ESPIRITUALIDAD MATERIAL
PERSONAJES (POR ORDEN ALFABÉTICO): ANCESTRO DE DICK, ANCESTRO DE LUCY, ANCESTRO DE LUPE, ANCESTRO DE TOM, DICK, ENTREVISTADOR-JEFE, LUCY, LUPE, PÚBLICO, TOM.
(Antes de iniciar la obra, el encargado de supervisar y cortar las entradas de los asistentes, les da a cada uno de éstos un papel en blanco, de 15 x 15, y un pequeño lápiz, a ser posible de los baratos y desechables. Una vez sentados y ubicados, la pieza comienza.)
PRIMER ACTO.- PREPARACIÓN
(Periferias de un lugar cualquiera en un país (perdón, Estado) confesionalmente católico (más perdón, aconfesional y laico), de nombre Euskatandagalipaña. A la luz de la luna, en un final de verano de la época actual, un par de parejas hablan y sueñan.)
Lupe.- ¡Que no, Tom! ¡Que no! Ya he ido varias veces y siempre es lo mismo.
Tom.- Pero hay que insistir. A mí me ha ocurrido también.
Lupe.- Te pongas como te pongas, la respuesta es la idéntica, y me tienen ¡harta!
Tom.- A ver si la adivino: “ya te llamaremos si encuadras en el perfil”.
Lupe.- ¡Exacto! Son todos iguales. ¡Parecen clones salidos de los cajones!
(Tom y Lupe forman una pareja de hace casi 8; el uno tiene los 25 y la otra ronda los 24. Al lado de ellos, sus íntimos amigos, también novios de hace tiempo, y de nombres, Dick el miembro masculino y Lucy el femenino, de edades asimismo similares a las de aquéllos: 25 y 24 respectivamente. Están los cuatro sentados sobre un verde-malárico césped que separa la propiedad privada de la familia de Tom de la pública, en donde se observa una vieja arboleda y, al fondo, a unos 25, un pequeño pero coqueto lago, antaño bien cuidado y hoy en día medio abandonado. Siguen conversando los cuatro.)
Lucy.- Lupe tiene toda la razón. Yo también he ido a varias ofertas, y en todas me ha parecido estar en el mismo lugar. Siempre me he marchado pensando que he fracasado.
Dick.- Y eso que vosotras tenéis una cierta ventaja.
Lupe.- ¿Ah, sí? ¿Cuál es?
Dick.- Que los entrevistadores suelen ser hombres, y tanto tú como Lucy sois chicas atractivas y jóvenes.
Tom.- ¡Eso, eso! Dick tiene razón. Nosotros lo tenemos peor.
Lupe.- ¡Vaya! Salió la vena masculina.
Lucy.- ¡Y machista! No podéis evitarlo: a la mínima ocasión sale de vuestro interior el macho-varón.
Tom.- Hay que ver cómo os ponéis cuando sale en la conversación el tema del género. ¡Es un asunto tabú!
Lupe.- Cariño, no es que no se pueda hablar de ello, lo que resulta es que siempre estáis pensando que nosotras conseguimos lo que queremos a base de encantos físicos, y ya ves que no es así (mostrándose ella misma como ejemplo).
Tom.- ¡Porque habrían competidoras con más artes seductoras!
Dick.- ¡Claro! A ver, Lupe, en las entrevistas que has tenido, ¿quién ha sido el elegido?
Lupe.- Elegidas, porque de las cinco que llevo desde junio, todas han sido del género femenino.
Dick.- ¡Lo ves! Y seguro que estarían como un “pastel”. ¿Me equivoco o estoy en lo cierto?
Lupe.- La realidad es que del trío que vi, la juventud y belleza eran acompañantes de todas ellas. Pero… quiero pensar que además sabrían trabajar.
Dick.- Lo supones, pero lo otro lo aseveras. Aquí, en este país, o eres joven y de buena presencia, o no eres nada en esencia, y esto se demuestra en todas las entrevistas de faena.
Lucy.- Bueno, ¿y qué quieres que hagamos? ¿Que nos crucemos de manos?
Dick.- Por supuesto que no, pero algo hay que pensar para poder trabajar, porque si no…
Lucy.- ¿Qué?
Dick.- Pues que no podremos emanciparnos ni nosotros, ni estos dos (dirigiéndose con la mirada a Tom y Lupe).
Tom.- Estás en lo cierto, amigo. Fijaros: Lupe ya lleva cinco desde junio hasta ahora, y un servidor, desde que acabé la carrera, sólo he conseguido un contrato de un par de meses en una faena que nada tiene que ver con aquella, y en mis dorsos llevo casi una docena de malditas entrevistas. Vosotros, ¿cómo lo lleváis?
Dick.- También fatal. Yo finalicé este febrero, y hasta la fecha he acudido a unas seis y todas han sido un revés.
Lucy.- Mi fracaso es menor porque he tenido menos tiempo que mi amor, pues he acabado en junio de este año; aún así, a un par he ido y por la puerta de atrás he salido. Además…
Dick.- ¿Qué cariño?
Lucy.- ¡Las dos me han parecido igual!
Tom.- ¡Ja, ja, ja! Eso es normal.
Dick.- Es cierto. Parecen todas las ofertas salidas de una misma cesta. Escuchad: “Comerciales se buscan para una empresa de…Buena remuneración: sueldo fijo más comisión”.
Tom.- O esta otra: “Se requieren vendedores con experiencia para introducir productos de… Fijo + comisión”.
Lupe.- Pero no son sólo las ofertas. Cuando acudes a alguna de ellas, te encuentras siempre la misma escena.
Dick.- A ver si doy en la diana: mucha gente arreglada y bien perchada en los alrededores, más tarde se abre la puerta y entran por porciones llenos de ilusiones, y luego uno a una van penetrando y se encuentran a…
Lucy.- ¡Un buen mozo de treinta y pocos!
Dick.- Sí. Bien vestido y de elevada educación. Ahora, ¿cómo continuaría la función, Tom?
Tom.- Muy sencillo, Dick. El entrevistador te saluda, dándote los buenos días. Más adelante te invita a sentarte, y una vez que él realiza la misma operación, entra en una somera y frívola conversación.
Lupe.- Por ejemplo, diciendo “hay que ver que día tan bueno ha salido”.
Lucy.- Sí, eso podría decir, aunque en las mías se refirió más al contexto creado por el escenario formado.
Dick.- ¿Ah, sí? ¿Y qué quería manifestar?
Lucy.- Pues “cuánta gente hay que evaluar”, o “si daría tiempo en la mañana de analizar a todas las personas que se habían personado”.
Lupe.- Sí, es también típico que el entrevistador-tipo diga “cosas” con esos estereotipos.
Dick.- Bueno, ya superada la fase inicial, se entra en la crucial. En ésta ya se advierte si más tarde quieren verte, o te despiden de manera más o menos inerte, ¿o no?
Tom.- Evidente. Lo primero que realiza el encuestador es coger tu historial profesional y hacer como si lo lee.
Lupe.- ¿Es que crees que no lo ve?
Tom.- ¡Qué infeliz eres! Lo único que persigue con esta acción es observar tu reacción.
Lucy.- ¡A mí me pasó!
Dick.- A mí también me ocurrió.
Tom.- ¿A ti no, Lupe?
Lupe.- En alguna sí que me aconteció. Pero… ¿qué persigue con esto el entrevistador?
Tom.- Te lo he dicho anteriormente: ¡Ver cómo responde tu mente!
Lupe.- ¡Ah! O sea, si estoy nerviosa o si soy una persona no ansiosa.
Tom.- ¡Claro! En definitiva, si posees personalidad suficiente para trabajar con “su” gente.
Lupe.- ¿Y cuál puede ser el motivo de todo este preparativo?
Tom.- ¡El método americano! Todas las encuestas laborales siguen los patrones sajones, sin tener en cuenta que nuestros patriotas poco tienen que ver con los habitantes del continente aquel.
Dick.- Tom tiene toda la razón. Al encuestador le interesan más los aspectos físicos y síquicos que los puramente intrínsecos, pero… ¡continúa, Tom, con la exposición!
Tom.- Pues nada; una vez que transcurre un cierto tiempo de todo esto, es decir, ambos sentados, él con sedación y tú con preocupación, te cuestiona algo de lo que ha hojeado.
Lupe.- ¿Como el qué?
Lucy.- Sí, danos un ejemplo de lo que podría preguntarnos.
Dick.- Si está muy claro. A ver si acierto: ¿Por qué desde que has finalizado tus estudios no has encontrado nada en el mundo laboral? ¿Es que no te apetece trabajar, aunque sea rebajando tu status profesional?
Tom.- ¡Ja, ja, ja! ¡Cuánta razón tienes, amigo! Además…
Lupe.- ¿Qué cariño?
Tom.- Pues que el “tío” pedante y petulante aún osa en decir frases como “hoy en día quien no trabaja es porque no le da la gana”.
Dick.- O esta otra: “Cuando yo empecé en “esto”, no había ni la mitad de oportunidades que en la actualidad”.
Lupe.- ¡Caray! Todo lo que estáis manifestando lo estoy recordando.
Lucy.- ¡Y yo! ¡Qué cruel realidad nos espera!
Lupe.- ¡Qué fatalidad! Toda la vida al lado de los papás.
Tom. ¡Alto ya! Pensaremos algo para contrarrestar.
Dick.- ¡Pues pongámonos ya!
Lupe.- De acuerdo. Razonemos durante unos instantes, a ver si a alguno le fluye una laboral idea por la sesera.
Lucy.- Está bien. Sedémonos y… (Los cuatro muchachos se acuestan sobre el hepático césped, esperando a que les surja algún pensamiento que quebrante esta negativa e inquietante fase. Transcurren diez saetas minuteras y alguien se altera.)
Tom. ¡Ya está! ¡Creo que funcionará!
Los demás, a la vez.- ¿El qué?
Tom.- ¡Qué va a ser! La idea y mi fe.
Dick.- Explícate.
Las chicas, a la vez.- ¡Eso, eso! A ver si entre los cuatro la complementamos.
Dick.- ¡Claro! Tom es la raíz, y nosotros tres el haz y el envés.
Tom. Está bien. Os la razonaré. (En este momento, y marcando el instrumento las 00.15 horas, el chico se alza y se dirige al resto.) Vosotros bien conocéis que mi familia fue, no hace mucho, una de las más acaudaladas de este entorno.
Lupe.- Sí, pero a partir de tu padre vino el desastre, ¿no, cariño?
Tom.- No exactamente; su progenitor es el verdadero causante del declive.
Lupe.- ¡Ah! A ese señor no le llegué a conocer. ¿Tú sí, Tom?
Tom.- ¡Por supuesto! Cuando él falleció, hará unos 15, un servidor ya poseía uso de la razón, y me di cuenta de la situación.
Dick.- ¿Del bajón?
Tom.- Sí, a partir de él se empezaron a malvender posesiones de grandes extensiones, por las deudas que iba amasando.
Lucy.- ¿Tanto tuvisteis?
Tom.- ¡Uf! Una noche entré en el despacho de mi padre, y en la mesa encontré un libro contable de los de antes.
Dick.- ¿Y qué indicaba?
Tom.- La gran magnitud de principios del siglo precedente, y la escasez del ahora existente.
Lupe.- Explícate mejor, amor, que no acabo de entender lo que has querido decir.
Tom.- Muy sencillo; hasta antes de la Gran Guerra teníamos una gran cartera, pero fue perecer el padre de mi abuelo y todo se fue al traste.
Lupe.- ¡Pues vaya desastre!
Dick.- ¡Y catástrofe!
Tom.- Así es. Pero ¿sabéis lo mejor?
Lupe.- ¿Qué?
Tom.- Pues que mi bisabuelo era como yo.
Lupe.- ¿Cómo como tú?
Tom.- Físicamente somos dos copias, no distinguiéndose cuál es el original y la fotocopia.
Lupe.- ¿Cómo lo sabes?
Tom.- Porque he visto cuadros y fotos de su aspecto, y los he comparado con mi cuerpo y rostro, y hasta yo encuentro dificultad para conocer quién es quién.
Lupe.- ¿Y cómo se llamaba?
Tom.- ¡Ja, ja, ja! Igual.
Lupe.- ¿A ti?
Tom.- A quien si no que a mí. Su nombre también era Tom.
Dick.- ¡Qué casualidad! Pero ¿qué tiene que ver todo esto con lo nuestro?
Tom.- Todo. Ahora os lo cuento. (Se dispone en plan orador, y les manifiesta su laboral estrategia.) Veréis: mi bisabuelo Tom se emparentó con una tal Lupe que, curiosamente, también fue la bisabuela de “mi” Lupe.
Lupe.- ¿Qué?
Tom.- Lo que has oído, cariño. Tu bis y mi bis se liaron y juntaron, y vivieron hasta morir unidos por un gran lazo. Pero es que hay más.
Lupe.- ¿Aún?
Tom.- Sí. En vida fueron íntimos, como nosotros, de los antepasados de estos (dirigiéndose con la mirada a Dick y Lucy).
Dick y Lucy a la vez.- ¿Qué has querido decir?
Tom.- Pues que vuestros bisabuelos también formaron pareja, y además tuvieron gran amistad con los nuestros.
Dick.- O sea, que todo está igual.
Tom.- Pero con casi cien años de pasado, ¡ja, ja, ja!
Dick.- ¿Y dónde vivieron?
Tom.- Esta es la cuestión: ¡en aquella mansión! (Haciendo señas con los dedos de su diestra de la situación de ésta.)
Dick.- ¿Allí residieron los cuatro?
Lupe.- Pero ¿no era propiedad exclusiva de tu ancestro, Tom?
Lucy.- Y si fue como indica Lupe, ¿todos moraron a “su” costa?
Tom.- ¡Carambolas! Esto parece una encuesta.
Dick.- ¡Es que nos tienes en ascuas!
Tom.- Está bien. Os responderé y de inmediato lo comprenderéis.
Lupe.- ¿El qué?
Tom.- ¡Qué va a ser! Lo que vamos a hacer.
Lupe.- ¡Ah! Pues explícate.
Tom.- Efectivamente, en esa gran mansión residieron los cuatro bisabuelos nuestros. Con esto contento a Dick. Respecto a la cuestión que me plantea mi pareja, es evidente que el único propietario que tuvo la citada casa señorial, según rúbrica notarial, fue mi antepasado; y en cuanto a si todos vivieron del “cuento” durante todo el tiempo, está claro que sí, esto es así.
Dick.- Pero al pasar cerca de ella, he observado que tiene un cartel indicando su venta. Entonces, ¿a qué viene tu feliz idea, Tom?
Tom.- En primer lugar, y debido a su alto coste de partida, aún no han aparecido compradores para “su” salida, y por otra parte, siendo por ahora nuestra, podremos entrar en ella sin nada ni nadie que nos detenga.
Lupe.- Pero ¿ha penetrado alguien desde que se cerró? Parece, a simple vista, que está muy abandonada.
Lucy.- Puede hasta que haya fantasmas.
Dick.- Sí, y además vestidos con blancas sábanas. ¡Ja, ja ja!
Lucy.- No te burles de ellos, que en cualquier momento aparecen sus espectros.
Lupe.- ¡Basta ya! ¡Me estáis dando miedo!
Tom.- De eso se trata. ¡Que él salga de la lata!
El resto a la vez.- ¿¡No lo dirás en serio!?
Tom.- ¡Y tanto! Si mi ancestro Tom fue un triunfador, y todos nosotros unos aprendices en evidente declive, ¿quién mejor que él para aleccionarnos en conseguir emanciparnos?
Lupe.- ¿Y cómo nos va a dar lecciones si está en uno de los cajones?
Tom.- Haciéndole aparecer como “otro” ser.
Dick.- ¿En espíritu?
Tom.- ¡Claro! Si logramos que surja su forma espiritual, ésta también nos servirá.
Lupe.- ¿Los fantasmas también hablan?
Tom.- Bueno, si nuestros físicos pasan al estado metafísico, todos estaríamos en igualdad de condiciones, y así aprenderíamos sus laborales lecciones.
Dick.- Interesante reflexión, amigo. Pero ¿quién conoce algo de espiritismo? Según tengo entendido, para que los espectros abandonen sus féretros hay que seguir un minucioso protocolo y, ¿en qué consiste el citado método?
Lupe.- ¡Eso! ¿Cómo podemos instruirnos?
Lucy.- Y además, ¿cómo evitar el repelús que dan los espíritus?
Tom.- ¡Alto ya! Aquí está la solución. (En este momento, Tom se dirige a un árbol que está cercano, destapa una manta y hace descubrir dos pares de libros, todos ellos iguales.) Esto nos ilustrará en el arte de invocar (mostrándoles los cuatro manuscritos). Tened uno cada uno, y estudiadlos con detenimiento. Mañana, después de cenar, nos volvemos a ver aquí, y comenzamos con la sesión. ¿Os parece bien?
El resto a la vez.- Sí, muy bien.
Tom.- Pues hasta mañana, amigos.
Dick y Lucy.- Hasta mañana, pues.
Lupe.- A mí dame un beso, que así la despedida del día es más divertida.
Tom.- ¡Y entretenida! (Están un buen rato mordisqueándose, y cuando los otros ya se han marchado, deciden pasar al siguiente estado…)
(Noche siguiente a la precedente. Mismo escenario y similar horario. Los cuatro muchachos, instruidos por los manuscritos, hablan y deciden actuar.)
Tom.- Mira, Lupe, por ahí veo a los dos. Veremos si han sido disciplinados y han aprendido lo escrito en los libros.
Lupe.- ¡Claro cariño! Por su bien lo habrán hecho. Acuérdate que ellos también están deseosos de escapar cada uno de su lar.
Tom.- Calla, que aquí están ya. (Le da un toque a la chica y ésta, advirtiendo la señal, decide no hablar.) ¡Hola chicos! Habéis sido puntuales. ¿Qué tal estáis?
Dick.- ¡Oh, bien! He ido a recoger a Lucy, y aquí estamos, decididos a iniciar la invocación.
Tom.- ¿Os habéis leído todo?
Lucy.- Sí, Tom; aunque el protocolo es un tanto raro, ¿no?
Lupe.- Es verdad; a mí me ha parecido inusual.
Dick.- ¿Por qué? Yo lo he encontrado normal.
Tom.- Me imagino que lo dicen por la foto.
Lucy.- Pues sí, es un tanto raro que en la época digital se deba emplear para que vengan del “más allá” imágenes tan arcaicas.
Dick.- Pero mujer, en los tiempos que ellos vivieron lo único que había para conocer su fisonomía eran las fotografías.
Tom.- Y sacadas sin cámaras. Según tengo entendido se las hacían con química y artesanía.
Dick.- ¡Y qué más da! Lo esencial es que tengamos una.
Lucy.- ¿Y la poseemos?
Lupe.- Sí, amiga. Tom ha podido encontrarla en uno de los cajones del sótano. ¡Muéstrasela, cariño! (El muchacho abre una bolsa que llevaba y saca la imagen de su bisabuelo, así como cuatro velas.)
Tom.- ¡Mirad! Este era mi ancestro. (Les enseña la fotografía y la pareja se queda perpleja.)
Dick.- ¡Pero si eres tú! A mí no me engañas. Te has hecho una y la has desecado para que parezca del pasado.
Tom.- ¡Ja, ja, ja! ¡Qué no! ¡Ese no soy yo! Ya os lo dije: mi “bis” y un servidor somos como un clon.
Lucy.- ¡Qué barbaridad! Sois iguales…
Lupe.- Veis. El primer objeto del protocolo ya lo tenemos. Ahora…
Tom.- Y lo demás está aquí. (Les muestra cuatro cirios, tantos como personas hay inmersas en la futura sesión.)
Dick.- ¡Los cirios! ¡Y cuatro! Justo el número de miembros para el acto. Según el libro, hay que colocar la imagen del fallecido en el centro, y cada cilindro ardiente en dirección recta al invocante, ¿no, Tom?
Tom.- Así es; parece ser que el fuego que prende se funde con la fuerza de la mente, y se forma una especie de ente que penetra en la persona muerta y la despierta.
Lupe.- ¿De dónde?
Tom.- ¡De la fuente!
Lucy.- ¿Una fuente? Yo no diviso ninguna.
Dick.- ¡Ja, ja, ja! Eres una inocente. No se trata de la que da agua sino de, en este caso, la que genera la imagen.
Lucy.- ¡Ah! ¿La fotografía?
Tom.- ¡Claro, amiga! Esa es la fuente.
Lupe.- ¡Qué interesante! Estoy ansiosa de que comience. ¿Vosotros no?
Dick.- ¡Y tanto! Pero ¿nos saldrá “algo”?
Lucy.- ¡Qué pánico! Yo estaré a tu lado, y no me despegaré de tu mano.
Tom.- De eso también se trata. Nos tenemos que poner en círculo, alrededor del interfecto, y agarrados todos como si fuésemos uno.
Dick.- Así la fuerza será mayor, y el espíritu saldrá más veloz.
Tom.- ¡Y con más pasión!
Lupe.- ¡Pues entremos ya!
Lucy.- Sí, encaminémonos cada cual junto a su amor.
Dick.- ¡Caray! Esta es una buena fórmula para intentar la cópula.
Tom.- ¡Ja, ja, ja! Desde luego, si las chicas tienen miedo ¡qué mejor que un buen “sobeo”!
Lupe.- ¡Dejaos los flirteos! Por cierto, ¿has cogido las llaves para entrar? (Dirigiéndose a Tom.)
Tom.- ¿Tú que crees? Observa: ¡aquí están!
Dick.- ¿Y si se enterara tu padre que vamos a estar dentro durante un tiempo?
Tom.- No es posible porque las originales están en su sitio; las que yo poseo son un duplicado, y así siempre las tengo “a mano”.
Lupe.- ¡Qué previsor es mi amor!
Lucy.- Sí, parece como si lo tuviera todo de antemano planeado.
Dick.- ¡Y bien pensado!
Tom.- Vale ya; ahora, dirijámonos para allá (haciendo gestos en dirección a la mansión).
El resto, a la vez.- ¡Eso, eso! (Y así, los cuatro, en un tris, llegan a la casona y se disponen a entrar. Son las 00.30 horas.)
Lupe.- ¡Qué barbaridad! ¡Parece un palacio real!
Dick.- Aunque un tanto descuidado, sí simula el sino del titular de un reino.
Tom.- No creas Dick. Por dentro está bien tratado.
Dick.- Ahora lo veremos.
Lucy.- ¡Y lo analizaremos!
Tom.- Ya estamos. ¡Observad! (Coge la llave de apertura y con un ligero toque abre el portón.) Aquí tenéis. Toda una mansión para morar toda una legión.
Lucy.- ¡Qué bonita es!
Lupe.- ¡Y espaciosa! Por lo menos tendrá…
Tom.- No prosigas. Posee más de quince habitaciones. (En efecto, nada más entrar un gran recibidor cargado de cuadros a su alrededor, y una inmensa lámpara central en la parte superior, con forma de arácnido y con potentes focos lumínicos. Al fondo, una larga escalera acaracolada que conduce a dos pisos: en el primero hay unas ocho habitaciones contiguas y separadas de dos en dos por un aseo, y en el segundo otras tantas, quizás de huéspedes, puesto que el número de servicios se reduce, y en lugar de cuatro hay tan sólo un par; tanto en el piso del primer nivel como en el del segundo, nos encontramos con sendas cocinas, espaciosas todas ellas, y conservando aún algún preparado. En la parte donde están situados los muchachos, el lado diestro da a una gran biblioteca, bien cuidada y con innumerables tratados, libros y manuscritos, y el lado siniestro, haciendo caso a una chiita estera de apreciadas dimensiones, llegamos a un gran portal que nos sitúa en un inmenso jardín, todo él floreado y bien arbolado. Esta es, en esencia, la morada donde habitaron sus antepasados: los cuatro bisabuelos. Tom, de repente, en su función de anfitrión, da el paso para el inicio de la sesión.)
Tom.- Bueno, una vez que ya habéis echado un vistazo al hogar de nuestros ancestros, es hora de que preparemos todo lo comentado anteriormente.
Dick.- ¿Por dónde empezamos?
Tom.- Mirad, en esta superficie es donde nos vamos a colocar. (Tom se sitúa justo debajo de la lámpara donde los haces luminosos son más intensos.)
Lupe.- ¿Y cómo lo hacemos?
Lucy.- ¡Eso, eso! Tendremos que ponernos de la manera más certera.
Lupe.- ¿Para qué?
Lucy.- Pues para que el espíritu fluya lo más rápido posible.
Tom.- ¡Exacto! Lucy tiene razón. Acordaros que en el protocolo se decía que hay que constituir una especie de círculo, en cuyo centro debe de estar la fotografía del que debe de “salir” su espectrografía.
Dick.- ¡Ah! Ya recuerdo. Y además… (Pausa.)
Tom.- Sí, prosigue.
Dick.- No, es que estaba haciendo memoria. Creo que continuaba indicando, que para que el ambiente estuviera más candente, era aconsejable que nos dispusiéramos chico y chica simultáneamente.
Tom.- ¡Buena memoria, amigo! Es lo que vamos a realizar. Lupe y yo nos ponemos aquí (se sitúan juntos), y vosotros dos en círculo con nosotros, de tal manera que estaremos así: Lupe, yo, Lucy y Dick, quien cerrará aquél junto con mi amor.
Lupe.- ¿Debemos de cogernos de las manos?
Tom.- Sí, claro. De ese modo la energía es mayor.
Dick.- ¡Pues hagámoslo!
Lucy.- Sí. Estoy deseando que “salga” el “bis” de Tom.
Lupe.- Tranquila, Lucy. Deja que él (por Tom) nos dirija.
Tom.- De acuerdo, aunque no hay nada que aclarar. Sentaos en la posición que os he dicho y ahora pongo la foto y las velas. (Los tres muchachos se sientan en el suelo, y Tom coloca el retrato de su antepasado en el centro con los dos pares de cirios encendidos en cada vértice de la fotografía, apuntando en dirección recta a cada uno de ellos. Todo está preparado.)
Tom.- (Con voz pausada y grave.) “Bisabuelo de Tom, bisabuelo de Tom… Yo te invoco. Aparece, aparece…”
Lupe.- (Según el protocolo, cuando el primero termina, corresponde a la que está a su lado continuar.) “Bisabuelo de Tom, bisabuelo de Tom… Yo te convoco. Surge, surge…” (Y así, de uno en una hasta finalizar con Lucy, quien es la que cierra el círculo.)
Lucy.- “Bisabuelo de Tom, bisabuelo de Tom… Tu espíritu fluye. Sal y háblanos. (Una vez ya concluida la primera fase, viene la siguiente, consistente en la invocación por parte de todo el grupo. Así pues, los cuatro, muy concentrados y cuasi extasiados, siguen.)
Todos a la vez.- “Bisabuelo de Tom, bisabuelo de Tom… Te convocamos para que nos aparezcas ya. (Así, unas tres veces hasta que al ancestro le da por salir.)
Antepasado de Tom.- ¡Uf! ¡Qué sensación! Parece que he descansado bien. Estoy pletórico. Pero, ¿quiénes sois? (Dirigiéndose a los chicos). Tú (señalando a Tom), en realidad eres yo, y a tu lado está “mi” Lupe, y vosotros dos sois mis íntimos, Dick y Lucy; pero… ¿Porqué estáis sentados en forma circular y yo en el centro de la esfera? ¿Es que estamos practicando algún ritual? A ver, explicadme la situación. (Hay una pausa, y Tom razona la causa.)
Tom.- Verás bisabuelo.
Antepasado.- ¿Qué? ¿Yo un anciano entrado en años? ¡Pero si me encuentro fenomenal! Dadme un espejo que me quiero mirar. Lupe, ¡venga!, ¿no me has oído? ¡Tráemelo ya!
Lupe.- (Un tanto acongojada, no sabe lo que hacer.) ¿Yo? Pero si a usted ni lo conozco ni lo he visto jamás. A su bisnieto sí, que es como usted, pero que no lo es. En fin, no sé lo que decirle. ¿Qué hago Tom? (Dirigiéndose a su amor en tono de medio pavor.)
Tom.- (Susurrando) Espera que hable con él sobre la situación y entrará en razón. Bisabuelo (ya con voz firme), esta chica que tengo a mi lado no es “tu” Lupe, aunque sí que se nombra así, y es cierto que su fenotipo es casi idéntico al de la “tuya”, pero es “mi” Lupe, y por ello no te entiende cuando la mandas y ordenas.
Bisabuelo de Tom.- ¡Pero es lo normal! El hombre ordena y la mujer obedece. ¿Es que ha cambiado todo esto?
Tom.- ¡Ja, ja, ja! No sólo ha variado, es que vamos al sentido inverso.
Bisabuelo de Tom.- ¡Cómo! ¿Tú obedeciendo y ella dirigiendo?
Tom.- Más o menos…
Dick.- (Entra en el diálogo.) ¡Que sí, que sí! La mujer hoy en día tiene casi más poder que el varón, y si utiliza sus “encantos” alcanza lo que le da la gana.
Lucy.- ¡Alto ahí! Ya empezamos con los matices sexistas.
Lupe.- ¡Y machistas! En pleno siglo XXI ya era hora que estuviéramos equiparados. Aunque… (Interrumpe el antepasado de Tom.)
Bisabuelo de Tom.- ¿Siglo XXI? Pero si yo viví en el XIX. ¿Me podéis indicar el año exacto en que estamos?
Tom.- En el final del verano del 2010.
Bisabuelo de Tom.- ¡Carambolas! ¡Hace más de 100 que yo moraba por aquí! ¿Y entonces qué hago yo aquí? ¿Me lo razonáis?
Tom.- Verás. (Se levanta, y teniendo enfrente al espectro de su ancestro le aclara la realidad.) Todo lo ocurrido ha sido idea mía; así pues, si te parece mal es a mí a quien te tienes que dirigir.
Bisabuelo de Tom.- ¿Para qué?
Tom.- ¡Para reprimirme!
Bisabuelo de Tom.- ¡Si aún no sé el qué! Continúa y ya veré.
Tom.- Está bien. Como te comentaba, me surgió la idea de poderte invocar no a ti, sino a tu virtualidad.
Bisabuelo.- ¡Ah! Resulta que lo que ves no es mi físico, sino que se trata de mi espíritu, ¿es así?
Tom.- Efectivamente. Tú eres un proyecto etéreo de tu ser, que has aparecido porque nos hemos reunido los cuatro, y siguiendo unas normas protocolarias, te hemos hecho que vuelvas a la realidad.
Bisabuelo de Tom.- ¿Y para qué habéis querido que mi alma regrese a mi morada?
Tom.- ¡Para iluminarnos!
Bisabuelo de Tom.- ¿Yo? (Pausa.) Mejor dicho: ¿mi otro yo?
Tom.- ¡Claro! Tú, en tu tiempo fuiste un triunfador, y conseguiste a base de esfuerzo y talento muchas posesiones, entre otras, la mansión en que estamos ahora.
Bisabuelo de Tom.- ¡Cierto! Conseguí ser un importante empresario en tiempo de precario. Pero ¿qué tiene que ver todo esto con vosotros?
Tom.- ¡Todo, bisabuelo! ¡Todo! Lupe y yo, así como nuestros dos amigos Lucy y Dick, estamos en una edad que nos apetecería marcharnos del lado de los papás, pero claro, para eso hay que tener ingresos, y hasta la fecha todos los intentos que hemos hecho han sido baldíos.
Lupe.- (Con ganas de participar.) Así es, señor. Su bisnieto y yo somos pareja de hace un tiempo, y con la edad que ya tenemos es hora de tener nuestro propio lar.
Bisabuelo de Tom.- ¿Habéis llegado a los 20?
Lupe.- ¡Uf! ¡Y sobrepasado! ¡Yo ya tengo 24!
Bisabuelo de Tom.- ¿Y tú Tom?
Tom.- Uno más. Y nuestros íntimos la idéntica: 25 y 24.
Bisabuelo de Tom.- ¡Caray! Yo con 21 ya vivía aquí con tu bisabuela y con los bisabuelos de tus amigos. ¡Tenéis razón! ¡Estáis en vuestro derecho de rebelión!
Dick.- (Interviene para dejar constancia de su presencia.) ¡Claro señor! Pero en todos los intentos de encontrar faena que hemos realizado, el fracaso ha sido el común denominador.
Lucy.- (Entra en acción la más tímida.) Por esa razón le hemos hecho aparecer: para que nos ilustre en el arte de conseguir trabajo.
Bisabuelo de Tom.- ¡Está bien! Lo he entendido todo. ¡Pero aún no me he visto! ¿Cómo estoy? ¿Con una edad joven? ¿Diríais que tengo una edad similar a la vuestra?
Tom.- ¡Por supuesto bisabuelo! De eso se trata. Hemos puesto una fotografía tuya cuando eras joven, y has surgido así, o sea.
Bisabuelo de Tom.- ¡Fenomenal! ¡Otra vez con 25! (Pausa.) Pero veo un problema en todo esto.
Tom.- ¿Cuál?
Bisabuelo de Tom.- ¡La falta del trío!
Tom.- ¿Qué trío?
Bisabuelo de Tom.- Pues “mi” Lupe, y nuestros dos íntimos: Dick y Lucy.
Tom.- ¡Ah! Los restantes bisabuelos.
Bisabuelo de Tom.- ¡Evidente! Si queréis tener trabajo vosotros cuatro debemos estar nosotros cuatro. ¿Lo entiendes?
Tom.- ¿Por qué?
Bisabuelo de Tom.- Para que cada uno de nosotros sea o represente a cada uno de vosotros.
Dick.- (Que parece comprender lo dicho por el ancestro.) ¡Claro Tom! Tu bisabuelo ha querido decir que para que todos nosotros tengamos faena, es necesario que nuestros bisabuelos aparezcan también, y así podernos aleccionar, ¿es así?
Bisabuelo de Tom.- No sólo adoctrinar. La clave va a estar en reemplazar.
Tom.- ¿Reemplazar?
Bisabuelo de Tom.- Sí, en eso va a consistir nuestra actuación: iremos nosotros cuatro como si fuéramos vosotros, pues idénticos somos, y una vez conseguido el trabajo, nuestra intervención cesará, y vosotros seréis los que con el contrato laboral ya firmado, trabajaréis. ¿Qué os parece?
Todos a la vez.- ¡Genial! ¡Colosal!
Bisabuelo de Tom.- Entonces ya sabéis: falta que aparezcan los otros tres y que nos digáis qué oferta de trabajo deseáis.
Tom.- ¡Está bien! Lo haremos tal como nos has indicado. (Mira su reloj y anuncia su adiós.) ¡Son las 2.00! Es hora de despedirnos, bisabuelo. Mañana, por hoy, tengo que llevar a mi padre a un sitio y tengo que descansar.
Bisabuelo de Tom.- (Interrumpe al muchacho en su charla.) ¿Mi nieto?
Tom.- Sí, claro; el que ha heredado todo el “desastre” dejado por tu hijo.
Bisabuelo de Tom.- ¡Yo ya lo intuía! Mi hijo Tom sería el que llevaría a la quiebra a la familia: ¡era un manirroto! Pero…
Tom.- ¿Qué, bisabuelo?
Bisabuelo de Tom.- ¡Levantaremos el vuelo! Con esta estrategia hoy diseñada, no me cabe ninguna duda en nuestra económica resurrección.
Tom.- ¡Ya lo veremos! Ahora nos despedimos y mañana, con todos los artilugios preparados, os sacaremos a los cuatro de vuestro mortal letargo.
Bisabuelo de Tom.- ¿A qué hora saldremos?
Tom.- A la idéntica de hoy: la 1.00 hora madrugadora. Supongo que quedaremos nosotros sobre las 23.30, charlaremos previamente un rato, prepararemos el escenario espiritual y con el protocolo ritual haremos que salgáis. ¿No os parece, chicos? (Dirigiéndose a sus tres colegas.)
Todos, menos Tom, a la vez.- ¡Sí! Es una hora buena para quedar: ¡después de cenar!
Tom.- Pues dicho todo, ¡hasta luego, bisabuelo!
Bisabuelo de Tom.- ¡Hasta mañana, muchachos!
El resto a la vez.- ¡Hasta la próxima madrugada, ancestro de Tom!
TELÓN
SEGUNDO ACTO.- PLENA INVOCACIÓN
(Mismo escenario de los principios precedentes. Hora parecida y temperatura algo más fría, aspecto este que se agradece estando casi en septiembre. Llegan los cuatro.)
Tom.- ¡Buenas noches, pareja! Esta noche parece más fresca.
Dick.- ¡Ya era hora! Ahora sí se puede respirar.
Lupe.- ¡Qué puntualidad! Todos hemos llegado a la hora indicada.
Lucy.- Sí, es verdad. ¿A algo se deberá?
Tom.- ¡Hombre! Supongo que a las ganas de invocar, ¿no?
Dick.- Sí, Tom. Tanto Lucy como yo lo hemos comentado con anterioridad: estamos locos por ver a nuestros bisabuelos.
Lucy.- ¡Y oír cariño! También sus voces, aún de ultratumba, son otra incógnita.
Lupe.- Es cierto. Yo estoy ansiosa por ver y oír al espectro de mi ancestro. Por ahora, el único que ha disfrutado con ambos sentidos ha sido mi querido.
Tom.- ¡Ja, ja, ja! No desesperéis, que falta poco para que os saciéis. Ahora, disfrutemos unos instantes de esta fantástica noche, y charlemos tumbados en el césped. (El muchacho agarra por la cintura a su novia, y con un movimiento de noria, se acuestan en el amarillento verde.)
Lupe.- Tom, cariño, qué a gusto estoy aquí.
Tom.- Pues anda que yo. Teniéndote junto a mí soy el más feliz.
Dick.- (Besa a Lucy y los dos, muy acaramelados, se deslizan muy sedados). ¡Y nosotros igual! ¿A que sí, amor?
Lucy.- ¡Esto es vida! ¡Viva Dios! Pero… ¿Qué hora es?
Tom.- ¿Cuál va a ser? Si acabamos de venir. Serán…
Lupe.- Las 23.45 horas. Podemos estar un rato aquí, y sobre las 00.15 irnos allí, ¿no, Tom?
Tom.- ¡Por supuesto! Yo ahora estoy muy tranquilo y a gusto. Por cierto, ¿habéis traído los objetos vuestros? (Haciendo la cuestión al resto.)
Lupe.- Yo sí que he cogido una foto de mi “bis”.
Tom.- ¡Tú ya lo sé! Me la enseñaste nada más verte. Mi pregunta iba para Dick y Lucy. ¿Me habéis oído, pareja?
Dick.- (Flirteando con Lucy, no escucha el son de Tom.) ¡Uf, Lucy! ¡Cuánto deseo que nos marchemos y vivamos juntos! ¿A ti no te ocurre?
Lucy.- ¡Yo quiero largarme ya! Te quiero tanto…
Lupe.- (Hablando en tono suave a Tom.) Me parece, cariño, que tu cuestión no ha tenido receptor. Reitérasela.
Tom.- ¡Ja, ja, ja! Es que están con lo que están. Tendré que elevar la voz: ¡Dick! ¡Dick! (Con un alto son.)
Dick.- ¡Caray, Tom! ¡Qué vozarrón! ¿Qué quieres, amigo?
Tom.- Pues si tanto tú como Lucy habéis traído las fotografías de vuestros ancestros.
Dick.- ¡Sí, por supuesto! Y con una edad parecida a la nuestra.
Tom.- ¡Fenomenal! Así, los cuatros nos aparecerán.
Dick.- ¿Y el recorte donde se anunciaba la faena? ¿Alguno lo ha traído?
Lucy.- ¡Anda, es verdad! Esta tarde he visto varias ofertas, pero no he seleccionado ninguna concreta.
Lupe.- ¡Yo tampoco! ¿Y ahora qué haremos sin saber qué trabajo conseguir? ¡Mira que somos despistes!
Tom.- Perdona, querida: sois despistes, puesto que yo sí que he seleccionado uno que me ha parecido el más apropiado.
Dick.- ¡Si no fuera por Tom!
Tom.- Continúa, amigo, continúa…
Dick.- Pues que no iríamos ni a la vuelta del rincón.
Lucy.- Desde luego es nuestro salvador.
Lupe.- ¡Claro! Le viene de la genética su alta previsión. Fijaros que el gran ganador de nuestros “bis” fue el suyo, y que gracias a él los nuestros vivieron lo suyo.
Tom.- Pero Lupe, eso hace más de un centenario, y lo de hoy en día es para mí igual que para vosotros: un calvario. Por cierto, enseñadme las fotos de vuestros bisabuelos, a ver qué parecido tienen con vosotros, y si el reemplazamiento de personalidad puede ser una realidad. (En este momento se levantan Dick y Lucy, y sacan de sus bolsillos sendas fotografías.)
Dick.- ¡Mirad el mío! Igual que yo, pero con ropa un tanto “off”.
Tom.- ¡Jope! ¡Es verdad! Tú y él sois tal para cual.
Lucy.- Amor mío, tu “bis” podía haber sido hoy mi querido.
Dick.- ¡Ja, ja, ja! Somos idénticos, como en el caso de Tom y de su bisabuelo. ¿Y el tuyo Lucy? Aún no he visualizado a tu antepasado. ¿Me la muestras?
Lucy.- (Saca de su bolsa la muestra.) ¡Mírala! También con gran similitud a mí, tanto en lo físico como en la virtud y el vicio.
Dick.- ¿Virtud? ¿Vicio?
Lucy.- Sí, parece que mentalmente éramos similares, según comentarios de mis padres y sus predecesores.
Tom.- ¡Todo perfecto! Si la técnica se basa en la sustitución, qué mejor que todos sean réplicas nuestras hechas con perfección. Así, de esta manera, no habrá problema para que ellos nos suplenten la personalidad y, con sus experiencias y sapiencias, logren el objetivo final: dos pares de trabajos de altos rangos.
Dick.- ¿Ah, sí? ¿Es que has seleccionado ofertas de elevado grado?
Lucy.- ¡Dínoslas, Tom! Estamos expectantes ante la anterior interrogante.
Lupe.- Venga amor. ¿De qué trabajo se trata?
Tom.- Pues de todas las que he visto en el periódico, he elegido una que me ha parecido ideal para optar los cuatro a ella. (Tom coge el recorte de prensa, se dispone en posición tersa, y decide contársela al grupo.) Escuchad: “Empresa multinacional del mueble selecciona 4 puestos de Ejecutivo: 2 para Gestión y 2 para Producción. Interesados dirigirse a MUEBLE ILUSIÓN, S.A., sito en la Avda. de los Cerezos, s/n. Horario de 9 a 10 h. Preguntad por el sr. Robles.”
Lupe.- ¡Puestos de mando! ¡Y faltos de experiencia en cualquier rango!
Dick.- ¡Te has pasado amigo! ¡Con sólo nuestra titulación a optar a puestos de Dirección!
Lucy.- ¡Si no sabemos hacer ni la “o”!
Tom.- ¡Ja, ja, ja! ¡Pero qué bobos sois! ¡Si los que van a conseguir los puestos son los nuestros! Nosotros, una vez alcanzados y firmados los contratos, sólo nos faltará continuarlos.
Dick.- Ya… pero una vez nos abandonen, tendremos que “luchar” con obreros y técnicos, y todo esto requiere una gran sapiencia y ciencia.
Tom.- ¡De eso se trata! Nuestros bisabuelos se encargarán, primero de firmar, y después de trabajar; una vez los trabajadores y los directores se den cuenta de sus pericias, es cuando nos aleccionarán para que, una vez rubricados, seamos nosotros quienes sigamos.
Dick.- ¿Y tú crees que podremos?
Tom.- ¡Por supuesto! Y si no nos vemos capacitados, siempre estamos a tiempo para volver a llamarlos.
Lupe.- Mirado de ese modo, no parece que esté mal pensado.
Lucy.- Sí, es cierto. Voy asimilando lo que Tom nos está contando.
Dick.- Bueno… El tiempo se encargará de enjuiciar el plan. En principio, es verdad que no está mal.
Tom.- ¡Al fin! Parece que os he convencido. Ahora se trata de que salgan de sus fosos, y que estén de acuerdo en seguir el guión trazado.
Dick.- El tuyo dio el sí. ¿Por qué el mío y los de las chicas se van a negar?
Tom.- Porque ten en cuenta que los vuestros se limitaron a ser comparsas.
Dick.- ¿De qué?
Tom.- ¡De una farsa!
Dick.- Bueno…Si tu bisabuelo estaba de acuerdo de que los tres “vivieran” de él, ¿qué malo hay?
Tom.- Nada; simplemente que no sé si serán capaces de conseguir el objetivo: los puestos de Directivos.
Lupe.- ¡Hombre, Tom! Habrá que darles la oportunidad para que demuestren su capacidad.
Lucy.- Además…
Tom.- ¿Qué?
Lucy.- Tu bisabuelo fue el que nos dijo que les invoquemos, para ser ellos los que nos sustituyeran.
Lupe.- ¡Es verdad! Tom, cariño, recuerda que él quería que “sus” tres aparecieran junto a él. Por esto tenemos todos los objetos: ¡para que surjan unidos todos!
Dick.- ¡Claro! Juntos de nuevo, después de más de un siglo.
Tom.- ¡Vale! ¡Vale! Tenéis razón. Es que la familia “tira”. Por cierto, ¿qué hora tenemos?
Lupe.- Son las 00.20.
Tom.- ¡Caray! Nos tenemos que ir para allí. (Refiriéndose a la mansión, espacio de la invocación.)
Dick.- Sí. Quedamos con tu ancestro que más o menos a la 1.00 saldrían. Así pues, alzad del césped y dirijámonos allá.
Lucy.- ¡Qué ganas tengo de ver a mi “bis”!
Lupe.- ¡Y yo! ¡Adelante, pues! (Los dos pares se levantan, y se encaminan a la morada.)
Tom.- (Saca de su bolsillo la llave y abre.) ¡Click! ¡Ya está! ¡Adentro, chicos!
Lupe.- ¡Uf! ¡Qué calor hace! Teníamos que haber dejado las ventanas abiertas.
Lucy.- ¡Es verdad! Se ha condensado la unión.
Dick.- ¿Qué unión, querida?
Lucy.- La de la temperatura y la energía.
Dick.- ¿Es eso posible, Tom?
Tom.- Sí, es factible. Tu chica tiene razón. Por ello hace tanto agobio. Esperad, y ahora abriré los ventanales. Una vez que corra el aire y neutralice este ambiente caliente, volveré a cerrarlos.
Lupe.- ¿Para qué?
Tom.- Pues para que una vez salgan, no se escapen. (Tom va hacia las ventanas y una a una las abre. De repente, hay una corriente que da más frescor en el gran salón.)
Lupe.- Sí que se nota. Ya estoy mucho mejor.
Lucy.- ¡Y yo! Creo que ya podemos empezar.
Dick.- Sí, una vez liberado este aire pesado, podemos iniciar la sesión.
Tom.- Pero ahora tengo que cerrarlas, no sea cosa que a nuestros “bis” les dé por huir. Un instante y comenzamos. (Vuelve a los ventanales y, en un tris, los baja para que no se puedan abrir.) ¡Venga! ¡Poneos en posición, y dejad los objetos acorde con vuestra situación!
Dick.- Aquí tengo la foto de mi “bis”, y la dejo aquí (justo debajo de la tarántula pieza).
Lucy.- La mía la deposito por encima, ¿no, Dick?
Dick.- Sí, así saldrán los dos al unísono son.
Lupe.- ¿La mía también encima de la tuya, Tom?
Tom.- ¡Claro! Ya has oído a Dick. Si la pones sobre la mía, los dos surgirán como un par de novios en el altar.
Lupe.- Pues aquí está (la deja sobre la de Tom).
Tom.- ¡Muy bien, muchachos! Ya tenemos las fotografías dispuestas. Ahora coloco las velas, nos ponemos en círculo alrededor de ellas, y a invocar. (Todo ya preparado, se da comienzo.)
Tom.- ¡Bisabuelos! ¡Bisabuelos! ¡Salid a la luz! (En tono de sermoneo.)
Lupe.- ¡Bisabuelos! ¡Alzad el vuelo! ¡Queremos veros! (Ya con más familiaridad en el hablar.)
Dick.- ¡Necesitamos contactar con vosotros! ¡Bisabuelos! Por favor, ¡yo os invoco! (La pronunciación denota una cierta desesperanza.)
Lucy.- ¡Bisabuelos! ¡Os mando salir! ¡Deseo ver y oír a mi “bis”! (En este caso la chica sí que da muestra de dialogar con su ancestro.)
Tom.- (Se dirige en voz tenue al resto.) Ahora, una vez que cada uno ha hecho fuerza por su “cuenta”, es el turno de llamarlos a todos juntos. ¿De acuerdo, chicos?
Los demás, a la vez.- ¡Sí!
Tom.- ¡Adelante, pues! (Asidos de las manos con intensidad, hacen el llamamiento a una sola voz.)
Todos a la vez.- ¡Bisabuelos! ¡Bisabuelos! Vuestros bisnietos os invocan para que surjáis. ¡Salid! ¡Salid! ¡Salid! (Y al finalizar esta última exclamación, surgen los espíritus de dos en dos.)
Ancestros de Lupe y Tom.- ¡Uf! ¡Qué calor! ¿Por qué estamos así los dos? (Se miran un tanto extrañados por el momento creado. La pareja aparece en el centro, muy bien vestidos y casi listos para dar un paseo.)
Ancestro de Tom.- ¡Hola Lupe! ¡Qué bonita te encuentro!
Ancestro de Lupe.- ¡Sí, es cierto! Parecemos arreglados. ¿Es que nos vamos a algún social acontecimiento?
Ancestro de Tom.- No creo, cariño. Es que hemos salido tal como ellos (señalando a los chicos) han querido.
Ancestro de Lupe.- ¡Anda! ¡Es verdad! ¡Si somos nosotros en posición circular!
Ancestro de Tom.- Parece, pero ésa no es la realidad.
Ancestro de Lupe.- ¿Ah, no? ¿Y cómo me explicas esta situación? (Súbitamente aparece el par que falta.)
Ancestros de Dick y Lucy.- ¡Ostras! ¡Qué pasión! ¡Unidos los dos!
Ancestro de Lupe.- ¿Pero qué veo? Nuestros amigos salidos “sin ton ni son”. ¡Esto es cosa de Dios!
Ancestro de Tom.- ¡Que no! ¡Que no! Todo se debe a estos (señalando de nuevo a los muchachos).
Ancestro de Lupe.- Pues que hablen ellos, y nos aclaren estas apariciones.
Ancestro de Dick.- (Dando un beso al ancestro de Lucy.) ¡Caray Lucy! ¡Qué dulce! Es como si te acabaras de comer un pastel, y me dieras lo mejor de él.
Ancestro de Lucy.- Te lo mereces. Te quiero tanto que todo lo mío es tuyo, incluyendo los cinco sentidos. (Una vez dicho esto último, se da cuenta la pareja de que alrededor de ellos están también “ellos”.) Pero Dick, ¿has visto lo que yo? ¡Si no estamos solos! Nos rodean nuestros íntimos y nosotros dos. ¿Es que estoy loca, o veo como un espejo?
Ancestro de Dick.- ¡Es verdad! Aquí estamos nosotros cuatro, y ahí (dirigiéndose a los muchachos) rodeándonos, nuestras réplicas. ¡Que alguien me lo explique!
Ancestro de Lucy.- ¡Y con rapidez! ¡El amor es para uno y no para dos!
Ancestro de Lupe.- Tienes razón, amiga. Esto debe de ser obra de Tom.
Ancestro de Tom.- ¿Pero qué Tom?
Ancestro de Lupe.- ¡Tú, quién si no!
Ancestro de Tom.- ¡Ja, ja, ja! No ha sido idea mía, sino de éste (señalando a su bisnieto).
Ancestro de Lupe.- ¿De él? ¡Si eres tú, aunque con distinto traje!
Ancestro de Tom.- ¡No soy yo! ¡Es mi bisnieto Tom!
Ancestro de Lupe.- ¿Bisnieto?
Ancestro de Tom.- ¡Por supuesto! Todos los que veis son descendientes nuestros. ¡De ahí la similitud!
Ancestro de Dick.- ¿Y qué hacemos los dos aquí? ¿Es esto posible?
Ancestro de Lucy.- ¡Eso, eso! ¿Quién es el original y quién la copia?
Ancestro de Tom.- ¡Callad ya! Ahora, él os lo razonará (indicando con la mano a su descendiente).
Tom.- (Con cara trémula, se pone de pie e intenta aclararles “el porqué”.) Mi antepasado tiene razón: hay una lógica explicación.
Ancestros a la vez.- Somos todo oídos para tus sonidos. ¡Adelante querido! (Se acomodan los ancestros: juntos los de Tom y Lupe, y adosados los de Dick y Lucy.)
Tom.- Lo primero que os tengo que comunicar es que los únicos que son realidad somos nosotros, siendo vosotros la virtualidad. Habéis aparecido porque hemos hecho una sesión espiritual, y como veis, con resultado acertado.
Ancestro de Lupe.- Entonces, ¿es verdad que tú eres el bisnieto de mi Tom?
Tom.- ¡Claro, bisabuela de Lupe! No estamos en el XIX, sino en los comienzos del XXI, y en la estación del estío.
Ancestro de Lupe.- Lo último es evidente por el sofoco reinante, pero ¿más de un siglo ha transcurrido desde que nos esfumamos?
Tom.- ¡Ja, ja, ja! ¡Claro! De ahí que seáis imágenes sin cuerpo presente.
Ancestro de Lupe.- ¿Y qué hacemos entonces? ¡Pasear y hablar sin camino andado ni sonido echado!
Tom.- ¡No exactamente! Vosotros, por la energía creada por nuestras mentes, tenéis capacidad de movimiento y parlamento, además de pensamiento.
Ancestro de Tom.- Querido bisnieto, ¿qué has querido decir con todo esto?
Tom.- Muy sencillo, ancestro; podéis ir a cualquier sitio, y nadie se daría cuenta de que sois virtuales y no reales.
Ancestro de Tom.- ¡Ah! ¡Ya entiendo! Por eso seremos vosotros en la búsqueda de puestos.
Ancestro de Lupe.- ¿Qué puestos, cariño?
Ancestro de Tom.- ¡De trabajo! Pero eso es la continuación de la explicación que nos está dando Tom, mi bisnieto. ¡Adelante muchacho! ¡Termina con tu razonamiento!
Tom.- Gracias, bisabuelo. Como os estaba diciendo, vosotros vais a ser los que intentéis conseguir la faena por nosotros.
Ancestro de Lupe.- Perdona que te interrumpa, muchacho. ¿Por qué queréis que seamos los que os sustituyamos? ¿Es que no estáis capacitados para obtener esos puestos?
Ancestro de Dick.- Buena pregunta, Lupe, es decir, antepasado de Lupe. Yo me cuestiono lo mismo.
Ancestro de Lucy.- ¡Y yo! ¿Es tan complicado hoy en día encontrar trabajo?
Lucy.- ¡Uf! ¡Ni te lo imaginas, mi antepasado! Yo, al igual que mis amigos, sólo he encontrado contrariedades en la búsqueda: ¡todo han sido negaciones!
Lupe.- Mi compañera tiene toda la razón. Por eso estáis aquí: para que nos auxiliéis en esa difícil tarea.
Dick.- ¡Exacto! Todo fue idea de Tom, pensando que su bisabuelo fue un ganador en su tiempo.
Ancestro de Lupe.- ¡Y no sólo eso! Todo el mundo le tenía un gran respeto.
Ancestro de Tom.- ¡Vale ya, Lupe! Deja al chico que siga con la explicación. ¡Vamos, Tom! Continúa…
Tom.- De acuerdo. Proseguiré, aunque todo está prácticamente aclarado. Vosotros estaréis mañana, de 9 a 10, en esta dirección (saca del bolsillo de su pantalón el anuncio recortado del diario, y lo muestra). Veis, este es el objetivo: conseguir los cuatro puestos de Ejecutivos de esta empresa.
Ancestro de Tom.- A ver, hijo, acércame ese trozo de papel. (Tom se acerca a su ancestro, y le deja el recorte.) ¡Umm…! Interesantes puestos. Fijaros: dos de mando en la Producción y otros tanto en la Gestión. Yo prefiero uno de Gestión. Me va más.
Ancestro de Lupe.- No, si ya… Tú eres el más capaz. Yo, en cambio, iré a por uno de Producción.
Ancestro de Dick.- Es decir, sólo resta uno de cada puesto para nosotros dos (dirigiéndose a su chica, la antepasado de Lucy). ¿Cuál del par que falta prefieres tú, cariño?
Ancestro de Lucy.- Si no te importa, prefiero el de Gestión, y así Tom me aconsejará qué hacer para llegar a él.
Ancestro de Dick.- Me parece bien. Yo, por consiguiente, iré a por el de Producción.
Tom.- ¡Fenomenal! Ya está todo dicho. Los dos pares ya están cubiertos. Por lo tanto, tenéis que estar mañana, por hoy, de 9 a 10 en la dirección que marca el anuncio. Por cierto, ¿cuál es?
Ancestro de Tom.- Aquí indica Avda. de los Cerezos, s/n. ¿Dónde está esto?
Tom.- Espera, que ahora te lo digo (mete su diestra en una bolsa y saca un mapa). Acercaros y mirad. Aquí es dónde tenéis que estar (les señala la dirección exacta donde se ubica la empresa).
Ancestro de Tom.- Sí, ya la veo, pero ¿dónde estamos ahora?
Ancestro de Dick.- Eso. Hay que saber de dónde vamos a partir para conocer la ruta a seguir.
Tom.- ¡Tranquilidad! ¿Es que habéis perdido la memoria por la virtualidad? (Pausa.) ¿Veis este punto?
Ancestros a la vez.- ¡Sí!
Tom.- Pues es en donde estamos ahora. Así pues, para llegar a la multinacional tenéis que hacer este camino (les indica la salida y la llegada).
Ancestro de Tom.- ¡Ya está claro! Parece distanciado, ¿no?
Tom.- Sí que lo está. Habrá más o menos un trío de kilómetros.
Ancestro de Dick.- Bueno… Pues partiremos una hora antes, y llegaremos al tramo indicado en el momento apropiado. ¿No os parece, amigos?
Resto de ancestros.- Por supuesto, compañero. ¡Saldremos sobre las 8.00!
Ancestro de Tom.- Por cierto, bisnieto, ¿cómo se denomina la empresa?
Resto de ancestros.- ¡Eso, eso! ¿Cuál es el nombre de la multinacional?
Tom.- Se nombra MUEBLE ILUSIÓN, SA, y es pionera en el diseño de la madera. Ahí es donde tenéis que conseguir firmar.
Ancestro de Tom.- ¿El qué?
Tom.- ¡Qué va a ser! ¡Los contratos laborales!
Ancestro de Tom.- ¡Ah! ¡Claro! ¡En qué estaría pensando!
Ancestro de Lupe.- Seguro que en mí, cariño.
Ancestro de Tom.- ¡Sí! Es que parece que ha pasado más de un centenario sin estar a tu físico lado. Dame un beso. (Los dos se besan, y están un buen rato.)
Tom.- (Dirigiéndose a sus tres compañeros.)Bueno, amigos. Ya son más de las 3.00, y hay que marcharse, pues.
Lupe.- Sí, ya es tarde. Vámonos.
Dick.- Pues marchémonos.
Lucy.- Sí, larguémonos. (Las dos parejas se despiden de sus “bis”, y se encaminan a sus respectivas moradas. Mañana, por hoy, Dios dirá lo que acontecerá.)
(Mutación de horario y de escenario. Son las 8.45 horas de la mañana y los espectros ya están en el lugar: una pequeña caseta alejada de la multinacional en unos 100, en donde está colocado en la parte superior de la entrada un gran rótulo, bien grafiado y mejor decorado, que pone: “ACCESO PARA LAS ENTREVISTAS. ESPEREN SU TURNO. GRACIAS”.)
Ancestro de Tom.- ¡Mirad! Ya hemos llegado. Observad lo que indica la puerta.
Ancestro de Dick.- Sí, está claro. Aquí es. Esperaremos en esta “cola”.
Ancestro de Lucy.- ¿Será la que llegue al entrevistador-jefe?
Ancestro de Tom.- Supongo que sí, aunque voy a confirmarlo. (Se aleja un tanto del grupo ancestral, y le pregunta a una chica que está delante de aquél.) Perdón, señorita: ¿hay que aguardar aquí para llegar allí? (La muchacha se queda perpleja de la educación del espectro, y le contesta afirmando con la testa.)
Veis como es aquí donde hay que esperar a que nos llegue nuestro tiempo. ¡Tampoco hay tantos con quien competir!
Ancestro de Dick.- Yo creo que en unos 30 empezaremos. Por cierto, ¿quién de nosotros será el primero?
Ancestro de Tom.- A mí me da igual. Si queréis, un servidor lo será.
Ancestro de Dick.- Por mí, ideal. ¿Y vosotras? ¿Opináis similar?
Ancestro de Lupe.- Sí, que sea Tom el que comience; después continúas tú, Dick, y para concluir nosotras dos. ¿O.K?
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1 comentario
EL COMENTADOR DE OCAÑA 16 jun 2011 | 07:18 PM
La lectura ágil y amena de la obra hace nos transporta al mundo del autor con un punto de vista fiel a su estilo literario.
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