JUSTIDESCRACIA
PERSONAJES:
JUEZA SENTENCHA, SECRETARIA PROVIDENZA, FISCAL ACUSIAS, EL ALGUACIL MANOLO, EL OFICIAL GUTIÉRREZ, EL GUARDIA JUDICIAL, LA FUNCIONARIA DEL DECANATO, EL PERITO JUDICIAL, EL PERITO CALÍGRAFO, EL BARÓN DE REPSOL, EL MARQUÉS DE VODAFONE, EL DUQUE DE ENDESA, EL PRÍNCIPE DE ARGENTARIA, EL LETRADO DEL BARÓN Y LA LETRADA DEL MARQUÉS.
PRIMER ACTO.- DEMANDA Y CONTESTACIÓN
(Una mañana primaveral en un martes laboral, al lado de la Catedral, continúa la rutina del día a día en el Palacio de Justicia; el pueblo: El Pedroso, y la hora: las 10 horas. La titular del Juzgado número Uno acaba de llegar con retraso, una vez más, de una hora de más.)
Jueza Sentencha.- ¡Buenos días, guardia! ¡Qué día más agradecido nos ha amanecido!
El guardia judicial.- ¡Buenos días, señoría! Respecto al día, sí que es cierto que está resplandeciente, aunque a mí, al ser un simple sirviente, me da lo mismo que haga calor o frío.
Jueza Sentencha.- Pero a elegir, es preferible que tenga buena cara a que esté con ella malhumorada.
El guardia judicial.- Realmente, me es indiferente.
Jueza Sentencha.- Pues vale. Me voy a mi Juzgado, a ver que me tienen preparado. ¡Hasta luego!
El guardia judicial.- ¡Adiós, señoría! (Una vez se penetra en el Palacio de Justicia de El Pedroso, y se traspasa la vigilancia del guardia, al lado diestro se ubica la oficina de reparto, o sea, el Decanato, y siguiendo dirección recta, en escasos diez, el primer Juzgado. Para alcanzar el segundo, es decir, el superior, hay que usar el ascensor, que unas veces funciona y la mayoría te abandona. La Jueza alcanza su zona, y ya se siente una “reinona“ .)
Jueza Sentencha.- ¡Buenos días, chicos! ¿Alguna novedad, o todo sigue igual?
Todos a la vez.- ¡Buenos días, señoría! Todo está sin movimiento, por lo tanto, ¡qué aburrimiento!
Secretaria Providenza.- ¡No os quejéis tanto, que ya vendrá el llanto! ¡Hala, trabajad!, que la Jueza quiere que le ofrezcáis buenas tramitaciones, para que ella devuelva mejores resoluciones.
Jueza Sentencha.- ¡Eso, eso!, que estoy falta de felicitaciones por mis superiores, y ya quiero alzar mi ego. Marcho a mi despacho, a ver si hago algo. Si alguno tiene alguna cuestión, que espere el momento a que acabe con mi tiempo. ¿Ha quedado claro, funcionarios?
Todos a la vez.- ¡Sí, doña Sentecha! ¡Esperaremos!
Jueza Sentencha.- Muy bien. Providenza, encárgate de resolverles todos los inconvenientes que les vayan surgiendo.
Secretaria Providenza.- Desde luego, Sentencha. No te preocupes ni ocupes. Tú despacha, y nosotros trabajaremos y tramitaremos. (La Jueza entra en su habitáculo, cierra el mismo, y hace lo que nadie desconoce: telefonear, navegar, hojear y otras cosas de poco pensar. Pero…, son las 11.30, y se recibe una llamada de gran cilindrada en el Juzgado: proviene de al lado.)
Fono del Juzgado.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng!
El alguacil Manolo.- ¡Juzgado Uno de El Pedroso! ¿Quién es?
La funcionaria del Decanato.- Soy del Decanato, Manolo. Ha venido una furgoneta, toda repleta, con un Abogado al mando. Se trata de una demanda, que por reparto, ha correspondido al vuestro. ¿Puedes venir a recogerla?
El alguacil Manolo.- ¡Qué remedio! ¡Al lado voy a por ella! (Poco acelerado, y un tanto apesadumbrado, el ordenanza judicial se dirige a la oficina, a la vez vecina y enemiga, a recoger lo que la funcionaria le ha dejado entrever: todo un revés, o sea, una demanda con mucho papel. Al fin, llega y entra.)
La funcionaria del Decanato.- ¡Hola Manolo! Ya creía que no vendrías. Ahí, en ese rincón, está sito el montón. Cógelo y llévatelo, que sólo de otearlo se me alza la desesperanza.
El alguacil Manolo.- No me extraña, amiga del alma. Acá estamos acostumbrados a peticiones de seres simplones, y cuando nos encontramos con “esto“, nos acobardamos. ¡Así somos los de El Pedroso!
La funcionaria del Decanato.- ¡Sorpresa has dado a esta! No pensaba que fueras nacido en El Pedroso; más bien, te hacía natural de la principal villa, es decir, Sevilla.
El alguacil Manolo.- Lejos de mí está esa apetencia, pues la capital nos trata muy mal. ¿A ti no te parece igual?
La funcionaria del Decanato.- Es cierto que la gran ciudad de Andalucía nos trata a los de las lejanías como si fuéramos forasteros, pero entre nuestras costumbres están esos desaires. Ahora, Manolo, dejemos de parlamentar, y llévate ya a ese par.
El alguacil Manolo.- Estos paquetes son demasiado pesados y abultados, para de una sóla vez llevarlos al Juzgado. Primero portaré el primero, y más adelante, el siguiente. Así pues, hasta dentro de un rato, empleada del Decanato.
La funcionaria del Decanato.- ¡Hasta luego, Manolo! (El ujier coge el primer segmento, y lo traslada a su aposento. Entra, y lo deposita en el despacho de la alta funcionaria: la fedataria.)
Secretaria Providenza.- ¿Qué llevas con esos dos miembros, que lo dejas en mis adentros?
El alguacil Manolo.- Es una primera parte de una demanda, que nos ha tocado por el turno de reparto.
Secretaria Providenza.- ¡Eso es una sección de una petición!
El alguacil Manolo.- Así es, doña Providenza. Ahora me voy a por la segunda. ¡Hasta ahora, señora!
Secretaria Providenza.- ¡Hasta pronto, Manolo! (Se dispone el Agente, como buen sirviente, a transportar, con sus brazos y nada más, la segunda parte. Con calma, y además más pausa, alcanza el Decanato, agarra el montón, y todo él socarrón, le insinúa a la empleada: “por hoy ni una demanda más“.)
El alguacil Manolo.- ¡Hola otra vez! ¡Ya estoy aquí de nuevo! Vengo a por lo que me falta, que es toda una lata. Creo que por esta mañana, mi Juzgado está saturado. Lo que venga en adelante, para el siguiente. ¿No te parece?
La funcionaria del Decanato.- No sé si me parece o me deja de parecer, pero lo que traigan será, o bien para vosotros o para los otros, pero aquí no se quedará de adorno. ¡Yo los odio!
El alguacil Manolo.- ¿A nosotros?
La funcionaria del Decanato.- ¡No hombre, no! Si vosotros y yo somos iguales, esto es, unos “correveydiles“. Mi enfado se despierta cuando oteo a los Letrados, con esos aires superiores, dirigirse a esta oficina como si fuera una cantina, para que una servidora les vaya sellando, hoja por hoja, todo lo portado por ellos.
El alguacil Manolo.- Pero ésa es tu función: ser una intermediaria entre los Abogados y los Juzgados.
La funcionaria del Decanato.- ¡Ya lo sé, Manolo! ¡No estoy en el otro Polo! Pero es que me revienta que yo, teniendo la licenciatura de Derecho, sea un mero deshecho para estos sujetos. Y aún me enojo más, cuando observo el firmado de todo el entramado: que si unos banqueros, que si otros consejeros, que si los del más allá tesoreros, y que si los del más acá financieros, es decir, todos ellos embusteros. ¡Ah!, y se me había olvidado los peores personajes: ¡los del alto linaje!
El alguacil Manolo.- Hombre, estos últimos al menos tienen clase. ¡Lo llevan en la sangre!
La funcionaria del Decanato.- ¡Ya, ya! Dentro de poco lo comprobarás, ya que esta demanda corresponde a uno de esta panda.
El alguacil Manolo.- ¿Qué me dices? Aquí, en El Pedroso, un juicio lustroso. Pues cuando nuestra Jueza se entere de quienes van a pleitear, la que nos aguarda a los demás. Ella sólo piensa en figurar, y si hay gentes de primera sometidas en su madriguera, ¡lo que les espera!
La funcionaria del Decanato.- ¿Sólo a ellos?
El alguacil Manolo.- ¡Qué va! ¡Ni hablar! A los pudientes y a sus sirvientes. Y ya verás como la tramitación de todo el montón le cae, ¡qué casualidad!, al oficial, o sea, el señor Gutiérrez.
La funcionaria del Decanato.- ¿Gutiérrez, el sexagenario?
El alguacil Manolo.- El mismo en cuerpo y alma. Es un experto en las demandas, y si esta es de gran densidad, seguro que la Secretaria, por órdenes de doña Sentencha, le mandará que la tenga hecha en un santiamén, es decir, en poco más de un mes. (De repente, suena el fono de la oficina, lo descuelga la empleada, y no es otra que la fedataria. Y… )
Secretaria Providenza.- Decanato, soy la Secretaria del Uno. ¿Está por ahí nuestro alguacil?
La funcionaria del Decanato.- Sí, doña Providenza. Está transportando lo que falta de la demanda. Ya ha partido. En breves le depositará el segundo tocho en su despacho.
Secretaria Providenza.- Sí, ya lo diviso. Así pues, ¡hasta después!
La funcionaria del Decanato.- ¡Adiós, señoría!
Secretaria Providenza.- ¡Manolo! ¿Dónde te habías ubicado, que he tenido que efectuar un llamado?
El alguacil Manolo.- ¡Pues dónde pensaba que estaba! Ahí al lado, donde se efectúa el reparto.
Secretaria Providenza.- Si eso está a escasos diez, ¡pardiez!
El alguacil Manolo.- ¡Ya, ya! Pero a pesar de la escasa longitud, llevaba un resto de gran amplitud, y ello conlleva, por el cansancio, retraso. Aquí tiene la segunda parte de la demandante. ¿Dónde se la deposito?
Secretaria Providenza.- ¡Caray, alguacil! ¡Allí!, donde está la primera de la actora, que junto con esta, se completa. Ahora me tocará revisarla, por si hay algo de ella que rectificar o aclarar, y si no hay que efectuarlo, le daré cuenta de su presencia a nuestra excelencia, es decir, doña Sentencha. Por lo tanto, vete con tus compañeros, y déjame en paz, auxiliar.
El alguacil Manolo.- Está bien, doña Providenza. ¡Hasta más ver! (El ordenanza judicial abandona el despacho, y vuelve al lado de sus compañeros, los funcionarios. Mientras tanto, doña Providenza, después de una vuelta de saeta horaria, completa el visado de todo lo peticionado, dándole cuenta de la gente con quien se enfrenta a la Jueza doña Sentencha. Son las 13.30.)
Providenza.- ¡Sentencha! ¡Sentencha! ¿Puedo pasar o me espero un rato más?
Sentencha.- ¡Sí, pasa Providenza! ¡Adelante! Todo lo que tenía pendiente sigue estando equivalente, por consiguiente, un rato de espera no incrementará la demora. (La Secretaria apertura la puerta y penetra.)
Providenza.- ¡Buenos días, Sentencha!
Sentencha.- Viendo la hora serán tardes, pero bueno … ¿Y eso que traes ? ¿Es que es el resumen de todo lo realizado en el año por el Juzgado?
Providenza.- ¡Ja, ja, ja! ¡No te asustes, ni te excites! Es una sola demanda de gente afamada.
Sentencha.- ¿Todo es una? ¡Pero si mis dos ven dos!
Providenza.- No, esta es la primera sección, y la otra es la posterior. Ahora te las pongo adosadas, ésta junto con aquella. (La Secretaria coloca las dos porciones de la petición en un rincón. La Jueza se alza, ase la primera, y observa a los personajes de primavera que dentro de poco pasarán por su vera.)
Sentencha.- ¡Caray! ¡No puede ser! ¡Si hay un Barón! ¡Y también un Marqués!
Providenza.- ¡Sí, sí! Visualiza más, y te entusiasmarás. Además de estos, he divisado a todo un titular de un Ducado.
Sentencha.- ¿Un Duque, además?
Providenza.- Así es. Y nada más y menos que el de Endesa, todo un caballero con fama de mujeriego, además de niñero.
Sentencha.- Y junto con eso, ¡un Grande de España!, según tengo entendido por lo que he leído.
Providenza.- Estás en lo cierto, Sentencha. Hace poco más de veinte fue envestido un Grande, el Duque de Endesa.
Sentencha.- ¡Qué bien! Por el momento, tenemos al Barón de Repsol, quien es el actor, después al Marqués de Vodafone, quien es al que ha demandado aquel afamado, y como integrante de la parte demandante, a todo un Grande. Sólo nos resta esperar la contestación del Marqués, y veremos quien respaldará su versión. Ahora, Providenza, nos queda definir quien se encargará de su tramitación, pues hay mucho montón, y asimismo gente de relumbrón. Había pensado en Gutiérrez, que es nuestro oficial. ¿No te parece el ideal?
Providenza.- ¡Desde luego, Sentencha! Es el de más experiencia, y las de gran magnitud las gestiona con prontitud, aunque si somos estrictos con la Ley, tenemos por delante unas veinte, por consiguiente, ¿qué vamos a realizar: lo legal o lo contrario a tal?
Sentencha.- ¡Ay, Providenza, Providenza! Hace unos lustros ya nos pasó, y salimos de la situación. No hay que ser ni legales ni lo opuesto. ¡Seremos alegales!
Providenza.- ¿Y cómo se puede ser alegal en una cuestión tan diáfana? Las primeras en entrar son las ganadoras en llegar. ¡Es el abc del tramitar en un órgano judicial!
Sentencha.- Muy sencillo, Providenza. Si bien la data de entrada en el Decanato no se puede alterar ni por un rato, al tratarse de gente de tan alto rango, y ser el objeto del litigio un cuadro grafiado hace siglos, podemos adjuntar una diligencia donde en su cuerpo indique que fue necesario el auxilio de un perito, para conocer el preciso sitio donde fue pintado; como ello lleva mucho tiempo de espera, ya tenemos el pretexto para que esta demanda sea la primera en salir primera. ¿Lo has entendido, Providenza?
Providenza.- Creo que sí, Sentencha. Quieres decir que como la Ley preceptúa que cuando el objeto del litigio es un cuadro de prestigio, la competencia del juicio corresponde al lugar donde el autor efectúa su pintar, esto es, en este caso, El Pedroso, y todo ello conlleva mucho tiempo de análisis pericial, por lo tanto, ya tenemos la solución a nuestra infracción.
Sentencha.- ¡Exacto! Sólo precisamos el dictamen del perito judicial, poniéndole como fecha del mismo, la inmediatamente anterior a la primera petición de las que tenemos en gestión. Por consiguiente, habrá que llamar a don Evalúo Justo Valor, y aclararle la situación. Mientras, seguiremos con la tramitación. ¿Ha quedado claro, Providenza?
Providenza.- ¡Clarísimo, Sentencha! Ahora mismo foneo a don Evalúo, y en un tris tenemos el informe conforme para que esta petición sea la líder en abandonar el cajón, y que se indique que el cuadro fue grafiado en esta pedanía de Andalucía.
Sentencha.- Pues efectúa la llamada, y da órdenes a Gutiérrez para que entre en mi despacho. Aquí, a solas, le aclararé lo expuesto y le mandaré que tramite esta demanda con prontitud, pulcritud y exactitud.
Providenza.- ¡O.K.! Ahora le aviso, y todo listo. ¡Adiós, Sentencha!
Sentencha.- ¡Hasta luego, Providenza! (Siguiendo las órdenes de su superior, la inferior primero fonea al perito, para después mandar a su oficial, el señor Gutiérrez, que entre con la Juez, y mantenga una conversación nada entretenida con su señoría.)
Fono del perito judicial.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng!
El perito judicial.- ¡Dígame! ¿Quién es esta vez?
Secretaria Providenza.- ¿Evalúo?
El perito judicial.- Sí, así me nombran, y como posterior, Justo y Valor. Pero ¿con quién hablo?
Secretaria Providenza.- Soy la Secretaria del Juzgado Uno de El Pedroso, Evalúo.
El perito judicial.- ¡Ah! ¡Doña Providenza! ¿Cómo está?
Secretaria Providenza.- ¡Bien, bien, gracias! Te foneo porque doña Sentencha me ha ordenado que te pida un pequeño favor para una demanda que está en su iniciación.
El perito judicial.- ¿Y de qué se trata? Algo importante debe de ser, para que por medio de usted, me lo requiera la señora Juez.
Secretaria Providenza.- ¡Jueza, Evalúo! ¡Jueza! Por fin hemos feminizado ese sustantivo tan masculinizado.
El perito judicial.- ¡Ah, bueno! ¿Y qué quiere que haga su alteza la Jueza?
Secretaria Providenza.- Muy sencillo, Evalúo. Simplemente, tienes que realizar un informe pericial, donde se indique que un cuadro grafiado hace muchos años, y que lleva por título “INFANTES EN PALACIO, DESNUDOS POR ARRIBA Y POR ABAJIO“, fue hecho en nuestro pueblo, esto es, El Pedroso.
El perito judicial.- ¡Pero si eso es un hecho! Mi ciencia en el arte y en la historia, no sólo me dice que fue pintado en esa pedanía de Andalucía, sino que además lo hizo don Ulrico Pedofílico Pederástico, florentino afamado de hace unos cinco siglos, y que fue traído con un documento de exilio a cambio de un gran talonario.
Secretaria Providenza.- ¿Y dónde se instaló el famoso pintor?
El perito judicial.- ¡Pues en la corte mayor! Su hábitat natural fue El Escorial, al lado de Felipe II, el más fecundo de aquel mundo.
Secretaria Providenza.- Y si estuvo allí, ¿por qué lo pintó aquí?
El perito judicial.- Fue en un estío, debido a su hastío, que se encerró en una mansión de esa región, y con total tranquilidad, grafió el cuadro en cuestión.
Secretaria Providenza.- ¿Por mandato de su mandamás?
El perito judicial.- De él y de alguno más.
Secretaria Providenza.- Pues todo lo que me estás contando, es lo que debes de poner en el papel.
El perito judicial.- ¡Ya lo sé! Muchos informes tengo ya hechos, y ello me ha dado buen provecho. ¿Sólo es eso?
Secretaria Providenza.- ¡No! Falta lo más esencial de tu dictamen pericial.
El perito judicial.- ¿El qué?
Secretaria Providenza.- ¡Pues la data de emisión!
El perito judicial.- ¿Y para qué?
Secretaria Providenza.- Para que esta demanda salga la primera de todas las que están en la nevera. Si tú le pones la fecha que yo te anote, y adjuntamos tu informe pericial junto con una diligencia judicial, el problema planteado queda solucionado.
El perito judicial.- ¡Ah! ¡Ya entiendo! Hago el informe, y pongo el día, mes y año que vos me impone. ¿Estoy en lo cierto, o hay algo que no advierto?
Secretaria Providenza.- Es justo lo que acabas de decir. La fecha que hay que añadir es…
El perito judicial.- De acuerdo, doña Providenza. Ya la he anotado en mi agenda. Ahora mismo inicio el dictamen, y al final de semana tendrá lo que ansía con tanta gana.
Secretaria Providenza.- ¡Magnífico, Evalúo! Así pues, ¡hasta el viernes con el papel!
El perito judicial.- ¡Sí, sí! Ese día lo tendrá, señoría. ¡Hasta más ver, gran mujer!
Secretaria Providenza.- ¡Adiós, señor Justo Valor! (La fedataria, una vez aclarado lo del dictamen pericial, se dirige a la mesa del oficial. Y…)
Secretaria Providenza.- ¿Gutiérrez? Deje por un momento de tramitar, y escúcheme por ese par.
El oficial Gutiérrez.- ¡Hola, doña Providenza! Soy ya todo oídos para sus sonidos. ¿Qué es lo que desea, señora?
Secretaria Providenza.- Muy sencillo, querido. Doña Sentencha quiere que entre en su despacho, y ahí le explicará de qué se tratará.
El oficial Gutiérrez.- Pues me alzo, y sin relajo, me dirijo a su cobijo.
Secretaria Providenza.- ¡Eso, eso! , que nos aproximamos al momento del alimento. (Efectivamente, son las 14 horas, y en un tris, el oficial alcanza el habitáculo de la Jueza. Toca y entra.)
El oficial Gutiérrez.- ¡Doña Sentencha! ¡Soy Gutiérrez! ¿Puedo pasar?
Jueza Sentencha.- ¡Sí, sí! ¡Entra ya, oficial!
El oficial Gutiérrez.- ¡Buenas tardes, señoría! ¿Qué es lo que quería?
Jueza Sentencha.- ¡Buenas tardes, Gutiérrez! ¡Siéntese, y se lo aclararé!
El oficial Gutiérrez.- ¡Caray! ¡Qué cómodos son! ¡Parecen de “don Dormilón“!
Jueza Sentencha.- ¡Es que lo son! Pero dejémonos de superficialidades, y vayamos a las banalidades. ¿Le ha explicado algo su superiora en el cargo?
El oficial Gutiérrez.- ¡No sé nada!, aunque intuyo que trascendencia debe de tener, para que haya llamado a mi ser.
Jueza Sentencha.- ¡Lo es! ¡Lo es! Nada más y menos, que Barones, Marqueses y Duques, enfrentados entre sí, es decir, ¡todo un frenesí! En esencia, un Barón, el de Repsol, que demanda a un Marqués, el de Vodafone, por la propiedad de un cuadro cuyo escenario es un Palacio, con cuatro zagales sin ni siquiera pañales.
El oficial Gutiérrez.- ¿Desnudos?
Jueza Sentencha.- ¡Como Dios los trajo al mundo!
El oficial Gutiérrez.- ¡Ah! ¡Ya entiendo! Para calmar sus deseos, miran el cuadro con recreo, y de este modo frenan sus desvíos de acostarse con chiquillos. ¿No es así, señoría?
Jueza Sentencha.- Básicamente, sí. Por ello, al ser tú nuestro oficial, y además, el de más edad, quiero que te encargues de la gestión de esta petición. Por supuesto, debes de empezar ya con su tramitación.
El oficial Gutiérrez.- Pero tengo por delante unas cuantas, y algunas de gentes cercanas.
Jueza Sentencha.- ¡No importa! Ese problema planteado ha quedado solucionado.
El oficial Gutiérrez.- ¿Y cómo lo ha eliminado?
Jueza Sentencha.- Este viernes recibiremos un dictamen del señor Justo Valor, perito instructor, donde se indicará que el cuadro fue grafiado todo él en El Pedroso, en un verano del XVI centenario, y la data que pondrá en su pericial, será anterior a la primera demanda que tienes por tramitar; este informe lo adjuntaremos a una diligencia judicial, y ya habremos legalizado lo alegalizado. ¿Has comprendido todo lo dicho?
El oficial Gutiérrez.- ¡Y adsorbido! Yo comienzo con el inicio, y cuando venga el papel legalizante, lo uno al expediente, y continúo. Pero ¿cuándo quiere usía que termine esta travesía?
Jueza Sentencha.- Estamos en pleno abril, es decir, el próximo es el floreado. Pues en éste, o sea mayo, quisiera que se celebrara el juicio oral, para que en el siguiente, se formularan las conclusiones y si hubiera, además, alguna diligencia final, para terminar por aquí, o a lo sumo, un mes de ahí. ¿Podrás hacerlo, Gutiérrez?
El oficial Gutiérrez.- Creo que sí. Poseo experiencia y ciencia, y si usted desea que antes del verano esté finiquitado, haré lo posible para que sea factible.
Jueza Sentencha.- ¡Cuánto te lo agradezco! Lo tendré en cuenta para una recompensa. Ahora, llévate la demanda en cuestión, que está en ese rincón.
El oficial Gutiérrez.- Sí, ya la diviso, con sus dos pisos. Le diré a Manolo que me los deje en mi mesa. ¡Adiós, doña Sentencha!
Jueza Sentencha.- ¡Hasta luego, Gutiérrez! (El oficial abandona el despacho, y le ordena al Agente que le haga de sirviente y, por consiguiente, que los dos bloques de la petición se los deje en su sección. Y lo hace. Son las 14.30 horas, y el día laboral ha llegado a su final. ) ( Pasan unos cuantos días, con sus correspondientes noches, y la tramitación de la demanda en cuestión, siguiendo el patrón de la Jefa mayor, marcha con buena racha. Gutiérrez ha preparado las citaciones y los emplazamientos, dentro de unos documentos que tienen por títulos exhortos. Estamos a los pies del floreado mes, y en el Juzgado número Uno…)
El oficial Gutiérrez.- ¡Manolo! ¡Manolo! ¿Puedes venir por aquí?
El alguacil Manolo.- ¿Qué quieres, Gutiérrez? Estaba cerrando unas cartas, para más tarde mandarlas.
El oficial Gutiérrez.- ¡Deja los sobres, y hazme un par de favores!
El alguacil Manolo.- Pero es que… (El oficial no le deja terminar su final.)
El oficial Gutiérrez.- Es que lo que te voy a pedir es muy importante para mí.
El alguacil Manolo.- ¡Ah, sí! Pues dímelo ya, y las cartas “a fer la mà“.
El oficial Gutiérrez.- Hazme de este montón un par de copias; un bloque irán para el Barón, y el de después para el Marqués.
El alguacil Manolo.- Pero si donde tienes que unir cada uno, pone el nombre de una población muy mona: Carmona. ¿A qué es debido este desvío?
El oficial Gutiérrez.- ¡Ja, ja, ja! ¡No es ningún desvío! ¡Ni tampoco un olvido! Es que ambos dos, tanto el Marqués como el Barón, son residentes de allí, y para que haya constancia, el uno de la admisión y el otro para que formule la contestación, es preciso mandar sendos oficios al Juzgado Decano de aquel poblado. ¿Lo entiendes agente, o es demasiado para tu mente?
El alguacil Manolo.- Quieres decir que como el Barón, hoy actor, y el Marqués, esto es, al que demanda aquel, son habitantes de Carmona, es aquí donde hay que enviar todo el material que se deriva de la petición inicial. ¿Es así, Gutiérrez?
El oficial Gutiérrez.- Así es, alguacil. Ahora dejemos de parlar, y hazme las copias ya. Una vez las tengas, me las das por separado, ya que al Marqués, el demandado, le tengo que adicionar todo esto de más. (El oficial le señala al alguacil el bloque fotocopiado de lo peticionado. Entretanto, doña Sentencha decide llamar a su íntima la Fiscal. Y lo hace en su despacho cerrado “a cal y canto“.)
Fono de la Fiscal Acusias.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng!
Acusias.- ¿Sí? ¿Dígame? ¿Quién es?
Sentencha.- ¡Acus, soy Sentencha! ¿No lo has adivinado mirando el número marcado?
Acusias.- ¡Senten! ¡Qué alegría audiarte en este día! ¿Cómo te encuentras?
Sentencha.- ¡Muy bien, Acus! Te foneo porque tengo un caso de los que nos gustan en cualquier caso. ¡Se trata de gente afamada!
Acusias.- ¿Y también engalanada?
Sentencha.- ¡Así es! ¡Un Barón! ¡Un Marqués! ¿Y sabes por qué?
Acusias.- ¿Por qué?
Sentencha.- Por la titularidad de un lienzo muy representativo.
Acusias.- ¿De qué?
Sentencha.- De lo que más agrada a la aristrocacia: ¡la pederastia!
Acusias.- ¿Qué me dices, Senten? En El Pedroso, ¡un juicio lustroso y morboso! Lo más de lo más. ¡Mañana voy para allá!
Sentencha.- Aquí te espero, Acus, ya que tú, como Fiscal, también vas a participar, y el expediente te debes de preparar. Así pues, ¡hasta después!
Acusias.- Sí, sobre las 10 acudiré. ¡Espérame!
Sentencha.- Aquí estaré. ¡Adiós, Acus!
Acusias.- ¡Hasta pronto, Senten! (El día de después llegó, y la señora Fiscal acudió. Son las 10 más un rato de un cuarto, y doña Acusias entra en el Palacio.)
Fiscal Acusias.- ¡Hola, guardia judicial! ¿Qué tal está?
El guardia judicial.- Bien, majestad, aunque esta cuestión que usted plantea parece la repetición de gente de su ralea.
Fiscal Acusias.- ¿Por qué dice eso? Si como yo, aquí sólo hay dos.
El guardia judicial.- ¡Por esa razón! Con usted, ya son tres las que lo dicen vez tras vez, y uno acaba hastiado de lo cuestionado.
Fiscal Acusias.- Mirado de ese modo, debe de estar hasta el moño.
El guardia judicial.- ¡Y hasta …! (Antes de finalizar, se despide la Fiscal.)
Fiscal Acusias.- Voy a ver a doña Sentencha. ¡Adiós, guardia judicial!
El guardia judicial.- ¡Adiós, señoría! (Y la Fiscal abandona al guardián, y penetra en la guarida de la mandamás.)
Fiscal Acusias.- ¡Buenos días, muchachos!
Todos a la vez.- ¡Buenos días, doña Acusias! ¿Qué tal está, señora Fiscal?
Fiscal Acusias.- ¡Muy bien! ¿Está vuestra Jueza?
El alguacil Manolo.- Sí, acaba de llegar. Está en su despacho. ¿Quiere que le comunique que usted ha llegado?
Fiscal Acusias.- No hace falta que hagas ese recado. Ya conoce que a estas iba a llegar; así pues, voy a su lar. ¡Hasta luego, chicos!
Todos a la vez.- ¡Adiós, doña Acusias! (Cuando se dirige al despacho, la Fiscal tiene unas palabras con el oficial, puesto que en ese itinerario se encuentra el funcionario.)
Fiscal Acusias.- ¡Hola, Gutiérrez! Ya me han informado que eres el encargado del lustroso entramado.
El oficial Gutiérrez.- Así es, doña Acusias. Me lo ha mandado nuestra Secretaria, por órdenes de su superiora, y aquí estoy con ello.
Fiscal Acusias.- ¿Pero cómo vas? ¿Por delante o por detrás?
El oficial Gutiérrez.- Ahora y en adelante, por delante; ya he confeccionado y enviado los oficios, para que el Decano de Carmona nos dé el servicio. Como ya sabrá, tanto el Barón como el Marqués están censados en aquel poblado. Calculo que a finales de esta, o a lo más, la que le sigue a tal, poseeré los acuses de recibo de los oficios, y en pocos días más, según precepto legal, el Marqués responderá.
Fiscal Acusias.- ¿Y cuánto es el plazo del emplazo?
El oficial Gutiérrez.- En este procedimiento son veinte, pero contados sin sábados, ni domingos, y excluyendo asimismo los festivos.
Fiscal Acusias.- ¡Caray, Gutiérrez! ¡Me estás proporcionando toda una lección!
El oficial Gutiérrez .- ¿De Derecho?
Fiscal Acusias.- ¡Y del proceso! Ahora voy a ver a tu Jueza, a ver que me cuenta. ¡Adiós, Gutiérrez!
El oficial Gutiérrez.- ¡Hasta luego, alteza! (La Fiscal alcanza el receptáculo de su señoría, y sin avisar, penetra tal cual. Se encuentra con la titular y, a su vez, con su Diestra judicial. Y…)
Acusias.- ¡Caramba, amigas! ¡Qué sorpresa más divina! Las dos observando con pasión ¡qué sé yo!
Sentencha.- ¡Hola, Acus! Estamos divisando, Providenza y una servidora, todo un espectáculo para la visión.
Providenza.- ¿Qué tal, Acusias? ¿Quieres unirte a esta gratificación que nos da el Señor?
Acusias.- ¿Pero de qué va lo que la pantalla da?
Sentencha.- Pues hemos entrado en la navegación, y nos hemos quedado con machos de impresión.
Providenza.- ¡Ay, qué calentón!
Acusias.- Dejarme un sitio, que quiero ponerme ¡como un cirio candente!
Sentencha.- ¡ Coge ese apoya-nalgas, y ubícate entre las dos! ¡Caray, como están estos dos! (Doña Acusias agarra el mobiliario, y se coloca entre la Jueza y la Secretario.)
Acusias.- ¡Uff! ¡Qué cómoda estoy! ¡Es cierto! ¡Qué bueno está!
Providenza.- ¿Quién del par?
Acusias.- ¡El moreno me va más!, aunque el rubio no es para despreciar.
Sentencha.- A mí me van los dos. Estos son hombres, y no los que se otean por estos alrededores. Pero ya que has venido desde la capital de esta Comunidad, cerremos el ordenador y vayamos al centro de la cuestión.
Providenza.- ¡Eso, eso! ¡Ya volveremos con esto! Ahora hablemos de la gran demanda, y dentro de nada, de su contestación.
Acusias.- De eso precisamente acabo de parlamentar con vuestro oficial. Y me ha comunicado el tal, que dentro de un breve plazo, tendremos la réplica al emplazo.
Sentencha.- Si, así es. Gutiérrez es todo un experto, y los exhortos ya han salido camino del lugar de estancia del trío de la aristocracia. En poco espacio temporal el Marqués responderá, y el complemento de la petición llegará acá. ¡Es cuestión de esperar!
Acusias.- ¿Me habéis sacado una copia de todo lo actuado?
Providenza.- ¡Por supuesto, Acusias! Manolo fue el encargado de efectuar el fotocopiado.
Acusias.- ¿Manolo? ¿Y quién de todo tu personal, es este con nombre tan vulgar?
Providenza.- ¡El ordenanza judicial!
Acusias.- ¡Ah, ya! El muchacho que está en el derecho, nada más entrar en el órgano judicial.
Providenza.- El mismo. No es de lúcida mente, pero es un buen sirviente.
Acusias.- Pues es lo que se requiere en una plantilla: unos mandan y otros sirven. Cuando abandone este local, le saludaré y agradeceré su lealtad. Son muchas hojas por copiar, y las ha enumerado, incluso, el tal. ¡Un diez por su efectividad! Ahora me voy a marchar con toda la demanda para estudiar. Cuando recibáis la contestación, avisarme y entregarme otro fotocopiado de lo que el Marqués ha replicado. ¿De acuerdo, Senten?
Sentencha.- ¡Claro, Acus! Lo recibirás nada más la tengamos acá.
Providenza.- ¡Y Manolo se encargará!
Acusias.- Pues aclarado todo, me vuelvo para Sevilla. ¡Hasta pronto, compañeras!
Sentencha.- ¡Hasta la vista, Acus!
Providenza.- ¡Eso! ¡Hasta luego! (Una vez se han despedido, la Fiscal abandona el local y, por supuesto, sin hacer ni caso al agente judicial, es decir, al alguacil.)
(A unos 50 de aquí, y separados por una distancia no mayor de 5, se reciben en sendas mansiones, primero en la del Barón, y después en la del Marqués, los oficios con todo su contenido: en la una, admitiendo su demanda, y en la otra ordenándole que formule la contestación a lo peticionado por el Barón. Sus reacciones son, obviamente, de sentido diferente.) (El de Repsol, al divisar en su portal, dispuesto para tal, el papel, lo agarra y lo lee. Su reacción es de alegría, en el mediodía de este día: a finales del mes.)
Barón de Repsol.- ¿Qué será este celulósico que oteo en el receptáculo del correo? Voy a cogerlo, y luego a leerlo. (Lo efectúa, y al hojearlo, instantes después, hace una llamada al director de su demanda.)
Fono del letrado del Barón.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng!
El letrado del Barón.- ¡Hola, señor Barón! ¿Sucede algo que no me haya enterado?
Barón de Repsol.- ¡Buenos días, mi abogado! Pasa que en mi casa, he recibido una nota grafiando que nuestra petición ha experimentado su admisión.
El letrado del Barón.- Pues, ¡qué alegría, Barón! Ya sólo nos resta que el Marqués responda a lo que le reclamamos.
Barón de Repsol.- ¿Y cuándo sucederá?
El letrado del Barón.- En cuatro semanas, más menos que más.
Barón de Repsol.- ¡Qué alivio me das! Le tengo unas ganas a ese truhán.
El letrado del Barón.- No desespere, señor, que está próxima la solución. Ahora habrá que estar pendientes de lo que nos conteste el Marqués.
Barón de Repsol.- ¡Pues eso! ¡Hasta ese momento! ¡Adiós, letrado!
El letrado del Barón.- ¡Adiós, señor Barón! (En otra parte, dirección norte, el de Vodafone recibe todo el montón: la demanda con todas las alegaciones que le hace su contrincante sin solución, el Barón de Repsol. Nada más recogerla y hojearla, llama a su amada, que asimismo es su letrada. Estamos en el mismo día, aunque un rato por encima del mediodía.)
Marqués de Vodafone.- ¡Carambolas! ¡Todo un conjunto de hojas! ¿De qué se tratará? ¿Será un regalo, o todo lo contrario? ¡Voy a comprobarlo! (Efectivamente, agarra un trozo del tocho, y se enfrenta con la afrenta.)
Marqués de Vodafone.- ¡Pero qué es esto! ¡Una demanda a mi persona! ¡Y de ese mamón del Barón! ¿Pero qué desea el de Repsol? (Sigue hojeando el papel, hasta que el Marqués alcanza el verdadero interés: su cuadro amuleto, que le frena las ganas y algo más.)
Marqués de Vodafone.- ¡Anda, pues! ¡Si me reclama mi lienzo preferido! ¡De eso nada! Voy a teclear a mi letrada, también amada, ¡y le daremos una estocada!
Fono de la letrada del Marqués.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng!
La letrada del Marqués.- ¡Dime, querido! ¿Qué ha sucedido?
Marqués de Vodafone.- Pues que mi enemigo, el Barón de Repsol, me ha demandado por un cuadro.
La letrada del Barón.- ¿Por un lienzo, amado?
Marqués de Vodafone.- Sí, pero no uno cualquiera. Se trata de la mayor obra de toda la Historia. ¡Es nuestro talismán!
La letrada del Marqués.- ¿Y cómo se le conoce al tal?
Marqués de Vodafone.- “INFANTES EN PALACIO, DESNUDOS POR ARRIBA Y POR ABAJIO“. Fue culminado en los principios del XVI, y toda su grafía se debe al más famoso pintor de la aristocracia: don Ulrico Pedofílico Pederástico, todo un símbolo e ídolo para nosotros, los lustrosos.
La letrada del Marqués.- ¿Y está en tu poder?
Marqués de Vodafone.- ¡Así es! Desde hace unas cuantas generaciones, está dentro de nuestras posesiones, y ahora este Barón, el muy impostor, me lo demanda con una demanda. Y además…
La letrada del Marqués.- ¿Qué, Marqués?
Marqués de Vodafone.- Que le auxiliará en su petición todo un personaje de gran linaje.
La letrada del Marqués.- ¿De tan alta condición?
Marqués de Vodafone.- Sí. Es el Duque de Endesa, otro adversario grotesco de todo mi parentesco.
La letrada del Marqués.- ¡Nos encargaremos de neutralizarlos! Ahora mismo voy a tu lado, y preparamos la contestación y, a su vez, la reconvención.
Marqués de Vodafone.- ¿Y qué significado tiene este último vocablo?
La letrada del Marqués.- Se trata de un término jurídico , mediante el cual podemos los demandados efectuar reclamaciones a los demandantes. De este modo, ambos dos, tanto el Barón como vos, seréis actores a la vez. ¿Lo entiendes, Marqués?
Marqués de Vodafone.- Creo que sí. Haremos una contestación, que en su interior tendrá a su vez una petición. ¿Es así?
La letrada del Marqués.- Así es. Por lo tanto, voy a tu lar, y recojo lo que te han mandado; luego lo estudio, y más tarde, preparamos todo lo dicho. Por consiguiente, ¡hasta dentro de un instante, amante mío!
Marqués de Vodafone.- ¡Hasta ahora, mi señora! ¡Y también directora! (Pasan unos instantes minuteros, y la letrada alcanza la morada de su mandante y, asimismo, amante. Toca al portal y le abre el tal.)
Portal.- ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum1
Marqués de Vodafone.- ¡Ya voy! ¡Que voy ya! (Alcanza la entrada y abre a su letrada.)
Marqués de Vodafone.- ¡Hola amada! ¡Pronto has venido!
La letrada del Marqués.- ¡Hola querido! He acudido tan rauda como he podido. ¿Dónde tienes depositada la demanda?
Marqués de Vodafone.- En uno de mis habitáculos personales. Sígueme y te la mostraré. (Se dirige el par al lugar, y aquí la letrada se dispone a estudiar la reclamación del Barón al Marqués. Cinco saetas horarias después, y ya con conocimiento de lo que hay que hacer, abandona el sitio, y entabla una charla coloquial y laboral con el titular.)
La letrada del Marqués.- ¡Marqués! ¡Marqués!
Marqués de Vodafone.- Estoy aquí, a unos 30 de ahí. Ven a este salón, espacioso y coquetón, y prepararemos la reacción. Mis sirvientes me han dispuesto un gran cenar para los dos, o sea, tú y yo.
La letrada del Marqués.- ¡Pues para allá voy! (Una vez lo alcanza, divisa lo puesto, todo ello muy coqueto, y exclama con total gana.)
La letrada del Marqués.- ¡Caray! ¡Qué veo! ¡Vaya papeo!
Marqués de Vodafone.- ¿Te agrada?
La letrada del Marqués.- De vista y de olor ¡ sí !, aunque del sabor, muy influenciado por aquellos dos, lo veremos cuando lo degustemos.
Marqués de Vodafone.- Pues siéntate, y ¡saboreémoslo! (La pareja se sienta, uno enfrente de la otra. El manjar da para hablar y para algo más. Finalizan de jalar, y…)
La letrada del Marqués.- ¡Qué bien estoy! Después de una cena tan plena, las ideas de mi sesera salen claras y rectas, y a ese Barón le vamos a dar toda una lección.
Marqués de Vodafone.- ¡Eso deseo, mi amada! Pero ¿cómo piensas actuar contra ese rufián?
La letrada del Marqués.- Bien. Te lo voy a contar. Nuestra contestación va a tener dos partes: en la primera nos dedicaremos a responder, y en la segunda a reprender.
Marqués de Vodafone.- ¿Qué has querido decir con tu dicho?
La letrada del Marqués.- Que primero nos defenderemos y después atacaremos.
Marqués de Vodafone.- ¿Y qué le pediremos?
La letrada del Marqués.- Piensa en algún lienzo que tenga algún complemento con tu cuadro, y que además sea propiedad del titular de la Baronía.
Marqués de Vodafone.- ¡Ah! ¡Ya lo tengo! Hay uno que grafió el señor Pedofílico y que también está presente el infante Andrés.
La letrada del Marqués.- ¿Cómo que también? ¿Qué quieres decir?
Marqués de Vodafone.- Pues que en el que me reclama hay cuatro infantes, y uno de ellos es don Andrés; por ello pienso que puede ser un lienzo apropiado para incluirlo en lo demandado.
La letrada del Marqués.- ¡Por supuesto amado! ¿Y qué título lleva el susodicho cuadro?
Marqués de Vodafone.- Uno muy indicado: “SU ALTEZA ANDRÉS, CON SÓLO TRES, SIN NADA A SU TRAVÉS“. Es uno de los más apreciados por su alto contenido pedófilo, y creo que actualmente está en posesión del de Repsol.
La letrada del Marqués.- ¡Pues se lo pediremos en la reconvención de nuestra contestación!
Marqués de Vodafone.- ¡Eso, eso! Así tendré no uno, sino dos. Seré la envidia de toda la aristocracia. Pero ¿cómo lo vas a reclamar?
La letrada del Marqués.- Con pruebas que tú me proporcionarás. ¡Empecemos ya! Primero la confesional, después la documental, para finalizar con la testifical.
Marqués de Vodafone.- Explícame cada cual: ¿confesional?
La letrada del Marqués.- Esta prueba se basa en obligar al Barón a la declaración. Para ello prepararé un interrogatorio al que el Barón deberá contestar bajo juramento o promesa de decir verdad.
Marqués de Vodafone.- Después la documental.
La letrada del Marqués.- Esta es la más amplia de todas. Para ella, me debes de aportar todos los celulósicos relacionados con los cuadros, para que yo más tarde los seleccione y los adjunte.
Marqués de Vodafone.- ¡Por supuesto querida! Y ya, para terminar, nos resta la testifical. Ésta, ¿de qué va?
La letrada del Marqués.- Tu amada te lo va a explicar. Se trata de presentar ante el Tribunal a una persona de tu confianza, y que a cuestiones de la representación que lo propone, responda a favor de nuestro lado. Para ello es conveniente que me des un nombre que tenga conocimiento del “cuerpo“ y de la “sangre“, o sea, que sepa lo de los cuadros y lo de tus adversarios. ¿Conoces a alguien de este perfil, o de algo así?
Marqués de Vodafone.- Pues ahora que lo pienso, hay uno en Madrid, muy amigo de mí, y que vendría muy gustoso a este pleito tan lustroso.
La letrada del Marqués.- ¿Y quién es este personaje que a tu favor declararía?
Marqués de Vodafone.- ¡El Príncipe de Argentaria! Hijo de reyes, nieto de virreyes y descendiente de los más influyentes. ¡Toda una Autoridad al que le dan paso con una alfombra del Irán!
La letrada del Marqués.- ¿Y crees que vendrá?
Marqués de Vodafone.- ¡Acudirá y hablará! Anótalo como prueba testifical, y cuenta con él ya.
La letrada del Marqués.- ¡Excelente Marqués! Así pues, ya poseemos todo lo que esta abogada pretendía poner en su contrademanda. Por lo tanto, me marcho con todo el papel a mi despacho a preparar la contestación con la reconvención. Todo lo que encuentres relacionado con los cuadros, me lo mandas por mensajero que así es más breve y ligero. ¿De acuerdo Marqués?
Marqués de Vodafone.- ¡Así se hará, mi amada!
La letrada del Marqués.- Pues ya te avisaré cuando esté completa nuestra treta.
Marqués de Vodafone.- ¡Eso, eso! Tengo ganas de estar ante el Tribunal, y enfrente a ese par. ¡Ya me informarás! ¡Adiós amante mía!
La letrada del Marqués.- ¡Adiós mi mandante! (Siendo ya de madrugada, sale de la morada la abogada. Alcanza su posada, y descansa ella, ya muy cansada. Pasan unos cuantos días, y la contestación llega a su finalización. En el entretiempo, el Marqués le proporcionó todo lo que encontró en formato de documento. Y también avisó a su íntimo genealógico, por lo analógico, que su nombre iba a salir como participante en contra del demandante, enemigo visceral del descendiente real. Ante esto, el Príncipe dio su consentimiento, y dejó la vía libre al enfrentamiento. Por lo tanto, llegó el momento de efectuar la llamada a su complemento por parte de la letrada y, además, amada.)
Fono del Marqués de Vodafone.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng!
Marqués de Vodafone.- ¡Hola querida! ¡Me has pillado con la bebida! ¿Qué querías?
La letrada del Marqués.- ¡Hola amado! Te llamo porque he terminado.
Marqués de Vodafone.- ¿El día?
La letrada del Marqués.- Además. Pero lo que he culminado ha sido la contestación a la petición del Barón.
Marqués de Vodafone.- ¡Qué alegría querida! ¿Y cómo ha quedado? ¿Floreado o espinado?
La letrada del Marqués.- ¡Aseado! Faltaban cuatro para el plazo, y como mañana iré con el papel, nos quedaremos a tres.
Marqués de Vodafone.- ¿Y yo tengo que ir a tu través?
La letrada del Marqués.- No hace falta Marqués. Tu autógrafo está puesto en el último, y con ello basta. Así pues, después de hoy partiré, dejaré los tochos, me los sellarán y a esperar el juicio oral.
Marqués de Vodafone.- ¡Muy bien, amor! ¡Has cumplido con tu función!
La letrada del Marqués.- ¿Cuál de las dos?
Marqués de Vodafone.- ¡La laboral! De la otra, al estar con ésta tan dispuesta, no nos hemos enterado ni tú ni yo. Pero cuando acabes mañana con la faena, te vienes aquí, y en la cama recuperaremos la otra faceta, que ya tengo ganas.
La letrada del Marqués.- ¡Y yo!, pues el sexo es un buen complemento, aparte de entretenimiento. ¡Hasta mañana, pues!
Marqués de Vodafone.- ¡Así es! (Se despidieron, y el día nuevo apareció con la letrada, bien perchada, dirigirse con la contestación en su furgón al centro de la cuestión: el Decanato de El Pedroso. Aquí depositó la réplica, con el sello judicial, para dejar constancia que había cumplido con el emplazo, en forma y plazo.)
TELÓN
SEGUNDO ACTO.- JUICIO ORAL
(La mañana, como corresponde al mes, alumbró mojada, templada y floreada. La funcionaria hace la correspondiente llamada para que le quiten lo que la letrada ha llevado por orden de su amado : la contestación a lo reclamado.)
Fono del Juzgado Uno.- ¡Riinng! ¡Riinng! ¡Riinng!
El alguacil Manolo.- ¡Juzgado Uno de El Pedroso! ¿Quién es, si se puede saber?
La funcionaria del Decanato.- ¡Manolo! ¡Soy yo, del Decanato! Tengo aquí la réplica a la súplica. ¿Puedes acudir y quitarme de aquí este celulósico sin fin?
El alguacil Manolo.- ¡Claro! ¡Voy para allí! (En un tris, el ujier llega al lugar donde se ubica el papel. Tiene un diminuto bis a bis con la empleada, y sale todo él cargado hacia su Juzgado.)
El alguacil Manolo.- ¡Buenos días, amiga! ¿Qué tal llevas el día?
La funcionaria del Decanato.- ¡Pero si aún no estamos ni en el mediodía! ¡Son tan sólo las 9 más unas cuantas saetas minuteras!
El alguacil Manolo.- Estás en la verdad. ¡A mi Jueza aún le restará por llegar casi una hora de las de acá!
La funcionaria del Decanato.- Pero ésas ¿en qué se diferencian de las de allá?
El alguacil Manolo.- ¿El qué?
La funcionaria del Decanato.- El tiempo ¡rediez!
El alguacil Manolo.- ¡Ah! Pues que aquí las horas son como apisonadoras, átonas y monótonas, mientras que en las lejanías son como locomotoras, rápidas y entretenidas.
La funcionaria del Decanato.- Buena explicación para mi cuestión, pero ahora ¡dejemos ya de hablar, y llévate este “pastel”!
El alguacil Manolo.- ¡Está bien! ¿Es todo lo que hay en el recodo?
La funcionaria del Decanato.- Sí. ¿Podrás tú solo?
El alguacil Manolo.- ¿Y quién si no va a cargar con el montón? ¡Pues yo! Y además, esta vez lo haré de una sola vez.
La funcionaria del Decanato.- ¿A alguien quieres impresionar?
El alguacil Manolo.- A mí y a nadie más. Así pues, ¡hasta después! (Efectivamente, el Agente agarra la contestación y se dirige a su situación. Una vez la alcanza, la coloca donde se ubica su superiora: doña Providenza. Y…)
Secretaria Providenza.- ¡Manolo! ¿Qué depositas en mi aposento con tanto secreto?
El alguacil Manolo.- ¡Buenos días, doña Providenza! Había oteado que estaba abierto, y como porto el resto del texto, se lo estaba colocando para que lo vaya visando.
Secretaria Providenza.- ¿Y de qué trata lo que falta?
El alguacil Manolo.- Pues de lo que el Marqués le contesta al Barón.
Secretaria Providenza.- ¡Aleluya! ¡Ya la tenemos aquí! ¡Qué frenesí!
El alguacil Manolo.- Sí. Ahora me marcho de su despacho que hoy ha entrado mucho.
Secretaria Providenza.- ¿Ah, sí? ¿Y de quién?
El alguacil Manolo.- ¡Pues de los de siempre! ¡De los usureros de los banqueros!
Secretaria Providenza.- Cabía suponerlo. De todas las maneras, ésta es la primera por su solera, y hasta que no termine con ella dejaré a las demás para más tardar. Por lo tanto, abandona este lugar y vete a auxiliar a nuestro oficial.
El alguacil Manolo.- Está bien, doña Providenza. ¡Hasta luego!
Secretaria Providenza.- ¡Adiós Manolo! (Una vez sale, el Agente va a decirle a Gutiérrez que ya está lo que falta del procedimiento con la “sargento“. Ésta, o sea, doña Providenza, se queda revisando la réplica, y al cabo de poco más de una hora da por acabado su visado. Son más de las 10, y es el momento en que en el órgano judicial entra su Autoridad.)
Jueza Sentencha.- ¡Buenos días, muchachos! ¡Me voy para mi despacho!
Todos a la vez.- ¡Buenos días, doña Sentencha!
El alguacil Manolo.- Creo que la Secretaria quiere verle, señora Jueza.
Jueza Sentencha.- ¡Gracias Manolo! Me encamino rauda hacia ella. ¡Hasta luego chicos!
Todos a la vez.- ¡Adiós, señoría! (Doña Sentencha llega al habitáculo de doña Providenza, y en vez de tocar, entra tal cual.)
Sentencha.- ¡Buenas, Providenza! ¿Querías verme?
Providenza.- ¡Hola Sentencha! Sí, porque ya la tenemos aquí.
Sentencha.- ¿De verdad que ya está acá?
Providenza.- ¡Mírala! También posee mucho papel, como cabía prever.
Sentencha.- Pero además del Marqués ¿hay alguien de igual interés?
Providenza.- ¡Mayor, Sentencha! ¡Mayor!
Sentencha.- ¡Pues dime quién es tal personaje que tiene tan alto linaje!
Providenza.- ¡El Príncipe de Argentaria! ¡Casi nada!
Sentencha.- ¿A un hijo de un Rey voy a conocer?
Providenza.- Así es. El primogénito del Rey de Banesto, un país muy alejado de aquí.
Sentencha.- ¿Y dónde se sitúa ese Estado?
Providenza.- En el Centro de las Américas, una zona muy dada al dominio de los más autócratas.
Sentencha.- ¿Y Banesto es un territorio de éstos?
Providenza.- ¡Y más! He visualizado por el navegado, que desde hace más de 500 siempre han gobernado ese reinado auténticos degenerados.
Sentencha.- ¿Y éste lo es?
Providenza.- Puede ser, aunque es cierto que dejó su país hace ya un tiempo.
Sentencha.- ¿Cuánto?
Providenza.- Unos 30. Él tenía por aquel entonces 20, y ahora ya se acerca a la cincuentena, de ahí su amistad por la afinidad en la edad y algo más con el Marqués. Según pone en la navegación, reside en la capital del país, esto es, Madrid.
Sentencha.- ¿Hay más que me quieras decir?
Providenza.- Sí. El Marqués, además de responder, ha introducido en su contestación una demanda de nombre reconvención.
Sentencha.- ¿Y qué reclama el de Vodafone?
Providenza.- Otro lienzo, éste en poder del Barón.
Sentencha.- ¿También pedófilo?
Providenza.- ¡También! Tiene por título: “SU ALTEZA ANDRÉS, CON SÓLO TRES, SIN NADA A SU TRAVÉS“.
Sentencha.- ¡Vaya! Un procedimiento con dos cuadros de “petitum“, y dos pares de personajes del más elevado linaje. ¡Perfecto! Avisa a Gutiérrez que se lleve a su sección esta nueva petición, y que cite ya al dúo de par para el juicio oral.
Providenza.- ¿Y qué día señalamos de los que nos quedan del año?
Sentencha.- ¡Pues uno que sea indicado para un pleito engalanado!
Providenza.- ¿En este mes de mayo?
Sentencha.- Sería lo apropiado. ¡Déjame el calendario!
Providenza.- Ten este almanaque y fija tú el día del ataque y contraataque. (Doña Providenza le da el calendario con todos los días marcados con santos. Doña Sentencha está unos ratos minuteros mirando, y al fin da con el día señalado.)
Sentencha.- ¡Ya lo tengo! Será el 25 de mayo, viernes, del presente año.
Providenza.- ¿Y por qué lo has elegido?
Sentencha.- Por dos razones: la primera, que al ser a finales de mes, da tiempo a que las citaciones lleguen bien, y la segunda es que su Patrón es todo un Papa que mandó a principios del primer milenio, y que se caracterizó porque obligó al celibato a todos los de su alta pía condición.
Providenza.- ¿Y con qué nombre se le conoce a ese señor?
Sentencha.- Con el de Gregorio VII, enemigo visceral, por todo aquello, de los de sangre real. Por consiguiente, ya tenemos el día para el juicio oral. Sólo falta comunicárselo a nuestro oficial para que prepare las citaciones ya, y también avisaremos a Acusias, quien como Fiscal debe de participar. A ésta le proporcionaremos una copia de todo lo contestado por el titular del Marquesado. ¿Ha quedado claro, Providenza?
Providenza.- ¡ Como el agua, Sentencha ! Ahora se lo digo a Gutiérrez, y tú te encargas de comunicárselo a Acusias, ¿no?
Sentencha.- De acuerdo. Yo telefonearé a la Fiscal. ¡Hasta luego, Providenza!
Providenza.- ¡ Adiós, Sentencha! (Doña Providenza sale de su receptáculo y se dirige a la demarcación del de Gestión. Tiene una diminuta charla con Gutiérrez, y le anota al oficial el día que debe de señalar para que tenga lugar el juicio oral.)
Secretaria Providenza.- ¡Hola Gutiérrez! ¿Molesto, o estás presto?
El oficial Gutiérrez.- ¡Buenas, doña Providenza! Usted nunca incordia, aunque si importunara en algún momento tampoco se lo diría.
Secretaria Providenza.- ¿Por qué?
El oficial Gutiérrez.- ¡Porque me sancionaría! Pero dicho todo esto, ¿qué es lo que quería?
Secretaria Providenza.- Pues que la Jueza y una servidora hemos sacado en conclusión, que el 25 de este mes será cuando celebremos la vista. Como aún restan más de dos semanas, dará tiempo a que las citas lleguen con margen suficiente, para que “los influyentes“ preparen sus intervenciones llenas de intenciones.
El oficial Gutiérrez.- ¿Es que ya tenemos las alegaciones del Marqués?
Secretaria Providenza.- ¡Esto es! Y las adiciona con otra reivindicación.
El oficial Gutiérrez.- ¿Material o espiritual?
Secretaria Providenza.- A mitad de cada cual.
El oficial Gutiérrez.- Explíquese mejor, que aún no capto la cuestión.
Secretaria Providenza.- Pues reclama el de Vodafone un cuadro, por tanto material, pero de contenido muy sensual, por consiguiente, espiritual. ¿Lo has entendido ya?
El oficial Gutiérrez.- ¡Ah! Que el Barón posee un lienzo que sube la líbido a estos pervertidos, y el Marqués cree que es de él. ¿Es así?
Secretaria Providenza.- Así es. Y además…
El oficial Gutiérrez.- ¿Hay más?
Secretaria Providenza.- Pues que aporta como prueba testifical a todo un Príncipe de ultramar.
El oficial Gutiérrez.- ¿Y cómo se le conoce al hijo de Su Majestad?
Secretaria Providenza.- Como el Príncipe de Argentaria. Pero ahora, coge lo contestado y también reclamado por el Marqués, y efectúa las citaciones para estos cuatro de buenas y fáciles situaciones.
El oficial Gutiérrez.- Sí, le encargaré a Manolo que me lo traiga; pero también habrá que fotocopiar todo el papel, ¿no?
Secretaria Providenza.- ¿Para quién?
El oficial Gutiérrez.- Para doña Acusias, la Fiscal de este part
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