lo alto de la torreta, vociferó:

- Mis “agranda-objetos“ me permite otear que dentro de poco vamos al alcance de ¡Tierra a la vista! ¡Estamos ya en el camino de la península! ¡Albricias! ¡Ya tenía ganas y reganas!, eran las exclamaciones que el zagal pronunciaba, a las que se sumaron todo el resto de la tripu:

- ¡Viva! ¡Ya nos acercamos a nuestras doñas! ¡Ya tenemos ganas de besoteos!, clamaban algunos, los más cautos, a lo que los más osados y exaltados añadían:

- ¡No sólo besoteos! ¡Toqueos y forniqueos! ¡Que son ya más de todo un mes yendo de mar en mar, y nada que tocar ni de follar! ¡Al fin estaremos con hembras!, finalizando con expresiones machistas los más extremistas.

Se acercaba la arribada, cuando todos, incluidos los Primeros, se apresuraron a hacer y rehacer sus maletines, maletas y, en contados casos, maletones; ello estaba en consonancia y concordancia con la graduación de la tripulación. Los menos se conformaban con maletines, los medios con maletas y los más con maletones que, en el caso de don Ramón, disponía de tres pisos: en el primero depositaba los retales y así, en el segundo dejó sin clasificar los juegos del azar, y el último el Segundón lo utilizó para las píldoras, ungüentos y remedios, y también para los papeles del pensar y del gozar.

Eran las 14.30 cuando el último de la tripu, con el maletín en el diestro, se ubicó con el resto.

El “CALABOBOS“, nao de gran respeto y afecto en la zona, se ancló en el aparca-naves, y el ordenanza Luisito sacó la escalinata y la fijó en su destino. La nave quedó segura y fija, y se dispuso toda la tripulación a descender por aquella y tocar, ¡al fin! la soñada y deseada t.

El orden siguió las normas navieras, y los primeros en alcanzar la península eran los últimos en el escalafón, para seguir por el orden inverso hasta el Primero, esto es, el Sr. Alonso Ruipérez. El Patrón tenía los miembros superiores ocupados: uno con su maletón y otro con el papiro en cuestión.

Cada cual tenía a su alrededor a sus gentes más cercanas, y los abrazos y sollozos eran una constante cuando, D. Macías, sólo él, iba despidiéndose de cada uno, no sin afirmarles que, una vez la venta del P.A.N. se produjera, y el montante se introdujera en su cuenta, las alícuotas que correspondiera a cada tripulante, serían ingresadas en las financieras que cada uno, previamente, le había anotado en una hoja que estaba adosada al tesoro.

Dejó de despedirse ú

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Presentación y objetivo

Tono | 25, may

¡Hola, amigos blogueros! Aquí tenéis unas obras, teatrales la mayoría, escritas por mí y con un principal objetivo: que las leáis, disfrutéis y, si queréis, dadme vuestra opinión. También me gustaría que, entre todos, podamos crear una verdadera red de escritores aficionados que, olvidados por las Editoriales, hagamos un frente común y podamos intercambiar comentarios y sugerencias, así como poder quedar y crear auténticas tertulias literarias, recordando los tiempos de la primera mitad del XX. Gracias por vuestra visita y un saludo.

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