ESPECTROS DE MAESTROS
PERSONAJES:
- TIBERIO, TOBÍAS, PETRA (LA COMPAÑÍA PETITO)
- ORDENANZA
- PRIMER JURADO, SEGUNDO JURADO
- ESPOSO 1, ESPOSO 2, AMANTE 1, AMANTE 2, ESPOSA, AMADA, SECRETARIA DE “LAS D. C. G“
- CALDERÓN DE LA BARCA, LOPE DE VEGA, W. SHAKESPEARE
PRIMER ACTO.- INICIACIÓN
(Llegan puntuales a su destino, Tiberio, Tobías y Petra, integrantes de la Compañía “PETITO“. A lo alto del local se observa iluminado: “CASTING PARA GRUPOS TEATRALES“. Llama a la puerta Tiberio.)
Puerta.- ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!
Ordenanza.- ¿Quién es? ¿Quién es?
Tiberio.-Me llamo Tiberio, y junto con otros dos, venimos a participar en las pruebas de dramas, fijadas para el día de hoy y a las horas de ahora. ¿Nos puede abrir, señor?
Ordenanza.- Sí, claro. Ya mismo lo realizo. (Abre la entrada, y deja pasar al trío participante.)
La Compañía.- ¡Hola señor! ¡Buenos días!
Ordenanza.- ¡Buenos días! Supongo que tendrían cita para el día de hoy. ¿Podrían enseñarme sus credenciales?
Petra.- Tenga usted nuestro carnet de grupo teatral aficionado. Observe que en letras mayúsculas grafía “PETITO“. Es así como se nos conoce en nuestras tierras, y así nos damos a conocer. Nuestra participación está fijada dentro de media vuelta de saeta horaria, creo recordar. ¿No es así, chicos?
Tiberio y Tobías.- Sí, sí. (Petra continúa con la explicación.)
Petra.- Cuando llamé aquí, hará unos cuantos días, me dijo la señorita que se puso que nuestra actuación empezaría el día de hoy a las 10.30, y son las 10.00. Por lo tanto está próxima.
Ordenanza.- Muy bien. Pasen y alójense en este Salón de recepción. Enfrente tienen un pequeño cafeto donde pueden tomar alguna infusión. Cuando les llegue el momento les avisaré.
La Compañía.- ¡De acuerdo, caballero! Esperaremos aquí hasta la llamada. ¡Adiós!
Ordenanza.- ¡Hasta luego, trío! (El ordenanza sale del Salón, y se dirige ¡Dios sabe a qué misión! Mientras tanto, los muchachos, un tanto ansiosos, se dirigen al bar a dialogar.)
Petra.- Chavales, aún restan unos ratos minuteros para participar. ¿Por qué no nos tomamos algo en el bar, y preparamos nuestro actuar?
Tiberio.- Bien, bien. Dirijámonos ya.
Tobías.- Eso, eso, que estoy un tanto inquieto, y hablar con un café me sedará. (Avanzan unos metros, y llegan al bareto. Piden tres infusiones, y charlan sin parar hasta que el ordenanza, con la hora alcanzada, les hace la llamada.)
Ordenanza.- ¡Compañía PETITO! ¡PETITO! ¡Entren en el local para el ensayo inicial!
Petra.- ¡Es el momento, compañeros! ¡Adelante, y suerte para todos!
Tiberio.- ¡Valor, y a la res! (El trío se despide del camarero, y raudos llegan al Recinto donde tienen que actuar. El local posee unas dimensiones de aprecio. Nada más penetrar, en el fondo una mesa rectanguloide de unos 6 de largura, donde se ubican los Jurados. Al lado diestro, la tarima de representación, y al siniestro dos compartimentos adosados: uno para evacuar y el otro para cambiarse y descansar.)
Primer Jurado.- ¡Pasen, pasen! ¡Pónganse en la tarima, y les informaremos de las bases de la prueba! ¡Venga! ¡Dense prisa que hay muchos más esperando! (Los muchachos, ante tales exclamaciones, sufren algunas excitaciones, y se posan en la tarima, enfrentando miradas con los examinadores.)
Petra.- Ya estamos ubicados. Mis compañeros y yo misma esperamos sus explicaciones.
Segundo Jurado.- Ante todo, ¡buenos días! Como ya sabrán, durante esta semana laboral va a haber en este lugar representaciones teatrales de grupos amateurs. La duración de cada uno de ellos no podrá exceder de treinta saetas minuteras por cada día. Al final evaluaremos sus trabajos, y el que resulte ganador, pasará de ser un grupo aficionado y no remunerado, a estar financiado y ser profesional del arte teatral. ¿Lo comprendieron?
Tiberio.- Sí. Parece claro.
Segundo Jurado.- Pues si no tienen ninguna cuestión que realizarnos, pasaremos a la acción. El grupo al que pertenecen se nombra “PETITO“, y la obra que van a interpretar, según los papeles que enviaron acá, se titula “ESPOSOS Y AMANTES PARA UNA MISMA DAMA“. ¿No es así?
Petra.- Sí, es como se denomina nuestra obra. Es de nuestra producción, y ha sido la que hemos elegido. Haremos lo posible para que su duración por sesión no exceda de aquella condición.
Primer Jurado.- Eso es imperativo. Tanto yo como mi compañero poseemos relojes de gran precisión, y cuando llegue el momento de la finalización, se terminará su actuación. Así pues, que ésta inicie. Retóquense si lo desean, y ¡acción!
Los chicos.- Nosotros no necesitamos retocarnos. Es la chica de nuestra Compañía la que precisa unos leves retoques, pues durante la obra pasa de amada a esposada y viceversa, y ello requiere variaciones. (La chica Petra se dirige al receptáculo para los cambios, y en un tris se pone como dispone el guión.)
Petra.- ¡Ya está, señores! Nuestro actuar está listo para iniciar.
Segundo Jurado.- Pues, ¡apaguen las luces exteriores, y quédese iluminado sólo el espacio interpretativo! (El ordenanza obedece, y cumple las instrucciones. Una vez lo realiza, abandona el local para recepcionar a otros más.)
(La obra da inicio. Petra aparece como esposa, y es Tiberio el que interpreta el papel de esposo 1. Se acaban de desperezar, y ya comienza el discrepar.)
Esposo 1.- ¡Caray, querida! Hoy es día festivo, y ha sonado el aparato del despertar. ¿Es que te olvidaste de apagarlo, aunque sólo fuera por un día?
Esposa.- Son ya las 10.00, y en mi pensar está el disfrutar. Si nos encamamos más, las horas pasarán, y nos aproximaremos sin gozar al mañana del trabajar. Por tanto, yo me alzo ya.
Esposo 1.- ¡Ven aquí, cari! Podemos pasarlo bien sin tener que levantarnos de acá. (Hace un amago de retención a la esposa. Ésta rehúye la intención, y va directa al aseo. Ahí, vocifera al divisar que lo que busca no lo encuentra en su lugar.)
Esposa.- ¡Oye! ¡Es que no te he dicho que las cremas y demás que son de mi propiedad, no se dejan en otro lugar que en el compartimento de mua! ¡Por ello tenemos dos! ¡Uno para mí y el otro para ti!
Esposo 1.- Sí, es verdad. Te cogí la de suavizar las manos. Ayer tuve un día ruin, y sufrí en ambas las consecuencias de ello. ¿Pero no la dejé en su sitio? (El esposo 1 cuestiona de una manera un tanto pamplinera, sabiendo a la perfección que se olvidó de la lección.)
Esposa.- Pues…, ciertamente no. He ido a buscar la de dientes, y todo estaba muy alterado. Ahora tendré que ordenarlo nuevamente. (Una pausa.)
Esposo 1.- Bueno, ya que he perdido el sueño, voy a levantarme. ¿Quieres que te prepare café y unas tostadas de acompañamiento? (La esposa está encerrada en el baño oyendo sones musicales, y no audia en su oreja lo que le pregunta su pareja. El esposo 1 se alza, se pone el batín, y en la puerta del aseo da un golpeo.)
Puerta del baño.- ¡Pum! ¡Pum!
Esposa.- ¿Qué deseas, caramba? ¿Es que una no puede estar tranquila un solo instante?
Esposo 1.- Te decía si querías un café, más unas tostadas con él.
Esposa.- ¡Eso, eso! Tostadas con manteca para ponernos que dé pena. ¡Hala, hala! ¡Háztelas para ti, y déjame en paz a mí! (El esposo 1, acostumbrado al increpar de su par, se aleja del lugar, y llega a la cocina. Ahí, prepara su desayunar. Pasan quince saetas minuteras y se deja ver la mujer.)
Esposa.- ¿Por dónde está mi café? ¿Es que no me lo preparaste?
Esposo 1.- Sí, está encima de la mesa. Sólo falta que lo deposites en el vidrio y lo dulcifiques. (De repente, suena el fono de la esposa. Visualiza el número en cuestión, y no es de otro que el de uno de sus dos. Se dirige rauda a su habitación, y da a la puerta un empujón. Ya con intimidad, habla con su interlocutor de amor.)
Esposa.- ¡Hola! Ya estaba inquieta por no recibir tu llamada. ¿Dónde estás ahora? (Entra en escena Tobías, que interpreta al amante 1. Petra, ya cambiada y retocada, se transforma en amada.)
Amante 1.- ¿Qué tal, amor? ¿Ya te has levantado y desayunado?
Amada.- ¡Oh, sí, sí! Puse el despertador, y ya tuve una fricción con el idiota de mi marido. ¡No lo aguanto más! ¡Es pesado, aburrido y no me alza la líbido! Pero no hablemos de él, que por aquí está. Te cuestioné anteriormente por dónde te ubicas en este momento. Son las 11.00, y si deseas voy a tu hogar ya mismo. ¿Qué te parece?
Amante 1.- Pues no me parece nada mal. Ahora mismo estoy descansando en un banco del parque que está por mi casa. He hecho unas carreras y estoy reposando.
Amada.- ¿Pero has terminado de corretear?
Amante 1.- Sí, ya me dirijo a mi lar. Una vez llegue, me aseo, y en una hora ya estoy preparado.
Amada.- Pues entonces, a las 12.30 estoy allí. ¿No?
Amante 1.- ¡Claro, claro! Ven aquí, y prepararé una buena bienvenida para ti.
Amada.- De acuerdo. Ya voy allí. (La charla dura más-menos un cuarto de vuelta de saeta horaria, y regresa al baño muy resuelta la muy coqueta. El esposo 1 está inquieto, y da voces por la casa. Se teme lo peor: va a estar sólo el resto del día el muy perdedor.)
Esposo 1.- ¡Mujer! ¡Mujer! ¿Adónde te has metido esta vez? ¿Es que estás en el aseo nuevamente? (La esposa oye las voces, abre la puerta y grita.)
Esposa.- ¡Sí, aquí estoy embelleciéndome! ¿Es que no sabes otra cosa que vociferar?
Esposo 1.- ¡Oh, querida! ¡Qué gusto! Poniéndote atractiva para darnos una vuelta por los jardines de alrededor. ¡Es lo que deseaba!
Esposa.- ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ¡Pero qué bobo eres! No es a ti a quien quiero embelesar, sino es al mundo en general.
Esposo 1.- ¡Ah, buenooo…! (Hay resignación en su pronunciación. La esposa regresa a la habitación y cierra la puerta de un empujón. El esposo 1 vuelve donde su esposa se está poniendo hermosa. Toca a la puerta muy sedosamente, y la dama sale toda perfumada y engalanada.)
Puerta.- ¡Toc! ¡Toc! ¡Toc!
Esposa.- ¡Ya salgo!
Esposo 1.- ¡Ostras, querida! ¡Qué guapa te has puesto! ¿Es que vas a alguna recepción de gala? (La esposa no quiere decir la verdad, y continúa la ligazón de su marido cándido y tontorrón.)
Esposa.- ¡Claro! ¡Ya te lo dije esta semana! Hoy hay una reunión de todas “las Damas de la Cruz Gamada”. Creo que durará hasta bien entrada la noche. Por consiguiente, no me esperes para el papeo diurno ni para el nocturno. Sobre las tantas llegaré.
Esposo 1.- Pues no creo recordar que me lo dijiste, pero si lo afirmas, verdad será. (Toda arreglada, algo escotada y muy bien perchada, la esposa se dispone a abandonar el hogar, e irse al sitio del gozar. El esposo 1 está confundido y aturdido, pero no le queda otra que esperar hasta la hora del soñar.)
Esposa.- Bueno, querido, hasta más ver. Son las 12.00 y me tengo que marchar ¡ya!
Esposo 1.- Un beso sí me darás, aunque sea en la mejilla y nada más.
Esposa.- Si es ese tu deseo, ahora está cumplido. (La mujer le da una acaricia por el cogote, y deja posar sus labios en la faz del varón, con una leve fricción.)
Esposo 1.- ¡Adiós cariño! ¡Que tengas buena reunión con tus amigas de salón!
Esposa.- Eso espero. ¡Hasta luego! (Se despiden los dos: él con preocupación, y ella con excitación.) (Los relojes de los Jurados, calibrados y preparados, suenan al unísono. La función ha concluido.)
Jurados.- ¡Tiempo! ¡Ya es la hora! ¡Finalización de la representación!
Petra.- ¡Muy bien! El primer pasaje ha cumplido su viaje. Hay que ver lo rápido que se me ha pasado. ¿A vosotros también, compañeros?
Tiberio y Tobías.- Sí, sí, claro. El actuar es similar al soñar.
Primer Jurado.- Desvístase, señorita, y dejen pasar a los siguientes. Mañana, a la misma hora, continuaremos. Así pues, ¡hasta luego!
La Compañía.- ¡Hasta mañana, señores! (Tiberio, Tobías y Petra abandonan el local, y se disponen a papear en el lugar del descansar, o sea, el Hostal.)
Tiberio.- ¡Uff, qué hambre poseo! Sería capaz de tragarme lo que me dieran. ¿A vosotros no os sucede lo similar?
Tobías.- A mí, desde luego. Los nervios me dan por aumentar el umbral de mi saciedad. Yo voy a pedir ¡un toro!
Tiberio.- Pues yo, ¡una vaca!, y así nos complementamos.
Petra.- ¡Dejad de decid estupideces!, y pedid lo que el menú nos indique. Sabéis que de bolsillos andamos regular. Yo de lo que diviso, de primero quiero una sopa de mero, y de segundo “bolletus menudos“, y así descubriré de qué se trata.
Tiberio y Tobías.- Nosotros lo mismo, Petra, y de esta manera el camarero no sufrirá mareos. (El servidor del bar les toma la anotación, y al poco rato les sirve lo pedido. En el acto de la alimentación, los tres dialogan de la interpretación.)
Petra.- He notado que tanto en los diálogos, como en los movimientos, hemos estado algo timoratos, y los Jurados, creo, lo han notado y anotado. Tengo esa sensación.
Tiberio.- Es que sin público, y en un local tan grande, se hace dificultosa la actuación.
Petra.- Pero así va a ser en lo sucesivo. Tenemos que esmerarnos más en ambas facetas: la conversación y la animación. ¡Ay, si W. Shakespeare levantara la testa! ¡Cuánto nos ilustraría!
Tiberio.- No te olvides de mi maestro: don Pedro, el autor de ensueño de “La vida es sueño“. Él también nos adoctrinaría. (Entra en la charla Tobías, con ganas de nombrar a su ídolo del interpretar.)
Tobías.- Y el mío no lo apartéis, que hasta el mismísimo don Miguel lo tenía como el “rey“ de los dramas, comedias y así: el llamado “Fénix de los ingenios“, o sea, Lope de Vega, don Félix.
Petra.- Ya que nos hemos descubierto en nuestros gustos, espero que mejoremos en los días venideros. De otra manera, no veo posibilidad de alcanzar la profesionalidad. (Súbitamente, Tiberio plantea una solución, en plena digestión.)
Tiberio.- Acaba de sedimentar en mi cabeza una idea. Si la base de la interpretación es la conversación, con la adición de la animación, y tenemos que mejorar en las dos, podíamos invocar a los tres esta noche, y que nos den la primera lección para la próxima sesión. ¿Qué os parece?
Petra.- Pero cuando dices tres, ¿te estás refiriendo a nuestros mitos?
Tiberio.- Por supuesto, amiga. Ellos saben de nuestros defectos, y serían capaces de perfeccionarlos, hasta el extremo de eliminarlos. Comenzaríamos en la noche de hoy, y aún restarían otras dos, para ser unos actores y actriz de postín.
Petra.- ¿Pero cómo conseguimos que aparezcan? Están finados hace tiempo, y sus almas estarán ya con mucha calma.
Tiberio.- He leído muchos volúmenes sobre apariciones y desapariciones, y todo se basa en la confianza; si creemos que nos van a aparecer, surgirán y nos auxiliarán. Además, ¿qué podemos perder? Lo intentamos cuando nos acostemos, y antes de caer en la ensoñación, los invocamos con toda nuestra pasión. Una vez estemos dormidos, los espíritus de nuestros ídolos aparecerán, y junto con los nuestros, darán las lecciones teatrales. Por la mañana nuestra actuación subirá un escalón. ¡Ya lo veréis!
Petra.- Es interesante lo que planteas, Tiberio. Es cierto que no perdemos nada si no surge nada. ¡Lo haremos, amigo! (Al fin, entra en la conversación Tobías, y no hace más que ratificar lo dicho por el par.)
Tobías.- Me parece una idea genial, Tiberio. Ya mismo quiero que llegue la hora del dormir, y que me aparezca el sr. Lope de Vega. ¡Qué emoción! (El reloj del bareto, sito en lo alto del mostrador, muestra que es la hora de la finalización de la digestión: 16.00. El trío se despide, y cada cual se dirige a realizar actividades dispares en lo que resta del día: Tiberio a su habitación, para practicar la lectura y escritura, Tobías a reposar, y más tarde corretear, para bajar de una vez, su maldito stress, y Petra a pasear y reflexionar, hasta alcanzar la hora del cenar. Eso sí, quedan a una hora fija para dormir, y que todas las almas fluyan como una sola llama.)
Petra.- Ya está dicho todo. Yo voy a caminar por esta ciudad, y ello me ayudará en mi pensar. Luego cenaré en cualquier lugar.
Tiberio.- Sí, sí. Cada uno que haga lo que le dé la gana hasta la hora del descansar. Ahí tenemos que fijar la hora para que los tres nos acostemos a la vez, y tanto los espectros de nuestros maestros, como los nuestros, se encuentren, y entre los seis interpreten, y así mejorar en nuestro actuar.
Tobías.- ¡Perfecto! ¿Y qué hora señalamos, Tiberio?
Tiberio.- Las 00.00 es una hora lógica y mágica. Creo que es la que debe ser.
Petra.- ¡Muy bien, Tiberio! Yo había pensado la misma. Veo que estamos compenetrados. Así pues, a las 00.00 ¡todos a soñar, muchachos!
Tobías.- ¡Eso, eso! A las 00.00.
Tiberio.- ¡No te olvides, Tobías!
Tobías.- No me olvidaré, Tiberio.
Petra.- Eso espero, amigo. Dicho ya todo, ¡hasta mañana, pues!
Tiberio.- No, Petra. ¡Hasta las 00.30 más-menos! A esa nuestras almas se hablarán, y por tanto, nuestros cuerpos se encontrarán.
Petra.- Es cierto, Tiberio. Hay que creer firmemente en ello, para que sea verdadero. ¡Se me había olvidado! Espero que no se repita. ¿Y tú Tobías? ¿Te acuerdas de lo dicho?
Tobías.- ¡Oh sí, Petra! ¡Hay que creer firmemente en que aparecerán, y ello resultará! ¡No se me había ido de la sesera!
Petra.- Pues eso, ¡hasta luego, compañeros!
Muchachos.- ¡Hasta pronto, Petra! (Definitivamente, cada uno va por su camino hasta el momento del evento: las 00.00 nocturna. Y ésta se aproximó. Son las 23.30, y Petra fonea a Tiberio. Este hará lo propio con Tobías para recordarle la hora del encuentro con los maestros.)
Fono de Tiberio.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng! (Y así hasta casi llegar al rato minutero del descolgar.)
Tiberio.- ¡Ya voy! ¡Ya voy! ¿Quién es a estas horas taciturnas?
Petra.- Tiberio, ¡es que no te fijas cuando descuelgas el instrumento! Soy yo, Petra.
Tiberio.- ¡Dime! ¡Dime! ¿Qué deseas en este momento? Me has pillado tumbado en el descansacuerpos. Estaba un poco aventurando y madurando nuestro ensayo de mañana.
Petra.- Te foneo para advertirte que son las veintitrés horas ya pasadas, y nos aproximamos a la hora invocadora.
Tiberio. – Sí, ya lo tengo en cuenta. También tengo pensado fonear ya mismo a nuestro amigo Tobías, y recordárselo asimismo. ¿Sabes cómo actuar en esto del invocar, Petra?
Petra.- Pues era otra cuestión que quería plantearte. Según tengo entendido, por lo poco que he leído, lo primero que hay que efectuar es creerlo de verdad. Más tarde, concentrarte fuertemente en la persona saliente, para que finalmente, el ánima de aquella salga del letargo y venga a ilustrarnos. ¿Es así, Tiberio?
Tiberio.- ¡Exacto! ¡Has aprendido bien la lección! ¡Tu sajón saldrá del cajón! ¡Ya lo verás!
Petra.- Eso espero y deseo. Pero, ¿y Tobías? ¿Sabrá hacerlo correctamente? Son varias fases, y ya conoces sus pocas luces. ¡Llámale ahora mismo, e instrúyele adecuadamente, Tiberio!
Tiberio.- Es lo que voy a efectuar nada más colgar. ¡Hasta dentro de poco, Petra!
Petra.- ¡Hasta las 00.30, Tiberio! (Tiberio, una vez cuelga con Petra, raudo se dispone a fonear a Tobías, y lo hace, o sea.)
Fono de Tobías.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng! (Tobías descuelga su fono, y observa que el interlocutor es su amigo del cor: Tiberio.)
Tobías.- ¡Hola, Tiberio! ¿Qué deseas a estas horas?
Tiberio.- Pues recordarte que estamos próximos a la cita mágica, y no sé qué practicas.
Tobías.- Estaba desvistiéndome para encamarme, aunque primero debo sanearme.
Tiberio.- Muy bien, Tobías, porque son las 23.50, y dentro de diez saetas minuteras, habrá que forzar con el pensamiento el alzamiento de tu maestro. ¿Estás en disposición de ello?
Tobías.- Sí, sí. He visualizado algo de apariciones, y he aprendido algunas lecciones. Según los doctores en estos saberes, lo primero es tener mucha fe en lo que se va a hacer; lo segundo, es pensar en el espíritu que se va a despertar y, ya lo tercero, saludarlo, y nada más.
Tiberio.- ¡Perfecto! ¡Maravilloso! Creo que estamos bien adoctrinados los tres para que esto resulte. No te entretengo más, Tobías. ¡Hasta dentro de muy poco, compañero!
Tobías.- Sí, eso. ¡Hasta luego, Tiberio! (Los tres se acostaron puntuales, y más-menos a las 00.30 empezaron las apariciones. Los primeros en salir fueron los nacidos en Madrid, esto es, don Pedro y el “Fenix de los ingenios“, y a continuación hizo su aparición el anglosajón.)
Calderón de la Barca.- ¡Caray! ¡Qué observo! ¡Una habitación con todo en condición! ¿Y esto qué es? (Don Pedro divisa un diario en un apoyanalgas, lo hojea y lo deja, sin saber si se trata de una obra literaria ó de una maniobra malvada del inquisidor Torquemada.) ¿Y aquello? ¿Pero dónde estoy? ¿Es que me he vuelto un tanto revuelto? (A continuación aparece Lope, y dialogan los dos, ya con más calma ambas almas.)
Lope de Vega.- ¡Por Dios! ¡Qué ven estos dos! ¡Si es Pedro! ¡Y también Calderón!
Calderón de la Barca.- ¡Félix! ¡Tú por ahí! ¡Y yo por aquí! ¿Pero qué hacemos ambos? ¿No habíamos finado hace más de tres centenarios?
Lope de Vega.- ¡Claro y evidente, dramaturgo creyente! Pero no somos nosotros en realidad, sino nuestros espectros en la virtualidad.
Calderón de la Barca.- ¿Y cómo lo has reconocido, Félix?
Lope de Vega.- ¡Ay, Calderón, Calderón! ¡Sigues siendo un tanto tontorrón! Simplemente me he tocado de arriba abajo, y no he sentido nada, ni en lo alto ni en lo bajo. Somos ánimas, almas y así, pero sin nada sólido, pues nuestro cuerpo se extinguió cuando el corazón se paró. Pero, ¿y qué hacen nuestros espectros en este cuarto, y en secreto? (Al concluir la cuestión, entra en escena el sajón.)
W. Shakespeare.- ¡Oh, God! ¡My friends Peter and Félix! ¿How are you?
Calderón de la Barca.- ¡No puede ser! ¡Si es Guillermo en persona!
Lope de Vega.- Perdona, Pedro. Es Guillermo en alma. ¡No te olvides de ello!
Calderón de la Barca.- Cierto. Es su espíritu, que no su cuerpo. ¡Pero qué casualidad! Los más grandes en el arte dramático, aquí reunidos. ¡Dios sabe en qué año!
Lope de Vega.- Pues ahora te lo digo. (Agarra el diario, observa la data y lo anuncia.) Estamos en el año 2009. ¡Hemos pasado el milenio! ¡Esto es milagroso!
Calderón de la Barca.- ¡Y piadoso!
W. Shakespeare.- Para ser esa fecha, me siento bien, y con ganas de ilustrar en el arte de actuar.
Lope de Vega.- A mí me sucede igual.
Calderón de la Barca.- Y a mí. (En este momento, surgen las almas de los tres aprendices en dramas. Comienza la primera lección de la interpretación.)
Petra.- ¡Uy, qué bien me siento! ¡Ya estoy en flotación! ¿Y mis colegas de sesión? (Súbitamente, los espectros de los compañeros aparecen en el salón, cual dos ánimas ávidas de actuación.)
Tiberio.- ¡Ya estoy aquí, dispuesto a escuchar a tres maestros de verdad!
Tobías.- ¡Y yo aparezco ahora, simulando una aurora!
Petra.- ¡Hola, muchachos! Ha sido una realidad lo ideado por Tiberio. No sólo estamos los tres, sino nuestros ídolos teatrales han surgido espectrales.
Tobías.- ¿Pero dónde están, que no los ubico? (Al oír la cuestión, aparece en el centro su maestro: el mayor productor de versos de todo el Universo.)
Lope de Vega.- ¿Tobías?
Tobías.- Sí, así me nombro.
Lope de Vega.- Soy Félix, ó lo que es similar, el Sr. Lope de Vega.
Tobías.- ¿Es usted en persona, señor?
Lope de Vega.- Yo mismo soy, aunque no en físico sino en metafísico.
Tobías.- Pues encantado de conocerle en metafísico, señor.
Lope de Vega.- El encanto es mío, porque de otro modo he nacido. Creo que hemos venido a ilustraros, como si fuéramos magos. ¿No es así?
El resto a la vez.- ¡Sí, eso es! Hoy empieza la función del adoctrinamiento en el arte del interpretar. (Acto seguido, cada cual se saluda, en primer lugar con su maestro, y a continuación con el resto.)
Petra.- Bueno, ya que nos hemos reconocido y conocido, empecemos la sesión. Mister Shakespeare, en nuestra primera función tuvimos fallos de toda condición. ¿Por dónde empezaría vos?
W. Shakespeare.- Creo, según tengo entendido, que son tres las sesiones a ofrecer. Esta, que es la primera, la podemos dedicar al difícil campo de las exclamaciones y sus reacciones. En el drama y en la comedia son muy frecuentes, y por ello hay que dominar esa faceta del dialogar. ¿Qué os parece a vosotros, Pedro y Félix?
Calderón de la Barca.- Es cierto, Guillermo. En todas mis comedias, y también en las tragedias, las he utilizado con abundancia, por el ritmo que ofrecen, y es lo que hoy podemos ilustrar.
Lope de Vega.- Pienso lo idéntico. La exclamación en el teatro es como el pan en la comida: sin ellos no hay vida. ¡Empecemos a exclamar y a rectificar!
Tiberio.- Maestro Pedro, comienzo yo. Si digo ¡amor mío!, ¿cómo debe se el tono y la expresión en esta exclamación?
Calderón de la Barca.- Buena expresión, alumno Tiberio. El amor es un tema muy dado en el arte dramático, tanto en lo cómico como en lo trágico. Hay que tener en cuenta el receptor al que se dirige tal exclamación. Si el emisor es una dama, la entonación debe ser mayor al ser un varón el receptor, ya que el sentimiento es mayor en aquella. En cuanto a la expresión, por tradiciones y costumbres, el macho es más inexpresivo en estos temas que las hembras. Por ello, si el emisor es el varón, lo entonará con menos pasión y, asimismo, con menos dulzura y ternura. La dama, en cambio, al recibir tal exclamación, lo que debe de realizar es expresar, y nada más.
Tiberio.- ¿Qué ha querido decir con la última frase, don Pedro?
Calderón de la Barca.- Muy sencillo, Tiberio. La dama recibe lo que espera, pero con exclamación, es decir, con alta pasión, y ello impide la conversación y deja paso al corazón. ¿Lo has comprendido ya?
Tiberio.- Sí, creo que sí. Si el varón recibe la exclamación, no se queda en sedación, sino que continúa con el habla en el drama; pero si es la dama la amada, se queda pasmada y entusiasmada. ¿No?
Calderón de la Barca.- ¡Perfecto! ¡Es lo que quería ilustrar! ¿Lo habéis entendido los demás?
Petra.- Sí, maestro. El tema del amor exclamado, tan bien explicado, ya ha sido por mí, aprendido y absorbido.
Tobías.- ¡Y por mí! ¡Ha sido una buena primera lección, en esto de la exclamación! Ahora, vayamos a la segunda. Don Félix, denos el segundo aprendizaje en este primer día de pasaje.
Lope de Vega.- Muy bien, Tobías. Tú me has invocado, y yo obedezco como un amado. Voy a aleccionaros en las exclamaciones de las bienvenidas y las despedidas. Ambas dos, son muy corrientes en las obras, y hay que dominarlas para bien interpretarlas. Las bienvenidas con exclamación denotan satisfacción, y ello es lo que hay que expresar al actuar. Pueden ser varias, pero las más usadas son ¡hola!, ¡qué tal!, ¡buenos días, ó tardes, ó noches!, y así. Si el que exclama una bienvenida la realiza a alguien de mucha confianza, se debe de utilizar el ¡hola! Entre estas gentes, estarían nuestros seres queridos: amada, amado, progenitores, hermanos y amigos. (En este momento, Tobías interrumpe a su maestro, y le cuestiona.)
Tobías.- Pero don Félix, entre estos, no ha incluido a los esposos. ¿Es que no son de confianza?
Lope de Vega.- Cierto, Tobías. Estás atento, y ello me pone contento. Fíjate que un matrimonio es como un manicomio. Al principio va bien, para después entrar en el hábito del enfrentamiento, por pasar tanto tiempo con tu complemento. Ello lleva al hastío y al enfriamiento, y también al alejamiento; por tanto deja de haber confianza, y se pasa al siguiente escalón, al cual pertenecen la gente del montón.
Tobías.- Entonces, a estos se les aplicaría la siguiente exclamación. ¿No es así?
Lope de Vega.- ¡Maravilloso, muchacho! Es lo que iba a decir a continuación. Para la gente ya sin mucha confianza, se utilizaría la expresión ¡buenos días, tardes ó noches!, pero nunca ¡hola! Esta es la cuestión. Por último, queda la tercera exclamación, es decir, ¡qué tal! Esta es aplicable tanto a unos como a otros. Si hay confianza en el receptor, se puede exclamar ¡qué tal!, igual que si no la hay. Ambas no estarían mal. ¿Lo habéis entendido todos?
Resto del plantel.- ¡Sí, maestro!
Lope de Vega.- Pues vayamos a las despedidas, que son más sencillas. Pueden ser varias, del tipo ¡adiós!, ¡hasta pronto!, ¡hasta luego!, y así. La única que denota frialdad, y la que hay que usar para despedirse de forma definitiva, o bien de físico ó bien de psíquico, es ¡adiós! Esta se utiliza para indicar a la persona receptora, que no será bien recibida si hay una nueva venida. Si la receptora es sensata, todo ello lo capta, y dejará de ser ¡por fin! ingrata. Las demás exclamaciones son de perfil similar, y se pueden usar en las despedidas de modo formal ó informal, da igual. ¿Ha estado clara la lección, muchachos?
Resto del plantel.- ¡Sí, maestro! (Entra en acción Petra, ya que su ídolo teatral es el que queda por dar la última lección en esto de la exclamación.)
Petra.- Ahora le toca al mío, el gran anglosajón, sir William Shakespeare. ¡Adelante, master!
W. Shakespeare.- Gracias, Petra. No lo merezco. Tanto Pedro como Félix son grandes dramaturgos, y no alcanzo a estar por encima de ellos. Pero vayamos a la lección de la exclamación. Yo voy a intentar adoctrinaros en las exclamaciones de la afirmación, la negación y la neutralización. En el teatro, tanto de risa como de llanto, se usan mucho, y hay que dominarlas para más tarde bien interpretarlas. Me estoy refiriendo al ¡sí!, ¡siempre!, ¡no!, ¡nunca!, ¡jamás!, ¡bueno!, ¡regular!, ¡así, asá!, ¡está bien!, ¡está mal!, y demás.
Petra.- Podía empezar, maestro, por las negaciones en las exclamaciones.
W. Shakespeare.- Si vos gustáis en ello, no seré yo quien diga ¡no! Os habéis fijado, ya la he nombrado. Si, como en este caso, va dirigida a un ser querido, ó, por lo menos, no malnacido, el tono no debe ser de alto son, y la expresión tampoco debe de ir acompañada de una testa malhumorada; si, por contra, la negación va a una persona que le tenemos gana, la pronunciación debe ser alta y directa, para que aquella se dé cuenta, y la cara debe acompañar con gestos de una mala faz. ¿Lo vais entendiendo, zagales?
Muchachos.- Desde luego, maestro. ¿Y las demás? ¿Son similar?
W. Shakespeare.- ¡Of course! El ¡no!, es la negación del primer escalafón, pero el resto es igual en lo esencial; así, pues, los ¡nunca!, ¡jamás!, y demás son de perfil idéntico en esto de lo dramático. Una particularidad nos la da aquellas dos; deben de ir en solitario, puesto que si las adicionamos en una sola exclamación, pasamos a la segunda clase: la afirmación. ¿Entendéis esto último?
Petra.- Yo lo intuyo, pero preferiría que os extendierais en la explicación de la última expresión. ¿Vosotros lo habéis comprendido, amigos?
Tiberio.- Yo sí, porque en mis estudios de chaval, la ciencia numeral era una de mis preferencias, y recuerdo que una negación sumándole otra negación, son convertidas en una afirmación.
W. Shakespeare.- ¡Magnífico, Tiberio! ¡Es justo lo que quería mostrar! (De repente Tobías, cuestiona al sajón, al perderse en la ligazón.)
Tobías.- Mister, ¿podría repetirlo una vez más, aunque sólo fuera para mua?
W. Shakespeare.- ¡Claro, Tobías! No faltaría más. Si yo pronuncio ¡nunca!, es evidente que es una negación de toda condición. Asimismo, si yo grito ¡jamás!, está claro que el hecho o la acción ya no se verán más, pero si yo digo ¡nunca jamás!, convierto a las dos en una afirmación. Es esta la lección. ¿Lo habéis aprendido ya?
Petra.- Yo sí, y es ¡estupendo! ¡Me parece genial, esto de mezclar unas palabras con las demás! ¡El significado varía! ¡Y es una alegría!
Tiberio.- ¡Y a mí me parece igual!
Tobías.- Pues hasta yo, de poca comprensión, he entendido la lección.
Petra.- ¿Pero va a continuar con el arte de afirmar, sir William?
W. Shakespeare.- ¡Yes, Petra! Aquello me ha dado el inicio para las exclamaciones de las afirmaciones. La más usada, por lo sintética que resulta, es la ¡sí¡, que sería igual que el ¡no!, pero de sentido inverso. Por tanto, todo lo dicho en aquella negativa, sirve para esta afirmativa, eso sí, invirtiendo todo el camino. Después estarían las similares, como ¡siempre!, ¡muy bien!, ¡excelente!, y así. En estas, la explicación valdría lo dicho en la negación, también en dirección invertida, pero con la notoria diferencia de la suma de dos de ellas en una sola exclamación. En este caso, si adicionamos, p. ej., ¡siempre!, y ¡excelente!, en una sola, nos quedaría ¡siempre excelente!, la cual sigue siendo una expresión afirmativa, y, además, superlativa. ¿Veis la diferencia, muchachos?
Petra.- ¡Muy bien, maestro! ¡Es todo un genio, no sólo del interpretar, sino además en el adoctrinar! ¡Gracias, señor!
W. Shakespeare.- Bueno, bueno. Acá estamos para ello, y en ello nos estamos centrando. ¿Los demás lo habéis captado? (La cuestión es para los chicos, aunque el británico se dirige en la mirada a Tobías, que está más en sus cercanías.)
Tobías.- Sí, maestro. Se explica muy bien, y el arte de la exclamación con síes, ha sido por mí digerido.
Tiberio.- ¡Y por mí, sir William! Pero, ¿queda algo más que explicar?
Petra.- Creo recordar que las expresiones de lo neutro, ¿no, maestro?
W. Shakespeare.- Cierto, amiga. Veo y detecto que estáis muy atentos, y ello es muy bueno para el aprovechamiento de estas lecciones de maestros. Efectivamente, como comentaba Petra, restan las exclamaciones de las neutralizaciones. Estas no tienen secretos, porque se dicen y expresan indistintamente, caigan bien ó caigan mal, tanto las personas del hablar, como las gentes del escuchar. Entre estas tendríamos ¡bueno!, ¡está bien!, ¡regular!, ¡me da igual!, y demás. De todas, nos centraremos en las dos primeras. Si yo pronuncio ¡bueno!, alguien podría pensar que se trata de una afirmativa, pero si le doy una entonación con cierta resignación, o sea, ¡buenooo…!, es claramente una exclamación indiferente, al igual que ¡está bien!, que para que sea del tipo de las neutras, habrá que expresar ¡está bieennn…!, en son, asimismo, depresivo. Son las únicas que entrañan alguna dificultad. El resto, como decía, se pueden pronunciar tanto en el sentido del sí como del no; habría que fijarse en lo demás del texto teatral.
Con todo esto, amigos, ha concluido la sesión de la lección. ¿Qué os ha parecido? ¿Lo habéis comprendido?
Petra.- Por ello, es usted mi maestro. ¡Ha estado genial y celestial! ¿No os lo ha parecido, compañeros?
Chicos.- ¡Desde luego, Petra! ¡Ha sido toda una lección de un gran anglosajón!
Calderón de la Barca.- Bueno, pues el primer día de adoctrinamiento ha llegado a su finalización. ¿Mañana la alzada será a la misma hora?
Petra.- Sí, don Pedro. A las 00.30 apareceremos los seis espectros, y la segunda dará comienzo. ¡Hasta mañana pues, maestros!
Maestros.- ¡Hasta mañana a las 00.30, zagales! (Siendo la hora ya madrugadora, los espíritus desaparecen, y el día nuevo da comienzo.)
TELÓN
SEGUNDO ACTO.- CONTINUACIÓN
(Se alzan de sus descansacuerpos respectivos, y quedan en el bar del Hostal a preparar el segundo día del interpretar. Son las 9.00 o,clock.)
Petra.- ¡Buenos días, Tiberio! ¿Has descansado plácido?
Tiberio.- ¡Buenas, Petra! No sólo he dormido plácido, sino también por ello mi ánimo ha escalado, y siento que hoy va a ser la inflexión de nuestra actuación. Incluso ahora, que no hay función, noto por todo mi interior a un gran actor. (En este instante entra Tobías, con ganas de empezar ya.)
Tobías.- ¡Hola muchachos! ¡Qué bien me encuentro! ¡Estoy con seguridad que vamos rectos a la profesionalidad! ¡Y aún nos quedan dos!
Petra.- ¡Alto, Tobías! ¡No te precipites, ni te excites! Sólo ha sido un primer contacto, y dentro de poco veremos si nuestra lección ha surtido efecto en nuestro proyecto. ¡Frialdad ante todo, amigo!
Tiberio.- Eso, eso. Frialdad para que haya genialidad. Tened en cuenta que debe de haber simultaneidad entre lo dicho y lo hecho, esto es, entre la conversación y la animación. ¡Esa es la cuestión!
Petra.- Estoy de acuerdo.
Tobías.- Y yo.
Petra.- Bueno, pues ya que hemos desayunado y hablado, y puesto que mi marca-horas indica que son las 9.45, vámonos al lugar del actuar, o sea, el “CASTING TEST LOCAL“. ¿O.K?
Masculinos de la Compañía.- ¡Adelante! ¡Valor y al toro!
Petra.- ¡Y a la vaca! (Raudos, salen del Hostal y llegan al local. Apenas 30 de separación, eso sí, con alguna elevación. Al alcanzarlo, Tobías toca el botón que actúa de anunciador.)
Botón.- ¡Ding! ¡Dong! ¡Ding! ¡Dong!
Ordenanza.- ¡Ya voy! ¡Esperen un instante, que estaba con otros actuantes! ¡Ya voy!
(Al fin, el ordenanza apertura la entrada.)
Petra.- ¡Hola, señor! ¿Se acuerda de nosotros? (El ordenanza, en un primer momento, se hace el muerto, para después reaccionar y saludar.)
Ordenanza.- Sí, sí. Ya lo recuerdo. Son ustedes “Pe…..” “Peto…” (Pausa de pensar y…) ¡Ya está! ¡Claro! Son “PETITO“ . ¿Cómo están, muchachos? Hoy es el segundo, y aquí empieza lo duro. Espero y deseo que estén mejor, porque de otra forma, veo a un trío perdedor, y a mí me han caído óptimo.
Tiberio.- ¿Es que ha notado algo en los Jurados que le de esa impresión?
Ordenanza.- No sólo lo he notado, es que además he visualizado lo anotado, y en la hoja donde se ubican ustedes hay muchos signos negativos, y esto no puede ser bueno.
Petra.- ¡Desde luego que no! ¡Ya os lo dije el primer día! Mi sensación en aquel fue de muy bajo nivel, pero hoy subiremos y anularemos los menos, y empezaremos a acumular sumandos, que nos den el mando. ¿Es así, compañeros?
Compañeros de la Compañía.- ¡Así va a ser, amiga! ¡Vamos directo al triunfo! ¡No lo dudamos!
Ordenanza.- ¡Vale, vale! No se precipiten, ni exciten. Por mi reloj son las 10.10, y tienen prevista su participación a las 10.30. Aún queda un resto; por consiguiente, tómense algo, y esperen. ¡Ya les llamaré!
Petra.- Muy bien, señor. Ahora mismo lo realizamos, y esperaremos con calma su llamada.
Tobías.- Eso, que quiero algo tomar y también hablar, para mi mente sedar.
Tiberio.- ¡Pues vámonos ya! (El trío entra en el bareto, se toman tres cafetos, y antes de abonar, reciben el aviso de su inicio.)
Ordenanza.- ¡PETITO! ¡Compañía PETITO! ¡Hora de su comienzo!
Compañía.- ¡Ya vamos! ¡Ya estamos! (El ordenanza les abre, y se disponen en la tarima. Después de los saludos, los Jurados les advierten que tienen que perfeccionar su actuar, pues, de otra manera, no habrá tercera.)
Petra.- ¡Buenos días, caballeros!
Jurados.- ¡Buenos días, muchacha!
Muchachos de la Compañía.- ¡Buenos días, señores!
Jurados.- ¡Buenos días, muchachos!
Primer Jurado.- Bueno, ya que están ubicados en posición, voy a aclararles alguna cuestión. Su primera sesión por el día de ayer, tuvo muchas lagunas, y según las bases de la prueba, si en la segunda función hay también resbalón, no habrá ya tercera: es la conclusión. ¿Lo han entendido correctamente?
Petra.- Sí, señor. Yo muy correctamente.
Tiberio.- Y yo también idénticamente correcto.
Tobías.- Yo no tanto, caballeros, ya que en nuestra primera, actuamos, finalizamos y después abandonamos, pero en ningún momento nos dijeron nuestro mal actuar en el ensayo inicial. ¿Hoy sí se hará?
Primer Jurado.- Correcto, zagal. Hoy, día segundo, sí que al final se os dirá si hay continuación ó terminación. Con la primera habrá posibilidades, pero con la segunda sólo habrá penalidades. ¿Ha entrado en la sesera ya?
Tobías.- Sí, señor Jurado. Ya estoy avisado.
Jurados.- Pues prepárense para interpretar. En el día de ayer, se quedaron en la escena de la esposa con el amante 1, en casa de éste. ¿Es así?
Petra.- Así es.
Jurados.- Pues ya que están listos y preparados, ¡apaguen las luces exteriores!, y ¡función!
(La segunda escena da comienzo. Petra, ¡no cabe otra!, sigue haciendo de amada, y Tobías de amante 1. La amada llega al lar del amante 1, y toca al portal .)
Portal.- ¡Toonng! ¡Toonng!
Amante 1.- ¡Ya abro, amor! ¡Ya voy! (Abre la puerta, y entra Petra muy dispuesta.)
Amada.- ¡Hola, mi don! ¡Qué ganas tenía de visualizarte!
Amante 1.- ¡Sólo de eso! ¡Qué desilusión, mi bombón!
Amada.- Es una forma de hablar, nada más. Sabes que dentro de mí hay un volcán con ganas de explosionar. ¡Ya lo verás!
Amante 1.- Eso deseo, porque a mí me sucede lo similar. Pero pasa, y acomódate en esta Sala del “lote“. Acá tienes un cómodo descansacuerpos, donde caben no uno sino dos.
Amada.- ¡Ostras! ¡Qué cómodo es! ¡Es ideal para luchar con el stress! Seguro que aquí se ha posado alguna muchacha en alguna buena racha y se ha puesto ardiente, convirtiéndose en la bella durmiente. ¿No es así, amante?
Amante 1.- Mira que las señoras sois suspicaces e inseguras. Lo adquirí sólo para ti, criatura.
Amada.- Bueno, bueno. Eso se lo dirás a todas, incluida una servidora.
Amante 1.- ¡Que no es así, mi señora!
Amada.- ¡Vale, vale! Dejémonos esta pequeña discusión en este cómodo salón. ¡Vamos a la cuestión! Me apetece algo de líquido, mi señor.
Amante 1.- ¿Líquido que suba la líbido, ó que lo deje mantenido?
Amada.- Esta la tengo aumentada, porque soy tu amada, pero un poco más, no estaría mal. ¡Sí, venga! Algo fuerte y embriagador, que me aumente el calor, y que me encamine a efectuar bien el amor.
Amante 1.- ¿Te parece bien un vidrio de cava de una buena saga?
Amada.- ¿Catalana?
Amante 1.- ¿El qué?
Amada. – La saga, querido. Un cava de cuna catalana es como una paella de matriz valenciana. Son lo primero de lo mejor en el Reino del Creador.
Amante 1.- Pues está dicho, y ahora hecho. ¡Ten amada! Riega tu bella garganta con este elixir de santa, y luego me dices.
Amada.- ¡Gracias amor! ¡Allá voy!
Amante 1.- Y yo. (Ambos están cómodos y adosados, el uno con la otra, y ésta con aquel; hacen un brindis con las copas, se introducen los líquidos espumosos y, ya muy marchosos, juntan los labios, sacando lo musculado. El calentamiento ha iniciado. Están así unas diez saetas minuteras, besando y tocando, cuando él decide tomar el mando.)
Amante 1.- ¡Caray querida! ¡Estoy saliente y muy ardiente!
Amada.- A mí me sucede lo equivalente.
Amante 1.- Son las 13.30, y antes de la alimentación, podríamos tener la primera encamación. ¿Qué te parece, amor?
Amada.- Me parece lo mejor. La comida que da vida puede esperar, pero la que da placer, es todo un revés, si se deja para más ver. Así pues, ¡vayámonos a la fornicación!
Amante 1.- ¡Dirijámonos, pues! (El amante 1 agarra a la amada, y se encaminan raudos a la habitación. Permanecen más-menos una vuelta de saeta horaria, y la abandonan para introducirse una comilona. Son las 14.30.)
Amada.- ¡Uff querido, qué placer he tenido! Ahora es el momento de recobrar complemento. ¿Tienes ya preparado el cocinado?
Amante 1.- ¡Oh sí, amor! Simplemente es calentarlo y ya está. Ahora voy a preparar la mesa como si fueras toda una marquesa. ¡Qué feliz soy estando a tu lado!
Amada.- Pues no te digo yo, sin tener que ver u oír al imbécil de mi Gil.
Amante 1.- ¿Gil?
Amada.- Sí, así es como se denomina el muy gil… (Mientras el amante 1 acomoda el tabloide del papeo, y ambos dos se disponen a ello, o sea, en el otro lar, el esposo 1 indaga e indaga, hasta encontrar el fono de las de la Cruz Gamada. Una vez lo halla, fonea, y lo que audia no le agrada nada. Es Tiberio el que actúa de esposo 1.)
Fono de “Las Damas de la Cruz Gamada“.- ¡Riinng! ¡Riinng!
Secretaria de “Las D. C. G” .- ¿Diga? ¿Dígame? ¿Quién es?
Esposo 1.- ¿Es el club de “Las Damas de la Cruz Gamada”?
Secretaria.- Sí, aquí es. Pero ¿quién es usted?
Esposo 1.- Verá. Soy el marido de la señora doña…, y según ella, hoy había una reunión de ustedes para no sé qué menesteres. ¿Es así, Dama de Cruz Gamada?
Secretaria.- Pues perdone que le desilusione, pero hoy, día festivo, sólo estamos dos: la Presidenta y yo, pero para ordenar papeles, y para nada más. ¿Seguro que le ha dicho doña … que hoy era la reunión?
Esposo 1.- ¡Pues claro, señora! ¡No estoy aún ido, aunque sí un tanto perdido! ¡Me ha engañado mi doña! ¡Soy un desgraciado!
Secretaria.-Parece acertado, caballero, pero si no tiene nada más que decirme, ¡adiós y buena suerte con su consorte!
Esposo 1.- Sí, sí. ¡Adiós, y gracias por todo! Su información ha sido toda una revelación.
Secretaria.- ¡Y una revolución!
Esposo 1.- Desde luego. ¡Será una revolución! ¡Adiós! (El esposo 1 cuelga el fono, y todo pesaroso y ansioso, coge un líquido espiritoso, y llena un gran copón para aligerar la depresión; pero ésta, lejos de menguar, lo que hace es aumentar, y sólo y desesperado, acaba con su vida, y pasa a ser un finado. El método que usa es el típico en estas situaciones: colgarse en una de las habitaciones.) (En el otro hogar todo es inverso. Hay conversación, fornicación y sedación, y también, sedación, fornicación y conversación, aunque va llegando la hora de la finalización. Son las 2.00 horas ya madrugadoras.)
Amada.- Querido, tengo que partir ya. Son las dos ya pasadas, y seguro que mi esposo está esperando tembloroso.
Amante 1.- Hay que ver lo rápido que pasa el tiempo, si todo es agradable y no hay contratiempo. Sí, es cierto que es tarde. Vete ya, que mañana Dios dirá.
Amada.- ¿Cómo que Dios dirá?
Amante 1.- Quería decir que mañana, otra vez más. ¡Mira que sois susceptibles!
Amada.- ¡Y sensibles!
Amante 1.- Sí, eso. Susceptibles y sensibles. Por lo tanto, ten este beso de hasta pronto, querida.
Amada.- ¡Dámelo, que estaría todo el día, con tu lengua en mí metida! (Están besándose un buen rato, y cuando finalizan el acto, se despiden y se va: ella a su hogar, quedándose él en su lar.)
Jurados.- ¡Tiempo! ¡Terminación de la actuación! ¡Muy bien por hoy!
Petra.- ¡Qué ha audiado mi pabellón! ¿Han dicho como son: ¡muy bien por hoy!?
Jurados.- Sí, eso hemos pronunciado. Han pasado este día con mucha mejora en la obra.
Petra.- Por consiguiente, y Dios mediante, mañana a la misma hora.
Primer Jurado.- No, el día de mañana ustedes actuarán a las 11.30, o sea, una vuelta más de saeta horaria. Sólo estarán cinco Compañías, y tendremos tiempo suficiente, para que aquel número sea complaciente con funciones decentes.
Tiberio.- Pero señor, ¿y para la última sesión? ¿Serán también cinco los que quedemos para audiar cual ha sido el triunfador en este certamen de selección?
Primer Jurado.- No. El régimen selectivo será, asimismo, restrictivo, y para la cuarta función, sólo quedarán dos. Uno de ambos será el ganador. ¡Y no nos distraigan más por hoy! ¡Hay otras que quieren y deben participar! ¡Hasta mañana, pues!
Petra.- Una última cuestión, caballeros. En la selección final, ¿quién o quiénes dictaminarán?
Primer Jurado.- ¡Ay, zagala, zagala! ¡Es usted una avispada chavala! ¡Y por ello se lo voy a declarar! En la última sesión, donde sólo serán dos, para el veredicto final del paso a lo profesional, sentenciarán los que usted ve en el momento actual. Éstos, o sea, nos, pondremos a prueba a las dos Compañías “probetas“, y quien más guste, alcanzará el accésit profesional en el arte de interpretar. Pero ya se os informará con más detalles si pasan sin penalidades. Lo dicho: ¡Hasta mañana, “PETITO“!
Compañía “PETITO“.- ¡Hasta mañana, Jurados! ¡Que tengan un resto de día con alegría!
Jurados.- ¡Eso esperamos, muchachos! ¡Hala, márchense ya, que ya audiamos a la siguiente, con el son del ordenanza obediente! (Así pues, salen del local, y marcando el instrumento el tiempo del segundo alimento, se disponen a ello, pues. Allí parlarán y parlarán de lo último hablado por los Jurados. El lugar, el cafeto del Hostal. La hora, las 11.30.)
Tobías.- Hay que ver lo sagaz y astuta que ha estado Petra. Le ha sonsacado casi todo a los Jurados.
Tiberio.- Por ello es nuestra particular maestra, Tobías.
Tobías.- Sí, desde luego, tiene un buen cerebelo.
Petra.- Dejaos de halagos matineros, y pedid al camarero. Está esperando un cierto rato minutero.
Tiberio.- Perdone, pues, caballero. Yo un bocata de tortilla española, olé, y de privar algo de buen tragar, p.ej., una caña cervecera.
Tobías.- Lo idéntico para mí en el jalar, pero en lo líquido, simplemente un vaso de agua corriente.
Petra.- Pide, si quieres, agua embotellada, que parece más saneada.
Tobías.- No, Petra. Al estar tan depurada, no sabe a nada. Prefiero la que circula por las cañerías, que no sufre ni adición ni sustracción en su composición.
Petra.- Pues vale. A mí, señor, me trae un bocata de salchichón, regado con un vino tinto algo cabezón, es decir, de alta graduación. (El camarero les toma la anotación, y en un tris, les trae lo pedido por el trío. Éstos, mientras, conversan en lo que han hecho y lo que les falta por hacer.)
Tiberio.- Has estado ocurrente e inteligente, Petra, en las cuestiones a los dos Mandamases.
Petra.- ¡Claro, Tiberio! Había que extraerles lo que se nos puede avecinar, en el par de días que nos falta por pasar. ¡Hoy puede ser un gran día!
Tiberio.- Querrás decir ¡hoy será una buena madrugada!
Petra.- Eso es. A las 00.30 empezará la segunda lección, que creo recordar, corresponde al preguntar y al contestar. ¿No?
Tobías.- Sí, creo evocar que los maestros quedaron en dar esta noche, por mañana, la doctrina de las cuestiones y sus respuestas, por una banda, y por la otra, el difícil campo de las acotaciones en las interpretaciones.
Tiberio.- ¡Caray, Tobías! Veo que estás muy concentrado en todo lo dado, y ello me reconforta.
Petra.- ¡Y a mí! Has actuado muy bien en la sesión, Tobías.
Tobías.- ¡Gracias, amigos! Sin vosotros no sería nada, ya lo sabéis. Por ustedes sería capaz ¡hasta de matar!
Petra.- Tobías, ¡deja ya de interpretar! La función terminó. Mañana será la continuación. ¡Guarda fuerzas teatrales para los días venideros, compañero!
Tobías.- Está bien, Petra. Tienes razón. Hasta la hora de la ensoñación, y posterior levitación, me voy a dedicar a pasear y reflexionar. Vosotros, ¿qué vais a realizar?
Tiberio.- Pues yo, papearé en algún lugar distante del Hostal, más tarde bajaré la digestión, para luego irme a distraerme en algún local de ocio, hasta alcanzar la hora de la verdad: las 00.30.
Petra.- Yo, como casi siempre, me dedicaré a caminar y caminar, por las periferias de este lugar, y así poder razonar y planificar, nuestra mejora en el actuar. Por consiguiente, y anotando mi marca-horas las 12.30, nos despedimos aquí, y nos foneamos allí, es decir, en las respectivas del Hostal, para recordar nuestro soñar en la hora mágica para lo trágico-cómico. ¡Hasta luego, pues!
Chicos.- ¡Hasta más tarde, compañera! (Y así, se encamina cada cual a sus respectivos destinos, hasta que se alcance la hora invocadora. El instrumento marca las 23.45, y los fonos de los dos empiezan a sonar, uno y dos.)
Fono de Tobías.- ¡Riinng! ¡Riinng!
Tobías.- ¿Quién es? ¿Quién es? ¡Ah, ya lo sé! ¡Veo el número en cuestión! ¡Hola, Petra! ¿Qué tal has pasado el día por aquellas lejanías?
Petra.- ¡Bien, bien! Pero te foneo para advertirte que resta poco para empezar la invocación de nuestros maestros. ¿Estás preparado, supongo?
Tobías.- Supones bien, amiga. Estoy en pijama, y dispuesto a que salga el ánima de mi maestro del alma: Lope de Vega.
Petra.- ¡Perfecto, Tobías! Ahora, fonea a Tiberio, y recuérdaselo asimismo. Yo ya estoy preparada para que mi sajón llegue a mi corazón.
Tobías.- Sí, Petra. Lo telefoneo ya mismo. ¡Hasta luego, alma mía! ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!
Fono de Tiberio.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng! (Así estuvo zumbando algunos instantes segunderos, hasta que Tiberio descuelga el instrumento.)
Tiberio.- ¡Hola, Tobías! ¡Qué tal estás! Sí, sí, ya supongo la intención de la llamada: que invoque a mi alma y al espectro de mi maestro. ¿No es así?
Tobías.- Así es, Tiberio. Me ha foneado Petra, y me ha recordado y ordenado que te avise sobre la prontitud de la hora anunciadora. Ya lo tenías en cuenta, ¿no Tiberio?
Tiberio.- Por supuesto. Ya estoy preparado, aquí medio sobado y relajado en el descansacuerpos. ¡Hasta dentro de poco, compañero!
Tobías.- ¡Hasta luego! (Y se despiden, para que dentro de treinta saetas minuteras salgan a la luz los tres espíritus de alta magnitud. Será la segunda lección en el mejoramiento y adoctrinamiento del trío novel. Aquella versará sobre las preguntas, sus respuestas, así como el modo y la manera en que se deben de ofrecer las interpretaciones de ambas, y también se dará, por el anglosajón, la lección del difícil campo de la acotación, tanto en la descripción como en la reacción que nos ofrece. Y la mágica se convirtió en la cómica-trágica.)
Lope de Vega.- ¡Uff! ¿Qué ha ocurrido? Esto ha variado respecto al día de pasado. Lo diviso todo muy cambiado. Me parece más ordenado y cuidado. ¿Dónde estoy a estas horas y ahora?
Calderón de la Barca.- Félix, ¿ya estás cuestionando para ir practicando?
Lope de Vega.- ¡Hola Pedro! No te había visualizado. ¿Es que no te has dado cuenta? Estamos en una habitación con distinta ubicación. ¿Cuál es la razón?
W. Shakespeare.- La respuesta la debes de encontrar en el ser que no te para de invocar. ¡Hola amigos! Ya estamos aquí los tres otra vez.
Lope de Vega.- ¡Hola Guillermo! Cuando has encontrado la solución a mi cuestión, ¿te has referido a que este lugar es del descansar de mi discípulo Tobías?
W. Shakespeare.- Evidente compañero. Por ello tú has aparecido el primero. Recuerda que en la primera fue Pedro el que ganó en la aparición, ya que se trataba de la habitación de su ser alumbrador: Tiberio.
Lope de Vega.- ¿Quieres decirme que estamos donde reposa Tobías?
W. Shakespeare.- Así es Félix.
Lope de Vega.- ¿Y cómo lo has sabido?
W. Shakespeare.- Por dos razones principales: la primera que has sido tú, y no otro, el que abrió la sesión, y la segunda, que hay por todas las zonas muestras que demuestran que acá son cercanías de Tobías.
Lope de Vega.- ¿A qué muestras te refieres, Guillermo?
W. Shakespeare.- Pues ahí, en esa mesa de tamaño menudo, hay una especie de cuadro menguado con todo su rostro lustroso, y por las periferias observo retales y objetos que los portaba en nuestra primera función tu alumno perfecto.
Lope de Vega.- Pues ahora que lo nombras, es cierto. ¡Eres un genio Guillermo!
Calderón de la Barca.- ¡Y tanto! En la noche pasada actuamos en la habitación de Tiberio, y ahora posamos
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